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jueves, 2 de febrero de 2012

Querido Fabián Estapé, gracias




Ha muerto a los 88 años el profesor Fabián Estapé, quizá el único economista nacido en España que haya merecido tal nombre desde que un tal Laureà Figuerola, ministro de Economía durante la Restauración y persona por quien Estapé sentía gran respeto, inventara la peseta hace siglo y medio como "euro español" de la época, acabando de paso con las monedas regionales y las barreras arancelarias interiores.

La trayectoria de Fabián Estapé resulta curiosa en extremo. En los años cincuenta y sesenta fue ni más ni menos que el alma del Desarrollismo, aquél intento del Estado franquista de sacar a España del marasmo de la autarquía e iniciar el despegue económico que protagonizarían los llamados "tecnócratas", presuntos expertos en diversas ciencias de administración de la cosa pública que se pretendían neutros políticamente aunque la mayoría eran miembros del Opus Dei, y todos franquistas hasta la médula. Estapé fue Comisario del Plan de Desarrollo a la sombra del almirante Carrero Blanco y a las órdenes directas de Laureano López Rodó, y a pesar de que más tarde explicaría que nunca se sintió parte del régimen, realmente tuvo un papel decisivo en el encauzamiento de éste hacia un capitalismo moderno centrado en el desarrollo industrial. Para ello Estapé se fijó en modelos aparentemente nada relacionados con la esencia del franquismo, cuales eran los famosos planes quinquenales soviéticos, y en aportaciones fundamentales del capitalismo avanzado de la época, como la planificación del trabajo por objetivos y el impulso conjunto a la producción y el consumo como eje central de la política económica del Estado, algo que por cierto vuelve a estar de plena actualidad en esta Europa de austeridad y marcha atrás suicidas.

En los años setenta Fabián Estapé abandona la colaboración con el régimen y se refugia en sus clases en la Universidad de Barcelona, siendo sucesivamente decano de Económicas y más tarde rector de esa Universidad.  Durante la transición algunos sectores estudiantiles le identificaron como una especie de icono universitario del franquismo, de tal manera que en una ocasión un grupo de extremistas asaltaron su despacho y le volcaron encima un bote grande de pintura (creo que roja) y a punto estuvieron de tirarlo por la ventana, cosa que algunos más sensatos o menos fumados que el resto lograron impedir a tiempo.

A partir de esos años primeros de la Transición, Estapé comenzó a experimentar un giro en su pensamiento político y económico que le llevó a radicalizar progresivamente sus posiciones hacia la izquierda de modo que en sus últimos años productivos se convirtió junto con otro profesor catalán, Vicenç Navarro, en el exponente máximo del pensamiento de un socialismo de izquierdas español riguroso intelectualmente y por ello enfrentado tanto al capitalismo rampante de los neoliberales como a la socialdemocracia vergonzante de las izquierdas parlamentarias. Aunque a primera vista la suya pueda parecer una evolución ideológica abrupta, existe sin duda un hilo intelectual conductor coherente entre lo que propugnaba el Fabián Estapé preocupado por la modernización de los aparatos productivos públicos y privados en los años sesenta  y setenta,  y sus planteamientos de desarrollo y bienestar para todos en el marco de una economía socialista planificada al servicio de los ciudadanos, que rescata a la economía política al uso contemporáneo de su papel legitimador de la explotación  colectiva bien sea por unos pocos capitalistas cada vez más avarientos según el modelo occidental o bien por la burguesía de Estado usufructuaria del poder según el modelo soviético. En ese contexto general de apuesta por la modernización y la eficiencia, no es extraño que el profesor Estapé sintiera un gran respeto por Felipe González y la labor realizada por sus gobiernos en los primeros años ochenta. 

Más tarde, ya en los años noventa, Fabián Estapé se convirtió en un referente intelectual de primer orden, haciendo pedagogía (ignorada por partidos y sindicatos, por supuesto) desde los medios de comunicación en cuantas oportunidades se le ofrecían. Difundió la obra de pensadores y hombres de acción tan fundamentales para la salud económica de un país como J.K. Galbraith y J.M. Keynes, personajes por quienes sentía una gran admiración y cuyos planteamientos actualizó y escoró más a la izquierda. Inolvidable su participación en un programa divulgativo en la Cadena Ser que se llamaba "La calle del dinero", dirigido por Francesc Valls y con Ernest Lluch, su discípulo preferido, como la otra voz de aquella excepcional tertulia, en la que durante años tanto aprendimos algunos a la hora de la comida. 

En aquellos años, al mordaz y brillante profesor Estapé le sacaba de sus casillas la política económica (por llamarla de algún modo) del gobierno Aznar, y no dejaba ocasión de machacar a Rodrigo Rato, entonces todopoderoso superministro económico en aquél gobierno de rancios derechistas. De Rato decía, recuerdo, que qué se podía esperar de un tipo cuya primera actuación en el mundo de la economía fue hundir una pequeña empresa familiar de embotellamiento de aguas minerales centenaria al poco tiempo de haber sido nombrado presidente de aquella. Una maldad de calibre mayor la explicó  Estapé también en una de esas tertulias, al referir que durante el banquete de bodas entre Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarín, la Infanta le preguntó su opinión acerca del regalo que Rato les había hecho a los contrayentes: un millón de pesetas en títulos de Deuda del Estado, contenidos en el interior de un pequeño cofre de madera. Sarcástico como siempre, Estapé contestó: "Señora, conserve la caja, que es  madera de calidad, y tire los papeles de dentro, porque no valen nada".

En otra ocasión, y siendo rector de la Universidad de Barcelona durante el tardofranquismo, la policía apaleó brutalmente a estudiantes encerrados en el interior del recinto universitario y de pasó dejó desmochado a golpes a un anciano profesor que tuvo la desgracia de pasar por allí mientras aquellos animales hacían su inicuo trabajo. Estapé cogió el teléfono y llamó a Rodolfo Martín Villa, gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Barcelona, con quien a pesar de todo mantenía una sólida amistad, y tras reprocharle el asunto le pidió que los antidisturbios se fijaran más a la hora de repartir porrazos, a lo que Martín Villa le replicó: "¿y qué quieres? si fueran inteligentes, no serían policías".

Anécdotas como esta las hay a decenas en sus memorias "De tots colors", libro del que creo hay traducción al castellano y que vale la pena leer para aprender y divertirse.

En la imagen que ilustra el post, el profesor Fabián Estapé.

domingo, 29 de enero de 2012

Juan José Millás explica el Partido Popular



Cuando este mediodía he leído la columna de Juanjo Millás en el dominical de EL PAÍS he comprendido inmediatamente que nadie, nunca, ha podido ni podrá sintetizar lo que es y lo que representa el Partido Popular, el gobernante partido del franquismo postmoderno español, con la maestría y verdad conque lo ha hecho Millás hoy.

Lean y disfruten el texto y las ideas que contiene. Y luego indígnense, al pensar que aunque parezca increíble hay diez millones de ciudadanos españoles tan absolutamente alienados o desesperados como para votar una basura semejante sin ser empresarios, especuladores, banqueros, rentistas o políticos corruptos:

EL PAIS 29 de enero de 2012
El eterno retorno
Juan José Millás

Hay, en todos los internados de curas, un día en el que el prefecto de disciplina recorre furibundo los pasillos seguido de cuatro subalternos en busca de un chivo expiatorio sobre el que descargar todos los pecados del universo, incluidos los suyos. Ese día tiemblan los alumnos, tiritan los pupitres, desaparecen, aterradas, las moscas. Una atmósfera semejante debió de instalarse en la sala de prensa de La Moncloa cuando, tras el primer consejo de ministros de la era Rajoy, apareció Soraya Sáenz de Santamaría, seguida de cuatro de los suyos, con expresión de os la habéis cargado. Os la habéis cargado por las mentiras que os hemos dicho, por las torpezas de cálculo que hemos cometido, por las mezquindades y patrañas que nos habéis obligado a perpetrar para conquistar el poder. Y si yo no os acojono bastante, fijaros en las jetas de estos tres. No se pierdan, en efecto, la mirada de policía de Fátima Báñez; la expresión calibradora de Montoro (¿los fusilamos o los ahorcamos?); el gesto de indiferencia absoluta frente al dolor ajeno del ex-Lehman Brothers Luis de Guindos. Os la habéis cargado por creeros todo, gilipollas. ¿No os dais cuenta, por ejemplo, de que si a un déficit del 6% le correspondía una rebaja fiscal de equis, a uno del 8% le correspondería una disminución de equis más 2? Cuanto mayor fuera la crisis, como juraba y perjuraba Montoro, más deberían bajarse los impuestos a fin de estimular el consumo y todo eso. Total, que al acabar la rueda de prensa se nos quedó la cara de culpable de la víctima sexual frente al cura manoseador. El eterno retorno.

miércoles, 18 de enero de 2012

El linchamiento de Garzón, la venganza de fascistas y corruptos


La sesión de inicio del juicio a Baltasar Garzón celebrada ayer estuvo de verdad a la altura de lo esperado.  Garzón no se arrugó y defendió lo evidente con palabras claras: si ordenó escuchas policiales a los abogados de Gürtel es porque en esa "organización criminal" los abogados "formaban parte nuclear de ella" y eran "elemento básico en el blanqueo de dinero". Oigan al pobre tipo que preside el tribunal intervenir nervioso como un flan, consciente de su triste papel en esta tragicomedia fabricada a mayor gloria de la exculpación de un puñado de sinvergüenzas, a los que Garzón destapó sus sucios negocios y sus conexiones políticas con el partido de la derecha española.

