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martes, 13 de septiembre de 2011

Josep Termes y el mito de la Catalunya popular


El fallecimiento la semana pasada del historiador catalán Josep Termes finiquita prácticamente la historiografía de raíz maxista en este país. Josep Termes falleció a los 75 años, tras una vida dedicada a la investigación y la explicación del presunto ser popular de una parte de la ideología catalanista, nervio central de sus estudios durante décadas, que compartió con su interés por el conocimiento del anarquismo catalán y español, culminado hace apenas dos meses con la publicación de una monumental "Historia del anarquismo en España" (RBA), en la que traza el recorrido del movimiento libertario desde 1870 a 1980, si bien observado desde una visión profundamente sesgada y contaminada de ideología.


Durante los años sesenta y primeros setenta del pasado siglo Josep Termes militó en el PSUC, el partido de los comunistas catalanes, del que se dio de baja en 1974 por el dogmatismo estalinista que atenazaba a esta formación. Termes siguió siendo un marxista metodológico y su producción ha estado siempre definida por este enfoque, aunque en los últimos años se interesara más por el relato historiográfico de los hechos que por su análisis. A pesar de haber participado en proyectos como la creación de la Universitat Autònoma de Barcelona en los años setenta, el amansamiento intelectual en los últimos años le llevó a ese "pesebre" del pujolismo para intelectuales antaño rebeldes que es la Universitat Pompeu Fabra, buque-insignia de la fabricación del pensamiento nacionalista burgués en la Catalunya de las últimas décadas. 

El discurso de Termes en relación con el catalanismo parte  de una defensa férrea de su carácter popular, que según él nunca se habría interrumpido a la largo de la Historia. El catalanismo popular sería una corriente histórica paralela al catalanismo burgués e incluso en algunas de sus ramas previo a éste. Sus raíces se remontarían a siglos atrás y se consolidaría como movimiento con expresión política y social en el siglo XIX, en pugna con la aparición del nacionalismo burgués. En Barcelona hay efectivamente una larga historia de revueltas populares en los siglos XVIII y XIX, los "rebomboris" y las "jamàncias", que aparentemente vendrían a dar la razón a Josep Termes en cuanto a que su origen suele ser popular, aunque ni por asomo "nacionalista", concepto político inexistente en Catalunya hasta la época de la "Renaixença" (finales del siglo XIX). Ocurre sin embargo que al analizar tales movimientos es fácil percibir en ellos la presencia de elementos dirigentes vinculados a la pequeña y mediana burguesía urbana, en tanto las clases trabajadoras interpretaban como siempre el poco agradecido papel de carne de cañón. El "espontaneísmo" de tales revueltas y motines, a menudo nacidos como protestas sociales ante el alza de los precios de artículos básicos de consumo o como respuesta a la inexistencia en los mercados de éstos, solía acabar en la formación de comités revolucionarios en los que predominaban comerciantes, profesionales liberales, militares y otras profesiones por el estilo, y en las que los trabajadores manuales brillaban por su ausencia.

Es significativo el distanciamiento que Josep Termes muestra por el anarquismo, al que viene a calificar como ideología extraña al país importada por los emigrantes venidos del resto de España.  Tal posición, que se refuerza atribuyendo a los anarquistas toda clase de desmanes y crímenes y no solo durante el período de la Guerra de España, está deviniendo canónica en la interpretación del anarquismo por la historiografía burguesa catalana aunque sea ahistórica y completamente falsa, pues responde a un prejuicio ideológico. En realidad el anarquismo estaba ya en Catalunya mucho antes de que ésta recibiera los grandes flujos de inmigración que conocemos en los años a caballo entre los siglos XIX y XX, y respecto a la virulencia del anarquismo autóctono éste lo fue tanto o tan poco como el de los inmigrantes, entre otras razones porque entre los anarquistas nunca hubo separación por comunidades. Catalanes autóctonos y conocidos anarquistas fueron personajes tan dispares como Joan Rull, que colocó unas cuantas bombas muy sonadas a comienzos del siglo XX ocasionando verdaderas masacres (y a quien Termes califica de confidente policial, sin más explicaciones); Ferrer i Guàrdia, principal referente intelectual de la escuela libertaria, asesinado legalmente tras la Setmana Tràgica; Salvador Seguí, el "Noi del Sucre", asesinado por pistoleros a sueldo de la patronal Fomento del Trabajo;  Federica Montseny, líder del anarquismo posibilista durante de la Guerra de España y precursora feminista; y Joan Garcia Oliver, el hombre clave del Comité de Milicias Antifascistas de Catalunya en 1936, entre otros muchos hombres y mujeres. Personalmente me he quedado perplejo al ver que un historiador en tiempos respetado,  haya evolucionado de ese modo, hasta producir una escritura de la Historia tan ideologizada, parcial y descaradamente puesta al servicio de las clases dominantes catalanas.

El grabado que ilustra el post muestra una estampa, claramente inspirada en las francesas revolucionarias de la época, de una "jamància" en la Catalunya de las primeras décadas del siglo XIX. Uno de los personajes, probablemente un campesino dada su manera de vestir, alza una bandera negra y grita llamando a la revuelta. La bandera negra era un símbolo recurrente en los motines populares barceloneses de esos años.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El nacionalismo lingüístico como cebo para distraer de los problemas reales



El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) acaba de emitir una sentencia que de manera a todas luces calculada viene a abrir la campaña electoral en España, cuando en realidad todavía faltan dos meses y medio para que se celebren las próximas elecciones generales.

Los señores y señoras del TSJC han tenido a bien exigir a la Generalitat de Catalunya que imponga la lengua castellana como vehicular de la enseñanza en esta comunidad en el plazo de dos meses. Curioso para empezar que algo tan lento como la ¿Justicia? española imponga plazos tan cortos a otros. Más curioso todavía que la resolución responda a la petición formulada en su día por tres familias -tres- que exigen enseñanza vehicular en castellano para sus retoños. Les aseguro que no han habido celebraciones en las calles de masas de padres entusiasmados con la sentencia. Por el contrario, y fuera de la llamada "comunidad educativa" donde la sentencia ha sido acogida con indignación, a nivel popular ha sido recibida con la más absoluta indiferencia.

Una vez más se intenta crear un problema donde no lo hay. El sistema de inmersión linguística en Catalunya viene garantizando desde hace más de dos décadas la cohesión entre comunidades culturales y lingüísticas, y no solo entre autóctonos y emigrantes provenientes de lo que los cursis llaman el "Estado Español": en los últimos tiempos el sistema educativo catalán ha permitido precisamente una rápida integración de los niños provenientes de países con culturas muy diferentes a la nuestra. Lo críos lo aprenden todo a una velocidad endiablada, y si los mayores no les azuzan con sus prejuicios la lengua resulta al cabo un instrumento de conexión e intercambio con los demás, y no una barrera que delimite cercados en los que separar borregos según raza, tal como le gustaría a algunas organizaciones grupusculares promovidas y usadas por el Partido Popular en Catalunya como instrumentos de agitación social, promotoras de la sentencia de sus ignorantes señorías del TSJC

Por lo demás la situación del castellano en Catalunya es mejor que nunca. Según decía ayer El Periódico de Catalunya, el nivel de calidad del castellano que usan los escolares catalanes es dos décimas superior a la media española, lo que en la lengua de Cervantes equivale a decir que los alumnos catalanes conocen y usan este idioma igual o mejor que sus colegas de la mayoría de comunidades autónomas monolingües en castellano. Según datos de ese mismo diario, un porcentaje ligeramente superior al 50% de los residentes en Catalunya usa el castellano en sus relaciones familiares, y alrededor del 75% de los habitantes del Área Metropolitana de Barcelona lo usa como lengua habitual.

En Catalunya no existe ningún problema lingúístico. Otra cosa es el deseo de crearlo con fines políticos. El uso social de las lenguas es exactamente eso, social. A los nacionalistas catalanes les fastidia que el castellano sea lengua de comunicación habitual para una buena parte de la población catalana, y a los nacionalistas españoles -incluidos los de izquierdas-  les fastidia que el catalán sea una lengua que facilite la cohesión y la promoción social en Catalunya. Allá cada cual con sus bajezas, pero la realidad es la que es por más que se empeñen en intentar torcerla.

Segregar a los niños en razón de su lengua materna es políticamente irresponsable y socialmente criminal. Es el mejor modo de promover las brechas entre comunidades, destrozar la cohesión interna y en definitiva, enmascarar los verdaderos conflictos, que  han sido, son y serán los de clase y no los superestructurales fabricados aposta (religión. etnia, lengua, cultura...). Porque en definitiva esta sentencia lo que viene a promover es la distracción de los problemas reales de este país, centrados en el paro y el trabajo-basura, la destrucción de los servicios públicos, el saqueo de los recursos económicos, y la venalidad de una clase financiera y empresarial que nos está devolviendo a los orígenes del capitalismo y a cuyo servicio milita el establishment político.

Estamos pues ante otro anzuelo lanzado para que piquemos, ante una representación teatral en la que en el fondo nacionalistas catalanes y españoles están de acuerdo, ya que a unos y a otros les convienen las cortinas de humo que cieguen a la gente de modo que olviden sus verdaderos intereses a la hora de votar. Verán como una vez se hayan celebrado las elecciones, no pasa nada y todo se disuelve en el aire hasta la próxima. El petardazo del TSJC habrá servido para que la derecha nacionalista catalana pesque algunos votos más en Catalunya y la derecha nacionalista española haga lo propio en España, y aquí paz y después gloria. Hasta que llegue el día que a fuerza de invocarlo en vano, realmente venga el lobo.

En la imagen que ilustra el post, un panfleto con la imagen de Francisco Caja, portavoz del grupúsculo de extrema derecha Convivencia Cívica Catalana, impulsor de iniciativas contra la lengua catalana como la comentada y que lidera Alejo Vidal Quadras, conocido dirigente fascista del Partido Popular en Catalunya. 

lunes, 28 de febrero de 2011

Josep Dencàs regresa a Catalunya



En la edición de Catalunya de ayer lunes hay una entrevista que le retrotrae a uno en el túnel del tiempo. Concretamente hasta los años treinta, cuando lo que entonces se llamaba "el Orden Público" y hoy denominan "la seguridad ciudadana", estaba en Catalunya bajo la (ir)responsabilidad de un individuo llamado Josep Dencàs, conseller (ministro) de Gobernación (hoy diríamos Interior) de la Generalitat republicana catalana.

