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miércoles, 23 de noviembre de 2011

No ganó el Partido Popular, perdió la izquierda


Los resultados de las elecciones generales españolas del 20 de noviembre vienen a confirmar cosas sabidas de antiguo, independientemente de quien las haya ganado en esta ocasión (les recomiendo el libro "Relato electoral de España", de Carles Castro, un estudio exhaustivo de 30 años de elecciones en España que señala las tendencias invariables que se mantienen elección tras elección).

Ya en tiempos de la Segunda República se observó que cuando votaba toda la izquierda (es decir cuando los anarquistas decidían votar), el triunfo de las candidaturas republicano-socialistas resultaba imparable. Sucedió así en las primeras elecciones republicanas. En 1933 sin embargo la izquierda libertaria se abstuvo, y ganó la derecha. En 1936 los anarquistas volvieron a votar (para sacar de la cárcel a los presos y tumbar el gobierno reaccionario), y en consecuencia el Frente Popular ganó holgadamente. En todos esos comicios la derecha obtuvo resultados similares entre unas elecciones y otras, ya que evidentemente no existía trasvase posible de votos entre uno y otro bloque.  

Ya en la Transición, el PSOE fue absorbiendo el voto del PCE y buena parte de la extrema izquierda, y el PP incorporó el voto de la UCD y algunas pequeñas formaciones regionalistas. La extraordinaria victoria del PSOE en 1982 se debió a una enorme participación, la más alta registrada nunca por la democracia española, que le llevó a incorporar casi todo el voto de la izquierda, incluida la izquierda contestataria al sistema. A partir de esas elecciones el PSOE, aún ganando de nuevo dos veces por mayoría absoluta, comenzó un lento declive en sus resultados electorales paralelo al descenso de participación en cada una de las sucesivas convocatorias, hasta llegar a la derrota de 1996, cuando perdió  por apenas trescientos mil votos de diferencia.

Llegamos a las elecciones que ganó Aznar por mayoría absoluta el año 2000. En esa convocatoria un millón y medio de votantes del PSOE y otro millón y medio de votantes de IU se abstuvieron; es decir, tres millones de votos de la izquierda fueron a parar al cesto de la abstención, en tanto el PP ganaba por mayoría absoluta habiendo incrementado solo unos miles de votos en relación a 1996. Esa fue la clave y la razón de la mayoría absoluta de la derecha lograda en esa convocatoria. En 2004 por el contrario, esos tres millones de votos de izquierda abandonaron la abstención y votaron al PSOE, lo que le permitió a este desalojar del gobierno a un PP que apenas perdió unas decenas de miles de votos a pesar de la que le estaba cayendo encima (Prestige, Gescartera, Yak-42, huelga general, 11-M...) En 2007 Zapatero retuvo un porcentaje alto de esos votantes de "izquierda dura", y naturalmente volvió a ganar a una derecha que apenas pierde votos pero que es incapaz de ganar más de los que tiene.

Una primera conclusión evidente es que no hay trasvases de votos entre la derecha y la izquierda. La derecha española tiene los votos que tiene, ni más ni menos, sus variaciones son mínimas. La izquierda sin embargo, oscila entre el voto al PSOE como opción de gobierno y la abstención cuando se siente decepcionada por éste.

La segunda conclusión, patente desde los inicios de la Transición, es que quien deja de votar a IU para votar al PSOE raramente vuelve a su voto inicial. O sigue votando socialista o se va a la abstención. En esta ocasión y en medio de circunstancias extraordinarias (la crisis global y local, principalmente), IU ha logrado recuperar algunos cientos de miles de sus antiguos votantes, en todo caso muchos menos de los potenciales.

Volviendo al PP, en estas elecciones generales de 2011 ha ganado apenas medio millón de votos, la gran mayoría a costa de pequeños partidos regionalistas con los que se presentaba conjuntamente o a los que ha devorado su electorado en Navarra, Cantabria, Rioja, Canarias y alguno más. También se ha quedado con la práctica totalidad de los escasos votos que antes habían ido a candidaturas de partidos de extrema derecha extraparlamentaria.  Del estancamiento de la derecha española da fé el hecho de que acaban de ganar con el 43% de los votos, con mayoría absoluta y de modo aplastante, unas elecciones en las que han obtenido menos votos de los que tuvo el PSOE en 2007, cuando consiguió una mayoría bastante ajustada. Hace muchos años que los estrategas del PP saben su única posibilidad de ganar elecciones es lograr que el PSOE las pierda, es decir mantener ellos incólume su propio electorado (ni un voto más, pero ni uno menos) y conseguir que el electorado de izquierda se quede en casa o fragmente su voto lo más posible.

El PSOE en cambio ha perdido en estos comicios cuatro millones y medio de votos. De ellos, tres millones corrsponden a esa "izquierda dura" de la que antes hablaba. Recordarán que en ese paquete había millón y medio de votos de IU, formación que ahora a obtenido alrededor de 700.000 votos más que en las elecciones pasadas, lo que le ha permitido pasar de 2 a 11 diputados. En realidad pues, IU apenas ha recuperado la mitad de los votantes "prestados" que en la última década se le habían fugado primero hacia la abstención y luego al PSOE; siguen sin cosechar entre los votantes socialistas y tampoco entre los abstencionistas de izquierda tradicionales. La euforia de sus dirigentes estos días es por tanto fingida y de cara a la galería.

Además del voto "prestado" por IU que ahora se ha dividido entre la coalición que lidera el PCE y la abstención, al PSOE se le ha ido completo el millón y medio de votantes "socialistas de izquierda". Si no han ido a IU ¿dónde se han refugiado? Son votantes de izquierda pura, por tanto no han podido votar al PP, partido que como hemos visto apenas gana unos cientos de miles de votos en su franja natural del electorado, que son los votantes de derecha y extrema derecha; tampoco a un partido como UPyD, de ideología confusa y dirigido por una "traidora" como Rosa Díez. ¿Habrán ido a los partidos nacionalistas burgueses? seguro que no: basta ver los diferenciales de participación entre barrios trabajadores y barrios burgueses en ciudades como Barcelona. Obviamente se han abstenido, enfadados con el giro a la derecha del gobierno y el partido.

Hasta aquí la derrota socialista entraría en lo previsible y razonable. Ocurre que como decía en estas elecciones el PSOE ha perdido cuatro millones y medio de votos, por lo que falta otro millón y medio de votos más, que son los que en definitiva dan carácter de desastre a los resultados socialistas del domingo. Es obvio que el grueso de esos votantes ha tomado asimismo el camino de la abstención, salvo algunos miles que probablemente han hecho su camino de Damasco hacia CiU, PNV y algunas otras pequeñas formaciones por el estilo; pero este último es un grupo numéricamente poco importante y en definitiva, era un voto "prestado" al PSOE por la derecha menos reaccionaria. La mayoría de estos nuevos abstencionistas son antiguos votantes fieles del PSOE, no situados en su izquierda pero evidentemente decepcionados por la ineptitud del Gobierno Zapatero y su recurso a las políticas neoliberales para combatir la crisis. La deserción de este grupo, que representa una "izquierda moderada" pero ahora irritada, debería ser extremadamente preocupante para los estrategas socialistas, pues puede anunciar un derrumbe a medio plazo difícilmente recuperable. 

El giro a la izquierda del PSOE para recuperar su espacio y su electorado es pues, inevitable. Lo contrario, la persistencia en los plateamientos derechistas actuales, supondría el caso de suicidio político más llamativo en la política europea de los útimos cien años.

 En la imagen que ilustra el post, un cartel del PSOE de las elecciones generales de 2008. Políticos irresponsables y mensajes irresponsables: la raíz del fracaso de 2011.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El único voto posible para frenar al Partido Popular


Si quieres evitar que el partido heredero del franquismo y sus aliados los nacionalistas burgueses vascos y catalanes arrasen con los servicios públicos que pagamos entre todos los trabajadores, mañana domingo no tienes otra posibilidad que votar al PSOE. 

Si crees que destruir los servicios públicos no es un ahorro sino una canallada, vota para parar a los títeres españoles, catalanes y vascos del neoliberalismo salvaje, aunque para coger la papeleta del PSOE tengas que ponerte una pinza en la nariz. Los socialistas merecen sin duda un fuerte castigo, pero no al precio de castigarnos a nosotros mismos y a nuestros descendientes.

¡Sino paramos mañana a los franquistas parlamentarios, en una sola legislatura destruirán décadas de esfuerzo y sacrificio de generaciones de trabajadores y trabajadoras de este país! ¡Ningún otro voto es útil para evitarlo, y la abstención es esta vez irresponsable!