Y es que el juicio entero es una farsa política instrumentada en venganza por las actuaciones del juez Garzón contra la trama Gürtel, como lo es de modo aún más evidente el siguiente caso del que tendrá que responder, un montaje judicial instigado por un grupúsculo fascista para castigar su intento de investigar los crímenes contra la Humanidad del franquismo, régimen al que la clase judicial española tanto debe y al que tanto honra. Después de treinta años de democracia seguimos teniendo un aparato del Estado, el judicial, que sigue enfeudado a un pasado que para ellos continua vivo y presente, y si algún juez lo olvida o intenta orillarlo ahí está la jauría mediática para recordárselo y la organización corporativa para neutralizarlo.

Al linchamiento judicial de Garzón asisten un centenar de periodistas extranjeros, desde la CNN hasta Al Jazeera pasando por los medios más influyentes de Argentina y Chile, países que llevan tiempo atentos a esta clase de iniciativas cercenadoras en España de la búsqueda de la verdad y la reparación en materia de memoria histórica. La indignación y el escándalo están por tanto garantizados a nivel internacional; su mera posibilidad deberían cubrir de vergüenza -en el improbable caso de que la tuvieren- a los responsables de la patochada que acaba de comenzar en Madrid.

En realidad, el objetivo de este juicio no es solo acabar con Garzón y escarmentar en cabeza ajena a los jueces que tienen ahora en sus manos la posibilidad de meter en la cárcel a los corruptos de Gürtel y sus socios del Partido Popular. Por encima de todo lo que se está buscando es conseguir eliminar legalmente las pruebas existentes, destruyendo las cintas policiales grabadas que incriminan a los acusados. Ilustres precedentes de la destrucción de pruebas grabadas por orden judicial los hay en casos semejantes en los que se vinculaba igualmente corrupción y Partido Popular, como lo fue el caso Naseiro (antiguo tesorero del PP) y el caso Zaplana (ex presidente de la Generalitat Valenciana anterior a Camps, también del PP).

Visto lo visto, y con todo, los magistrados que juzgan a Garzón harían bien en tentarse la ropa, no fuera el caso de que dentro de un tiempo fueran ellos los que tuvieran que responder ante un tribunal por haber prevaricado. A la larga, las farsas judiciales acaban estallándoles en la cara a quienes participan en ellas: recuerden el affaire Dreyfuss o el juicio a Léon Blum. O lo que les dijo Sophie Schöll al fiscal y los jueces nazis que la condenaron a la guillotina: "pronto estaréis vosotros en mi lugar".

En la imagen que ilustra el post Mariano Rajoy, actual presidente del Gobierno español (PP) en un mitin del Partido Popular en Valencia cuya organización pagó la trama Gürtel, según el sumario que se sigue a esta red de corrupción política. A la derecha de la imagen está Alvaro Pérez "el Bigotes", máximo responsable de la red Gürtel en el País Valenciano, y a la izquierda el expresidente valenciano, Francisco Camps (PP), alias" el Curita" en Gürtel.

lunes, 16 de enero de 2012

Muere Fraga Iribarne, el Goebbels de Franco



La muerte le ha llegado a Manuel Fraga Iribarne a los 89 años de edad. Fraga Iribarne -así se llamaba a los miembros de la clase política durante el franquismo: por los dos apellidos, sin el nombre- era ya una supervivencia de sí mismo y desde luego, de una época pretérita sobre la que la derecha franquista postmoderna está reescribiendo la Historia con el mayor de los descaros, gracias en parte a la desmemoria de una neoizquierda de salón que desconoce hasta de dónde viene.

De Fraga Iribarne escribió hace muchos años Manuel Vicent que todavía llevaba pantalón corto cuando se subió por primera vez a un coche oficial. Nacido en la Galicia caciquil y atrasada de la postguerra española, su carrera política comenzó a principios de los años cincuenta del pasado siglo en organismos menores asociados al Movimiento, el pastiche que substituyó a la Falange como partido único del régimen franquista cuando a partir de 1945 la dictadura hubo de esconder sus orígenes fascistas, y comenzó a presentarse como un "régimen autoritario" y paternalista. Fraga siempre fue un falangista puro y duro, un "azul", según la terminología de la época que clasificaba a los integrantes de la nomenclatura del régimen. 

En los años sesenta el camarada Fraga Iribarne se convirtió en responsable de propaganda de Franco desde su cargo como ministro de Información y Turismo. En 1964 dirigió la gigantesca operación de intoxicación ideológica de masas que fue la celebración de los "XXV años de paz" del régimen, es decir la conmemoración del 25 aniversario de la victoria militar del fascismo en España. En esos mismos años sesenta organizó un reférendum bajo el lema "Franco, sí", ganado con el 98% de los votos, y pergeñó una ley de prensa que ponía una espada sobre la cabeza de cada profesional de los medios no editados por el Movimiento, incitando a la autocensura de los periodistas so pena de sanciones que pasaban por las multas, la cárcel y hasta la prohibición de cabeceras y la voladura de sus instalaciones, como ocurrió años más tarde con el diario "Madrid". En 1966 se produce el famoso accidente de Palomares, en el que varias bombas atómicas norteamericanas cayeron sobre suelo y aguas territoriales españolas tras el choque de dos aviones en vuelo; Fraga y el embajador norteamericano se fotografiaron bañándose juntos en una playa que, dijeron, estaba próxima al lugar donde cayeron las bombas, para dar a entender que no había peligro alguno (lo cierto es que aún hoy los terrenos donde se recuperaron las bombas siguen siendo zona radioactiva, a pesar de haber sido removida la tierra). 

A partir de 1969 la estrella de Fraga sufre un primer declive al caer el Gobierno bajo el control de los llamados "tecnócratas", es decir los miembros del Opus Dei. La secta, conocida como La Mafia Negra, logra arrinconar a los viejos falangistas, y Fraga se marcha de embajador a Londres. Son los años en los que en la política y la economía española mandan los "Lópeces" (López Bravo, López Rodó, López de Letona), bajo la protección del almirante Carrero Blanco, mano derecha de Franco en su ocaso. Fraga no se resigna, e instrumenta el caso Matesa (una colosal estafa empresarial en torno a la industria textil) para atacar y en parte herir aunque no aniquilar el poder del Opus.  Luego vendrán Sofico, Redondela y otros escándalos económicos, con asesinatos de testigos incluidos, que socavan el poder del Opus en el régimen.

Muerto Franco, en 1975 Manuel Fraga regresa de Gran Bretaña y es nombrado vicepresidente y ministro de Gobernación (Interior) del Gabinete presidido por Carlos Arias Navarro, llamado "el Carnicero de Málaga" por los miles de asesinatos cometidos bajo su mando policial en esa ciudad andaluza cuando fue tomada por los fascistas durante la guerra de España. En la nueva etapa ministerial de Fraga se producen las matanzas de opositores en Montejurra y Vitoria, y las muertes casi semanales de manifestantes y trabajadores en huelga. La situación se le escapaba de las manos por momentos al Gobierno de Arias Navarro, quien finalmente fue despedido por el rey en 1976. El nombramiento como presidente de Adolfo Suárez, un aventurero de la política de origen "azul", irritó sobremanera a un Fraga que ya se veía en el cargo. A partir de entonces sus relaciones con el rey Juan Carlos devinieron en inexistentes.  

Contra lo que se viene reescribiendo en los últimos años, la democracia parlamentaria no llegó a España por concesión de las élites reformistas del régimen sino por la presión de la calle, que obligó a potencias como Francia y EEUU a intervenir forzando el desmantelamiento del franquismo político. Desde el Gobierno y las instituciones, Suárez y el rey crearon un partido para pilotar esa etapa, la UCD, del cual se excluyó a los franquistas irredentos como Fraga. Éste se alió con los restos de la ortodoxia franquista y algunos viejos enemigos, como el opusdeísta López Rodó (los llamados Siete Magníficos), creando Alianza Popular (AP), un partido cuya misión era intentar perpetuar un franquismo sin Franco.  Pero las elecciones del 15 de junio de 1977 las ganó UCD, el PSOE renovado quedó segundo y AP sufrió una durísima derrota. Nombrado ponente constitucional, Fraga fue el responsable de buena parte de las insuficiencias democráticas de la Constitución de 1978,  aunque AP finalmente votó en contra de la Constitución tanto en el Congreso de los Diputados como en el referéndum del 6 de diciembre de 1978, lo que hay que recalcar en estos tiempos en que se mixtifica el pasado con tanta desvergüenza.