El tal Josep Dencàs fue un elemento de cuidado. Dirigente de Estat Català (el sector literalmente fascista del independentismo catalán de la época), máximo jefe de los tenebrosos "escamots" (escuadras) paramilitares de "camises blaves" (camisas azules) de Estat Català, protector de los hermanos Miquel y Josep Badía (dos significados sicarios, que desde la dirección de la policía autonómica catalana dirigieron el pistolerismo antisindical nacionalista), y en fin, agitador extremista cuya hoja de servicios concluyó abruptamente el 6 de octubre de 1934, cuando tras fracasar la asonada independentista huyó del palacio de la Generalitat a través de las alcantarillas, apareciendo una semana después a la derecha de Mussolini en el balcón de Piazza del Popolo desde el que el Duce arengaba a sus secuaces. Una joya, el señor Dencàs. Pues leyendo la entrevista que publica hoy El País, se diría que Dencàs ha regresado a la Patria reencarnado en la figura de Felip Puig, actual conseller de Interior en el flamante gobierno de la Generalitat formado recientemente por la derecha nacionalista catalana.

Quede claro desde el principio que en sus primeras semanas al mando de policías y bomberos catalanes, Felip Puig no ha perdido el tiempo, eso es seguro. De Puig ya eran conocidos de antiguo sus exabruptos cuarteleros, su desprecio hacia la izquierda y sus valores, y su inquina contra los inmigrantes en general y los españoles en Catalunya en particular. Su mentalidad y maneras no han cambiado. Las primeras actuaciones del señor Puig, ya pregonadas antes de tomar posesión del cargo, han sido eliminar las cámaras de filmación de las comisarías de los Mossos d'Esquadra y derogar el Código Ético de esta policía autonómica, medidas ambas aprobadas por el Gobierno tripartito de izquierdas precedente con objeto de atajar los abusos (por llamarlos finamente) detectados en las comisarías catalanas. Los cambios revanchistas de Puig no se han frenado ahí, y puestos a derogar ha anulado la limitación de velocidad a 80 km/h en los accesos a Barcelona. Por derogar ha derogado incluso el mobiliario de despacho instalado por su antecesor, Joan Saura, del partido post-comunista IC, que ha sustituido por completo a pesar de la austeridad monacal en los gastos que predica el nuevo conseller.


Para Felip Puig, el rojerío que le precedió en la conselleria "se había impuesto una cierta complicidad con la transgresión al límite de la ley. La gente nos pedía que marcáramos los límites". Según Puig, Joan Saura y sus bolcheviques "no consideraban necesario tener una buena policía". Ya hace tiempo que de modo especial, Puig le venía afeando a su antecesor la impunidad de la que presuntamente han gozado okupas y otros maleantes por el estilo en la etapa del Tripartito de izquierdas. Y es que ya se sabe que la cabra roja tira al monte, y que no hay rojo que no se sienta solidario con un delincuente. Ocurre que probablemente Puig y Saura (y con él, este servidor de ustedes) no acaban de coincidir en la definición del término delincuente: para el actual conseller de Interior sólo lo son los greñudos okupas, y nunca los atildados caballeros de la "sociedad civil" catalana que se dedican desde hace décadas a saquear los fondos públicos del Palau de la Música y a recaudar el 3% del coste de toda obra pública contratada en Catalunya, ingresando esas jugosas comisiones en las cajas B de Convergència Democràtica de Catalunya, el partido del señor Felip Puig, quien por cierto ha ejercido en él como secretario de Organización amén de otros destacados cargos.

Pero Puig va más lejos. Mucho más. Cuando el periodista Jesús García le pregunta "cómo afrontarán los Mossos d'Esquadra bajo su mandato la amenaza islamista radical" el señor conseller al mando contesta que evitando que arraiguen los focos que promueven un determinado sistema de valores, caso del islamismo radical. E inmediatamente añade: "también tenemos un neoanarquismo revolucionario que está activo. Los Mossos están en esos frentes". Es decir, equipara, metiéndolos en el mismo saco, a grupos terroristas de carácter políticorreligioso reaccionario con colectivos legales y legítimos que sustentan convicciones políticas contrarias a las suyas. Puig considera que ser revolucionario le convierte a uno en objetivo policial. Está claro que lo que a Felip Puig le encantaría es meter en cintura a los anarquistas y a la izquierda en general siguiendo el acreditado método de Dencàs y los Badia.

Pues este tipo es quien tiene a su cargo la seguridad ciudadana de los catalanes. Una seguridad que en Barcelona comportará en breve la retirada de dos mil policías autonómicos, quienes por iniciativa de Felip Puig se "replegarán" fuera de la ciudad a menos de tres meses de las elecciones municipales: un modo artero de fomentar la sensación de inseguridad entre la ciudadanía de la urbe esperando que perjudique a la izquierda que gobierna la ciudad. Y es que Barcelona, la Gran Babilonia según los nacionalistas reaccionarios catalanes, nunca ha gustado a los "camises blaves".

En la imagen que ilustra el post, Felip Puig mitinea delante de la bandera independentista catalana inventada en Cuba a finales del siglo XIX por comerciantes y propietarios de esclavos catalanes.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Oligarquía y sociovergencia en Catalunya



El regreso del poder político en Catalunya a sus amos de siempre, la oligarquía local, se ha producido con esa exquisita ausencia de incidentes reseñables que hicieron famoso el otrora llamado "oasis catalán", y que aquí sabemos más fruto del anestesiamiento en que viven las clases populares y trabajadoras catalanas que de una "civilidad" encarnada por una burguesía rapaz como pocas, cuyos verdaderos valores se muestran en el saqueo sin escrúpulos de uno de sus tótems tribales, el Palau de la Música Catalana.

La asunción de poderes por CiU ha sido por tanto un proceso tan breve y fino como cabía esperar, en un país en el que sus élites acostumbran a manejar más la daga florentina que la cimitarra sarracena en la resolución de sus disputas. El Tripartito se ha ido sin hacer ruido, y nadie parece echarle de menos por el momento. Tiempo habrá.

El gobierno que ha formado el señor Artur Mas -un consejo al que con su fanfarronería habitual calificó como "el gobierno de los mejores" aún antes de tener cerrada la lista de quienes lo componen-, ha resultado un apaño a varias bandas entre sectores de la "sociedad civil catalana" es decir, de la burguesía oligárquica local. Junto a los viejos pujolistas enfangados en el Sector Negocis de CDC, el partido de Jordi Pujol, sobrevivientes a los sucesivos escándalos financieros que azotan el pujolismo desde los tiempos de Banca Catalana, se alinean jóvenes cachorros que ostentan apellidos históricos convergentes pero que en su mayoría se organizan tras el príncipe heredero de Pujol, su hijo Oriol Pujol Ferrusola, ungido portavoz de CiU en el Parlament catalán, gente para la cual Artur Mas no es más que una especie de regente a la espera de que al príncipe Oriol le llegue el momento de sentar sus posaderas en el trono; se podría decir que a Mas le tienen en libertad vigilada. Finalmente el ya president de la Generalitat cuenta con un grupo de adictos e "independientes" que le deben el cargo directamente a él, y que por tanto serán su sostén (probablemente el único) en las duras batallas internas que se preveen.

Entre los personajes que forman este gobierno, esencialmente revanchista en materia política, económica y social, figuran individuos tan infames como el "soberanista" Felip Puig, flamante conseller de Interior, un fanático xenófobo y racista que llega dando: ya ha anunciado que, "a fin de prestigiar a los Mossos d'Esquadra" (sic), de inmediato se van a retirar las cámaras que vigilan el interior de sus comisarías y que será asimismo abolido el código de conducta para la policía catalana, ambas medidas dictadas por el Tripartito para controlar comportamientos indeseables en ese cuerpo policial. No se queda a la zaga desde luego el nuevo responsable de la Sanidad pública catalana, cargo para el que Mas ha nombrado... ¡al presidente de la patronal sanitaria privada! Este caballero ya se ha asomado en repetidas ocasiones a los medios con propuestas tan destructoras como que los pacientes paguen el menú que consumen durante sus ingresos hospitalarios, las medicinas que allí se les suministran y el transporte en ambulancias. Un genio, el conseller de Sanidad. En Economía le han colocado a Mas a un señor catedrático de pura ortodoxia neoliberal; de todos modos ése es un departamento que podrían suprimir sin que se notara mucho, dado que quienes verdaderamente dirigen la economía de este y de cualquier otro país en nuestro hemisferio jamás pondrán los pies en los despachos de la Generalitat de Catalunya.

Quizá el nombramiento más sorprendente para sentimentales y gente poca avisada en general ha sido el del ¡todavía! miembro del PSC, Ferran Mascarell como conseller de Cultura, en un modesto remedo un tanto esperpéntico de la "abertura a la izquierda" de Sarkozy cuando llegó a la presidencia francesa. Ya sé que la comparación entre la Administración francesa y el gobiernito de la Generalitat de Catalunya provoca risa, pero así de provinciano es el nacionalismo catalán, siempre buscando referentes fuera de la Península Ibérica. A Mascarell le han dicho de todo, y en general sin razón. Que este señor es un ambicioso trepador político y social ya lo dejó claro en su breve y fulgurante carrera política, repartida entre el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Catalunya. Mascarell fue un buen técnico y un desastroso político, un personaje por lo demás enfeudado desde siempre al sector chauvinista de las industrias culturales catalanas, del que evidentemente es arte, parte e ideólogo; no por otra cosa lo ha fichado/comprado Artur Mas. Que hasta 24 horas antes de aceptar la cartera que le ofrecía Mas estuviera peleando Mascarell por lograr la cabeza de lista del PSC al Ayuntamiento de Barcelona, da una idea cabal de la pasta humana y política de la que está hecha esta gente, que se tiene a sí misma por la crème de la crème de Catalunya. Con todo, hay que decir en favor suyo que finalmente Mascarell ha sido coherente yéndose a formar parte de un gobierno de la derecha oligarca catalana, él, un "socialista", que ni siquiera se ha molestado en devolver el carnet del partido; es alucinante que la dirección del PSC no se haya atrevido a echarlo a patadas ni siquiera después de la toma de posesión como conseller (con lo cual tenemos técnicamente en estos momentos un gobierno de Catalunya en coalición entre CiU y el PSC) .La lástima en fin, es que Mascarell se haya ido solo y no se haya llevado consigo un buen puñado de los "catalanistas" que siguen acampando en los órganos de dirección del PSC; así de paso, inspirados por el gesto, los "españolistas" del partido podrían tomar ejemplo y comenzar a emigrar hacia su espacio político natural, el PP triunfante que se avecina.

