Mostrando entradas con la etiqueta abstención. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abstención. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de noviembre de 2011

No ganó el Partido Popular, perdió la izquierda


Los resultados de las elecciones generales españolas del 20 de noviembre vienen a confirmar cosas sabidas de antiguo, independientemente de quien las haya ganado en esta ocasión (les recomiendo el libro "Relato electoral de España", de Carles Castro, un estudio exhaustivo de 30 años de elecciones en España que señala las tendencias invariables que se mantienen elección tras elección).

Ya en tiempos de la Segunda República se observó que cuando votaba toda la izquierda (es decir cuando los anarquistas decidían votar), el triunfo de las candidaturas republicano-socialistas resultaba imparable. Sucedió así en las primeras elecciones republicanas. En 1933 sin embargo la izquierda libertaria se abstuvo, y ganó la derecha. En 1936 los anarquistas volvieron a votar (para sacar de la cárcel a los presos y tumbar el gobierno reaccionario), y en consecuencia el Frente Popular ganó holgadamente. En todos esos comicios la derecha obtuvo resultados similares entre unas elecciones y otras, ya que evidentemente no existía trasvase posible de votos entre uno y otro bloque.  

Ya en la Transición, el PSOE fue absorbiendo el voto del PCE y buena parte de la extrema izquierda, y el PP incorporó el voto de la UCD y algunas pequeñas formaciones regionalistas. La extraordinaria victoria del PSOE en 1982 se debió a una enorme participación, la más alta registrada nunca por la democracia española, que le llevó a incorporar casi todo el voto de la izquierda, incluida la izquierda contestataria al sistema. A partir de esas elecciones el PSOE, aún ganando de nuevo dos veces por mayoría absoluta, comenzó un lento declive en sus resultados electorales paralelo al descenso de participación en cada una de las sucesivas convocatorias, hasta llegar a la derrota de 1996, cuando perdió  por apenas trescientos mil votos de diferencia.

Llegamos a las elecciones que ganó Aznar por mayoría absoluta el año 2000. En esa convocatoria un millón y medio de votantes del PSOE y otro millón y medio de votantes de IU se abstuvieron; es decir, tres millones de votos de la izquierda fueron a parar al cesto de la abstención, en tanto el PP ganaba por mayoría absoluta habiendo incrementado solo unos miles de votos en relación a 1996. Esa fue la clave y la razón de la mayoría absoluta de la derecha lograda en esa convocatoria. En 2004 por el contrario, esos tres millones de votos de izquierda abandonaron la abstención y votaron al PSOE, lo que le permitió a este desalojar del gobierno a un PP que apenas perdió unas decenas de miles de votos a pesar de la que le estaba cayendo encima (Prestige, Gescartera, Yak-42, huelga general, 11-M...) En 2007 Zapatero retuvo un porcentaje alto de esos votantes de "izquierda dura", y naturalmente volvió a ganar a una derecha que apenas pierde votos pero que es incapaz de ganar más de los que tiene.

Una primera conclusión evidente es que no hay trasvases de votos entre la derecha y la izquierda. La derecha española tiene los votos que tiene, ni más ni menos, sus variaciones son mínimas. La izquierda sin embargo, oscila entre el voto al PSOE como opción de gobierno y la abstención cuando se siente decepcionada por éste.

La segunda conclusión, patente desde los inicios de la Transición, es que quien deja de votar a IU para votar al PSOE raramente vuelve a su voto inicial. O sigue votando socialista o se va a la abstención. En esta ocasión y en medio de circunstancias extraordinarias (la crisis global y local, principalmente), IU ha logrado recuperar algunos cientos de miles de sus antiguos votantes, en todo caso muchos menos de los potenciales.