Posteriomente vendría la refundación de AP como Partido Popular (PP), siempre bajo el dominio totalitario del Presidente Fundador Fraga, la recogida de los restos de la UCD tras el estallido de este partido en 1982, la conversión de Galicia bajo el mando de Fraga en la "Baviera de la derecha española" (es decir, en una región gobernada durante décadas por caciques ultraderechistas corruptos), y finalmente, la victoria electoral de Aznar, hechura de Fraga Iribarne y como él, antiguo falangista, en las elecciones generales de 1996. Un largo camino en el que Fraga como Moisés, se quedó a las puertas de la Tierra Prometida: jamás logró su ambición de ser presidente del Gobierno.

En Francia o Alemania, el camarada Fraga Iribarne habría sido juzgado por crímenes contra la Humanidad, al haber sido un destacado jerarca del régimen fascista del general Franco. Y es que Manuel Fraga estuvo presente durante años en aquellos infames Consejos de Ministros de Franco en los que se firmaban condenas a muerte de ciudadanos españoles. Jorge Semprún le acusaba de haber sido uno de los que más insistieron en la ejecución de Julián Grimau. Peor todavía, al parecer Fraga amenazó a la familia del estudiante César Ruano, asesinado por la policía franquista, para que cesara en sus denuncias, y presionó a la prensa para que caracterizara a Ruano como un ser inestable que se había suicidado. Nunca hubo de responder por estas atrocidades, ni tampoco por los crímenes cometidos por la policía y la Guardia Civil a sus órdenes en aquellos terribles inicios de la Transición, ni desde luego por la actividad de organizaciones parapoliciales auspiciadas y amparadas desde el poder en esos años como la Triple A, el Batallón Vasco Español, Antieterrorismo ETA (ATE) y otras siglas semejantes, organizaciones instrumentales creadas para llevar a cabo ataques y atentados que se saldaron con muertos y heridos. Si el teniente general Saénz de Santamaría hubiera tenido ocasión de testificar ante un juez independiente, su deposición sobre Montejurra y otros sucesos habría dado con los huesos de Fraga en la cárcel para una larga temporada.

Queda por dilucidar el verdadero papel de Fraga en el 23-F, la conspiración golpista que intentó devolver España a un pasado ya imposible. Recuerden la frase del teniente coronel Tejero cuando sus sicarios con tricornio comenzaron a disparar hacia el fondo y el techo del Congreso, por encima de las cabezas de los diputados: "¡Cuidado! no les vayáis a dar a los nuestros". Quiénes eran "los nuestros" nunca lo hemos sabido a ciencia cierta, pero si tenemos algunas algunas pistas sobre ello: los escaños de los diputados de AP  estaban al fondo y arriba del hemiciclo, y Manuel Fraga no fue sacado de la cámara por los golpistas como sí lo fueron los otros dirigentes políticos, encerrados en una salita que todos sabían era la capilla antes del pelotón de ejecución caso de haber triunfado el golpe. 

En la fotografía que ilustra el post, el camarada Fraga Iribarne en su toma de posesión como ministro de propaganda franquista jura los Principios Fundamentales del Movimiento fascista y lealtad a Franco en presencia del dictador y de otros jerarcas del régimen, vestido con el uniforme del partido único.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Una juez argentina quiere procesar a los ministros de Franco vivos


No todo van a ser malas noticias en España, hoy (alguna) prensa trae una extraordinariamente buena: una juez argentina se ha dirigido al Gobierno español pidiéndole al amparo del concepto de justicia universal (tan usado por la judicatura española en relación con crímenes contra la Humanidad cometidos en otros países), que le facilite información sobre una serie de jerarcas políticos, militares y policiales franquistas que puedan estar aún vivos en relación con la causa abierta en Buenos Aires en abril de 2010, en la que se imputa por crímenes contra la Humanidad -y por tanto, imprescriptibles- a todos los dirigentes del régimen fascista español que encabezó el general Francisco Franco.

Esta mujer valiente y honesta se llama María Romilda Servini de Cubría, y según El País de hoy "ha exhortado al Gobierno español para que informe si en este país se está investigando la existencia, entre el inicio de la Guerra Civil y las primeras elecciones democráticas después de la muerte de Franco, “de un plan sistemático, generalizado, deliberado y planificado para aterrorizar españoles partidarios de la forma representativa de gobierno a través de su eliminación física, y de uno que propició la desaparición legalizada de menores de edad con pérdida de su identidad, llevados a cabo en el periodo comprendido entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977”. Luego dirán que los argentinos se andan con vaguedades cuando hablan o escriben: ni Gracián hubiera sido sido más claro y explícito.

Dice El País también que la juez pidió asimismo los “nombres y últimos domicilios de los miembros de los Consejos de Ministros de los Gobiernos del Estado Español y de los miembros de los mandos de las Fuerzas Armadas, Guardia Civil, Policía Armada, directores de Seguridad y dirigentes de La Falange” del periodo 1936-1977, así como los certificados de defunción de aquellos que hubiesen fallecido". También ha solicitado información sobre víctimas del franquismo, fosas comunes, y una novedad absoluta en España, sobre las empresas que se lucraron con el trabajo esclavo de los prisioneros republicanos.


Servini ha contado hasta ahora con la protección del poder judicial argentino, a pesar de que el año pasado un gobierno ¡socialista! -o eso decía ser- español hubiera intentado establecer el principio de que los crímenes del franquismo sólo debían ser investigados por instancias judiciales españoles. En sintonía con esa maniobra, el estamento judicial español paralizó de modo artero el trabajo que en ese sentido realizaba el juez Baltasar Garzón suspendiéndole por presunta prevaricación precisamente por investigar crímenes franquistas. Es falso por tanto  que en España se esté investigando esos delitos y que no haya lugar a la intervención internacional.

El procedimiento judicial que sigue la juez Servini se inició a raíz de las denuncias presentadas por seis argentinos descendientes de españoles, cuyos antepasados fueron asesinados por el régimen franquista. La causa parece que sigue adelante y que definitivamente, va a dejar con el culo al aire a los sucesivos gobiernos de Zapatero y Rajoy, y desde luego, a un Consejo General del Poder Judicial español que en vez de perseguir a estos delincuentes les presta encubrimiento cometiendo ellos sí prevaricación, como lo demuestra el acoso y derribo del juez Garzón.

En cuanto a la nómina de esos individuos por los que se interesa la juez argentina, aquellos que formaron parte de los órganos dirigentes del franquismo y que por tanto participaron con plena conciencia de su naturaleza criminal, desde aquí le ofrezco dos nombres relevantes de elementos que siguen vivos: Manuel Fraga Iribarne, ministro de Propaganda de Franco y luego de Gobernación (policía) durante los meses en los que los franquistas intentaron mantener vivo el régimen tras la muerte del dictador, y posterior fundador y dirigente máximo del actualmente gobernante Partido Popular español; y José Utrera Molina, último camarada Secretario General del Movimiento Nacional (antes Falange Española Tradicionalista y de las JONS), el partido único fascista español, un payaso que todavia en los años setenta acudía vestido de falangista a dar mitines fascistas en la Sierra de Alcubierre, en el que fuera frente de Aragón durante la guerra que desencadenaron los militares insurrectos  en julio de 1936. Ambos individuos citados fueron como digo ministros de Franco, y durante largos años ocuparon puestos de altísima responsabilidad en aquel régimen asesino.

Por cierto, si finalmente la juez Servini pide la extradicción de esta gentuza, ojalá que sí, le creará un papelón incluso familiar a Alberto Ruiz Gallardón, actual ministro de Justicia del Gobierno derechista español, ya que su suegro es nada menos que el camarada Utrera Molina. Veremos entonces hasta dónde llega el talante "centrista" y "democrático" del flamante señor ministro.

En la imagen que ilustra el post aparece el camarada Utrera Molina vestido con los arreos de la Falange durante un acto de exaltación fascista celebrado a principios de los años setenta, con Franco aún vivo, ocupando la portada del diario falangista oficial, "Arriba". Obsérvese el gesto crispado del orador, tan caro en aquellos años a los discurseadores fascistas españoles.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El único voto posible para frenar al Partido Popular


Si quieres evitar que el partido heredero del franquismo y sus aliados los nacionalistas burgueses vascos y catalanes arrasen con los servicios públicos que pagamos entre todos los trabajadores, mañana domingo no tienes otra posibilidad que votar al PSOE. 

Si crees que destruir los servicios públicos no es un ahorro sino una canallada, vota para parar a los títeres españoles, catalanes y vascos del neoliberalismo salvaje, aunque para coger la papeleta del PSOE tengas que ponerte una pinza en la nariz. Los socialistas merecen sin duda un fuerte castigo, pero no al precio de castigarnos a nosotros mismos y a nuestros descendientes.

¡Sino paramos mañana a los franquistas parlamentarios, en una sola legislatura destruirán décadas de esfuerzo y sacrificio de generaciones de trabajadores y trabajadoras de este país! ¡Ningún otro voto es útil para evitarlo, y la abstención es esta vez irresponsable!