El término sociovergencia designa ese espacio político-social de encuentro entre burgueses catalanes que comparten el mismo "modelo" de país y por supuesto, el mismo amor por la supuestamente según ellos intocable "economía de mercado". Sería pues bueno que como digo, cunda el ejemplo y en el PSC y en las otras organizaciones de izquierda catalanas empiece a desfilar gente hacia los jugosos prados del neopujolismo reconstituido. En definitiva que la gente como Ferran Mascarell sea políticamente coherente por primera vez en su vida, y actúe en consecuencia.

En la imagen, Artur Mas celebra con su mujer la victoria de CiU en las pasadas elecciones autonómicas catalanas.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Por la refundación del espacio político de la izquierda catalana (1)


Desde la celebración de las recientes elecciones autonómicas catalanas, y como consecuencia de los desastrosos resultados obtenidos en ellas por las izquierdas, han comenzado a aparecer voces reclamando un proceso de regeneración del espacio político catalán de izquierda. Este proceso no puede ser ya un mero maquillaje que disimule las múltiples cicatrices, ni una simple reforma del sistema de partidos y sus relaciones entre ellos, ni desde luego un nuevo reparto del poder interno en las formaciones tradicionales que se reclaman de izquierdas en este país. Hay que empezar a avanzar ya hacia la refundación del espacio de la izquierda desde el cuestionamiento de las fuerzas que actualmente lo ocupan, que se han demostrado de modo repetido completamente desconectadas de la realidad, necesidades y aspiraciones de las bases sociales reales de la izquierda en Catalunya.

El primer en señalar el camino ha sido Carod-Rovira, el hombre que en los últimos años condujo la evolución política de ERC desde un partido nacionalista burgués clásico hacia una fuerza que comenzaba a tener en cuenta las aspiraciones sociales de sectores de la sociedad catalana no nacionalistas, a los que éstos reconocían de su mano y por vez primera presencia y derecho a estar presentes en la construcción del país. Luego a Carod-Rovira, de formación marxista y proviniente de la vieja izquierda nacionalista antifranquista, le desplazaron del liderazgo de su partido jóvenes profesionales de la política que combinan una radical desideologización con la más huera retórica nacionalista, convertida en cemento aglutinador que pretende disimular el agudo conflicto de clases existente en el seno del partido.

Frente a los intentos de Puigcercós y la dirección actual de ERC de fingir que "aquí no ha pasado nada" y que en todo caso, la receta es endurecer el discurso independentista, Carod-Rovira ha llamado a refundar el espacio de la izquierda catalana, articulando en un solo frente a quienes en este espectro político defienden propuestas federales e independentistas para Catalunya. No dice el veterano político qué forma debería tener esa articulación, pero sí da a entender que considera periclitados los partidos actualmente existentes (PSC, IC y ERC).

La propuesta de Carod-Rovira es ya más que necesaria, inevitable si realmente se quiere frenar la disolución a no muy largo plazo del espacio político que ocupan las izquierdas catalanas. Sucede que las direcciones de esos mismos partidos no sólo no están por la labor sino que con seguridad actuarán enérgicamente en contra: les va el cargo en ello. Además, en el caso de ERC, el que haya en el partido un sector netamente de izquierdas más o menos consolidado, aunque muy minoritario a tenor de lo demostrado, no impide que una mayoría de dirigentes, afiliados y votantes sean en realidad tan de derechas como sus hermanos/enemigos de CiU.

En lo que respecta al PSC, la salida de pata de banco del ya casi ex-conseller de Economia, Antoni Castells, en el sentido de proponer una refundación de la izquierda en un sentido "catalanista" que olvida cualquier referencia social, le acerca no a ERC sino directamente a la derecha catalanista que representa CiU. A pesar de la evidencia de que el descalabro de la izquierda y singularmente del PSC viene produciéndose elección tras elección por la fuga sostenida de sus bases sociales populares y trabajadoras hacia el abstencionismo, esta gente se empeña en intentar hacer creer que reforzar el perfil catalanista del partido es el modo de salir de una crisis política que amenaza ya con colapsar.

Es posible que semejante "aportación" al debate no tenga carácter del todo gratuito, cuando algunas voces del entorno mediático de CiU dan a entender que el nuevo President de la Generalitat catalana estaría pensando en incorporar a su equipo personalidades "progresistas" o directamente socialistas. En todo caso, la apuesta ni que sea verbal de Castells y su séquito es abiertamente de clase, burguesa hasta el tuétano, para ser más exactos, y por tanto contraria a los verdaderos intereses del electorado socialista. Veremos en unos días qué sucede finalmente, aunque el interés por el futuro político del sector catalanista enragé del PSC sea más bien escaso, dada su irrelevancia política más allá de la vida institucional.

La situación de IC es todavía peor, aunque sus dirigentes anden la mar de satisfechos porque han perdido menos votos que sus ex socios del Tripartito. Ocurre que si IC, que al igual que el PSC se va dejando girones de su electorado en cada convocatoria electoral, experimentara en unas elecciones una caída semejante a las sufridas respectivamente por PSC y ERC en las pasadas autonómicas catalanas, simplemente dejaría de existir. IC ha perdido casi por completo la antaño poderosa presencia del PSUC en los barrios obreros periféricos de Barcelona y en el antiguo cinturón industrial, y hoy se ve limitada a disputar el voto de sectores concretos y exiguos de la pequeña y mediana burguesía progresista urbana barcelonesa, en su mayoría afín al PSC y a ERC.

Más allá de estas fuerzas quedan los restos desorganizados y atomizados de la antigua extrema izquierda, izquierda radical, "izquierda alternativa" o como quiera llamársela. Sus seguidores suelen oscilar entre el desaliento abstencionista, la radicalización infantil y el apoyo electoral puntual a las formaciones de izquierda parlamentarias. En un tiempo histórico en el que la izquierda ha dejado de pensar y hasta de formular palabras, al decir de Josep Ramoneda, algunas individualidades que cabe situar en esta zona del espectro de la izquierda continúan haciendo aportaciones intelectuales valiosas en tanto nos siguen recordando quiénes somos realmente y para qué empezamos a luchar.
La imagen que ilustra el post es un cartel del Front Popular, candidatura unitaria de las izquierdas catalanas que arrasó a la derecha en las elecciones generales de febrero de 1936.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Elecciones en Catalunya: el futuro es el pasado (y 2)



Aún no habían pasado 24 horas del cierre de los colegios electorales catalanes cuando el señor Artur Mas declaraba públicamente que la primera medida de su gobierno sería bajar impuestos en general y eliminar el impuesto sobre las sucesiones. Toda una declaración de principios, que deja claro quién ha ganado realmente estas elecciones: la derecha de toda la vida.

Es obvio que cada tipo de elecciones (autonómicas, municipales y generales) tiene su propio perfil, y que en Catalunya el votante, sobre todo el de izquierdas y más concretamente el socialista, vota en cada una de ellas con una sensibilidad diferente. El PSC confía en que sus resultados en las municipales serán sensiblemente mejores, y en las generales mucho más. Así ha sido hasta ahora, pero esa tendencia histórica puede haberse quebrado ya; en realidad, con los datos en la mano, hace tiempo que se ha roto, y la abstención creciente amenaza con reducir la participación del votante de izquierdas a niveles similares en cada una de esas convocatorias. Veamos.

Contra lo que dice el mito interesado, en Catalunya no existe el "voto dual" socialista, que unas veces votaría al PSC (generales y municipales) y otras a CiU (autonómicas). El voto socialista mayoritario, el de las clases trabajadoras del Área Metropolitana de Barcelona, o vota socialista o se refugia en la abstención. Quienes cambian su voto circunstancialmente son una pequeña minoría, precisamente los sectores de la burguesía catalanista progresista que votan socialista para frenar al PP en las elecciones de nivel español y suelen hacerlo también en las municipales por identificación con los candidatos socialistas locales de su misma extracción social, pero en las autonómicas recuperan su identificación de clase con los intereses que defiende CiU y con los mitos ideológicos que propugna esta coalición, difusamente sintetizados en lo que suele llamarse "catalanismo" en cualquiera de sus versiones (autonomista, soberanista, independentista), y que por cierto poco o nada tiene que ver con el federalismo histórico de la izquierda catalana.

Los números cantan. Sobre un censo casi idéntico al de 2006 y con una participación superior en casi cuatro puntos a la de ese año, el PSC pierde en cifras redondas 230.000 votos. Los pierde en Barcelona y en el antiguo Cinturón Rojo rumbo a la abstención (voto obrero y popular), pero también en comarcas (voto de la pequeña y mediana burguesía catalanista). En Barcelona ciudad el PSC sólo gana en el distrito obrero de Nou Barris. La participación en la ciudad ha sido de un 62%. Como siempre, los distritos donde más se participa son los que votan derecha sea catalanista o españolista: Sarrià el 73%, Les Corts, 70'5 %, Eixample 66,5%, Gràcia 66'2%. Los distritos que votan izquierda son una vez más vez los menos participativos: Sant Martí, 60%, Nou Barris 54%, Ciutat Vella, 47'5%. La clave de la derrota barcelonesa del PSC reside de nuevo en ese diferencial de casi 20 puntos entre Sarrià y Nou Barris, situación que se extiende a los municipios de toda la provincia y en general, como digo, de todo el país: mientras que en los barrios de clase trabajadora la abstención es marcadamente superior a la media, en los barrios burgueses la participación se sitúa muy por encima de la media. Paralelamente, en el conjunto de la provincia de Barcelona, la más poblada y la que con distancia mayor número de diputados elige, contra más nos alejamos de la capital más crece el voto a la derecha; los municipios de la tercera y cuarta corona, de tamaño pequeño y mediano y social y políticamente burgueses, votan más y votan a la derecha, en tanto en los grandes municipios de la primera y segunda corona, los mas próximos a Barcelona, con población de clase trabajadora e inclinados a la izquierda, la abstención crece sin cesar sea cual sea el tipo de convocatoria (aunque obviamente, éstas sean solo sean comparables entre sí) .