Volviendo al PP, en estas elecciones generales de 2011 ha ganado apenas medio millón de votos, la gran mayoría a costa de pequeños partidos regionalistas con los que se presentaba conjuntamente o a los que ha devorado su electorado en Navarra, Cantabria, Rioja, Canarias y alguno más. También se ha quedado con la práctica totalidad de los escasos votos que antes habían ido a candidaturas de partidos de extrema derecha extraparlamentaria.  Del estancamiento de la derecha española da fé el hecho de que acaban de ganar con el 43% de los votos, con mayoría absoluta y de modo aplastante, unas elecciones en las que han obtenido menos votos de los que tuvo el PSOE en 2007, cuando consiguió una mayoría bastante ajustada. Hace muchos años que los estrategas del PP saben su única posibilidad de ganar elecciones es lograr que el PSOE las pierda, es decir mantener ellos incólume su propio electorado (ni un voto más, pero ni uno menos) y conseguir que el electorado de izquierda se quede en casa o fragmente su voto lo más posible.

El PSOE en cambio ha perdido en estos comicios cuatro millones y medio de votos. De ellos, tres millones corrsponden a esa "izquierda dura" de la que antes hablaba. Recordarán que en ese paquete había millón y medio de votos de IU, formación que ahora a obtenido alrededor de 700.000 votos más que en las elecciones pasadas, lo que le ha permitido pasar de 2 a 11 diputados. En realidad pues, IU apenas ha recuperado la mitad de los votantes "prestados" que en la última década se le habían fugado primero hacia la abstención y luego al PSOE; siguen sin cosechar entre los votantes socialistas y tampoco entre los abstencionistas de izquierda tradicionales. La euforia de sus dirigentes estos días es por tanto fingida y de cara a la galería.

Además del voto "prestado" por IU que ahora se ha dividido entre la coalición que lidera el PCE y la abstención, al PSOE se le ha ido completo el millón y medio de votantes "socialistas de izquierda". Si no han ido a IU ¿dónde se han refugiado? Son votantes de izquierda pura, por tanto no han podido votar al PP, partido que como hemos visto apenas gana unos cientos de miles de votos en su franja natural del electorado, que son los votantes de derecha y extrema derecha; tampoco a un partido como UPyD, de ideología confusa y dirigido por una "traidora" como Rosa Díez. ¿Habrán ido a los partidos nacionalistas burgueses? seguro que no: basta ver los diferenciales de participación entre barrios trabajadores y barrios burgueses en ciudades como Barcelona. Obviamente se han abstenido, enfadados con el giro a la derecha del gobierno y el partido.

Hasta aquí la derrota socialista entraría en lo previsible y razonable. Ocurre que como decía en estas elecciones el PSOE ha perdido cuatro millones y medio de votos, por lo que falta otro millón y medio de votos más, que son los que en definitiva dan carácter de desastre a los resultados socialistas del domingo. Es obvio que el grueso de esos votantes ha tomado asimismo el camino de la abstención, salvo algunos miles que probablemente han hecho su camino de Damasco hacia CiU, PNV y algunas otras pequeñas formaciones por el estilo; pero este último es un grupo numéricamente poco importante y en definitiva, era un voto "prestado" al PSOE por la derecha menos reaccionaria. La mayoría de estos nuevos abstencionistas son antiguos votantes fieles del PSOE, no situados en su izquierda pero evidentemente decepcionados por la ineptitud del Gobierno Zapatero y su recurso a las políticas neoliberales para combatir la crisis. La deserción de este grupo, que representa una "izquierda moderada" pero ahora irritada, debería ser extremadamente preocupante para los estrategas socialistas, pues puede anunciar un derrumbe a medio plazo difícilmente recuperable. 

El giro a la izquierda del PSOE para recuperar su espacio y su electorado es pues, inevitable. Lo contrario, la persistencia en los plateamientos derechistas actuales, supondría el caso de suicidio político más llamativo en la política europea de los útimos cien años.