PD Para quienes apelen a la sacrosanta "jornada de reflexión" de hoy, les dejo aquí el mitin dado a través de TVE por Mariano Rajoy, candidato del PP, durante la "jornada de reflexión" del sábado 13 de marzo de 2004. 

lunes, 8 de agosto de 2011

En Poyales del Hoyo los franquistas desentierran a sus víctimas


En Poyales del Hoyo, un pueblacho de la provincia de Ávila al que a partir de ahora habrá que empezar a llamar Poyales del Odio, en esa Castilla aún con las legañas del fascismo franquista pegadas a la cara, un majadero que ejerce como alcalde -del Partido Popular, por supuesto- ha decidido sacar de su tumba los restos de nueve personas, entre ellas tres mujeres, asesinadas por falangistas locales durante la mal llamada Guerra Civil, y arrojarlos a una fosa común. Lo cuenta El País de hoy, y cualquier persona que no tenga el cerebro podrido no puede dar crédito a sus ojos cuando está leyendo la noticia.

El mentecato fascista que tomó semejante decisión se llama Antonio Cerro, ejerce como alcalde del pueblo y ha contado con la colaboración de los otro cuatro concejales del partido de la derecha franquista. Tal contribución a la democracia y la reconciliación entre españoles se inició cuando el alcalde Cerro decidió "dar por concluida la cesión en el cementerio de un espacio, que el propio Consistorio había aprobado en 2002, para enterrar los restos mortales de tres mujeres del pueblo asesinadas por falangistas en 1936", segun informa El País. Sobre esa tumba, continúa el diario, "se colocó una lápida conmemorativa con sus nombres y una paloma de la paz". Ahora el actual alcalde "aprovechó la petición de una de las descendientes para recuperar los restos de su abuela y vació completamente la tumba". Y aún que no ordenó tirarlos en cualquier barranco.

Ayer, unas setenta personas comprometidas con la recuperación de la memoria histórica -si, la memoria histórica, fascistas: el recuerdo de vuestros crímenes- fueron a Poyales del Hoyo para protestar pacíficamente por la incalificable salvajada cometida. En la entrada del pueblo les recibió una considerable manada de energúnemos encabezados por la corporación municipal. Un bisnieto de una de las mujeres asesinadas cuyos restos están ahora en una fosa común, describe así el momento: "Cuando llegué a la plaza, ya estaban allí los cuatro y unos cuantos más, bebidos y esperándonos". Los cuatro son, aclara El País, los concejales que el Partido Popular obtuvo, además del alcalde, en las elecciones municipales del pasado 22 de mayo.

Otros testigos señalan que fueron precisamente los concejales del PP quienes "jalearon y comandaron al grupo que reventó el acto (...) entre gritos e insultos. Nos llamaban "putos rojos", nos decían que no éramos del pueblo y seguramente ni españoles". Unas chicas que llevaban una pancarta con el texto "Somos los nietos de los obreros que no pudistéis fusilar" fueron golpeadas al grito de "Si Franco levantara la cabeza os cortaba el cuello". ¿Dónde estaban las Fuerzas de Orden Público? Tres guardias civiles presentes hicieron el don Tancredo durante los incidentes. Es evidente que Cerro y compañía jugaban en casa.

En conclusión cabe preguntarse si existe un Gobierno en España. No digo ya un Gobierno socialista, socialdemócrata, socialmercado o lo que sea, simplemente un Gobierno que además de haber salido de unas elecciones democráticas ejerza como tal. Lo dudo mucho, porque en ese caso a estas horas Antonio Cerro, sus concejales y el resto de energúmenos borrachos de odio y alcohol estarían ya detenidos por las agresiones cometidas, el alcalde y los concejales en concreto cesados y procesados por haber profanado la tumba e incitado y dirigido las agresiones, y los mandos de la Guardia Civil territorial bajo investigación por no haber previsto un dispositivo de protección suficiente, cuando era público y notorio a tenor del ambiente creado en el pueblo que los manifestantes iban a ser agredidos por la horda que comanda Cerro.

¿Y el Partido Popular? ¿Ustedes creen que echará de sus filas a Antonio Cerro? Quiá hombre, a estas horas Cerro debe ser el hombre de moda entre dirigentes, afiliados y simpatizantes del PP. "Cerro, el alcalde que los tiene bien puestos".

Ya saben "putos rojos, os vamos a matar a todos" ... otra vez. ¿Y por qué no? Total, seguramente les volvería a salir gratis.

En la fotografía que ilustra el post, la tumba que ha sido destrozada y profanada por orden del alcalde y el equipo de gobierno (PP) del Ayuntamiento de Poyales del Hoyo.

domingo, 17 de julio de 2011

Un 17 de julio de no hace tantos años



Un 17 de julio de hace 75 años, un puñado de traidores en uniforme a sueldo de unos "autores intelectuales" perfectamente identificados (terratenientes, banqueros, empresarios, la jerarquía católica), iniciaron un golpe de Estado -militar, por supuesto- que sabían no podía triunfar sino era tras una larga y cruenta guerra contra su propio pueblo, el que les pagaba el salario, guerra que en un alarde de cinismo criminal años más tarde motejaron como "civil".

No fue una guerra civil porque los españoles de 1936 no decidieron de repente empezar a matarse entre ellos a partir de una fecha determinada; sostener eso es infantil e interesado. La sublevación del 17 de julio fue un golpe de Estado fracasado, una asonada militar de los sectores más reaccionarios de la oficialidad del Ejército, quienes haciendo uso de tropas mercenarias (la Legión y los Regulares marroquíes) y nutridos luego por la ayuda en hombres, material y financiación de la Alemania nazi y la Italia fascista, llevaron a cabo una guerra de exterminio contra su propio pueblo. El capitán Aguilera, uno de los jefes de prensa de Franco, lo resumió así: "nuestro programa consiste en exterminar un tercio de la población masculina de España. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado" (La Guerra Civil española, de Antony Beevor, página 611).

La mayor parte del Ejército español tuvo entonces un comportamiento felón y traidor, haciendo añicos los valores que decían ser su razón de ser: disciplina, obediencia y lealtad. Aquellos criminales desencadenaron un conflicto cuyos horrores perduraron en el tiempo y en la memoria colectiva más allá de los años concretos en que se desarrollaron los acontecimientos bélicos: España pasó de ser una de las democracias más avanzadas de Europa a ser el pudridero apestoso a cuartel y sacristía del Viejo Continente; la renta per cápita de los españoles en 1936 no se recuperó hasta 1960; y en fin en fecha tan tardía como 1975, con el dictador agonizante, aún se fusiló a antifranquistas, cuando los padrinos de Franco, los dictadores Mussolini y Hitler, hacía ya 30 años que habían sido colgados de un gancho de carnicero el uno y suicidado el otro.

Quienes crean que todo esto son viejas historias, se equivocan. En los cuartos de banderas del Ejército, esa organización que nuestros políticos "progresistas" y "buenistas" se empeñan en señalar como la mayor ONG española, se sigue rindiendo culto a aquella horda de militares traidores y criminales, sino físicamente como hasta hace poco con la presencia de sus retratos y emblemas, si manteniendo intacto el seguidismo ciego a ellos y a los supuestos "valores" ultrarreaccionarios que encarnaron, tan lejanos a los ideales de libertad, paz y justicia social propios no ya de las clases populares sino de la civilización contemporánea.

Aunque algunos no lo crean, el 17 de julio de 1936 no está tan lejano.

En la imagen que ilustra el post, el general Franco y otros oficiales golpistas se fotografían tras el funeral en Las Palmas del general Amado Balmes, a quien Franco ordenó asesinar (según acaba de demostrar el historiador Ángel Viñas) para tener una excusa que le permitiera desplazarse de Tenerife a las Palmas, donde le aguardaba el avión "Dragon Rapide" que le llevaría al Protectorado español de Marruecos, núcleo de la sublevación militar de julio de 1936.

domingo, 19 de junio de 2011

Izquierda Unida elige el suicidio político



La verdad es que personalmente no soporto al señor Fernández Vara, el candidato del PSOE a la Junta de Extremadura. El tipo en cuestión es un trapacero, desideologizado y catalanófobo burócrata carpetovetónico, digno heredero de su inventor, Rodríguez Ibarra, el tosco y aguerrido presidente extremeño que durante décadas no dejó de disparar verbalmente contra Jordi Pujol mientras procuraba imitar en todo -sobre todo en lo mucho malo- al casi eterno presidente catalán.

Pero entre echar a Fernández Vara de la política y entregar Extremadura al Partido Popular (PP) debería mediar un abismo, al menos para gente que dice ser comunistas, aunque cada vez dé más risa oírlos definirse así. Había otras soluciones obviamente, como exigir al PSOE que cambiara a su candidato. Pero no, los "komunistas" de Izquierda Unida (IU) han preferido reeditar la pinza y dejar al pobre Cayo Lara, el supuesto coordinador del cada vez menos partido y más grupúsculo, con el culo al aire. En realidad hace apenas unos días que la maquinaria estalinista de IU -es decir, lo que queda del PCE- ya se había puesto en marcha, pactando con el PP unas decenas de alcaldías en Andalucía y Extremadura. Detrás de toda esta mierda está naturalmente la mano del "kamarada" Anguita, el mismo canalla que en los noventa llevó a IU a la miseria moral y política pactando con los franquistas del PP la pretendida destrucción del PSOE; tan ingenuo como soberbio y prepotente, el grandísimo idiota creyó sinceramente a los Aznar, Anson y Pedro J. Ramírez cuando le prometían que la pinza IU-PP liquidaría al PSOE y que diez millones de votos de izquierda caerían inexorablemente en el cesto de IU.