En conjunto, de unas autonómicas a otras la izquierda catalana (PSC+IC) ha pasado del 37'5 % de los votos en 2006 al 25'5% en 2010. La derecha (CiU+ERC) se mantiene exactamente en el 45'5%% en las dos elecciones (lo que evidencia el trasvase de votos de ERC a CiU), y la extrema derecha (PP+Ciutadans+SI (Laporta), del 13'5% al 19%. Hay que destacar por último que Plataforma per Catalunya (PxC) la opción nazi que encabeza Josep (antes José) Anglada, ex miembro de la Guardia de Franco, ha obtenido 75.000 votos y ha estado a punto de conseguir representación parlamentaria.

En voto popular es obvio pues que se produce una nueva fuga de votantes de la izquierda hacia la abstención (pérdida en conjunto de un tercio de los votos en relación a 2006), mientras la derecha no avanza pero consolida su espacio (con un trasvase interno de votos de una formación a otra), y hay un apunte aún modesto pero ya significativo (casi llega al 20%) de la extrema derecha. En resumen, la derecha gana no porque reciba votos de gente de izquierdas, sino porque éstos dejan de votar.

Otras lecturas basadas en el supuesto eje mental nacionalismo catalán-nacionalismo español son superestructurales, y por tanto puramente ideológicas en la acepción académica del término. El peso de ese factor como determinante del comportamiento electoral es mínimo, y apenas reviste el carácter de excusa salvo para algunos segmentos muy minoritarios del electorado catalán. Es el origen de clase y la cultura política individual insertados en el marco de lo colectivo quienes continúan determinando dicho comportamiento y más aún en un período de crisis global, que en el campo de la izquierda está evidenciando en toda su crudeza la diferencia entre las aspiraciones de los votantes y la praxis de los políticos que la representan; algo que por contra no ocurre en la derecha, donde la identidad entre los intereses de sus votantes y la acción de sus políticos es total. Esa es la clave del declive de la izquierda en todas partes, y de la paralela consolidación de la derecha.

En la imagen que ilustra el post, cola de votantes ante las puertas de un colegio electoral de Barcelona en un barrio de clase burguesa durante las elecciones de febrero de 1936, fotografía de Agustí Centelles.

martes, 30 de noviembre de 2010

Elecciones en Catalunya: el futuro es el pasado (1)


Las elecciones catalanas del pasado domingo han sido una verdadera máquina del tiempo, que en vez de llevarnos a las puertas del futuro nos ha transportado un cuarto de siglo atrás. A partir de ahora, para los catalanes el futuro es el pasado, y la verdad es que ese escenario pinta muy negro en lo que respecta al mantenimiento de cualquier idea mínimamente "progresista" (palabro que cada vez se va a usar menos, por pura dejación y hasta rechazo de los valores que presuntamente encarna).

Fue en 1980, con las primeras autonómica catalanas, cuando se esbozó la que había de ser la mayoría social que hemos dado en llamar pujolismo. Aquel complejo bloque hegemónico de clases inspirado y liderado por la derecha de raíz cristiana y catalanista fraguó cuatro años más tarde, en 1984, con la primera mayoría absoluta de CiU. Es a ése punto al que hemos regresado 26 años después, aunque ahora CiU no disponga de la mitad más uno de los diputados de la Cámara catalana. Da lo mismo, gobernarán con la misma libertad de acción y complacencia social.

Algunos analistas, entre ellos el casi siempre certero Josep Ramoneda, dicen que el país de hoy nada tiene que ver con el de hace siete años, cuando CiU perdió el poder institucional, y que todo ha cambiado desde entonces. A mi juicio, equivocándose Ramoneda tiene razón, porque la Catalunya de hoy en realidad a quien se parece como una gota de agua a otra no es a la de siete años atrás, sino a la de 1984. Con el agravante de que ahora tenemos encima una presunta crisis estructural del sistema capitalista que en los ochenta no existía, al menos con el carácter global con el que hoy se manifiesta (o la manifiestan, que un servidor no está muy seguro de eso).

El caso es que de nuevo, "El orden reina en Catalunya", tras siete años de gobierno de izquierdas. Por el camino han quedado muchos sueños rotos: el de la constitución de un nuevo bloque de clases de carácter progresista que sacara a este país del cortijismo extremo practicado por la oligarquía burguesa de las "44 familias"; el de la posibilidad de acceder a la independencia nacional de un modo hegemonizado por sectores populares ajenos a los intereses oligárquicos; el de la construcción desde Catalunya de un marco federal de relaciones entre las comunidades nacionales que conviven/cohabitan/coexisten en el Estado español; el de la defensa y mejora de los servicios públicos entendidos no como una carga económica sino como un derecho inalienable de los ciudadanos; el de la integración cultural y social abierta a todos (la famosa "cohesión social", otro palabro/concepto al que le quedan dos telediarios) en un país que siguiera el viejo principio republicano jacobino de que "es ciudadano quien quiere serlo". Todo eso y muchas cosas más se han perdido como lágrimas en la lluvia, tal como murmuraría un Nexus-6 de mediana edad nacido en el Área Metropolitana de Barcelona agonizante ante las miradas de estupor de los Montilla, Puigcercós, Herrera, y en general de todos aquellos cuantos creímos que otra Catalunya era posible.

Sentado esto, analizar los resultados electorales del domingo puede arrojar alguna luz sobre cómo ha sido posible que los catalanes hayamos tomado el cohete que en vez de elevarnos a las estrellas nos conduce de vuelta a la Edad de Piedra. Pero no sé si tiene demasiada importancia ya. En todo caso, en el siguiente post repasaremos los resultados de las fuerzas en presencia y el estado de los proyectos (o lo que sean) que encarna cada una de ellas, más por satisfacer la curiosidad de alguno de mis amables lectores que por otra cosa.

La fotografía que ilustra el post es una imagen de los firmantes del Pacte del Tinell (2003), el primer intento desde 1939 de establecer en Catalunya el gobierno de un bloque de clases hegemonizado desde la izquierda política.

lunes, 29 de noviembre de 2010

El orden reina en Catalunya


El cortijo catalán regresa a manos de los amos. Las 44 familias que "son" Catalunya, según nos informó Lluís Millet, el mayordomo que canalizaba los fondos públicos hacia la federación de partidos CiU y los bolsillos de las estirpes más rancias de nuestra "sociedad civil", pueden respirar tranquilas: el tripartito ya es historia.

Habrá independencia en unos años, o no la habrá nunca. En el fondo eso importa un carajo, siempre y cuando las 44 familias estén ahí, "siendo" Catalunya y controlando cualquier proceso político o social que pueda haber en el país. Si Catalunya sigue integrada en España, ellos le darán ministros, banqueros, empresarios, cardenales; si toma el camino de la independencia, ellos le darán un presidente, un gobierno, una hegemonía social. Juegan con cartas marcadas, y es por ello que ganan en todas las mesas.

La oligarquía catalana ha recuperado lo suyo. La experiencia del tripartito, esa voluntariosa alianza entre las clases trabajadoras y populares catalanas de un lado y la pequeña y mediana burguesía no oligárquicas locales de otro, ha terminado. Gana la derecha catalana de toda la vida, y vuelven los rostros de siempre: el del viejo cacique Jordi Pujol, el de su hijo y heredero, el de los cachorros del Sector Negocis de CiU, que han heredado de sus mayores la tradición de la corrupción al por mayor, el de "si nosotros somos Catalunya y lo damos todo por ella, es lógico que Catalunya nos compense" (Marta Ferrusola, esposa de Pujol), el de "Catalunya será cristiana o no será" (cardenal Torras i Bages), el de "Catalunya catalana i fora xarnegos (ahora negros, moros, sudacas etc)".

Esa Catalunya, fea, chata, áspera, carlista, provinciana, frailuna, gimoteante, avarienta, insolidaria y mentecata, es la que vuelve.

El orden reina en Catalunya.

Y sin embargo...

"¡Esbirros estúpidos! Vuestro orden está edificado sobre arena". (1)

Al tiempo.

(1) Palabras finales de "El orden reina en Berlín", texto de Rosa Luxemburgo escrito el 14 de enero de 1919 tras el aplastamiento de la revolución espartaquista en Alemania.

En la imagen que ilustra el post, Jordi Pujol, entonces president de la Generalitat de Catalunya, impone en 1999 la Creu de Sant Jordi, máxima condecoración catalana, a Fèlix Millet, cabeza visible en el caso de corrupción Fondos del Palau de la Música, con cuyas transferencias se ha llenado durante años la caja de CiU según señala el procedimiento judicial abierto.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Toros, correbous y un puñado de hipócritas redomados


El Parlament de Catalunya ha acordado blindar los correbous catalanes. La ley se ha aprobado a impulso de los mismos partidos que hace nada consiguieron que se prohibieran las corridas de toros en esta comunidad.

Se trata de un gesto tan redomadamente hipócrita de los nacionalistas catalanes -uno más, aunque especialmente descarado-, que pone de relieve en toda su crudeza el nivel miserable que ha alcanzado la política local de este paisito que aspira -dicen- a ser como Holanda y Dinamarca, mientras sus amos y señores se comportan como reyezuelos mandingas o caciques del sur de España.

Falsos como un euro de madera, los nacionalistas con barretina calada hasta las cejas fingen indignarse con las corridas de toros al tiempo que afirman, como hizo un diputado nacionalista en frase que recogía ayer la viñeta de Forges, que en los correbous "los toros no sufren porque están acostumbrados", y que "van de encierro en encierro como un trabajo cualquiera".

Pienso que a su señoría nunca han debido atarle tizones encendidos a los cuernos para luego obligarle a correr entre miles de energúmenos vociferantes, borrachos los más y armados la mayoría con palos o cualquier otra cosa que pueda dañar o asustar. Si así hubiera sido, quizá al acabar el primer encierro su señoría habría suplicado que le clavaran el estoque de un torero, antes de volver a ser lanzado por las calles de otra población catalana de esas que tanto aman sus "tradiciones culturales".