PD Para quienes apelen a la sacrosanta "jornada de reflexión" de hoy, les dejo aquí el mitin dado a través de TVE por Mariano Rajoy, candidato del PP, durante la "jornada de reflexión" del sábado 13 de marzo de 2004. 

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Hagamos que desaparezca el Senado español


El Senado es una Cámara inútil, redundante y elitista en cuya elección se discrimina a las circunscripciones más pobladas, método antidemocrático mediante el cual se garantiza que su composición resulte inevitablemente de mayoría conservadora.

Eliminar el Senado sería un servicio a la democracia, y supondría la devolución de la plena soberanía a la Cámara que verdaderamente encarna la representación popular, que es el Congreso de los Diputados. Y en tiempos de crisis económica, sería además un ahorro considerable.

El primer paso para dejar patente el rechazo popular al Senado, es no votarlo. No señales ningún nombre en la papeleta e introduce el sobre vacío en la urna correspondiente.

¡Por la democracia, no votes al Senado!

martes, 15 de noviembre de 2011

No hay mayoría absoluta que cien encuestas dure



Ayer lunes se cerraba en España la posibilidad de dar a conocer públicamente encuestas electorales antes de los comicios del domingo, una absurda imposición que parte de la creencia de que el ciudadano medio español es un ser voluble y caprichoso, un veleta que cambia el sentido de su voto (o de su no-voto) solo por ver en los medios de comunicación grandes titulares y gráficos de colorines. De todos modos, al decir de las encuestas y de los "expertos" todo el pescado está ya vendido, y lo único que queda por dilucidar es la magnitud del triunfo de la derecha española: si el número de escaños que obtendrá será rècord histórico o solo un poquito menos.

En los últimos días sin embargo, a Rubalcaba, el candidato socialista, se le va poniendo sonrisa de conejo. Y eso es malo para el Partido Popular. El acelerón dado por Rubalcaba al tramo final de su campaña, acumulando de aquí al viernes un mínimo de tres actos por día, ha sido interpretado interesadamente como un gesto desesperado a la búsqueda del voto perdido. Sucede que como digo la sonrisa conejil de Alfredo Pérez Rubalcaba puede estar indicando una cosa bien distinta.

Se lo explico. A partir del día del debate televisivo entre Rubalcaba y Rajoy, parece haberse producido un cambio de tendencia. Un cambio sutil y difícil de percibir, pero no por ello menos real y contabilizado por las encuestas internas de los dos grandes partidos en liza. Antes que intentar medirlo en posibles resultados electorales, hay que apuntar qué es lo que han detectado los sismógrafos preelectorales. Pues sencillamente comienzan a registrar dos cosas, que como digo han modificado la tendencia: que empieza a calar entre los abstencionistas de izquierda el discurso socialista de que el PP tiene un plan para destruir los servicios públicos que no enseña ahora y que ejecutará en cuanto llegue al Gobierno, y que la participación va subiendo lentamente y se sitúa ya por encima del 60% (el umbral mínimo por debajo del cual la derrota de la izquierda sería realmente aplastante). Ambas circunstancias están evidentemente relacionadas de modo causa/efecto.

En términos cuatitativos y siempre según esas encuestas internas, la ventaja real del PP sobre el PSOE se habría reducido en estos momentos a un 9% de los votos, y es posible que de aquí al domingo baje un par de puntos más. Recordemos que una ventaja de un 5% previo a unas elecciones se considera un empate técnico. Parece con todo que finalmente, la ventaja del PP estará en el 7% u 8% de los votos emitidos (que con una participación del 63-65% del censo electoral supondría una ventaja real a favor del ganador de apenas el 4 ó el 5% de los ciudadanos con derecho a voto), lo que dejaría en entredicho el carácter "aplastante"de la victoria que presumiblemente obtendrá la derecha española el domingo. Ocurre que una de las peores perversiones de nuestro sistema electoral, es el hecho comprobado de que el partido que supera la barrera del 40% de los votos emitidos tiene prácticamente en el bolsillo la mayoría absoluta de escaños. Y ahí es donde se cimenta la euforia de la derecha  española.

Y sin embargo como digo, en estos momentos está al alcance de la mano evitar esa mayoría absoluta del partido que es el heredero político, económico, social y ético del franquismo. Sólo hay una candidatura que puede evitarla, y esa es evidentemente la del PSOE. No hace falta ser analista ni pensador  para entenderlo. Cualquier otro voto sirve simplemente para otorgar plenos poderes al PP al frente del Gobierno español, dándole una mayoría absoluta que todos sabemos como usará: para desmantelar los servicios públicos que atienden a todos y han sido pagados con el esfuerzo de los asalariados, a fin de engordar los servicios privados de los que se benefician económicamente los dirigentes del PP y sus cómplices empresariales y financieros.

Este es un momento crucial para todos, incluidos los abstencionistas; también para los enfadados con razón y desde luego para quienes desde la izquierda se definen como "apolíticos" Como en 1931, 1936 y 1982, no es posible la equidistancia, que además de injusta en esta encrucijada sería suicida para los intereses de los trabajadores y las clases populares. Al cabo esa es la estrategia a la que apuesta desde hace tiempo su triunfo la derecha franquista: a que nos quedemos en casa la mayoría de los votantes de izquierda, y que los que voten lo hagan dispersando su voto entre opciones legítimas pero ineficaces no ya para impedir su victoria en este caso, sí al menos para impedir que tengan las manos libres a la hora de gobernar.

Hay un rumor sordo indicando que algo se mueve sobre el suelo, y que seguirá moviéndose de aquí al domingo. Y es que finalmente, todas las encuestas del mundo más o menos prefabricadas no valen lo que la conciencia cívica de cada cual y su capacidad para entender por encima del ruido mediático cúales son sus verdaderos intereses personales y de clase.

martes, 8 de noviembre de 2011

El debate entre un hombre y una máquina


En el debate televisivo de anoche, ninguno de los dos contendientes expuso políticas coherentes. En realidad ambos se limitaron a repetir tópicos: creación de empleo, salida de la crisis, España es un gran país etc.
 
Evidentemente quedó demostrado que Rubalcaba es un político de raza, y que Rajoy es un autómata. Pero al parecer hay varios millones de españoles a los que eso les da igual.
 
El debate de ayer no evitará la victoria del PP, pero habrá espabilado a un buen puñado de votantes de izquierda que pensaban abstenerse y que finalmente, no lo harán.

lunes, 7 de noviembre de 2011

La responsabilidad histórica de los socialdemócratas




La crisis o lo que sea sigue desmochando Gobiernos de todos los colores. En Grecia, Papandreu acaba de tirar la toalla y avenirse a un gabinete de coalición sin su presencia que preparará el retorno al poder de la derecha, y que tendrá lugar en las elecciones que se celebrarán en febrero. En Italia, Berlusconi está a punto de salir literalmente del país, como el mismo anunció hace poco -"un día cogeré un avión y me iré de Italia", agobiado por la presión que recibe más desde dentro de la derecha que de una izquierda tan atomizada como vacía de contenido. España por su parte, se enfrenta a unas elecciones generales en las que según los pesimistas lo único que realmente se dirime es quién aplicará las "reformas" que liquidarán el llamado Estado del Bienestar, es decir, el conjunto de conquistas logradas por los trabajadores en las últimas décadas a remolque de los años felices de la socialdemocracia europea.

En realidad no es así, y ni la recuperación de la economía productiva requiere el exterminio de los servicios públicos trabajosamente construídos en estos años, ni tampoco da lo mismo quien gane en las urnas el 20 de noviembre. Es posible que el PSOE esté atravesando una de las etapas más desdibujadas de su historia y que la derecha franquista más o menos modernizada haya consolidado en las últimas décadas una base social popular indiscutible, pero extraer de ahí conclusiones en cualquiera de los dos sentidos o en ambos a la vez citados al comienzo de este párrafo, resulta en el primer caso interesadamente criminal y en el segundo, interesadamente estúpido. Y es que para reactivar la producción y el consumo de bienes reales lo que necesitamos es más Estado protector, y para conseguirlo no da igual evidentemente quien gane las generales del 20 de noviembre.  

Solo un Estado fuerte y con capacidad para intervenir en la economía puede garantizar en estos momentos protección para todos y capacidad de reacción frente a los ataques de esas bandas de delincuentes que llaman "mercados financieros". Y por otro lado, solo un Gobierno socialdemócrata con amplio apoyo popular -popular de pueblo, no del partido de la corrupción y el franquismo- puede desarrollar políticas que saquen al país, a este o a cualquier otro, del marasmo económico y social. Solo quienes creen en el Estado, en definitiva, pueden -si quieren-  devolverle su autonomía frente a los poderes espúreos que ahora le atosigan y que trabajan esforzadamente por la victoria de las derechas reaccionarias como el Partido Popular.