De todos modos la atracción de Anguita por el franquismo no es nueva. Es bien conocida su tardía incorporación al PCE, luego de haber militado durante años en el falangismo de camisa azul y correaje y haber intentado ser guardia civil. Durante años el tipo disfrutaba leyendo en voz alta pasajes de obras de José Antonio Primo de Rivera, el ideólogo del fascismo español, para pasmo de los comunistas obligados a oírle. Un pobre diablo arrogante y pretencioso, maestrillo de escuela huero de conocimientos y empachado de retórica, armado intelectualmente con cinco céntimos de marxismo-leninismo alcanforado, trufado con el fascismo elemental joseantoniano. Este es el hombre que de nuevo conduce con paso firme a IU a la ruina, esta vez definitiva; detrás le sigue un cada vez más escúalido rebaño de borreguillos dispuestos a contentarse con las migajas que el partido franquista les arroja al suelo. Yo que Cayo Lara cogía la puerta y me iba a mi casa, antes de que le enmierden del todo.

La fotografía que ilustra el post corresponde a los años noventa, en plena conspiración para llevar al PP al Gobierno español, infamia en la que participó la IU dirigida por Julio Anguita (en la foto conversando con José María Aznar).

lunes, 13 de junio de 2011

Jesús Ulled y sus hermanos, una saga de políticos monegrinos en Barcelona


A petición de mi amigo el escritor y coleccionista zaragozano Roberto Mateo Caballero, anduve rastreando en Internet estos días información sobre un olvidado grupo llamado Juventud Republicana Aragonesa, que actuó en la Barcelona de principios del siglo XX.

He aquí lo que he hallado en relación a quienes fueron sus principales impulsores, la familia Ulled, originarios de Sariñena (Huesca), y a su actuación política a lo largo de la primera mitad del siglo pasado.

Político, abogado y periodista, Jesús Ulled Altemir muy probablemente nació en Sariñena en 1894, aunque algunas fuentes le dan por nacido en Huesca. Fallecido en Barcelona en1968.

Al igual que su padre, Antonio Ulled Ballarín, y sus hermanos Rafael y José, ambos nacidos en Sariñena, se trasladó a Barcelona, ciudad en la que militó desde muy joven en la órbita del Partido Radical, siendo toda la familia muy cercana a Alejandro Lerroux “desde sus primeras luchas en Barcelona”, como recordó el propio Lerroux en ocasión de un banquete celebrado en honor del político aragonés en 1932.

En la Ciudad Condal Jesús Ulled fue miembro destacado del grupo de sicarios lerrouxistas autodenominado Jóvenes Bárbaros, uno de cuyos principales líderes fue su hermano José, y fundador y líder de la organización político-cultural Juventud Republicana Aragonesa.

En 1909 Jesús y sus hermanos son acusados de ser instigadores de los incendios de iglesias y conventos durante la Setmana Tràgica barcelonesa, y han de huir de la ciudad (José se exilia en París). Las buenas relaciones de los Ulled con elementos militares les salvarán del destino que sufrieron inocentes como Francesc Ferrer i Guàrdia y otros.

En 1913 Jesús Ulled escribió en colaboración con Jaume Durany una obrita de teatro titulada El Divíno vagabundo, Dante Alighieri (episodio dramático en un acto y en verso), siendo ésta la única publicación que se le conoce.

De 1917 a 1919 José Ulled es consejero de Trabajo en la Mancomunidad de Prat de la Riba. En 1921, siendo el presidente del sindicato de periodistas barceloneses, sufre un atentado llevado a cabo por pistoleros del Sindicato Libre -que en esos años actuaban a sueldo de la patronal catalana Fomento del Trabajo Nacional, en connivencia con el gobernador civil, Martínez Anido-, de cuyas secuelas fallecerá en 1929. En ese año Jesús, que desde hace tiempo es corresponsal en Barcelona del diario El Liberal, es elegido presidente de dicho sindicato.

Impulsor de la Casa de la Democracia Aragonesa en Barcelona, Jesús Ulled fue uno de los elementos fundadores del Centro Aragonés de la capital catalana, entidad en la que estuvieron presentes los hermanos Ulled desde el principio y de la cual Rafael era presidente en 1928.

Durante la Segunda República, lejos ya de los ardores revolucionarios juveniles, los Ulled se convierten en políticos del sistema republicano, siempre cerca de Lerroux. Rafael tendrá su feudo electoral en Sariñena y Los Monegros, y será miembro de la ejecutiva nacional del Partido Radical aunque fracasará en sus intentos de ser elegido por Huesca. Jesús será primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona y subsecretario del Ministerio de Trabajo durante el Bienio Negro (1933-1935), la etapa republicana de gobierno radical-cedista.

Al producirse la sublevación militar de 1936 y fracasar ésta en Barcelona, Rafael, que se encuentra en la capital catalana, es detenido y encerrado en el barco-prisión Uruguay, fondeado en el Port Vell. En 1937 es sacado del barco por elementos anarquistas, y fusilado inmediatamente.

De Jesús no vuelve a haber constancia documental hasta su fallecimiento por causas naturales en 1968. El 20 de marzo de ese año el diario La Vanguardia le dedicó a Jesús Ulled una cumplida necrológica en la que da cuenta de su funeral, oficiado en la iglesia barcelonesa de Santa Maria del Pi, en el que según ese periódico se le tributaron honores de teniente de alcalde y al que asistió la flor y nata del periodismo franquista catalán de la época. Por su parte, el Colegio de Abogados de Madrid le incluyó en la esquela anual en honor de sus colegiados fallecidos en 1968 publicada en el diario ABC ése mismo año.

Ironías de la Historia: Jesús Ulled Altemir de cuerpo presente, en un funeral católico y recibiendo honores de jerarca franquista en una emblemática iglesia barcelonesa a la que probablemente pegara fuego sesenta años antes…

En la imagen, fotografía de Rafael Ulled durante los años de la Segunda República (tomada de la web de República-Huesca).

viernes, 3 de junio de 2011

La Historia asesinada. Un basurero franquista llamado Real Academia de la Historia



Resulta que la Real Academia de la Historia es un cubo de basura en el que se han atrincherado un puñado de ratas infectadas de puro franquismo. Resulta que esta gente ha defecado un Diccionario Biográfico Español que nos ha costado 6 millones de euros a los contribuyentes, en el que se dicen gilipolleces fascistas del estilo de que el Régimen de Franco no era una dictadura sino acaso un sistema un tanto autoritario y al mismo Franco se le describe como "católico, inteligente y moderado"; la presidencia de Negrín, por el contrario, es calificada como "casi una dictadura", en tanto del intento de Golpe de Estado militar del 23-F se dice que fue apenas un "suceso". El número de estupideces apolilladamente fachas que contiene el Diccionario de marras parece no tener fin.


Lo bueno del caso es que el tipo que ha dirigido el invento, un tal Luis Suárez, un "intelectual" franquista de larga y notoria trayectoria (miembro del Opus Dei, máximo responsable de la Hermandad del Valle de los Caídos y miembro del consejo editorial de la publicación ideológica fascista Razón Española), pretende hacerlo pasar como fruto del pensamiento "liberal" que según él reina en la institución en la que acampan él y sus secuaces. Y es que la Real Academia de la Historia es en realidad, más que una gozosa y gozada sinecura, un putrefacto nido de fachas insolentes que pretenden tomarnos el pelo a todos. Respecto a la altura intelectual del chinguito y a lo que se puede esperar de sus beneficiados dan fe los nombres de sus miembros, en su mayoría afectos a la pura extrema derecha política más radical: pseudohistoriadores como Carlos Seco Serrano, jerarcas eclesiásticos como el portavoz de la Conferencia Episcopal Española Antonio Cañizares, poetastros como Luis Alberto de Cuenca, militares y aristócratas de rancio apellido como Hugo O'Donnell, y en fin, una lucida colección de especímenes por el estilo.


En tales manos anda en España la elaboración del discurso oficial sobre nuestra Historia.


Se impone la exigencia de la retirada inmediata de esa obra inmunda y la dimisión urgente de sus responsables. Y un camión de recogida de basura que despeje tanta mierda acumulada en ese tenebroso reducto franquista, para que de una vez por todas se abran sus ventanas y entren allí la luz y el sol.

En la fotografía que ilustra el post, el "moderado" general Franco saluda al modo fascista mientras pasea al lado del hombre al que le debía su poder en España, según escribió Goebbels en sus diarios ("Franco ha subido al poder sobre nuestras espaldas"), tal como recoge Paul Preston en su "Franco, caudillo de España").

miércoles, 30 de marzo de 2011

Los niños robados por el franquismo


En las últimas semanas ha estallado en España un escándalo de proporciones monumentales relacionado con la memoria histórica y que ejemplifica como pocos el clima de corrupción material, degradación moral e impunidad criminal que caracterizaron al Régimen franquista.