Y es que ya lo decía Quico Pi de la Serra en una de sus canciones de los años setenta:

"Si els fills de puta volessin
no veuriem mai el sol"

(si los hijos de puta volaran
no veríamos nunca el sol).

martes, 3 de agosto de 2010

Los toros en Catalunya



En todos estos días que estuve de viaje a miles de kilómetros de España, La única referencia relacionada con este país que hallé en un medio de comunicación fue una noticia de la BBC en la que de un modo confuso y con mucha mala leche hispanofóbica (tan british ella, por otra parte) se informaba acerca de la polémica prohibición de las corridas de toros en Catalunya.

Vaya por delante mi repugnancia por eso que llaman el "espectáculo taurino" o "Fiesta nacional". A mí que me borren de una nación capaz de sentir orgullo por matar animales indefensos mediante tortura, y que además permite cobrar entrada por presenciar la carnicería. No me sirven las justificaciones estéticas (Jack el Destripador podría facilitarnos unas cuantas relacionadas con las artes cisorias), ni las apelaciones a ancestrales tradiciones y hondos sentires; dicen los antropólogos que más tradicional que el canibalismo no hay nada, y como saben nuestros meapilas locales la esclavitud está alabada ya en los primeros libros de la Biblia, así que todo eso no son más que pamplinas. Las corridas de toros son un espectáculo infame, sobre todo desde el momento en que se convirtieron en un ritual vacío de sentido y pasaron a ser un puro espectáculo de masas. Porque ciertamente hubo un tiempo en el que las corridas o lo que fueran entonces tuvieron un sentido de carácter religioso ligado a cultos solares que están en el origen mismo de la civilización mediterránea, como reflejan los frescos cretenses del palacio de Knossos, construido 2.000 años antes de nuestra era.

Desaparecidas esas creencias, en la Península Ibérica sobrevivió como digo la forma ritual de ese culto pero despojado de todo sentido. El juego de vida y muerte con el toro pasó a ser un puro divertimento, al modo en que durante siglos era costumbre en Europa acudir a las ejecuciones públicas en familia y llevando la merienda. Ciertamente a nadie se le ocurrió cobrar entrada por presenciar la ejecución de Louis XVI, pero de haberlo hecho se hubiera convertido en la envidia de cualquier empresario taurino dada la cantidad de gente que acudió y la fiesta que se organizó al pie del cadalso. Y es que mirar a la muerte de cerca cuando el ajusticiado es otro constituye una de las experiencias más fascinantes para el ser humano desde el alba de los tiempos: ante el espectáculo de la muerte ajena uno se siente inmortal, y tal vez sea esa la esencia última de acontecimientos como las corridas de toros, las luchas de gladiadores y otros similares, que entrañan riesgo para la vida de los actuantes pero no para los espectadores.

La batalla contra las corridas de toros es antigua y en Catalunya tiene cierto pedigree, en la medida en que la moral y la estética burguesas triunfantes a finales del siglo XIX dictaminaron que las corridas de toros eran un espectáculo propio del populacho. Y es que el "pueblo bajo" barcelonés sentía tal pasión por los toros, que en varias ocasiones una mala tarde taurina ocasionó "bullangues" (motines callejeros) al acabar la corrida, y a menudo se quemaban iglesias como modo de descargar la cólera popular. Cuando la burguesía catalana pretendió ser "fina" dejó de acudir a las plazas de toros y construyó su propio escenario, el teatro del Liceu, al que acudía a exhibirse en sociedad y a dormir la siesta. Los toros tuvieron cada vez peor prensa, y los círculos catalanistas pronto los asociaron a los gustos de las oleadas de inmigrantes sureños (murcianos y andaluces) que en las primeras décadas del siglo XX llegaron como una marea que inundó el cinturón industrial de Barcelona. Luego de la guerra de España los toros fueron de nuevo un espectáculo "fino", pero sólo para la parte de la burguesía que colaboró con el Régimen y para aquellos sectores de las clases populares que pretendían reivindicar sus orígenes culturales. Con el tiempo las corridas de toros en Catalunya decayeron, al punto de que desde hace años sólo acuden a la única plaza barcelonesa que queda activa los turistas llevados en grupo por las agencias de viaje y apenas algunos nostálgicos entrados en años y de mentalidad muy fosilizada. El espectáculo taurino en Catalunya está muerto desde finales de los años setenta.

El revuelo actual es evidentemente político. Algunos partidos que alardean de catalanistas pretenden mediante él marcar distancias con la "cultura española", a la que caracterizan como primaria, salvaje y no respetuosa con la vida. Desde la pura hipocresía fingen olvidar que los toros no fueron importados a Catalunya sino que tuvieron aquí un arraigo antiguo como dije antes, y sobre todo pretenden que olvidemos los "correbous" y otros espectáculos crueles de la misma calaña que se vienen celebrando en innumerables poblaciones de la Catalunya profunda, y a los que esos mismos políticos promotores de la prohibición antitaurina han preservado mediante ley. Así de mezquinos y pequeñitos son nuestros nacionalistas catalanes.

No menos asco da el cinismo de la derecha española y de otros patrioteros supuestamente de izquierdas, que entran al trapo con todo y reivindican las corridas de toros como una de sus señas de identidad esenciales. Enarbolan con altivez y sin vergüenza alguna la defensa de lo taurino desde esa "España de charanga y pandereta, que huele a cerrado y sacristía" de la que abominaba don Antonio Machado, y proclaman Cruzada de salvación de las corridas ligando su pervivencia nada menos que a la continuidad de "su" España. Como ven, unos y otros se retroalimentan y buscan el enfrentamiento a cabezazos. Y es que gracias a él se aprietan las filas de sus respectivos seguidores, y de paso el personal se distrae de problemas mucho más reales y punzantes para los que todos ellos carecen de otra alternativa que no sea mantener el status quo del sistema.

Como decía antes las corridas de toros en Catalunya están muertas desde hace tiempo. Prohibirlas en lugar de dejarlas morir per se sólo contribuirá a dotarlas de un protagonismo social del que carecen y sobre todo, a facilitar su uso instrumental político, que en definitiva es lo que buscan unos y otros con esta estúpida polémica.

En la imagen, un fresco del palacio de Knossos. Dos mil años antes del inicio de nuestra era, unos jóvenes practican con un toro una suerte muy parecida a la que actualmente hacen los forcados portugueses.

lunes, 28 de junio de 2010

Catalunya se vende al 4% de comisión



El secreto de Polichinela viene voceado en las páginas de El Periódico y El País (edición Barcelona) desde hace unos días: Cada día que pasa es más evidente que Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), el partido de Jordi Pujol, la viga y el eje del nacionalismo burgués catalán, lleva años financiándose mediante comisiones pagadas no ya sobre la obra pública ejecutada en Catalunya sino directamente a través de la corrupción institucionalizada, Fèlix Millet y otros intermediarios mediante.

Como consecuencia del affaire del saqueo de los fondos del Palau de la Música Catalana, algunos tenores con papel destacado en esta tragicomedia vienen cantando ante el juez instructor con una potencia que empieza a hacer tambalear el sólido árbol cuatribarrado que constituye el escudo de CDC, el partido por antonomasia -nunca me cansaré de repetirlo- del nacionalismo catalán. Ríanse ustedes de Gürtel, una panda de aficionados los del Partido Popular a la hora de ordeñar instituciones públicas en las que tienen mando en plaza: lo de CDC es simplemente mundial, aunque sólo sea por las magnitudes de dineros apropiados y por la impunidad de que ha venido gozando hasta ahora, cometiendo algo que todo el mundo que tuviera algún conocimiento del discurrir de la política catalana sabía que ocurría. Ahora las pruebas las tiene un juez.

¿Recuerdan al presidente Pasqual Maragall, encarándose con Artur Mas en el Parlament de Catalunya hace unos años y espetándole: "ustedes tienen un problema, y se llama 3% de comisiones"?· Pues Maragall se quedó corto. Al parecer el estándar por obra era del 4%, y no eran raras las "operaciones" con un 20% de contribución a la causa de la financiación del partido patriótico catalán por excelencia. Claro que por el camino quedaba un reguero de dinero que se colaba por arte de magia en bolsillos como los de Millet y Montull, desde luego, pero también -presuntamente, faltaría más- en los de nombres sonoros de lo más granado de nuestra "sociedad civil". Ya dijo Millet que Catalunya era una cosa que formaban 44 familias y unos pocos centenares de individuos; razón tenía el intermediario, o mejor dicho, el guardia de circulación de la corrupción en las élites nacionalistas catalanas, el hombre que tomaba de cada cual lo que debía aportar y entregaba a cada cual lo que le correspondía. ¡Ni Bakunin llegó a tanta "finezza" redistributiva!.

Pongamos a modo de ejemplo el caso de Ferrovial, que hoy está en boca de todos a este lado del Ebro. Según informaba ayer El Periódico de Catalunya, Fèlix Millet pidió por carta al responsable de finanzas de CDC, Carles Torrent, ya fallecido, que adjudicara obras a Ferrovial. Las obras que se llevó Ferrovial son, entre otras, algunas tan apetitosas como la construcción de la Ciudad de la Justicia (enorme ironía) y de la L-9 del Metro barcelonés. La mordida era el 4%. Las cartas están en poder del juez instructor, Juli Solaz. Ferrovial por su parte reconoce haber entregado 11 millones de euros a Millet, pero dice no tener ni idea de qué pasó luego con ese dinero. El 14 de junio pasado, este mismo diario publicó que "en los dietarios incautados a Gemma Montull (hija del compinche de Millet en el Palau) consta que se esperaba el dinero del patrocinio de Ferrovial (8,5 millones de euros en 10 años) para hacer los pagos a la Trias Fargas (la fundación que canaliza las "donaciones" a CDC). Otros documentos corroboran esos traspasos y la inmediatez en que se realizaba el trasvase. Como mucho en el mismo mes". El mismo día El Periódico afirmaba en otro titular:"Millet solo pagaba a la fundación de CDC cuando cobraba de Ferrovial". Y es que hace tiempo que era sabida la afición que tenía Fèlix Millet de hacer espléndidos donativos de los fondos del Palau de la Música a la fundación convergente; claro que proviniendo el dinero de Ferrovial, no había mucho mérito en tamaña generosidad.