 En la imagen que ilustra el post, un cartel del PSOE de las elecciones generales de 2008. Políticos irresponsables y mensajes irresponsables: la raíz del fracaso de 2011.

martes, 24 de mayo de 2011

La realidad atropella al PSC



Hace años que conozco a Miquel Iceta, y sé por tanto qué se puede esperar de alguien como él. Lo que jamás hubiera imaginado -soy así de ingenuo, todavía- es que pueda haber en el mundo alguien con la frialdad suficiente como para encarar los medios como él hizo ayer y deponer -en todos los sentidos- una declaración tan estrafalariamente fuera de la realidad como la que hizo. Aquí no pasa nada, vino a decir, el Congreso del PSC tendrá lugar cuando toque -o sea, cuando nos convenga a quienes lo manejamos-, y en definitiva, ni Dios nos va a mover la silla a los que vivimos de esto. Todo con palabras muy neutras y educadas, eso sí.

No es que los dirigentes del PSC no se hayan enterado del descalabro del domingo, es que actúan como si la realidad no fuera con ellos. Lo mismo en el PSOE, a pesar de que el batacazo sufrido es aún más brutal que el del PSC. Y lo mismo en Izquierda Unida e Iniciativa por Catalunya, felices ellos porque se les ha aparecido la Virgencita de Lourdes y se han quedado más o menos como estaban.

Hace unas semanas comenté aquí la lista del PSC por Barcelona, y como una vez leídos los nombres que la componían daban ganas de meterla en cualquier sitio menos en una urna. El resultado, ahí está.

El porcentaje de participación promedio a nivel español ha sido del 66%. En Catalunya, el 55%; En Barcelona ciudad, el 52%; en Nou Barris, el distrito obrero por excelencia, el 45%. (en algunos de sus barrios apenas ha superado el 40%). El diferencial de participación entre la parte alta de la Diagonal y los barrios del noreste es de más de 20 puntos a favor de la Barcelona rica. En resumen, uno de cada dos barceloneses no ha ido a la urna, y de los que lo han hecho, dos de cada tres viven en los barrios ricos de la ciudad.

Sumen pues ambas variables, -unos partidos manejados por burócratas desideologizados e impertérritos ante los cambios sociológicos y los terremotos electorales- y una abstención galopante entre unas masas trabajadoras y populares que huyen de la política y de los políticos como de la peste, y tienen la explicación troncal del terremoto sucedido el domingo en Barcelona y en Catalunya.

Continuará.

En la fotografía que ilustra el post, Miquel Iceta, máximo responsable del aparato del PSC, verdadero Gran Hermano orwelliano del partido desde hace dos décadas.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Comienza la campaña de las elecciones catalanas


Esta mañana, recién llegado de pasar unos días en Berlín, pongo la radio mientras me afeito. Oigo las noticias sobre el arranque de la campaña de las elecciones autonómicas catalanas; les juro sobre la puerta de Brandenburgo que he estado a punto de salir corriendo hacia el aeropuerto para tomar el primer vuelo que me regresara a mi hotel a la vera de Check Point Charlie.

Les resumo el primer fin de semana de mitines. Juzguen ustedes mismos.

Dice el democristiano Duran Lleida que las mujeres catalanas paren poco y que así se nos está poniendo Catalunya, llena de hijos de mujeres inmigrantes. De seguir este ritmo "Catalunya podría desaparecer en unos años", asevera. Difícil enseñar más la patita de lobo reaccionario, sexista, xenófobo y natalista; el señor Duran Lleida, esa calva que brilla con luz propia en la derecha española, acaba de poner el listón muy alto.

Sigamos. Joan Puigcercós, portavoz de un partido que además de republicano (que parece ser que sí lo son) dice ser de izquierdas (lo que no se cree nadie que les conozca mínimamente), afirma por su parte que en Catalunya "cada empresario tiene instalado en su casa un inspector de Hacienda, en tanto Madrid es una fiesta fiscal y en Andalucía no paga ni Dios".