Se trata del conocimiento público del robo de decenas de miles de niños recién nacidos organizado durante décadas por redes en las que participaban miles de funcionarios, tanto del Régimen (médicos, enfermeras, policías, jueces...) como del que fuera su principal aparato ideológico de legitimación, la Iglesia católica (curas, monjas y jerarcas). Desde el final de la guerra de España hasta los años setenta, estos criminales sin escrúpulos arrebataron sus bebés a mujeres presas catalogadas como "rojas" o que simplemente se hallaban en situación de extrema pobreza, algo habitual en la larga postguerra española; aprovechándose de la indefensión de las víctimas los secuestradores se hacían con las criaturas en los mismos hospitales en los que sus madres acababan de darles a luz, para entregarlos de inmediato a familias del Régimen o conectadas con éste.

Lo que en los años cuarenta y cincuenta comenzó siendo una actividad de contenido ideológico -se trataba de "educar" a los recién nacidos en un ambiente de "gente de bien"-, se transformó luego en un negocio de compraventa que movió millones de pesetas hasta los primeros años de la Transición. La brutalidad y falta de escrúpulos de los miembros de esta hiper mafia resultan sencillamente asombrosos, incluso para quienes ya sabíamos del increíble grado de abyección al que llegaron los servidores/beneficiarios del Régimen franquista.

Desvelar responsabilidades concretas con nombres, apellidos y cargos, es la tarea a la que comienzan a aplicarse diversos colectivos integrados por quienes se saben o se sospechan "niños robados". Veremos si una vez más funcionan los mecanismos de encubrimiento habituales en estos casos -véase lo ocurrido con el juez Garzón como consecuencia de su intento de investigar los crímenes contra la Humanidad franquistas-. La verdad es que uno no se hace demasiadas ilusiones máxime cuando sabemos que entre los posibles imputados habría de figurar un buen puñado de sacerdotes y monjas, siendo como es la Iglesia católica española intocable para la justicia.

En la fotografía que ilustra el post, un grupo de niños son obligados a saludar al estilo fascista en un hospicio durante los primeros años del Régimen franquista.

domingo, 30 de enero de 2011

Barcelona retira el último símbolo civil franquista


El último símbolo civil del franquismo en Barcelona ha sido desmontado esta mañana. Trabajadores del Ayuntamiento de Barcelona han retirado la estatua de la Victoria (sic), en el cruce entre el Passeig de Gràcia y la avenida Diagonal. Se cumple así la Ley de la Memoria Histórica, liberando por fin a la ciudad de un infame y muy visible símbolo del oprobio al que fue sometida tras ser invadida por el Ejército fascista del general Franco en enero de 1939.

Centenares de personas han asistido al momento portando banderas republicanas. Muchos han aplaudido cuando la grúa ha levantado en el aire la figura, que por increíble que parezca seguía en su pedestal saludando al estilo fascista treinta y cinco años después de la muerte del criminal cuya victoria sobre su propio pueblo celebraba.

A muchos nos hubiera gustado que esa basura en bronce hubiera sido destruída allí mismo. Sin embargo parece que será relegada a un almacén del Museo de Historia de la Ciudad. Quizá el sitio más adecuado para ubicarla fuera alguna cloaca ciega o un basurero municipal.

Ahora, en Barcelona ya solo algunos edificios militares exhiben emblemas franquistas en sus fachadas. Veremos quién le pone el cascabel al gato y libera de una vez el paisaje urbano de gallinas coronadas, yugos, flechas y demás simbología fascista, habida cuenta lo que ha costado terminar con los símbolos colocados en mitad de la calle.

En la fotografía de El País que ilustra el post, banderas republicanas ondean mientras es levantado en el aire el símbolo fascista desmontado hoy en Barcelona.

lunes, 20 de diciembre de 2010

La muerte, esa demócrata insobornable



(en memoria de Sebas)


En un solo día recibo tres noticias de esas que nos recuerdan que además de humanos, somos frágiles y perecederos.

De buena mañana dos correos casi simultáneos me informan del no por esperado menos doloroso fallecimiento de Sebastián, nuestro SMG310 del blog "Fuego Amigo", en Público. Al mediodía en un vermut navideño me encuentro con Jesús, compañero laboral y político de hace casi 30 años, que me cuenta que le acaban de hacer un cateterismo en la aorta después de que tras un desmayo descubrieran los médicos que tenía tres arterias casi taponadas. Se libró por los pelos. Y en fin, a la caída de la tarde paso por delante de la Pl. Sant Jaume y me encuentro a M.A. saliendo del Ayuntamiento, otro viejo rockero a quien conozco desde los tiempos de Convergència Socialista de Catalunya, en los últimos años cargo de cierta relevancia orgánica municipal y a quien veo de uvas a peras; le felicito las fiestas, y me deja helado al comentarme inmediatamente con enorme tristeza que su mujer acaba de fallecer hace poco por causa de un derrame cerebral.

Los protagonistas de estos tres casos tenían o tienen entre cincuenta y tantos y sesenta y muy pocos años. Evidentemente solo se mueren los vivos, pero en días así es fácil pensar que la vida es una porquería y que al final, lo realmente absurdo no es morirse sino estar vivo. Nuestro hilo vital es tan sutil, delicado y quebradizo, que el que se rompa de manera inopinada no debería sorprendernos demasiado.

De todos modos lo verdaderamente sorprendente es lo que suele costarles morirse a los hijos de perra bípedos. Ahí tienen al general Franco, sin ir más lejos, a quien tuvo que ultimarlo su propio yerno en funciones de médico de cabecera/matarife despiadado: la carnicería que le hizo no llegamos a deseársela entonces ni sus peores enemigos. ¡Lo que le costó a Franco morirse, y en qué condiciones lo hizo!. Pero vivió sus buenos ochenta y tantos años. Y bueno, por ahí corre todavía el carcamal que ejercía de ministro de Propaganda del régimen franquista, copartícipe de las penas de muerte que firmaba el Consejo de Ministros de la dictadura (militar, por supuesto), y que más tarde como ministro del Interior asistió impertérrito y siempre de viaje (¡qué casualidad!) a las cacerías de rojos organizadas por los "incontrolados" controlados por sus subalternos en el ministerio: Montejurra, catedral de Vitoria, Térmica del Besós...

De todos modos, ni siquiera él se librará. Al final la muerte es lo único verdaderamente democrático, y todo lo iguala con su guadaña. Y es que estaría bueno que los ricos o los hijos de perra se libraran, sólo por ser de derechas y darse muchos golpes de pecho en un confesionario.

La ilustración es un fotograma de la película El séptimo sello (1957), del director sueco Ingmar Bergman.

martes, 16 de noviembre de 2010

Con Berlanga desaparece el mejor cine español


El fallecimiento de Luis García Berlanga, o Luis Berlanga, como era más conocido, deja al cine español sin el que acaso haya sido el más grande de sus directores. Berlanga es una leyenda viva de la pantalla desde hace sesenta años, aunque ya llevara una década sin dirigir. Sus últimos años los ha vivido bajo el doble impacto del Alzheimer y de la muerte de su hijo Carlos.

Mucho antes de esta etapa final triste y alejada de todo, Berlanga fue un valenciano creativo y chispeante que supo captar como nadie la esencia de aquella España sórdida y cateta, inmersa en el período más lóbrego de su historia. Aún así, a pesar de reflejar fidedignamente el ambiente social de la España sometida al franquismo, sus peliculas siempre alumbraban una sonrisa en el espectador y hacían penetrar un rayito de esperanza entre tanta desolación y miseria implacablemente retratadas por su magia.

Y es que el cine de Berlanga resulta demoledor y ácido, pero nunca agrio ni destemplado, ni mucho menos panfletario. Sus personajes son personas humildes, desgraciados en el más amplio sentido de la palabra, y están tratados con mucha ternura y hasta compasión; antihéroes inmersos en situaciones cotidianas pequeñas, en cuyo trasfondo está siempre presente la lucha por la supervivencia; seres enfrentados al hambre, el frío, las estrecheces en general y sobre todo, con la enorme tristeza que imperaba en aquella España terrible.

Claro que Berlanga jugaba con ventaja: en ese buen hacer cinematográfico contó siempre con la inestimable ayuda de Rafael Azcona, probablemente uno de los cuatro o cinco mejores guionistas del cine mundial de todos los tiempos. Los guiones de Azcona derrochaban humor, delicadeza, mala leche y capacidad de observación social casi a partes iguales, en un cóctel explosivo que recuerda al maestro de maestros, Willy Wilder, que como es sabido además de director genial fue un extraordinario guionista. Azcona y Berlanga trabajaron de modo tan compenetrado, que probablemente deberían haber firmado conjuntamente los guiones y la dirección de los filmes que fabricaron entre ambos.