Mientras las izquierdas se debaten en estos asuntos, las derechas apretan sus filas -basta con ver cómo los nacionalistas catalanes y la derecha española han olvidado los supuestos agravios recientes (recurso contra el Estatut, presunta persecución del castellano en Catalunya, "soberanismos", etc) para a partir de la constatación de que ambos defienden el mismo "modelo de sociedad", es decir la promoción del capitalismo desnudo de todo afeite, colaborar en la implantación de esta vuelta a su versión más salvaje, la manchesteriana fundacional. Vean sino cómo la sanidad ý la educación públicas están siendo destruidas con igual saña y eficacia por el gobierno autónomo del PP en la Comunidad de Madrid y por el nacionalista local en Catalunya; quien no quiera ver esto no solo está ciego, sino que es él mismo quien se saca los ojos. De modo paralelo, hace tiempo que se vienen produciendo reuniones entre el PNV vasco y la derecha española, en las que se están dibujando futuras políticas económicas conjuntas que expandan ese "modelo de sociedad" que asimismo les une más allá de las ideologías superstructurales que ambos emanan para consumo de incautos y fanáticos.

Vivimos tiempos atroces en los que de nuevo hay que elegir lado de la trinchera, en ocasiones y si es necesario con una pinza en la nariz. Les digo francamente que jamás pensé en conocer la hora en que desde el socialismo de izquierdas habría que llamar a los socialdemócratas a asumir sus responsabilidades como garantes de los derechos de los trabajadores desde el posibilismo gubernamental que han practicado históricamente. Pienso que tal hora ha llegado. El problema ahora es saber si a estas alturas quedan socialdemócratas para ejecutar la tarea. Rubalcaba tal vez sea la última carta a jugar. Luego, veremos.


martes, 11 de octubre de 2011

De las encuestas-palangana y la izquierda desmovilizada

15 días antes de las elecciones de 1996, las primeras que ganó Aznar, las de la "amarga victoria" ya saben, la ventaja del PP sobre el PSOE era de 16 puntos. Finalmente ganó el PP por solo 300.000 votos de diferencia. Por tanto si descontamos Madrid, comunidad en la que el PP le sacó al PSOE 600.000 votos, resulta que en el conjunto de las otras 49 provincias el PP perdió esas elecciones por 300.000 votos.

Todo apunta a que estas elecciones generales se las llevará de calle el PP. Es posible que finalmente sea así, pero lo dudo mucho. Todo depende de la abstención que se produzca entre el electorado del PSOE. A medida que se acerque la posibilidad de que el PP gane e incluso de que gane con un margen amplio, ese electorado va a ir valorando otras cosas además de su cabreo con el actual Gobierno y con quienes dirigen ahora "su" partido. El PP lo sabe, y por ello sus campañas buscan no molestar, no "despertar" al electorado de izquierdas supuestamente dormido, y en todo caso facilitarle elementos para que aumente su irritación contra el PSOE.

Las encuestas de estos días calculan que un tercio de los votantes socialistas se quedarán en casa; me parecen demasiados, veremos. Hay ganas de dar un correctivo serio a los actuales gobernantes, pero el riesgo de lo que puede venir ya lo vamos viendo anticipado en las Comunidades autónomas en las que el PP ha entrado a saco. Mucha gente empieza a tener miedo a que gobierne de nuevo la derecha franquista no tanto por su acción política (poco podrán hacer en materia de recorte de derechos civiles, muy interiorizados por la sociedad), como por la demolición de los servicios públicos que ya está en marcha.

Un dato contra las encuestas es que Izquierda Hundida (llamarla Unida es un sarcasmo) no arranca, cuando en los noventa con este mismo sistema electoral que a nadie nos gusta y al que ellos atribuyen todos sus males, tenía veintitantos diputados. No hay fugas hacia otros partidos desde el socialista, o son mínimas.

Otro dato es que en ningún caso la muestra de las encuestas publicadas hasta ahora supera las seis mil llamadas telefónicas. Eso es una porquería de universo desde el punto de vista demoscópico, y me extraña que alguien con el prestigio de Julián Santamaría se haya prestado a firmar un bodrio así para el diario La Vanguardia.

Hoy mismo la Generalitat de Catalunya acaba de publicar una encuesta según la cual los catalanes somos partidarios de los recortes sociales a cambio de que no suban los impuestos. Se colige que el señor Artur Mas y su banda consideran que los catalanes somos gilipollas y que vamos a creernos semejante mamarrachada, pagada por cierto con dinero público. Las encuestas se han convertido pues en la palangana de burdel con la cual el que las encarga enjabona y lava cualquier cosa para darle el cariz que le interesa.

Así que la encuesta de verdad se hará el 20-N en las urnas.

Y respecto a la "confianza en el PSOE", que decía alguno hoy en el blog de Manolo Saco: desde hace 132 años los trabajadores y las clases populares españolas no tienen (no tenemos) otro instrumento distinto de acción política que merezca ese nombre. Todos los demás han aparecido y desaparecido, o sobreviven en la marginalidad parlamentaria y popular. Es por ello precisamente que a muchos nos irrita la promoción de una generación de líderes-basura tipo Zapatero, Pajines, Chacones y demás, y la sumisión de estos indocumentados a las políticas neoliberales. Pero no se engañen los que andan tirando cohetes, porque más allá de esa gente citada -por suerte ya abrasada políticamente- hay millones de personas para las que los conceptos recogidos en el Programa Máximo de 1879 siguen y seguirán vigentes, y para quienes el PSOE continuará siendo su partido depositario mientras otros aparecen y desaparecen, a menudo con más pena que gloria.

Una vieja broma de militantes socialistas dice que con este partido no acaban ni sus propios dirigentes. La Historia demuestra que es así, por más que moleste a algunos sean o no de derechas.

En la fotografía que ilustra el post, manifestación en Lleida en defensa de la sanidad pública ("La sanidad, ni tocarla").

martes, 2 de agosto de 2011

El señor Borbón se lo pasa bomba



El "tradicional" despacho de vacaciones entre el señor Juan Carlos de Borbón, a la sazón jefe del Estado español a título de rey, y el presidente del Consejo de Ministros, José Luis Rodríguez Zapatero, realizado ayer en Mallorca, ha pasado casi desapercibido para la prensa y el público en general.

Lo cierto es que al decir de la escasa información dada sobre la presunta reunión de trabajo, esta dio comienzo a las seis y media de la tarde y apenas duró una hora, y todo ello en una jornada en la que llovieron chuzos de punta sobre España lanzados por los famosos mercados, al punto que el diferencial con la deuda alemana ha llegado a la cota de los 400 puntos y en muchos despachos financieros europeos comenzó a hablarse de la inevitabilidad de una operación de rescate financiero de España. Pues mientras todo esto pasaba, al parecer la repleta agenda veraniega del señor Borbón le impedía despachar con su primer ministro por la mañana, que es cuando la gente normal trabaja. Y es que la familia real más o menos al completo anda ocupada estos días con las regatas de veleros y el papel que en ellas hace el yate Bribón, que ya es nombre para un barco en el que regatea una familia real por muy sencilla y campechana que sea, o eso dicen.

Los Borbones son gente que de jóvenes, recién llegados al trono, acostumbran a estar poseídos por un loable ímpetu reformista. Luego se van acomodando al oficio y estilo de vida, y cuando se hacen viejos se vuelven unos vivalavirgen sin remedio, que en tiempos dedicaban todo el santo día a cazar jabalíes en el monte de El Pardo y a perseguir señoras alegres en barrios madrileños de mala nota (así pilló alguno la sífilis). Los tiempos cambian que es una barbaridad, y el Borbón actual, que difícilmente puede ya navegar a vela ni perseguir señoras con el ímpetu de antaño (a las fotografías publicadas más de una vez años atrás en medios internacionales me remito, y no solo por lo que hace a las regatas), se ha de conformar con descansar en el palacio de Marivent de su descanso habitual en su residencia de La Zarzuela. Vamos, que una agenda repleta de trabajo intensivo no parece tener el señor Borbón, ni en Mallorca ni en sitio alguno.

Por lo demás las relaciones entre el señor Borbón y Zapatero no parece que hayan sido nunca muy afectuosas, más allá de la pura formalidad entre profesionales de la política. Pero el desaire de ayer bate todos los récords. En la tele se vio a Zapatero llegar solo a Marivent (en tales ocasiones, sus predecesores y él mismo en años anteriores llegaban acompañados por sus esposas) y dominado por la prisa, acaso consciente de que allí estaba de más. Fue su presunto anfitrión quien le hubo de retener con gesto brusco para que posara para los fotógrafos en las escaleras de entrada del palacio. Luego hubo sesenta minutos de palique entre ambos se supone, y finalmente Zapatero se marchó raudo y sin cenar, contraviniendo la costumbre establecida de años hasta ayer mismo.