Se me ocurren dos reflexiones sobre esto. La primera, que ojalá fuera cierto eso de que cada uno de nuestros creativos y deslocalizadores empresarios catalanes (véase el textil, trasladado en peso a talleres semiclandestinos radicados en Marruecos) tuviera un inspector de Hacienda no corrompible pegado al culo: seguramente la bolsa de fraude fiscal sería de un tamaño considerablemente menor a la actual, y los empresarios catalanes dejarían de declarar ingresos anuales inferiores a los de sus asalariados, como sucede ahora.

La segunda es que el "progresista" señor Puigcercós ha perdido una magnífica ocasión de reafirmar su presunto izquierdismo, si hubiera señalado que buena parte de los males que aquejan Catalunya y España podrían tener solución a corto plazo si en vez de considerar como un agravio comparativo esa política de severidad en la inspección fiscal que dice existe en Catalunya, de la que reclama implícitamente su cese, propugnara extenderla con igual intensidad a esas zonas donde él denuncia es más laxa. Desgraciadamente parece claro que ése no es el interés del señor Puigcercós y de su ERC que con declaraciones como ésta van preparando el terreno para acercarse al empresariado catalán, lo que equivale a anunciar un futuro pacto con su "brazo armado", la CiU de la familia Pujol y su testaferro, el señor Artur Mas.

Un señor Mas por cierto, que pide ahora una mayoría absoluta para su partido, a fin de evitar situaciones de debilidad parlamentaria como la vivida por el Tripartito (debilidad generada en parte gracias al acoso permanente de la derecha catalanista a un Gobierno al que ha llegado a negarle legitimidad). Olvida el señor Mas que en tiempos de su patrono, Jordi Pujol, la consigna era que los Gobiernos de mayoría absoluta eran malos para la democracia. Claro que Pujol se refería a los Gobiernos socialistas de Felipe González, no a los que él mismo encabezó en Catalunya. Dos lenguajes y una sola moral acomodaticia.

Y en fin, los del PP montaron este fin de semana un aquelarre de la extrema derecha "nazional" en el Salón del Tinell de Barcelona, el mismo lugar donde el primer Tripartito selló su pacto de Gobierno por Catalunya que entre otras medidas, abogaba por el aislamiento político efectivo del partido del franquismo postmoderno que encabeza el señor Rajoy. En un claro acto de revancha se reunieron en ese mismo escenario capitostes del PP de Galicia, del País Vasco y de Catalunya para celebrar que el Tripartito catalán va a finalizar dentro de poco y que ellos siguen existiendo políticamente en estos tres territorios. Como se ve, el PP es un partido lleno de propuestas positivas y de futuro.

No consta que la banda dirigente derechista brindara por su cuestionable éxito con cava catalán, ya saben que el PP alienta más o menos subterráneamente el boicot a los productos catalanes. En todo caso, seguro que acabaron celebrando y no precisamente con agua el que Emilio Botín, el propietario del Banco de Santander, haya nombrado presidente de Banesto en substitución nada menos que de su propia hija al papá de Basagoiti, el mandamás del PP en el País Vasco y una de las estrellas de la reunión derechista en el Tinell. Así son de verdaderamente "populares" esta chusma.

En cuanto a las izquierdas, pues lo de siempre. Por ahí van los rosa-verdes de Iniciativa per Catalunya con ese chico, Joan Herrera, que cada día tiene más cara de curita progre pasmado y tontorrón, profiriendo pseudoecologismos de Teletubbie; pensar que esta gente se dicen sucesores del viejo PSUC...

Y en fin, en lo que respecta a los socialistas lo mejor de su campaña es que no están haciendo campaña, al menos que se note. Eso sí, al pobre presidente Montilla lo sacan a pasear por las ciudades del antiguo cinturón industrial de Barcelona como a un remedo del Mudito, el enanito de Blancanieves, mientras del brazo le han colgado como un peso muerto a Corbacho, ese inenarrable ex ministro de Trabajo de Zapatero que sigue exigiendo que los emigrantes "sean contratados en origen" como modo de impedir su llegada, olvidando que si hubieran hecho lo mismo con él en los años sesenta aún estaría destripando terrones en la finca de algún señorito en su Extremadura natal.