La carrera de Berlanga se inició en los primeros años cincuenta. En esa época colaboró estrechamente con Juan Antonio Bardem, otro director mítico, del que aprendió los fundamentos del oficio. Es curioso que dos hombres de temperamento e ideas políticas tan distintos -Bardem era comunista acérrimo, y el Berlanga de entonces falangista, ex miembro de la División Azul-, congeniaran hasta el punto de codirigir algunas películas. La consagración le llegó a Berlanga muy pronto, en 1952, con "Bienvenido Mr. Marshall", una película que vista desde hoy no se entiende cómo pudo pasar intacta la censura, siendo como es una sátira tan feroz de aquella época. Bardem explicó hace unos años que ello se debió seguramente a la conjunción de tres factores: la adscripción política/social de Berlanga, que hacía intocables su persona y sus películas; la convicción de censores y críticos cinematográficos de que aquel film no era más que un juguete cómico; y el que en él quedara malparada la imagen de los norteamericanos, algo que agradaba a un régimen que aún no había perdonado a sus nuevos aliados la derrota de sus amigos nazis y fascistas. La fama de Berlanga, entonces un joven brillante, divertido y un poco gamberro pero dentro del sistema, debió acabar de convencer a las autoridades franquistas de que "Bienvenido Mr. Marshall" era un producto inofensivo. Luego vendrían "Plácido" (1961), "El verdugo" (1963), y ya en democracia, "La escopeta nacional" (1977), verdaderas obras maestras del cine universal, entre otros filmes rodados entre mediados de los cincuenta y finales de los setenta. En los años ochenta y noventa las películas de Berlanga pierden progresivamente frescura e interés, incluso llegan a ser repetitivas en cuanto a temas y situaciones; el talento creativo de Berlanga no se adaptó bien al comercialismo que comenzó a a dominar la industria cinematográfica española a partir precisamente del final del franquismo, ni a los cambios en el gusto del espectador medio.

Para siempre nos quedarán no obstante sus obras maestras, entre las que si hubiera de escoger una me inclino sin dudarlo un instante por "Plácido", esa descripción de una tarde de Navidad a la española de principios de los sesenta narrada en clave de humor negro negrísimo, con un pobre diablo al que le vence una letra del motocarro del que malvive su familia y un hermano que ha afanado una cesta navideña que debía haber entregado en una casa bienestante; el sueño de meterle el diente a un jamón serrano como epítome de una España con un hambre de siglos, ansiosa de "comer a la americana" como dice uno de los personajes, una España en la que en vez de la de Franco reinaba la filosofía de Carpanta, el personaje de historieta que vivía bajo un puente y deliraba con pollos asados volando alrededor de su cabeza.

Los personajes de "Plácido" no eran malos, eran pobres. Los malos de verdad eran los cabrones de ricos que, como en la vida misma, se acaban comiendo la cesta de Navidad.

La imagen que ilustra el post es un fotograma de "Plácido", de Luis Berlanga. Entre los actores puede reconocerse a José Luis López Vázquez, Manuel Alexandre, Cassen y otros rostros de la época.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Cayo Lara, benemérito compañero de viaje


La foto del coordinador de Izquierda Unida (IU), el señor Cayo Lara, poniendo cara de satisfacción mientras agarraba la pancarta de la cabecera de la manifestación de guardias civiles celebrada ayer en Madrid, teniendo a sus espaldas los cartelones del sindicato corporativo en el que se organizan estos señores, es sin duda una de las imágenes más esperpénticas del año, digna de figurar en el Museo Dalí de Figueres por cuanto tiene de aportación al surrealismo. A más de un viejo militante comunista se le habrá desbocado el corazón al ver a su líder en tan benemérita compañía, a la que en declaraciones efectuadas sobre el terreno el máximo dirigente de IU ofreció toda clase de apoyos en sus reivindicaciones.

Dicen que la política hace extraños compañeros de cama y suele juntar a todavía más raros compañeros de viaje, pero el idilio entre el líder comunista y los "trabajadores" de la Guardia Civil nos sume a muchos en la perplejidad. Baste decir que los reivindicativos señores del tricornio llamaron a gritos "caudillo" a Pérez Rubalcaba, el ministro del Interior; conociendo los antecedentes del Benemérito Cuerpo me queda la duda de si era un insulto o una alabanza. ¿Ustedes que creen?.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Wilebaldo Solano, la última leyenda del POUM


Hoy ha muerto Wilebaldo Solano, acaso el último dirigente del POUM que seguía entre nosotros. Durante décadas fue una especie de memoria andante del partido que mejor encarnó los sufrimientos y las contradicciones de la zona republicana durante la guerra de España, acaso porque el POUM lo quería todo y a la vez: ganar la guerra y hacer la revolución. No consiguieron ni una cosa ni la otra, y mientras sus milicianos morían en el frente sus dirigentes eran encarcelados, muertos o exiliados antes de que los franquistas democratizaran la represión, extendiéndola a estalinistas y poumistas, a anarquistas y socialistas, a republicanos liberales y a nacionalistas de cualquier nacionalidad que no fuera el Imperio de Isabel y Fernando.

Más tarde Wilebaldo Solano fue un exiliado tozudo, de los que regresaron a España para seguir la lucha desde dentro. Una doble lucha: contra el franquismo desde luego, pero también contra el otro fascismo: el de Moscú, el que representaba el estalinismo aparentemente triunfante en la izquierda durante los años cuarenta a setenta. Luego el comunismo oficial fue al basurero de la Historia, y la gente como Solano, perseguida, amenazada y en la medida de lo posible, silenciada, pudo recuperar presencia pública y desde la experiencia, hablarnos a las nuevas generaciones. Para entonces el POUM ya sólo era un recuerdo lejano y un festín para los historiadores.

Conocí a Wilebaldo Solano una obscura tarde de invierno, a mediados de los años noventa, cuando alguna gente de izquierdas de diversos partidos intentábamos que la sociedad no se resignara a aceptar lo que nos había caido encima: el gobierno de Aznar y la hegemonía del PP en la política española. Amigos comunes nos pusieron en contacto, y como digo vino una tarde a mi despacho para hablar conmigo. Le recuerdo como un hombre mayor, enjuto, pulcramente vestido con traje, chaleco granate de punto y corbata antigua, con el abundante cabello blanco perfectamente recortado y unas gafas de pasta negra que le daban un aire de profesor emérito. Hablaba pausado, con una perfecta pronunciación propia del castellano viejo que era, escogiendo las palabras cuidadosamente de un amplio vocabulario con el que construía frases simples y eficaces. Habló durante bastante rato, y le escuché con respeto y cierto distanciamiento. Cuando hablé yo, quedó claro que no íbamos a entendernos; entre los dos había casi medio siglo de distancia, y experiencias políticas y vitales muy distintas. En resumidas cuentas me pareció un hombre que seguía fiel al viejo perfil poumista, y que por tanto continuaba inscrito políticamente en algún punto intermedio entre el comunismo heterodoxo y el socialismo de izquierdas. Supongo que para entonces hacía ya muchos años que debía haberse desprendido de la vieja concepción bolchevique del partido "de" y "para la Revolución, pero alguna reminiscencia le quedaba. Internacionalista, simpatizaba con el nacionalismo catalán de izquierdas, aunque no sé si llegaba a percibir que el contemporáneo no tenía nada que ver con el que él conociera en sus años juveniles en Barcelona. En resumidas cuentas me pareció un personaje de otro tiempo, y acaso lo fuera.

Antes de despedirnos me regaló un librito suyo, una biografía de Andreu Nin escrita en catalán, que me entregó ya dedicado "molt cordialment". Lo tengo ante mí ahora. En la portada hay una fotografía de Nin y Solano conversando relajadamente. Wilebaldo es ahí un joven que sin embargo resulta idéntico al hombre que conocí ya en una vejez avanzada. No sólo físicamente, su gesto y la manera de escuchar (atento, el ceño fruncido y la boca entreabierta) resultan asimismo idénticos en una y otra época de su vida. Por decirlo de otra manera, Solano fue un hombre que consiguió ser el mismo y él mismo a lo largo de toda su vida, algo que no suele ser frecuente ni siquiera entre los hombres de su generación.

En la fotografía que ilustra el post, la misma que aparece en la portada del librito mencionado, Solano (a la derecha de la imagen) conversa con Andreu Nin (a la izquierda).

domingo, 22 de agosto de 2010

Un facineroso en Melilla

Durante la semana que hoy finiquitamos un servidor se ha dedicado al senderismo, la lectura y la meditación, degustando a grandes sorbos el silencio y la tranquilidad de las cumbres pirenaicas, amén de ponerse las botas con potentes platazos montañeses y ricos vinos del Somontano vecino.

Este perfecto equilibrio entre el ideal estoico y el epicúreo sólo se ha visto comprometido (pasajeramente) una noche en que tuve la maldita idea de encender el televisor en la habitación de mi hotel, y conecté con CNN + para ver qué pasaba peñas abajo de mi monacal (y transitorio, por desgracia) retiro. Nunca lo hubiera hecho. De inmediato apareció en la pantalla el rostro de alimaña resabiada que luce don Jose María Aznar López, ex presidente del gobierno de España, la tercera pata del Trío de las Azores ya saben, el que ponía los pies en la misma mesita de café que George Bush hijo, el héroe de la Reconquista de Perejil y otras "fazañas" de similar corte matonil cuando no genocida: ahí está el pudridero humano de Irak para atestiguarlo. Ya se sabe que a los falangistas de vieja escuela, como lo es Aznar, lo de las cunetas con cadáveres de civiles les pone el mástil en primer tiempo de saludo.