Algo pasa ahí, pues. Es obvio que Zapatero es un presidente de Gobierno y un dirigente político amortizado -en realidad casi tanto como el señor Borbón como rey, pero esa es otra-, pero la cortesía y la educación marcaban que este último despacho veraniego entre ambos hubiera tenido otra escenificación. Porque el trato desdeñoso del monarca no ha sido a Zapatero, sino a cuantos ciudadanos le tenemos nos guste o no como presidente del Gobierno. Y es que si el señor rey comienza ninguneando a quien hoy por hoy es la máxima autoridad democráticamente elegida por los ciudadanos, quizá comience a ser hora de que muchos de estos ciudadanos se planteen poner punto final de una vez en España a esta comedia de un jefe del Estado no electo, cuya presunta legitimidad no la otorgan las urnas sino los brincos de los reales espermatozoides.

En fin, que vistos los años que ya tiene y el estado general de salud que padece el señor Borbón, pienso que lo mejor que podría hacer sería quedarse en Mallorca para los restos, como un ricacho europeo jubilado más, en vez de continuar ejerciendo un cargo para el que nadie, salvo el general Franco, le eligió en su día. Y de paso, podría mostrar un poco más de respeto por las instituciones democráticas y sus representantes.

La fotografía que ilustra el post ha sido difundida por el propio servicio de prensa de La Moncloa. Obsérvese la distancia física entre ambos personajes, y el aspecto avejentado de Juan Carlos de Borbón.

domingo, 31 de julio de 2011

El velocista y el paquidermo




La convocatoria de elecciones generales para el día 20 de noviembre -que también es fecha para unas elecciones: el aniversario del fallecimiento del dictador Franco-, ha disparado la carrera electoral. Curiosamente los más sorprendidos parecen ser los dirigentes del PP, y eso que vienen reclamando elecciones anticipadas desde el 15 de marzo de 2004.

De todos modos la campaña electoral de la derecha extrema/extrema derecha española no la hace el PP sino la turba de empresarios, banqueros, periodistas, jerarcas católicos y otros poderes fácticos, que como un solo manipulador de conciencias se han abalanzado a pedir el voto para las listas que encabeza Mariano Rajoy. Ocurre que faltan apenas tres meses y medio para la cita con las urnas -a lo que habrá que descontar el mes de vacaciones de agosto-, y todo indica que o quienes manejan el fantoche ponen toda la carne en el asador o se les puede volver a escapar la oportunidad. Y esta vez ya sería demasiado, incluso llevando como cabeza de cartel a un político tan inútil y ya derrotado anteriormente como Rajoy.

Las encuestas de verdad, las que PP y PSOE nunca hacen públicas en los medios, dicen que la distancia entre ambos partidos es tan pequeña, que en noviembre puede pasar cualquier cosa. Por si quieren más señales, el PNV empieza a posicionarse como si ya estuviera claro que nadie va a tener mayoría suficiente y menos absoluta para gobernar en solitario; CiU lleva tiempo ofreciéndose al mejor postor, convencidos los nacionalistas derechistas catalanes de lo mismo.

Y si embargo las encuestas de encargo publicadas dan ventajas al PP que solo pueden suscitar la sonrisa, ya que diferencias de diez y hasta catorce puntos entre ambos partidos son simplemente un delirio. Se trata de meros instrumentos de agitación social: unos, el PP, intentan convencer de que van a ganar, y que por tanto lo mejor es subirse a su carro o quedarse en casa quienes pensaban votar al PSOE; para los socialistas, las encuestas de medios próximos que dan ganador al PP son un modo de llamar a la movilización del electorado de izquierdas para impedir la victoria de los herederos del franquismo. En ese sentido, la elección para los comicios de la fecha del 20-N es cualquier cosa menos inocente.

Solo la encuesta del CIS, hecha cuando apenas empezaba el fenómeno Rubalcaba -recién nombrado candidato socialista, y antes de su discurso de candidatura orbi et urbe-, con sus siete puntos de diferencia a favor del PP, se acercaba a la realidad en el momento en que se confeccionó. Hoy la distancia es sustancialmente menor. Y recordemos que una diferencia de cuatro puntos en las encuestas es considerada por los expertos un "empate técnico", en el que todo está abierto.

Para rematar el asunto, Rubalcaba ha tomado una velocidad endiablada apenas sonar el disparo de salida. El sprinter que es, un tipo que en sus años de atleta acreditó poco más de diez segundos en los cien metros lisos ¡hace casi treinta años!, ha comenzado a moverse como un correcaminos entre actos públicos, entrevistas en los medios y reuniones con pesonajes clave. Justo todo lo contrario que Mariano Rajoy, que continua como lo dibuja el genial Peridis: indolente, tumbado en un sillón, con el puro en la boca y una copa en la mano, esperando que la fruta le caiga en el regazo. Pues resulta que hasta en las encuestas encargadas por los medios que pastorean el ganado de la derecha española, los ciudadanos de este país consideran que el paquidermo Rajoy es menos solvente que Rubalcaba en prácticamente todos los ítems en que se les enfrente.

En resumidas cuentas, el oso sigue sin ser cazado y noviembre que parece lejano, en realidad está a la vuelta de la esquina. Mientras tanto ya ven, en tanto un candidato circula a toda velocidad por la geografía ibérica el otro se dora la panza tomando el sol en Sanxenxo. Es apenas un síntoma, pero bastante clarificador.

Eso sí, da cierta grima el ver a Rubalcaba en un utilitario rojo circulando aparentemente solo por Madrid. Y es que ya saben, siempre hay suelto un loco de esos preparado para actuar solo solísimo, como en Noruega. O sucede un accidente de tráfico de esos tan extraños y tan oportunos que han sufrido algunas personalidades en este país, del general Mola en adelante. Todo presuntamente, claro, faltaría más.

Aunque me parece a mí que a Rubalcaba en materia de seguridad personal hay poco que enseñarle. Pienso de todos modos que sería mejor que dejara de moverse en coches privados.

En la fotografía que ilustra el post, Mariano Rajoy observa de manera esquinada a Alfredo Pérez Rubalcaba.


lunes, 11 de julio de 2011

Llega Rubalcaba



Como en una de esas películas del Oeste en las que todo el mundo espera la llegada al poblado del pistolero más rápido de la frontera -unos le aguardan con pavor, otros con esperanza-, Alfredo Pérez Rubalcaba se presentó el domingo pasado como candidato del PSOE para las próximas elecciones generales. Fue el suyo un discurso medido, de corte socialdemócrata suave, pronunciado desde la seguridad en uno mismo que da saber que ha sonado tu hora. Rubalcaba, el último socialdemócrata, tiene ahora su oportunidad una vez que han fracasado los "progresistas" que entre 2004 y 2011 han gobernado con el recetario neoliberal en la mano. Entre paréntesis: que Alfredo haya sido vicepresidente de ese gobierno y pueda formular ahora sus propuestas socialdemócratas sin perder un ápice de credibilidad, es uno de los milagros de la política española; a cualquier otro ministro de Zapatero que hubiera intentado hacer lo mismo, le hubiéramos corrido a gorrazos sin piedad.

Pero Rubalcaba sí puede anunciar que los banqueros habrán de hacerse cargo de una parte de la factura de la crisis; que los más ricos deberán pagar un reinstaurado Impuesto de Sucesiones; que se luchará para acabar con los paraísos fiscales, donde anida el dinero sucio y se esconde el evadido; y puede sostener que la ignorancia es más cara que la educación pública, y que jamás firmará nada que cuestione la sanidad pública. Y que le crean todo eso. Lo hará o no lo hará, pero se le cree. Más que nada porque sino lo logra Alfredo, al Estado de Bienestar español no lo salva ni Dios.

Naturalmente el Partido Popular se ha puesto de los nervios. Porque con Rubalcaba enfrente no vale la estrategia de dormir la siesta (no decir ni hacer nada) hasta que el poder les caiga en la mano como fruta madura. Hábilmente Rubalcaba se ha ido del gobierno ya, no porque lo pidiera el PP sino porque es lo que le favorece más tanto si Zapatero convoca elecciones para el último domingo de noviembre como si decide agotar la legislatura, prolongándola hasta el mes de marzo. Al salirse del gobierno ahora, Rubalcaba gana espacio y autonomía para ir emitiendo ese mensaje socialdemócrata que apuntó el domingo, aunque la primera gran damnificada vaya a ser la actual ministra de Economía, Elena Salgado (a Zapatero ya nada le puede perjudicar más), cuyas políticas neoliberales se contrastarán día a día con las propuestas de Rubalcaba. Y desde luego el PP quedará retratado, ya que naturalmente deberá contestar a Rubalcaba recitando sus mantras ultraneoliberales más o menos silenciados ahora, entre los cuales la destrucción de los servicios públicos y su puesta en manos de oligopolios privados ocupa un lugar de honor. Rubalcaba obligará al PP a hacer aflorar su "programa oculto".