Cómo era posible tamaño desmadre financiero en el consorcio público que teóricamente supervisaba la gestión de Millet y compañía en el Palau de la Música, lo aclara de inmediato el diario en una entradilla de esa misma fecha: "El Govern de Ciu eliminó el interventor público del consorcio y Montull (el gerente y compinche de Millet) asumió más poderes". ¡Así se las ponían a Fernando VII, amigos!.

En fin, pronto vamos a empezar a oír hablar de nombres y apellidos muy pero que muy sonoros. Les aseguro que el apellido Pujol Ferrusola va a salir en titulares, y por partida doble. Al tiempo.

¡Ah! y retengan para el futuro esta clave: "CDC, sector Negocios". Y este nombre: Macià Alavedra. Al final todo va a lo mismo, y a los mismos: 44 familias, ya saben. Todas patriotas, y todas cristianas.

En la fotografía que ilustra el post, un grupo de Mossos d'Esquadra (policía autonómica catalana) entrando al Palau de la Música para efectuar un registro.

lunes, 26 de abril de 2010

Fuerte descalabro del secesionismo en Catalunya


La tercera oleada de referéndums no vinculantes llevada a cabo en Catalunya por los que proponen un futuro "soberanista" para el país -un modo eufemístico de referirse a la independencia mediante el secesionismo-, se ha saldado con un duro correctivo para sus promotores. Si en la oleada de diciembre la participación fue del 27% y en la de febrero del 21%, en ésta se ha situado apenas en el 20%.

Lo que convierte en desastre de gran magnitud la consulta celebrada este domingo es que a ella estaban convocados 1.300.000 catalanes residentes en municipios y comarcas de arraigada tradición nacionalista. Poblaciones como Valls, Reus, Manresa, Olot y Figueras, más Lleida y Girona, las dos capitales de provincia más proclives al nacionalismo catalán, han arrojado resultados de participación realmente paupérrimos a pesar del esfuerzo propagandístico movilizador desplegado por los promotores, y de la implicación (si bien a última hora) de los principales dirigentes de CiU (salvo el líder, Artur Mas) y de ERC (con Joan Puigcercós tirando del carro).

Un repaso a las principales poblaciones cuyo censo electoral estaba llamado ayer a las urnas en este proceso no vinculante, da idea del correctivo recibido por los secesionistas: En Girona ("capital" nacionalista alternativa a Barcelona) votó el 21,20%, en Reus el 14,70%, en Figueres y Banyoles (bastiones de ERC), el 15 % y el 8% respectivamente. En Granollers el 17%. En Martorell, el 12,90%. En Manresa, el 18,50%. En Vilanova i la Geltrú, el 15%, En Olot, el 26,50%. En Vic (histórica capital de la "Catalunya catalana" montaraz y carlista), el 43%. En Sant Cugat del Vallés (santuario de CiU y la mayor ciudad gobernada por esta coalición), el 25%. En Lleida, sólo el 8,20% del censo, y en El Vendrell el 8,90%. Lo dicho, un desastre sin paliativos.

Ni la proximidad de los comicios autómicos catalanes, ni el bloqueo de la derecha política y judicial al Estatut, ni el desgaste del Tripartito, han servido para movilizar en esta apuesta no ya al electorado catalán en su conjunto sino ni siquiera, y eso es infinitamente más grave para los organizadores, al propio electorado nacionalista catalán. Porque el número de votantes que se acercaron a las urnas en ciudades como Girona, Figueres, Lleida o Manresa, muestra a las claras que fueron miles y miles los nacionalistas que no se tomaron en serio la consulta.

En teoría, en la primavera del año próximo debería celebrarse la cuarta oleada, en la que los llamados a votar seríamos los residentes en Barcelona, su connurbación urbana y el Área matropolitana de la capital catalana; es decir los dos tercios aproximadamente del censo poblacional catalán, y precisamente la parte del país más refractaria a los planteamientos secesionistas. Con los resultados obtenidos hasta ahora por el "soberanismo", dudo que sean tan inconscientes como para celebrar esa consulta, porque si en Olot, feudo nacionalista, sólo han conseguido llevar a las urnas a uno de cada cuatro ciudadanos, imaginen lo que ocurrirá por ejemplo en Hospitalet del Llobregat, Badalona, Santa Coloma o la misma Barcelona.

El por qué de este fracaso radica en dos niveles distintos de motivos: uno tiene que ver con factores externos a los convocantes y el otro, directamente con ellos mismos. El principal factor externo es la crisis económica y el paro en las capas populares; la gente no está para tonterías, tierne problemas reales muy acuciantes. También, el descrédito general de la política y la sensación de que el "nacionalismo identitario" (ideológico) en Europa es un producto con fecha de caducidad sobrepasada, una vez superada la crisis europea de los años noventa (su última oportunidad). En lo que se refiere a factores internos que han coadyudado al descalabro, hay que citar lo magmático y fragmentado del movimiento independentista catalán, del que forman parte probablemente más siglas políticas que personas físicas. Por otra parte el mundo del inependentismo extraparlamentario está dirigido por personalidades de tercera fila y sin relieve social, enfrentados además a los aparatos de los partidos parlamentarios nacionalistas, que fingen dar apoyo al movimiento pero que en realidad intentan ahogarlo para que nos les dispute el electorado.

En esas condiciones el futuro del secesionismo en Catalunya pinta muy negro, y probablemente 2014 (la fecha que Carod-Rovira y un sector de ERC han elegido para jugarlo todo en el soberanismo, aprovechando la conmemoración del sitio de Barcelona de 1714), será el canto del cisne del movimiento. A partir de ahí se abre un gran interrogante en el que nada es descartable, ni siquiera el que los sectores más jóvenes, más frustrados y más fascistas intenten relanzar el terrorismo como modo de intervención política.


jueves, 11 de febrero de 2010

De Jaume Vicens Vives al Palau de la Música Catalana


Este año 2010 se cumplen en el espacio de unos pocos meses dos hitos estrechamente relacionados: el centenario del nacimiento y el cincuentenario de la muerte de Jaume Vicens Vives, historiador catalán cuyo nombre probablemente nada diga a la mayoría de mis amables lectores, lo que en el caso de los catalanes y los españoles cultos en general resulta poco excusable aunque sí comprensible.

Ocurre que Vicens Vives es el hombre que renovó la historiografía hispana, sacándola del menendezpelayismo ultrareaccionario españolero, centrado en el conocimiento enciclopédico de los reyes godos, las batallas célebres y las hazañas de los Conquistadores, todo a mayor gloria propagandística de las eternas élites dominantes españolas (Monarquía, aristocracia, clero, militares). Vicens puso el foco sobre los elementos reales cuya suma conforma la historia y nos ayuda a interpretarla (el trabajo, la propiedad, las estructuras sociales, la cultura propia y asimilada, los imaginarios colectivos y hasta la psicología de los pueblos). La manera de narrar de Vicens le acerca a las escuelas modernas de origen francés que en los años 50 y 60 del pasado siglo alumbraron la historiografía contemporánea, y anticipa en cuanto a técnica lo mejor de la narrativa histórica catalana de hoy.

A primera vista los libros de Vicens Vives desvelan un pensamiento hondamente burgués, aparentemente progresista y catalanista sin estridencias. Hombre mesurado y prudente, todo en Vicens destila toneladas de "seny" de la mejor cosecha. Republicano liberal, dicen de él que llegó a soñarse presidente de la Generalitat en ese futuro que no alcanzó a vivir. Todo muy democrático y suavón. Y enormemente burgués, como pueden ver.

En realidad los textos de Jaume Vicens Vives -brillantes, novedosos- tienen un aroma profundamente reaccionario. En su obra capital, "Noticia de Catalunya", Vicens Vives se muestra como un alérgico a las revoluciones, en un país, el suyo y el mío, que lleva cinco siglos de sobresalto revolucionario en sobresalto revolucionario, aunque hasta los historiadores de izquierda nacionales pretendan orillarlos. Así, Vicens despacha la revolución catalana del siglo XV como un enfrentamiento entre el buen sentido y las mejores intenciones de las élites catalanas de un lado, y la embestida ciega de un populacho airado e ignorante, alineado tras el rey "castellano" (aragonés, en realidad) en lucha con las instituciones oligárquicas y su instrumento de entonces, la Diputació del General o Generalitat. Algún día habrá que volver sobre este episodio de la Historia, una sangrienta y decisiva revolución que duró década y pico, cuya conclusión con la victoria de las armas populares supuso la abolición legal del feudalismo por primera vez en un país europeo (Sentencia Arbitral de Guadalupe), y durante la cual el partido llamado La Busca desarrolló una insólita experiencia de gobierno municipal verdaderamente socialista en Barcelona en plena Edad Media.

Más radicalmente antipopular todavía se manifiesta Jaume Vicens Vives cuando en esa misma obra escribe acerca de los "rectos propósitos de las clases dirigentes catalanas" durante las décadas a caballo de los siglos XIX y XX, es decir durante la época en que la patronal catalana pagaba pistoleros para que asesinaran dirigentes sindicales y apoyaba cuando no incitaba (Prat de la Riba) las intervenciones imperialistas armadas del Estado español, primero en Cuba y más tarde en Marruecos. Con todo, la cima de su conservadurismo elitista (y prefascista) la alcanza Vicens cuando responsabiliza a la masa popular catalana, "ineducada y veleidosa" además de "cegada por espejismos revolucionarios", de las sacudidas políticosociales de 1934 y 1936, al haber abdicado de la "madurez" propia de los catalanes y haber dejado "a los otros pueblos de España" sin la guía para seguir los caminos que supuestamente les indicábamos "desde 1901". Hablando en plata, Vicens Vives acusa a las clases trabajadoras y populares catalanas de abandonar la aceptación del liderazgo de las clases dominantes del país y correr en pos de sueños de emancipación, amén de ser los responsables de que sus patronos hubieran de renunciar a su propósito de dirigir España desde las fábricas de la cuenca del Llobregat. Para quien crea que esta es una interpretación sesgada, un último párrafo de Vicens Vives a propósito de esa cuestión: "Bien es cierto que la inmigración reciente había introducido en Catalunya una cuña de insolidaridad e intolerancia, que explica, aunque no justifica, el hundimiento de 1936". Elitismo, clasismo, xenofobia. De creer a Vicens, la responsabilidad última del desastre que fueron la guerra y la larga postguerra en Catalunya habría que cargarla en las espaldas de las masas obreras inmigrantes; sin embargo, fueron ellos los verdaderos y únicos perdedores de la guerra de España en Catalunya, como es sabido. El Vicens ideólogo acaba liquidando al Vicens historiador.