Con estos mimbres se hace día a día la política catalana, y este es el personal al que se nos pide que votemos el día 28 de noviembre. Luego los analistas se romperán la cabeza buscando las causas de la abstención.

En la fotografía que ilustra el post, una "ocurrencia" electoral de la JSC, la organización juvenil del PSC, que presenta su candidato, José Montilla, como "el increíble hombre normal", intentando compensar por la vía de un extraño sentido del humor las críticas en relación a la cortedad de luces y escasa preparación del actual presidente de la Generalitat de Catalunya.

lunes, 8 de junio de 2009

Sobre los resultados de las elecciones europeas de 2009 en España


Pequeñas píldoras para construir meditaciones en los próximos días:

1. La corrupción crea fidelidad electoral. Véase Valencia, Madrid y Murcia. El empleo tiene que ver mucho con eso. En realidad, Sicilia queda mucho más cerca de las costas levantinas de lo que parece.

2. Sin Catalunya, la izquierda pierde. Así de sencillo. La fuerte abstención en esta autonomía (8 puntos superior a la media española) hizo inevitable la derrota de la izquierda en toda España.

3. Fuera del País Vasco y Navarra, hay 35.000 tarados mentales capaces de votar a ETA (en Catalunya, 18.000, la mitad de ellos en la provincia de Barcelona y 4.000 en Barcelona ciudad). Son poquísimos, pero lo increíble es que existan.

4. A la izquierda del PSOE no hay espacio político alguno. Apenas una UCI hospitalaria para una Izquierda Unida que sigue desangrándose, y el desierto más absoluto para las múltiples e irrelevantes “izquierdas transformadoras”.

5. El nacionalismo “periférico” (autonomista o independentista), va de lenta pero progresiva capa caída, disminuyendo su fuerza desde finales de los años noventa. El nacionalismo españolista por el contrario, crece de día en día.

6. Rosita de España (UPD) ha tocado techo a costa de fagocitar todo lo de derechas que no sea PP o “nacionalismo periférico”. Le llega el estancamiento, y luego el declive. Su estrella será tan fugaz como la de Ciutadans y otros inventos similares.

7. En España no hay sitio para un Le Pen. Mejor dicho, no lo hay fuera de las listas del PP español. Hoy por hoy el Partido Popular es el mayor partido de la extrema derecha europea.

8. La crisis económica, bien gracias. Comparen con lo que le ha ocurrido a Gordon Brown, y echen cuentas: en España quienes padecen la crisis no votan, ni ayer ni nunca. Si el PSOE insiste en que la crisis económica le ha pasado factura, estará entrando de lleno a la celada que le tiende la derecha; los problemas de este partido son otros.

9. La perogrullada del siglo, que algunos politólogos dicen no ser cierta (contra toda evidencia): la abstención es de izquierdas. O mejor dicho, quien se abstiene es de izquierdas. Por cada abstencionista de derechas, puede contabilizarse dos o tres de izquierdas. Para comprobarlo una vez más, basta con comparar los diferentes niveles de abstención en los barrios de las grandes ciudades según sea el perfil socioeconómico de éstos.

10. Otra perogrullada: las elecciones europeas son una cosa, y las generales otra bien distinta. Si el PP cree que los resultados son extrapolables es que siguen creyéndose sus propias mentiras , y por tanto corriendo alegremente hacia el desastre. Ojalá sea sí, porque en ese caso el tortazo que se darían en las próximas elecciones generales -para las que faltan 3 años- sería de órdago.

11 Coda final: Efectivamente, como decía ayer Rajoy, estas son las primeras elecciones "nacionales" (es decir, de alcance español) desde el año 2000 que el PP le gana al PSOE. Qué casualidad que las europeas sean precisamente aquellas elecciones de alcance español a las que todo el mundo concede menor relevancia…Si no es tan tonto como parece, el señor Rajoy debería reflexionar acerca de eso antes de prometer un próximo "cambio" de Gobierno de España.