Y es que por primera vez desde mediados de los años noventa estamos frente a propuestas de política económica que abren reales políticas sociales, de las que implican transformaciones que modifican la sociedad o actúan en defensa de las conquistas logradas: que los ricos paguen impuestos y devuelvan una parte de los beneficios, que se triture los lugares donde esconden su dinero, que la educación y la sanidad sean realmente para todos y no solo para los privilegiados, etc. Si ese es el programa de Rubalcaba, nada está decidido ni escrito.

Lo mejor de Rubalcana es que no es hombre que se empeñe en batallas simplemente para hacer "un buen resultado". Alfredo es de los que cuando salen al terreno de juego, lo hacen para ganar. Realmente, en el PP hacen bien en estar muy preocupados.

En la imagen que ilustra el post, Alfredo Pérez Rubalcaba, candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno español.

jueves, 19 de mayo de 2011

La calle se mueve en España


Algo empieza a moverse en la sociedad española. Las plazas de las principales ciudades se han llenado con miles de personas, en general jóvenes pero también gentes de otras edades, reclamando una verdadera democracia con más fuerza incluso que la solución de los problemas enquistados. Lo que ha sorprendido a los políticos es esto: que no se pida a gritos que el paro acabe mañana o que la derecha económica quite sus sucias manos de la sanidad pública, por ejemplo, sino que la clase política se avenga a compartir el poder con la calle. No plantean una revolución, lo que exigen es que se respeten las formas.

La respuesta histérica de la derecha española da pistas de que los "indignados", como se les empieza a conocer popularmente, no van desencaminados. Toda la perrera mediática se ha volcado en "denunciar" una conspiración del PSOE tras lo que intenta pasar por un movimiento popular espontáneo. En realidad, lo que esta ocurriendo ni responde a una conspiración orquestada ni es del todo espontáneo. Las redes sociales son pianos cuyas teclas si se tocan de manera adecuada, responden generando músicas que a menudo desbordan a los mismos pianistas, sobre todo cuando estos carecen de verdadera experiencia política. A las izquierdas, empezando por el PSOE, toda esta movida les ha pillado a contrapelo, lo que dice más bien poco de su presencia real en las redes sociales y en el ciberespacio: ni siquiera se han olido lo que se estaba cocinando en la Red de Redes.

Otro sí en cuanto a reacciones destempladas, la de la Junta Electoral. Este insufrible y prescindible organismo -al menos en su configuración actual-, que continúa pretendiendo manejar los procesos electores a su antojo, reminiscencia volutiva de su función primigenia cuando fue creado a finales de los años setenta para garantizar que los tardofranquistas agrupados en UCD retuvieran el Gobierno en las primeras elecciones generales democráticas en España, celebradas en 1979. Treinta y dos años más tarde la Junta Electoral sigue metiendo mano en el asunto, aprovechando cualquier excusa para condicionar los procesos electorales. Véase su empeño en conseguir que durante las campañas electorales, los medios de comunicación de titularidad pública deban ajustar los tiempos de aparición en ellos de los partidos en función de los resultados electorales obtenidos en la anterior convocatoria, lo que perjudica claramente a las pequeñas formaciones y convierte en puro ruido las apariciones de los partidos mayoritarios. Ahora la Junta Electoral ha tenido las gónadas de dictaminar que los ciudadanos que ocupan pacíficamente las plazas de Catalunya en barcelona y la Puerta del Sol en Madrid están perjudicando el desarrollo de la campaña electoral. Recuerden como en 2004, durante el amago de autogolpe de Estado del Gobierno Aznar en las jornadas que sucedieron al 11-M, la Junta intentó paralizar las elecciones entonces convocadas, por estimar que los ciudadanos que protestaban en la calle contra las mentiras y la felonía del gobierno derechista en relación con la cadena de atentados sufrida ponian en riesgo la "jornada de reflexión" previa a las elecciones. Dicho sea de paso, la "jornada de reflexión" es otro invento de 1979 creado a fin de mejor controlar policialmente la calle en la jornada preelectoral y condicionar en lo posible la emisión del voto: no se puede hacer propaganda electoral, pero la perrera mediática no se priva de llamar al voto por los candidatos derechistas.

De todos modos, el movimiento Democracia Real es en estos momentos un magma confuso que difícilmente cuajará en nada que pueda tener continuidad. Es sobretodo un movimiento de protesta de las clases medias, irritadas por la pérdida continuada de nivel de vida que vienen sufriendo, así que difícilmente se estructurará en algo con vocación de continuidad más allá del pataleo en la calle y en la Red. Políticamente no perjudica a nadie de momento, pero sí constituye una muy seria llamada de atención a la clase política, un aviso de lo que va a venir. La espita se ha abierto y de seguir así , lo que llegará pronto puede que no sea tan pacífico y educado como lo habido hasta ahora: desde el populismo de corte fascista a los planteamientos anticapitalistas revolucionarios, el Sistema en su conjunto políticos incluidos pueden verse muy pronto cuestionados por masas insurgentes que respondan a los esloganes electorales habituales con pedradas y cócteles molotov. En un contexto como el español actual, resulta muy fácil pasar de la protesta a la insurgencia.

En la foto que ilustra el post, manifestantes en la concentración del 15 de mayo en Madrid.


lunes, 4 de abril de 2011

Esperando a los bárbaros. Después de Zapatero, el PSOE



Zapatero ha dicho adiós, sea enhorabuena. En realidad no se ha ido del todo ya que se queda como presidente del Gobierno hasta las próximas elecciones generales, y como secretario general del PSOE hasta que se acuerden de que sigue en esa silla y le hagan levantarse. Aún tardarán unos meses.

Porque en definitiva Zapatero no se va por voluntad propia. Si alguien cree que por fin este hombre se ha dado cuenta de la distancia sideral que existe entre quien él cree ser y quien realmente es, está muy equivocado. Han sido las circunstancias (la crisis económica, el desmadre en el partido, la caída en picado de su credibilidad, el descubrimiento público de sus limitaciones...) y desde luego eso que los futboleros llaman "el entorno" (personal, político, mediático) quienes finalmente le han convencido/obligado a tirar la toalla.

De todos modos no merece la pena perder el tiempo rememorando un ser tan anodino, que además por suerte ya es agua pasada. Nos queda como legado su "optimismo bobalicón", según lo calificaba ayer Josep Ramoneda en El País, y la certeza de que cualquier mindundi puede llegar a lo más alto simplemente con estar en el sitio oportuno en el momento oportuno, habilidad en la que Zapatero ha mostrado, ahí sí, una maestría rayana en la genialidad a lo largo de toda su carrera política.

Hecho el gori-gori con el que el clero despide a los difuntos, vayamos a la médula del asunto. ¿Y ahora qué? Pues ahora las primarias, según la sana costumbre del PSOE muy anterior a que los yanquis la pusieran de moda. Apuntan dos candidatos: uno serio, solvente, con capacidad y experiencia, socialdemócrata aunque tibio, de ambiciones templadas por una idea de servicio colectivo que ha guiado su trayectoria durante décadas; la otra, una destacada representante de la efebocracia zapateril (aunque ya ha cumplido los 40 años), indocumentada, recién llegada como quien dice, sin bagaje personal ni político pero con descaro y ambición inversamente proporcionales a sus carencias, y desde luego ayuna de cualquier asomo de ideología o cosa que se le parezca. Esto es lo que hay, ni más ni menos. La gente corriente, que no se chupa el dedo, ya ha empezado a manifestarse: Pérez Rubalcaba no solo barrerá a Chacón en las primarias del PSOE, sino que cada día que pase irán creciendo sus posibilidades de derrotar a Rajoy y humillar de nuevo al Partido Popular en las próximas elecciones generales.

De modo que a lo mejor los bárbaros se quedan con las ganas de conquistar La Moncloa (estos bárbaros "españoles" me refiero, que los bárbaros catalanes ya se han instalado en un lado del antiguo Foro romano de Barcelona, en la Generalitat, y ahora quieren también mancillar el otro lado de la plaza, el Ayuntamiento). Si las municipales dan un resultado más apretado del que muchos esperan, las generales podrían anticiparse al otoño. Claro que si se da alguna recuperación económica por leve que sea y ETA toma el camino del final, la legislatura se podría estirar hasta primeros de año, para darle tiempo a Rubalcaba a rentabilizar éxitos y extender un mensaje de "optimismo serio" entre los por ahora desmotivados votantes de la izquierda.