Podemos ahora entender mejor la ideología que segregan y hasta el descaro en el modus operandi de los saqueadores del Palau de la Música. Y es que es gracias a faros del pensamiento burgués catalanista como Vicens Vives, las élites de este país viven convencidas de tener derecho de pernada sobre él. Todo ello, eso sí, bañado en mares de "seny".

En la fotografía, una vista interior del Palau de la Música Catalana, templo principal de la burguesía del país.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Festival de referéndums independentistas en Catalunya


Este fin de semana llueven referéndums "soberanistas" (un puro eufemismo, ya sabemos que se trata de independencia sí o independencia no) sobre Catalunya. Unas 200 poblaciones catalanas, algunas de cierta entidad en cuanto a población, celebrarán consultas presuntamente populares acerca de la cuestión.

Como los catalanes somos así de civilizados, las votaciones -que no dejan de ser un simulacro, ya que no tienen ninguna trascendencia legal ni probablemente política aunque sí mediática, especialmente más allá del Ebro-, se han convertido en pura excusa para una pachanga con ribetes escatológicos; una nutrida fila de "caganers" que va desde la Candidatura d'Unitat Popular hasta Falange Española, van efectuando abundantes deposiciones con la excusa de las dichosas votaciones. Y que no decaiga la fiesta.

Lo cierto es que más allá del esfuerzo mediático hecho por unos y otros, los que reclaman la vuelta del imperio de Jaume I y los que suspiran por la España del general Franco, a poca gente en Catalunya le importa un pimiento la continuidad o no del Estado español y si Catalunya debe seguir o no en él. Los problemas reales son otros, sociales y económicos, y vienen de antiguo. Gran parte del moderado éxito de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en los últimos años se debe a que una parte de sus dirigentes llegó a entender que el nacionalismo clásico está muerto, y que su única posibilidad de movilizar un electorado suficiente a favor de la independencia pasa por convencer a las masas de que ésta les aportará mayor bienestar económico y posibilitará su promoción social.

Los promotores de estos referendums han apelado por contra a los registros clásicos. Se trata una vez más del famoso "hacer como sí..." catalán, esa forma de vivir una realidad virtual que poco o nada tiene que ver con la realidad real, la de todos los días. Así, esos referéndums contarán con una participación no muy elevada pero conseguirán niveles de apoyo superiores al 90% en la mayoría de los casos. En definitiva, el nacionalismo catalán en sus múltiples versiones -desde la pacata y burguesa de la CiU pujolista hasta la rabiosamente fascista de Maulets y grupúsculos juveniles semejantes-, lanza otra apuesta que sabe perdida antes de jugarla. Pero se trata de "hacer como sí...", y con un poco de suerte conseguir que Le Monde y algún periódico británico incluyan unas líneas sobre la inciativa. Y se trata sobre todo de poner de los nervios al establishment político y mediático españolero, para obligarle a responder como un toro enfurecido; nada agrada más al nacionalismo catalán en cualquiera de sus variantes, que las portadas de la perrera mediática madrileña apelando a la testosterona legionaria para afirmar la supuestamente sagrada unidad española. Como ven, en conjunto nada serio y sí un poco infantil.

Quizá algún día haya un referéndum sobre la independencia de Catalunya con garantías reales y organizado por la ONU. No lo sé, ni me importa una higa. Como ya sabrán ustedes, un servidor es socialista de vieja escuela y por tanto descree de sagradas unidades patrias, y también de derechos inalienables colectivos que no sea el de la liberación de las clases trabajadoras y populares. Los Estados se hacen y se deshacen a lo largo de la historia, y es posible que dentro de diez años, de cincuenta o nunca jamás exista un Estado catalán asociado, independiente o directamente imperial. Ni lo sé ni me importa. De lo que sí estoy seguro es de que dentro de diez, cincuenta o cuatrocientos años, con Estado catalán o sin él, con sagrada unidad de España o sin ella, la lucha de clases continuará irremediable, hasta la substitución de la sociedad capitalista por otra donde cese la explotación del hombre por el hombre.

Y eso, la emancipación de las clases trabajadoras y populares, sí es un tema que daría para un referéndum en el que valdría la pena participar.

El cartel que ilustra este post fue creado durante la llamada Guerra Civil española para convocar en Barcelona a un acto de solidaridad con el Madrid sitiado por el Ejército fascista de Franco; expresa de modo sencillo, bello y claro que sin solidaridad entre los pueblos no hay libertad para nadie.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Catalunya convulsa, España resignada


Mientras que los dos aldabonazos recibidos en las últimas semanas por la sociedad catalana - el estallido del caso Millet o caso Palau de la Música, que amenaza con convertirse en un proceso público a la burguesía catalana, y el caso Santa Coloma, que ha desvelado conexiones entre tramas corruptas de muy distinto signo incluso sociológico-, han resonado en toda su potencia en la prensa mesetaria, continúa por el contrario el interés de esos mismos medios por aguar el vino del caso Gürtel, nombre que se está demostrando limitado para abarcar la compleja red de corrupción político-administrativa-empresarial directamentamente vinculada al Partido Popular (PP) español.

Gürtel se extiende ya por toda la geografía española, incluido ese lugar entrañable para tantos "emprendedores" que es la isla Jersey, paraíso fiscal cuya soberanía debería reclamar un próximo gobierno de la derecha peninsular e isleña en cualquiera de sus facetas, incluida, según dicen lenguas maledicentes, la que esgrime como excusa ideológica para su dominación local la representación mayoritaria del nacionalismo vasco.

La corrupción política no es en España un fenómeno reciente. Hay rastros de que se practicaba con verdadera fruición en época romana, y desde luego durante los siglos del Imperio español y su decadencia arroja ejemplos contundentes y masivos. Todos los intentos regeneracionistas del país han tenido siempre como bandera la lucha contra la corrupción, y en ése enfrentamiento cabe situar buena parte de la responsabilidad de su fracaso, en la medida que los intereses atacados en ese combate purificador se han defendido una y otra vez con fuerza, revolviéndose como panteras contra los intentos de lavar la mancha, y en definitiva, de liquidar su poder. En las raíces del golpe de Estado militar del 17 de julio de 1936 hay dos actuaciones contra la corrupción que forzaron la respuesta de los afectados: la publicación del informe del general Picasso, sobre el modo corrompido hasta la traición a sus propios soldados en el que la oficialidad militar española condujo la guerra en Marruecos durante los años veinte, y el proceso por el escándalo llamado el Straperlo, que implicaba a los principales dirigentes de la derecha española durante los años treinta.

Ahora las investigaciones del juez Garzón han llevado al PP hasta la raya que señala el comienzo del desguace irreversible de un partido creado para gobernar, y que al parecer en estos años se ha convertido en una máquina de enriquecimiento ilegal de un número impresionante de dirigentes y militantes de esa formación política. También está muy cerca de reventar el ya muy tocado proyecto político de la derecha nacionalista catalana, a causa de un trabajo de investigación iniciado hace ya 20 años desde otras instancias judiciales, y cuyo arranque y mascarón de proa fue el caso Banca Catalana. Por el camino parece que Garzón se va a llevar por delante la estructura de poder municipal del Partido Socialista de Catalunya, en la que al olor del dinero fácil procedente de la especulación urbanística han acampado en las últimas dos décadas un buen puñado de granujas, que ahora muy a pesar empiezan a salir a la luz pública aunque dentro del partido sean viejos conocidos de muchos.

Frente a tal despliegue de actividad justiciera, la prensa mesetaria duerme el sueño de los cómplices. Unos finjen ignorar por completo el asunto, otros intentan como sea minimizarlo al máximo y algunos se desgañitan para hacernos creer que en realidad, los corruptos son "los otros", la izquierda en general y en particular, los socialistas. En el colmo de la desvergüenza y contra toda evidencia documental recolectada por la investigación policial y judicial, algunos dirigentes del PP han llegado a declarar y la perrera mediática a publicar que los negocios de Correa y compinches "emprendedores" eran con La Moncloa de Zapatero. Intoxicado por sandeces como esa, el ciudadano español medio apenas oye un cierto runrún del que no entiende nada y quiere saber menos.

Mientras en Catalunya la gente se escandaliza y patea exigiendo responsabilidades y desde luego cabezas, el resto de España se lo toma con una resignación casi italiana y en el fondo, hasta con cierta escasamente secreta envidia de los protagonistas. Y es que la corrupción en España se ha nteriorizado como parte inevitable de la vida pública, en tanto en Catalunya aún se percibe como una afrenta al resto de los ciudadanos que inevitablemente acarreará consecuencias electorales A nivel español, sin embargo, como digo, se la considera como parte del sistema de vida en cualquiera de sus niveles de una sociedad desencantada y poco dada a pelear en estas batallas, y se preveen por tanto escasas repercusiones electorales; alguna encuesta incluso atribuye, en unos futuros comicios, más escaños de los que tiene hoy el PP valenciano de Francisco Camps.

De cómo evolucione el modo en el que el conjunto de los españoles ve la corrupción y no sólo en el plano político de aquí a las próximas generales, dependen muchas cosas muy importantes, entre ellas el futuro de la democracia española. En cuestión de semanas vamos a tener señales decisivas en ese sentido.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Anarquismo y revisionismo histórico. La historiografía burguesa catalana ajusta cuentas con el movimiento obrero


De algunos años a esta parte se ha incrementado de modo notable la producción historicista revisionista destinada a legitimar el franquismo y en definitiva, a avalar las posiciones y actuaciones de la derecha española a lo largo del siglo XX. Se trata de una producción de nula calidad científica y muy escaso interés en cuanto a aportación de ideas, que suele beber con todo descaro en las "fuentes documentales" (manipuladas, obviamente) de los clásicos de la historiografía franquista, y cuya obsesión omnipresente es, además de la autoreivindicación derechista, la descalificación compulsiva de las izquierdas españolas en particular y del movimiento obrero en general, a quienes se presenta como amenazas constantes para el orden social instaurado e incluso para la propia identidad nacional.