En todo caso será el partido quien tome las riendas de sí mismo en los próximos meses, una vez que el último César ha sido virtualmente sacado de ese trono que siempre le vino grande y que va a seguir ocupando unos meses más porque así lo requiere la inercia del poder. Y es que para un partido con 130 años de historia, que ha sido capaz de aguantar lo que ha tenido que aguantar desde dentro y desde fuera el PSOE a lo largo de su existencia, José Luis Rodríguez Zapatero representa apenas un leve accidente, un breve paréntesis que será pronto cerrado y enseguida olvidado.

En la imagen, Alfredo Pérez Rubalcaba y Carmen Chacón se ignoran en el transcurso del último Comité Federal del PSOE.

lunes, 17 de mayo de 2010

¡Que viene Mariano!


Desde que Zapatero anunciara sus famosas 9 medidas de austeridad para reducir el déficit (en realidad y como recordarán, no son suyas sino dictadas por los "mercados" y transmitidas por teléfono por el amigo Obama), en el Partido Popular y pudrideros aledaños están que revientan de gozo. Las encuestas inmediatas al anuncio de Zapatero han disparado las expectativas de la extrema derecha parlamentaria española de retornar pronto al gobierno por la vía pacífica; diarios progresistas y cavernarios rivalizan en el margen de puntos por el que ganaría el PP, caso de ser tan imbécil Zapatero como para convocar elecciones generales hoy mismo. Sucede que toda esta gente parece olvidar un dato fundamental: que las reacciones en caliente no son políticamente significativas, sobre todo cuando calendario en mano faltan dos años para las próximas generales. Que Zp haya pasado a mejor vida y Zapatero haya quedado abrasado políticamente no significa ni mucho menos que el PSOE vaya a perder las próximas generales, que naturalmente y como digo no van a celebrarse la semana que viene. Ocurre con esta moda tontuna de las encuestas de reacción inmediata a cualquier suceso (otra gilipollez importada de los EEUU), lo mismo que cuando a un ciudadano cualquiera le pisan con fuerza en el autobús o el metro: el caballero se queja y se acuerda de todos los muertos de quien acaba de lastimarle el pie, claro, pero es dudoso que un mes después continúe recordando el incidente a menos que el tipo que le pisó siga repitiendo su torpe hazaña cada vez que se encuentren.

A este respecto les recomiendo un análisis que aparece hoy en el diario Público, en el que se explica con detalle que de celebrarse hoy las elecciones, justo tras el Zapatazo económico del miércoles pasado, el PSOE perdería unos tres millones y medio de votos, de los cuales (en el peor momento, insisto) trasvasaría unos setecientos mil al PP (una cifra que cuando llegue la hora de la verdad será aún más reducida, entre la mitad y un tercio; al tiempo). Dado que los votos que recibe Izquierda Unida son algo más de trescientos mil y los cedidos a todo el resto de formaciones políticas unos doscientos mil, resulta que la verdadera fuga de votos socialistas, casi dos millones y medio de votos, sería a la abstención, lo que cuadra perfectamente con las tendencias históricas del electorado de izquierdas en España: el elector de izquierdas cabreado con su opción política no cambia de voto (las series históricas lo demuestran, una vez descontado el trasvase de "voto útil" de la izquierda comunista y extraparlamentaria al PSOE que se produjo en los años ochenta), sino que se refugia directamente en la abstención. Y esta es la condición asimismo histórica para que el PP gane, como reconociera Gabriel Elorriaga, uno de los estrategas derechistas, en las elecciones de 2008: el partido de Mariano Rajoy sólo ganará las elecciones movilizando hasta el último voto de derechas y consiguiendo que los de izquierdas se abstengan. Si el PSOE, con un candidato distinto a Zapatero, consigue retener entre la mitad y los dos tercios de esos potenciales abstencionistas, volverá a ganar las generales.

Como viene sucediendo en la última década, son esos algo más de tres millones de votos de izquierdas ciclotímicos (en estado de cabreo en ocasiones, ilusionados otras) los que deciden: en 2000 se fueron a la abstención (millón y medio del PSOE y millón y medio de IU), y el PP ganó por mayoría absoluta. En 2004 esos tres millones de votos salieron de la abstención y sumados a medio millón de nuevos votantes, le dieron la primera victoria a Zapatero. En 2008 por último, y ante el peligro de que el PP ganara, volvieron en su mayoría a darle al PSOE la oportunidad de seguir gobernando.

La tarea de los socialistas ahora es precisamente movilizar a ese electorado de izquierdas que decide, y que otra vez duda entre la abstención y el voto con la pinza en la nariz. Obviamente no lo van a conseguir con medidas tan antipopulares e inútiles como las anunciadas la semana pasada por Zapatero. Pero quedan dos años para intentarlo, o un año si es que deciden adelantar las elecciones una vez hayan conseguido enbridar al caballo de la crisis y apunten signos de mejora, tal como proponen algunos dirigentes no zapateristas. Que al propio Rajoy le asusta la posibilidad de llegar al gobierno en estos momentos tan difíciles lo certifica su negativa a reclamar elecciones anticipadas, tal como le pidieron los dirigentes de su partido este fin de semana, apenas tres días después de que Zapatero hiciera públicas sus medidas antidéficit.

Y sin embargo, a pesar de que hasta Rajoy se da cuenta de que este no es el mejor momento para hacerse con el gobierno de España, los sectores más revanchistas y abiertamente fascistas del entorno de los "populares" han declarado abierta la cacería. Desde el miércoles pasado la prensa cavernícola ha desencadenado una brutal ofensiva contra Ruiz Gallardón, al que intentan quitar de en medio usando su estilo habitual plagado de insultos y difamaciones, no vaya a ser que vistas las expectativas que alimenta el PP de ganar las próximas generales, alguien decidiera que la derecha española necesita antes una regeneración a fondo y comenzaran por el cabeza de lista, situando como presidenciable al alcalde madrileño. A Rajoy pues le llueven por todos los lados.

viernes, 14 de marzo de 2008

Un balance de las elecciones generales del 9 de marzo (y 3)


PSE Y PSC VUELAN SOLOS

1. Los excelentes resultados del PSE no son fruto de la casualidad, ni se deben en exclusiva al mal momento que están pasando el conjunto de las opciones nacionalistas vascas. Tras el resurgimiento de este partido en los últimos años, está el trabajo de un equipo esforzado liderado por Patxi López. Con discreción y firmeza, la actual dirección del PSE ha devuelto a los socialistas vascos su plena identidad y referencias políticas, oscurecidas durante los negros años en que Redondo Terreros y Rosa Díez pusieron el PSE al servicio vicario del proyecto político que pretendía imponer el PP en Euskadi.

El PSE se desmarcó a tiempo de esa apuesta españolista agresiva y rancia, profundamente aznariana, que enarbola la extrema derecha parlamentaria y que encarna en políticos de la catadura de Mayor Oreja y María San Gil. El premio a esa actitud ha sido el reencuentro con su electorado de siempre, al que ahora se han sumado votantes jóvenes integrantes de las nuevas generaciones de vascos, personas para quienes los mitos nacionalistas vascos o españoles son asuntos secundarios ante los problemas sociales reales que deben afrontar a diario. En suma, el PSE ha recuperado su papel histórico de conciencia social y política de un País Vasco en el que, como sucede en realidad en todas partes, las clases populares y trabajadoras vascas tienen problemas concretos por los que preocuparse (trabajo, vivienda, educación, promoción social...), que nada tienen que ver con el choque de abstracciones míticas enarboladas en Euskadi por cada una de las dos grandes fracciones de la burguesía vasca, la de vocación local y la de carácter estatista.

Por otra parte, en los ultimos años el PSE ha ido ganando también de modo lento pero seguro mayor autonomía respecto al PSOE, lo que ha fortalecido y madurado su propia organización y dado mayor proyección y relevancia a sus líderes. Los socialistas vascos en definitiva, han tomado las riendas de su propio proyecto político, y su electorado ha respondido positivamente.

Hoy el PSE vuelve a ser referencia indispensable en la política vasca. Junto con el PNV, son en realidad las dos únicas referencias políticas realmente imprescindibles para el País Vasco, como demuestran sus centenarias historias y su presencia actual en las instituciones y la vida civil vascas. Por tanto, habrá que contar necesariamente con ambos para construir el futuro de Euskalherria, sea cual sea la dirección en que éste se encamine. El diálogo y la concertación PSE-PNV son pues inevitables.

2. El PSC por contra se ha encontrado aparentemente de repente en la cresta de la ola, cuando todas las variables que se puedan manejar indicaban a priori justamente lo contrario. En los 30 años de historia de la democracia restaurada, jamás antes los socialistas catalanes habían tenido una generación de dirigentes tan mediocres y de tan escaso atractivo popular, ni se se habían manifestado juntos en Catalunya tantos problemas de fondo (la quiebra por obsolescencia de las infraestructuras de transporte es apenas uno de ellos), ni habían gobernado en instituciones catalanas con mayorías tan precarias como las que hoy sustentan la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona, por poner ejemplos conocidos y de fuerte proyección.

Y sin embargo el PSC ha arrasado, y no sólo en sus feudos tradicionales (los barrios obreros de Barcelona y el "cinturón rojo" de la ciudad, donde ha conseguido niveles de votación superiores en muchos casos a los de 2004), sino que ha logrado asimismo una fuerte penetración en la Catalunya profunda, en la que va calando como opción electoral en los últimos años. Ello se debe obviamente a una conjunción de factores a tener en cuenta (tirón de Zapatero y el PSOE entre la inmigración española, "voto republicano" (en el sentido electoral francés) de resistencia antiPP, crisis del resto de opciones políticas de izquierdas y de derecha moderada...), pero también, y quizá sobretodo, a que el electorado catalán de izquierdas ha leído e interpretado el actual momento histórico como una etapa de acumulación de fuerzas que debe inaugurar un nuevo período histórico en el país, tras un cuarto de siglo de hegemonía de la derecha regionalista/nacionalista y cuatro años de transición con un gobierno que intenta precisamente dar paso a una nueva era. Esta era efectivamente la ocasión de dar un paso adelante y cerrar un ciclo, y el electorado catalán democrático-progresista ha pensado que, vista la fragilidad del resto de opciones políticas catalanes que aspiran a representarlo en todo o en parte, debía concentrar su voto en la formación que por sus características propias y sus vinculaciones con la izquierda española, mejor podía garantizar éste cambio.

La razón de la posición central del PSC en la política catalana , se basa en la composición sociopolítica de su electorado histórico. En él se plasma un viejo proyecto del ala izquierda socialista catalana en los setenta y primeros ochenta, que curiosamente se ha desarrollado luego que ésta prácticamente desapareciera: la articulación de un bloque hegemónico de clases en torno al partido. El dibujo de esta apuesta remitía a que el PSC debía ser el eje en torno al cual se agrupara la representación política de las clases trabajadoras, las obreras y las de "cuello blanco", y de las clases medias progresistas e identificadas con un proyecto de cambio político y social. Lo sorprendente del caso es que al haber liderado esta apuesta dirigentes políticos inclinados hacia la socialdemocracia de derecha y el social-liberalismo, esa identificación del bloque hegemónico de clases con el PSC no se haya roto sino que por contra se ha ido fortaleciendo con el paso del tiempo, e incorporando nuevos elementos sociales.

Para explicarlo de modo sintético, este bloque de clases está conformado por tres sectores netamente diferenciados:

- Las clases trabajadoras: de origen inmigrante y asentadas en Catalunya en los últimos 50 años, cuya raíz ideológica lejana es el anarquismo sindicalista (posibilista) de la preguerra.

- La pequeña burguesía mestiza: urbana y profesional, cuya raíz ideológica lejana son las izquierdas marxistas de los años sesenta y setenta.

- Una parte del patriciado urbano catalán: clases medias acomodadas de origen netamente catalán, cuya raíz ideológica es el republicanismo federalista del siglo XIX y primer tercio del XX.

Esta alianza de clases articulada electoralmente en torno al PSC, es la que acaba de decidir que Zapatero seguirá cuatro años más en la Moncloa. También, y lo que seguramente es mucho más importante, que Catalunya se encamine decididamente hacia un proceso de rápida desnacionalización que, en aparente paradoja, podría conducir a medio plazo a una situación de soberanía plena o compartida con el Estado español.

En todo caso, sea cual sea el futuro de Catalunya, el PSC va a ser su eje... incluso si sus dirigentes siguen sin estar a la altura del momento histórico, pues es sabido que las corrientes que empujan la Historia son más decisivas en su conformación que la actuación de los hombres que creen manejarlas.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Un balance de las elecciones generales del 9 de marzo (2)


PERIFÉRICOS Y CENTRALES

La extrema polarización que vive el país desde al menos mediados de los años noventa y el cansancio ante el discurso victimista de las organizaciones políticas de las burguesías periféricas, ha llevado a éstas últimas a padecer un severo revés en las elecciones generales del pasado 9 de marzo.

Especialmente los partidos de las izquierdas burguesas de carácter nacionalista (CHA, ERC, BNG...) han sufrido duros retrocesos, tras una etapa anterior con avances de cierta notoriedad . Ahora desaparecen en Aragón y Baleares, retroceden fuertemente en Catalunya y sólo alcanzan cierta estabilidad de resultados en Galicia. Los partidos nacionalistas de derechas, en cambio, aguantan mejor el golpe (caso del PNV, CiU y CC), y mantienen casi intacta su representación parlamentaria, aunque son ampliamente batidos en sus respectivos territorios por las organizaciones locales socialistas.

El más llamativo varapalo en este grupo de fuerzas lo recibe ERC, que pierde la mayoría de los escaños obtenidos en 2004 y más de la mitad de los votos obtenidos entonces. Es obvio que la inmadurez y cierto espíritu amateurista -reconocido estos días por los propios dirigentes del partido- en buena parte de en sus actuaciones tanto en la política catalana como en la española, han perjudicado a los independentistas catalanes de forma notable, pero su espectacular descenso cabe atribuirlo también -y principalmente- a factores de orden general que han jugado en contra suya. El drama central de ERC es que parece haber perdido toda credibilidad para los dos sectores ciudadanos que conforman sus apoyos electorales: de un lado, quienes siendo puramente independentistas consideran que ERC ha ido demasiado lejos en sus concesiones al sistema de juego político español; del otro, quienes reclamándose "de izquierdas" y más autonomistas que independentistas, consideran que éste partido no ha sido capaz de tener una presencia seria y respetable en las isntituciones.

En el caso de CiU por contra, aún perdiendo apoyos electorales, sobrevive mejor gracias al sabio manejo por sus dirigentes y estrategas de esa masa de "catalanes emprenyats" (catalanes airados) que constituye la fuerza de choque de las clases medias nacionalistas en Catalunya. Algunos errores del gobierno Zapatero y la idea de que en una situación de empate entre PSOE y PP ellos, la burguesía representada por CiU, tienen mucho que ganar negociando con unos u otros, ha llevado a las urnas a un número suficiente de seguidores del pujolismo como para que finalmente se haya minimizado lo que prometía ser un descalabro histórico de esta fuerza política.

Como trasfondo, el hartazgo de la sociedad catalana tras casi tres décadas de hegemonía ideológica nacionalista, que en todo caso nunca ha cuajado en otra cosa que en palabrería huera y un -eso sí- eficiente control social, económico y cultural del país.

El PNV por su parte ha aguantado el tirón mejor o peor, aunque al igual que CiU en Catalunya se ha visto desbordado por el avance del PSE en las tres provincias vascas. Queda en la irrelevancia política EA, el partido originado en la escisión peneuvista de finales de los años ochenta, y con el que el PNV ha mantenido una larga y singular relación de amor, odio y comunidad de intereses. Rápidamente el PNV se ha ofrecido al PSOE para lo que sea menester en la próxima legislatura, lo cual augura muy poco futuro al lehendakari Ibarretxe y a sus planes soberanistas.

Por lo que hace al entorno etarra, entraba en lo previsible que inmediatamente de celebradas las elecciones se arrogaran sin pestañear esa cifra mágica para ellos de 185.000 abstencionistas que supuestamente habrían seguido su llamado al boicoteo de las elecciones; y aún que se conformaron con esa cifra, en vez de hacer suya toda la abstención. Sorprende mucho más el entusiasmo conque su diario portavoz, Gara, acogía al día siguiente de los comicios la victoria del PSOE en España pero sobre todo en "su" Euskadi, remarcando con fruición el modo humillante para el PNV en que ésta se había producido en todo el territorio de la Comunidad Autónoma Vasca.

Por lo que hace a los partidos franquicia del PP -ése modelo de creación y uso de organizaciones políticas interpuestas que la derecha española ha imitado precisamente del mundo político etarra-, la suerte que han corrido ha sido diversa, pero siempre muy lejos de las expectativas generadas a priori.

En el caso de Ciutadans se confirma el absoluto desinflamiento de ése globo político que ya tuvo lugar en las municipales del año pasado; en esta ocasión Ciutadans ha recogido apenas 27.000 votos en Catalunya (el 0,75% de los votos en ésa comunidad), y 15.000 más en el resto de España. La disolución de Ciutadans a corto plazo se hace inevitable.