Al contrario que en Madrid y en otras partes de España, en Catalunya todo este esfuerzo ha obtenido una mínima repercusión, proporcional al escaso peso social, político y cultural que tiene la derecha española en éste país. La hegemonía del pensamiento científico y de izquierdas en la producción historiográfica ha sido aquí abrumadora desde siempre, y ello a pesar de los esfuerzos hechos desde el pujolismo (el populismo nacionalista burgués catalán) para contrarrestarla, al promover desde los aparatos de poder que ha controlado durante un cuarto de siglo una interpretación del pasado acorde con los intereses del bloque de clases a los que esta ideología -esencialmente conservadora en lo político, reaccionaria en lo social y mítica en lo ideológico- ha servido con dedicación y eficacia.

No es por tanto novedoso que la burguesía catalana intente legitimar su propio papel ante la Historia y ante la colectividad humana a la que pastorea. Lo que sí constituye toda una novedad es que comience a cargar frontalmente no ya contra su enemigo natural político, las izquierdas catalanas, sino contra la base sobre la que éstas han descansado históricamente, el movimiento obrero catalán, y sobre todo contra la versión local del anarquismo, que como es sabido hegemonizó el pensamiento y la acción de los trabajadores catalanes durante casi la primera mitad del siglo XX, dejando una impronta en su mentalidad colectiva que ha llegado hasta nuestros días. Es así que desde hace poco tiempo pero con una intensidad creciente, la historiografía burguesa catalana ha desplegado una verdadera guerra sin cuartel contra el anarquismo catalán, al que se define en función de supuestas características de orden negativo y excluyente: radicalidad politica ultrarrevolucionaria (impuesta a sangre y fuego), marginalidad social y cultural en relación a la "bona gent" catalana (cuyos valores y creencias despreciaría y habría perseguido con saña), y una cosmovisión explicitada ajena al país y propia de gentes ignorantes y foráneas.

En ese marco se inscriben obras como una recientemente aparecida biografía de Joan Garcia Oliver, el verdadero "hombre fuerte" de la FAI catalana en los años treinta y durante la Guerra de España. Su editor, Isidor Cònsul, avisa en el Quadern de Cultura (edición Barcelona) de El País: "Había una seducción romántica del tema ácrata, y ahora, con la recuperación de la memoria histórica, la nueva visión deja al descubierto la falsedad y los crímenes de gente como la de la FAI". Toda una declaración de principios, como puede verse. En este "Retrat d'un revolucionari i sindicalista" se dispara a mansalva sobre la CNT y el anarquismo, y por elevación, contra las izquierdas catalanas de obediencia "no nacional". La CNT y sus hombres, Garcia Oliver entre ellos, serían los responsables del pistolerismo que asoló Barcelona durante los años veinte, al menos en pie de igualdad con los sicarios instrumentados por la patronal (a las órdenes del gobernador civil, Martínez Anido), que asesinaron a centenares de sindicalistas por el mero hecho de serlo; con el mayor de los desparpajos pues, se iguala a víctimas y verdugos. Por lo demás, los revisionistas catalanistas olvidan intencionadamente el pistolerismo antisindicalista igualmente homicida que en los años treinta comandó el conseller de Interior de la Generalitat, Josep Dencàs (el mismo que tras el 6 de octubre de 1934 halló refugio en la Italia de Mussolini, con quien apareció en el balcón de Piazza dei Popolo desde el que éste acostumbraba a mitinear) y organizaban los hermanos Badía (ejecutados en venganza por la FAI) y otros significados cuadros de Estat Català relacionados con dirigentes de la ERC de la época.

A Garcia Oliver en concreto, no se le perdona que tras aplastar a los militares rebeldes el 19 de julio de 1936, los trabajadores organizados tras la CNT y en menor medida el POUM, se hicieran con todo el poder e inauguraran el que más tarde fue llamado "corto verano de la anarquía", es decir, un experimento revolucionario autogestionario que llenó de pavor a la burguesía catalana, quien simplemente desapareció de las calles y de las instituciones. En su "Cuaderno Rojo de Barcelona", la entonces joven revolucionaria inglesa Mary Low narra que fue durante el entierro multitudinario de Durruti (noviembre de 1936) cuando la burguesía barcelonesa y sus partidos empezaron a salir a la calle, sumándose a la inmensa manifestación y en el caso de ERC llevando una gigantesca corona de flores; Mary Low escribió entonces que "si Durruti hubiera levantado la cabeza en ese momento, seguramente hubiera requerido una metralleta para liquidarlos a tiros". Es en ese contexto de pugna de clases en el bando republicano catalán en el que hay que enmarcar los "fets de maig" de 1937 en Barcelona, cuando los partidos burgueses (apoyados por las fuerzas de Orden Público controladas por la Generalitat) y las milicias del PSUC, el partido comunista catalán (que hasta su desaparición fue siempre un partido de "ley, orden y moderación"), pusieron punto final a tiro limpio a la experiencia revolucionaria. Más tarde, la llegada de las tropas franquistas sería acogida por esos burgueses como un mal menor, que definitivamente les libraba del "peligro revolucionario" (obrero y "xarnego"), y restablecía el supuesto orden natural de las cosas y las personas.

Han tenido que transcurrir setenta años, sin embargo, para que por fin la burguesía catalana aborde la tarea de realizar el ajuste de cuentas historiográfico con la izquierda anarquista catalana y los terrores que en ella sigue despertando, en parte porque ése era un trabajo que ya realizaba la historiografía franquista (véase Ricardo de la Cierva, entre otros), y en parte porque la proximidad de los hechos grabados a fuego en la memoria de las clases populares y trabajadoras catalanas dificultaba grandemente la manipulación ahora emprendida. Transcurrido el tiempo, y con una izquierda intelectual y organizativamente debilitada, creen llegado el momento de empezar a atacar y derruir el icono que durante tantos años han observado con temor. Y en ello están.

lunes, 6 de octubre de 2008

Baqueira Beret y el valle de Arán


La verdad es que estoy bastante sorprendido por la repercusión que tuvo el post sobre el valle de Arán y las contradicciones del nacionalismo catalán. Si desde hace algún tiempo éste blog registra alrededor de un centenar de entradas únicas diarias (es decir, desde IP diferentes), el día que apareció ése post se registraron dos mil visitas en un solo día. Así que hay interés por este asunto.

Más curioso todavía que las ampollas que levanta -que son muchas, al parecer- resulta el profundo desconocimiento sobre el tema que hay en todo eso que los provincianos cursis llaman "el Estado español". La mayoría de mensajes dejados en el blog por supuestos pancatalanistas eran irreproducibles por insultantes y chulescos, pero hay que disculparles: a nadie le gusta que le pongan ante el espejo. Sin embargo, de los 124 comentarios que quedaron registrados en Menéame pocos correspondían a airados patriotas catalanes. Por su contenido, la mayoría provienen de gentes políticamente situadas en la acera de enfrente, españolazos, como diría algún amigo nacionalista vasco, regocijados por ver como le está creciendo un enanito al pancatalanismo pero a la vez desconcertados ante ésta, al parecer inopinada, "realidad nacional" de la que probablemente ni habían oído hablar.

Y es que ése suele ser el problema de los nacionalistas "vengan de donde vengan": al vivir obsesionados por la contemplación excluyente de su ombligo nacional, desconocen lo que está un poco más allá del centro de su atención y desvelos, sea éste el Fossar de les Moreres o la Puerta del Sol. Pero la realidad es tan tozuda como los hechos, y como en el famoso cuento de Augusto Monterroso el dinosaurio sigue estando ahí, ante las narices de todos.

Hoy vamos a introducir un dato nuevo en el problema, para general ilustración de patriotas de todos los colores; incluido naturalmente el color del dinero, que es el que pinta todas las banderas. Se trata de la estrecha relación que mantiene con ése sufrido valle la macro-estación de esquí Baqueira Beret, el complejo deportivo-especulativo urbanístico que crece y crece como un tumor maligno sobre Arán, devorando términos municipales y propiciando jugosas operaciones especulativas de "promoción urbanística". El 1 de enero de 2004, El País titulaba "la masificación amenaza la Vall d'Aran", y daba cuenta a renglón seguido de que en aquellas Navidades más de 100.000 esquiadores habían invadido el pequeño territorio, que cuenta apenas con 630 km2 y apenas 8.000 habitantes. "El caso de la Val d'Aran empieza a ser un grave problema para el turismo. La política urbanística desarrollada en las últimas décadas, con el beneplácito de la Generalitat y de las instituciones locales, está empezando a pasar factura al monocultivo del turismo, auténtico motor económico del valle", escribía El País. Y también: "La saturación que empieza a sufrir Naut Aran, en cuyo término municipal se ubica Baqueira, es algo que se veía venir desde hace tiempo. Los empresarios del sector turístico habían advertido de que el modelo urbanístico estaba a punto de tocar fondo, pero las autoridades locales no les hicieron caso. Mientras tanto, muchos empresarios y especuladores del sector inmobiliario se han aprovechado de una normativa ambigua y permisiva para hacerse de oro vendiendo terrenos y viviendas a precios que sólo están al alcance de las clases más pudientes".

De entonces a ahora, la situación no ha hecho más que agravarse. ¿Quién se ha beneficiado de este suculento negocio especulativo? La revista de Unitat de Aran del 30 de diciembre de 2005 pone nombres y apellidos a personas y empresas constructoras vinculadas a CiU y artífices de la sucesión de pelotazos urbanísticos en la zona. "Las constructoras amigas de CiU se rifan las millonarias operaciones urbanísticas de Baqueira", titulaba en un recuadro, y en otro: "el suculento negocio "blanco" del clan CiU".

Llegó el tripartito de izquierdas y el relevo de mayorías en el Gobierno catalán no cambió nada, desgraciadamente. En realidad empeoró las cosas, con el nombramiento de Joaquim Llena como conseller de Agricultura. Llena, antiguo alcalde "independiente" y luego socialista de una pequeña población aranesa, fue señalado en su momento por El País como un "conseguidor" y beneficiario de pelotazos urbanísticos relacionados con Baqueira-Beret, como el referido por el diario La Mañana de Lleida en marzo de 2007 a cuenta de un viejo hotel familiar propiedad de los Llena.

En suma, el valle de Arán es un pastel al que dar bocados exquisitos, que se pegan con toda impunidad desde Barcelona. Al final, y como se dice en catalán "lo que no son pesetas son puñetas".