Los resultados obtenidos por UPyD, el partido de Rosa Díez destinado a arrebatar a los socialistas su electorado en el País Vasco y Catalunya son, salvo en Madrid, espectacularmente malos: 6.000 votos en Catalunya (0,16%) y 10.000 en el País Vasco (0'90%). En muchas otras provincias los escasos votos de UPyD se corresponden casi milimétricamente con las bajadas en votos del PP, con lo que no es aventurado deducir que éste partido pueda haberle restado a los "populares" votos imprescindibles para haber alcanzado algún escaño más. Sólo en Madrid UPyD ha tenido un resultado medianamente aceptable, 130.000 votos y 1 escaño (en todo el resto de España ha obtenido otros 170.000 votos). El escaño de Madrid lo logra UPyD con votos del PSOE y del PP en barrios y poblaciones de clases altas, zonas en las que ha habido -una vez más- una altísima participación electoral.

Ninguna otra fuerza de carácter "central" o vinculada al nacionalismo español ha obtenido un solo diputado. Llama la atención la fragmentación grupuscular del presunto espacio "verde", que como tal se ha demostrado de nuevo inexistente en España, y la absoluta irrelevancia representativa de la constelación de grupos fascistas organizados, cuyo potencial electorado es otra vez fagocitado sin piedad por el PP.

martes, 11 de marzo de 2008

Un balance de las elecciones generales del 9 de marzo (1)


TECHOS Y SUELOS

Las elecciones generales celebradas el día 9 de marzo han modificado en poco el escenario político general previamente existente, aunque sí han aportado algunos cambios llamativos en parcelas concretas. Un terreno que atraía especialmente la atención de los analistas era comprobar la permeabilidad de los llamados techos y suelos electorales de las grandes formaciones políticas españolas.

1. Se confirma una vez más que el PP lleva tiempo tocando su techo electoral, y que ir más allá le resulta imposible. Y es que no se puede pretender aglutinar electoralmente a toda la derecha, desde el fascismo más cerril al liberalismo "centrista", y al mismo tiempo pretender dirigir el partido desde postulados de pura extrema derecha. El PP tiene una militancia y un electorado de solidez berroqueña, pero es incapaz de pescar un sólo voto más allá de los límites en los que está encerrado. Además, si no comienza pronto un proceso de renovación que aleje de él ese tufo a cuartel y sacristía que desprende, pronto van a comenzar a huir de él quienes le votan mientras esperan que exista en este país un partido que verdaderamente encarne los ideales y los intereses de una derecha democrática.

El PP ha ganado donde ya ganaba: Madrid, Valencia, Murcia y las dos Castillas han girado un poco más a la derecha, refrendado electoralmente administraciones y candidatos inmersos en procesos por corrupción. Se diría que el clientelismo de la derecha española se fundamenta en el aforismo "la corrupción crea empleo", y que sobre la adhesión popular –en el doble sentido del término- a este principio, se está levantando una suerte de alternativa no ya al Gobierno del país sino al propio Estado. Poco a poco, la España profunda y el arco mediterráneo de Castellón a Almería se consolidan como territorios integralmente gobernados de facto por el PP, y van constituyendo una especie de Estado dentro del Estado en el que las leyes estatales son cuestionadas y eventualmente rechazadas si no se compatibilizan con los intereses de quienes ostentan el poder en esas zonas. La fractura de España es pues real, pero sus causas no son político-culturales sino socio-económicas; paradójicamente, quienes impulsan esa fractura son aquellos que mayor énfasis público hacen de la obstentación del nacionalismo español como ideología de choque.

2. El PSOE por su parte, se ha mostrado capaz de aglutinar en torno suyo a cuantos desde posiciones que van desde el liberalismo democrático al trostkysmo, piensan que este partido es un instrumento útil -el único en realidad- capaz de cerrar el paso al PP al gobierno del Estado. Por lo demás, los socialistas españoles han confirmado en estas elecciones la ruptura del ciclo infernal que en los años noventa llevó a una buena parte de su electorado a la abstención; es más, desde 2004 el PSOE ha comenzado a recuperar votos a la abstención, y lo que es quizá más importante, a retener los recuperados en sucesivas elecciones. La llamada "izquierda volátil" le ha sido fiel esta vez.

Lo específico de éstas elecciones para este partido, sin embargo, ha sido que quizá por primera vez desde el congreso celebrado en 1979, cuando renunció oficialmente a su identidad socialista para transmutarse en un partido de izquierda reformista, el PSOE se ha visto obligado a virar hacia la izquierda para ganar, recogiendo en respuesta de modo avasallador el voto de izquierdas. Los nuevos aportes le han llegado en esta ocasión no sólo de los postcomunistas de IU, sino también de todo el espacio político a la izquierda de esa coalición, y ello sin dejarse por el camino el resto de su electorado. Para hacer una descripción somera, entre los votantes del PSOE se encuentran hoy, relacionando de izquierda a derecha, liberales clásicos, social-liberales, socialdemócratas, socialistas no marxistas, socialistas marxistas, post comunistas, comunistas, trostkystas y libertarios posibilistas. También, sectores de las izquierdas nacionalistas burguesas, y hasta de derechas regionalistas espantadas por el ultranacionalismo españolista del PP.

El voto del PSOE se articula en torno al valle del Ebro, la cornisa cantábrica y el sur de la Península, además de los dos archipiélagos. Es un voto en general urbano, concentrado en grandes poblaciones y "cinturones rojos" (Madrid, Barcelona, Bilbao...), pero también en muchas prósperas poblaciones de tamaño medio, y en zonas rurales del país de larga tradición libertaria (Andalucía, Extremadura, Aragón...).

3. Izquierda Unida ha continuado su declive, que en realidad remite a la decadencia del PCE iniciada ya en las primeras elecciones democráticas en los años setenta, agravada luego de modo brutal en octubre de 1982, cuando la primera mayoría absoluta de Felipe González se cimentó precisamente en el trasvase del voto comunista hacia el PSOE, y culminada en desastre sin paliativos luego de que el anguitismo pusiera IU al servicio de la estrategia de asalto al poder del PP durante los años noventa. Gaspar Llamazares y su equipo han luchado con todas sus fuerzas por mantener a flote este proyecto político, pero finalmente han tenido que tirar la toalla: el 9 de marzo ha desencuadernado IU, no tanto por las fugas hacia el PSOE ocasionadas por el "voto útil", como por el trabajo de zapa interno que la dirección ha tenido que soportar. El PCE creó IU, y el PCE la ha destruido.

Naturalmente se puede apelar a la ley electoral, a la polarización del voto y a cuantas medias verdades se quiera para intentar justificar el descalabro de IU en estas elecciones; uno más de un rosario infinito, al cabo. Y es que cuando un partido se empeña año tras año en seguir perforando su suelo electoral, tarde o temprano llega el día en que debajo suyo ya no encuentra nada. A IU le quedan dos diputados y alrededor de un millón de votos; quizá aún esté a tiempo de salvar algunos muebles y preparar una larguísima travesía del desierto. Si les dá pereza, simplemente echarán la persiana más pronto que tarde.

lunes, 10 de marzo de 2008

viernes, 7 de marzo de 2008

Somos muchos más de los que ellos quieren y dicen


No em trobe sol, company, no et trobes sol
i en son molts més dels que ells volen i diuen. (Raimon)

No estoy solo, campañero, no estás solo
somos muchos más de los que ellos quieren y dicen. (Raimon)

foto: mitin del PSC en el Palau Sant Jordi de Barcelona, 6 de marzo de 2008 (El Periódico de Catalunya).

jueves, 6 de marzo de 2008

El Periòdic d'Andorra publica una encuesta española fuera de plazo


Parece que Asensio junior ha salido tan listo como lo fue su padre. Retortijones debe tener hoy el conde de Godó al ver cómo la versión andorrana del portaaviones del Grupo Z acaba de pasarle la mano por la cara.

El Periódico y La Vanguardia llevan una temporada de hacerse putaditas por la cosa de la difusión, la publicidad contratada y esas nimiedades que tanto ponen a los empresarios periodísticos. Asensio junior se ha apuntado hoy un tanto importante y de paso ha dejado en cueros una legislación obsoleta, que pretende ponerle puertas al campo en una época en la que ni el gobierno chino consigue controlar Internet. Y encima Asensio ha puesto a Andorra en el mapa, que no sólo de blanquear dinero y explotar extranjeros ha de vivir el Principat.

Lo curioso es que en un solo día el Periòdic d'Andorra ha publicado dos encuestas radicalmente diferentes: a primera hora de la mañana ha colgado una en la que PP y PSOE empataban "técnicamente" y obtenían el mismo número de escaños; unas horas más tarde, hacia el mediodía, la encuesta ha sido substituida por otra en la que el PSOE le saca el 3'5% al PP y algunos escaños de diferencia. En ambas la participación era del 68%.

Un poco pillín sí que lo es, Asensio junior.