El caso es que en mi televisor el pavoroso personajillo asomaba su torva mirada a la frontera de Melilla, acompañado de un lucido séquito de individuos con cara de no atreverse ni a respirar en su presencia. De entrada llamaba la atención que en tanto sus acompañantes iban en general en camisa o con americanas de verano, don José María Aznar aparecía cubierto con una indescriptible cazadora de corte sahariano que doblaba el volumen natural de su tronco, y cuyas mangas llevaba el eximio prócer arremangadas hasta casi los codos: sólo le faltaba el salacof o mejor, el fez rojo de los Regulares melillenses para estar hecho un verdadero Conquistador de África. En el puesto fronterizo no había moros en la costa, obviamente; debían haber huído todos despavoridos ante la presencia del caudillo cristiano.

Apagué el televisor. Pensé que realmente hay que ser muy canalla como persona y andar muy desesperado políticamente para intentar meter la cuchara en una situación de tensión fronteriza entre tu país y un vecino. Lo que ha hecho Aznar es indecente, y probablemente merecedor de la atención del Fiscal General del Estado; el ex presidente español no fue a Melilla para ayudar a rebajar la tensión, sino a arrojar gasolina en el incendio. El Reconquistador de Perejil fue a la raya fronteriza a enseñar los colmillos a los marroquíes en particular y a los musulmanes en general, y de paso a dejar descolocado ante el mundo al Gobierno de su país, en un momento en el que hasta el rey de España ha intervenido para apaciguar los caldeados ánimos entre los dos países.

La presencia de este facineroso en Melilla constituye otro hito que se pretende épico pero en realidad resulta patético, en una biografía trufada de momentos que deberían hacerle caer la cara de vergüenza a sus asesores de imagen. Porque el resultado de esas imágenes televisivas no es otro que la continuidad inexorable en la destrucción de la imagen pública de este hombre entre la gente sensata, además del crecimiento del guerrerismo criminal en los sectores más enloquecidamente reaccionarios de la derecha extrema/extrema derecha española. Esa ha sido la única contribución real de Aznar generada por su visita/razzia a Melilla.

En la fotografía, un guardia civil destinado en Melilla estrecha la mano del ex-presidente Aznar. Sin comentarios.

viernes, 13 de agosto de 2010

Contra la ideología de la reconciliación


Un magnífico artículo del historiador Ricard Vinyes en El País de ayer desmonta el mito ideológico de la reconciliación como un bien en sí mismo que ha de prevalecer por encima de todas las cosas. Cuando la reconciliación se convierte en ideología, viene a decir Vinyes, su utilización política deviene un modo de acallar la reivindicación de justicia e imponer el silencio a los agraviados.

Nada tienen que ver pues las políticas de reconciliación con la imposición de la ideología de la reconciliación. cuya función principal es que los responsables de los crímenes o sus herederos directos o putativos puedan escapar a la acción de la justicia y sobre todo, del conocimiento de los hechos reales. En España sabemos mucho de esto, visto el modo en que se cubrió con el manto del olvido los crímenes del franquismo, y el modo en que los sedicentes herederos de aquél régimen aprovecharon tal circunstancia. No es extraño por tanto que pasados 30 años de "silencio administrativo" sobre los crímenes de la forma española de fascismo, la derecha franquista más o menos "aggiornada" que encarna el Partido Popular se atreva a reivindicar por boca de Mariano Rajoy, su máximo dirigente, aquellos años en que todo horror fue posible, ya que "durante el franquismo muchos españoles vivían espléndidamente"; y es que visto que una guerra de exterminio contra su propio pueblo y 40 años de feroz dictadura les han salido gratis, ¿por qué no dar un paso más y reivindicar las presuntas bondades del régimen y hasta su actualidad, tal como se ha comenzado a hacer con total impunidad desde medios de comunicación ultrareaccionarios?.

Es así como en España se ha negado el conflicto histórico en vez de resolverlo, y sobre esa ausencia se ha construido un sistema político y de convivencia que se pretende además ejemplar. Mayor ingenuidad o mayor cinismo, según casos, resulta imposible. Lo que a estas alturas ya resulta meridianamente claro es que el invento no puede seguir funcionando durante más tiempo; la mascarada ya resulta insostenible. Es como si Alemania en vez de haber saldado cuentas con el nazismo a partir de 1945, hubiera pretendido meterlo debajo de la alfombra con la aquiescencia de todas las fuerzas políticas, y se sostuviera su reivindicación como fenómeno histórico positivo por parte del partido democristiano, la derecha alemana.

Según Ricard Vinyes, en España el Estado nunca ha considerado como parte constitutiva del bienestar ciudadano "el conocimiento y responsabilidades de la devastación humana y ética que había provocado el franquismo, ni la restitución social y moral de la resistencia (al régimen franquista), ni el deseo de información y debate que sobre aquél pasado inmediato iba expresando la ciudadanía más participativa". Al cabo esas demandas eran y son juzgadas desde las instancias gubernamentales "como un peligro de destrucción de la convivencia", remata Vinyes. A la luz de este planteamiento se entiende mejor la Ley de Memoria Histórica y su nula eficacia política y administrativa. En ese marco político-jurídico viciado se ha creado en los últimos años la figura del "sujeto-víctima", como "institución moral y jurídica" que elimina el problema del contexto y se centra en exclusiva en el sufrimiento personal, "desde el principio de que todos los muertos, torturados y ofendidos son iguales". Es obvio que lo son en tanto que seres humanos, ilumina Vinyes, pero extraer conclusiones de carácter político general a partir de esa circunstancia es simplemente un modo de oscurecer la cuestión y en definitiva, de llevar el agua al molino de los verdugos. Como ya he escrito en ocasiones anteriores aquí mismo, no puede compararse en cantidad y calidad a los victimizados por el franquismo entre 1936 y 1975 con quienes padecieron esa misma suerte en la zona republicana entre 1936 y 1939. Y no sólo porque el número es incomparablemente mayor en el primer caso, sino porque asesinatos, torturas, detenciones y exilio eran modalidades de un plan de acción perfectamente orquestado desde los aparatos del Estado franquista, ejecutado con toda precisión. Véanse las declaraciones del capitán Aguilera, uno de los jefes de prensa de Franco durante la guerra, recogidas por Antony Beevor en su "La guerra civil española", en el sentido de que los franquistas se proponían "exterminar a un tercio de la población masculina de España, como modo de acabar con el proletariado" (sic). Por el contrario, los crímenes acaecidos en la zona leal durante los primeros meses de la guerra respondían a la quiebra del Estado republicano, acontecida precisamente como consecuencia de la rebelión militar de julio de 1936, y su práctica era llevada a cabo por sectores populares que actuaban por su cuenta; así fue hasta que meses más tarde, ya bajo el gobierno encabezado por Juan Negrín el Estado republicano pudo retomar el control en su zona y restaurar la legalidad.

Se trata pues precisamente de oponer políticas activas de reconciliación a lo que no es más que retórica vacua ideológica cuyo objetivo último es el encubrimiento de la verdad. Para que se produzca una real reconciliación entre los ciudadanos de este país y de todos ellos con su pasado histórico, es imprescindible el ajuste de cuentas jurídico, político y cultural con éste. De lo contrario la herida lejos de cicatrizar, continuará manando indefinidamente entre aquellos que 70 años después de los hechos, siguen reivindicando ante los poderes públicos que les permitan sacar los huesos de sus parientes arrojados a las cunetas de las carreteras de España, para poder darles sepultura digna donde ellos quieran.

jueves, 3 de junio de 2010

Tribunal Supremo: el supremo desmadre franquista





Tras un juicio celebrado presuntamente con todas las garantías constitucionales habidas y por haber, el Tribunal Supremo acaba de confirmar la condena impuesta al actor Pepe Rubianes "por vulnerar el derecho al honor del alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote, del Partido Popular (PP)" (sic).

Dice El País de hoy que la condena "fue dictada en 2007 por la Audiencia de Salamanca, que consideró probado que Rubianes había escrito en un portal de noticias sobre los papeles de Salamanca" una serie de calificativos destinados al susodicho alcalde ("idiota" y "desgraciado") "por su postura, contraria a la salida de los papeles del Archivo de la Guerra Civil". Finaliza la breve nota del diario madrileño informando que "En primera instancia, se desestimó la demanda del alcalde. La sentencia fue revocada por la Audiencia de Salamanca y ahora ha sido ratificada por el Supremo".

El asunto resultaría en sí bastante anodino sino fuera por el pequeño detalle de que Pepe Rubianes lleva 15 meses muerto, ya que falleció el 1 de marzo de 2009. Y sin embargo el Supremo "ratifica" ahora la sentencia, es decir le da validez plena.

Lo importante del caso no es que el Supremo, ése mismo alto tribunal que dedica su valioso tiempo a intentar arrancarle la cabellera al juez Garzón por intentar investigar los crímenes del franquismo y la trama de corrupción Gürtel, entre otros graves y altos asuntos patrios, tenga a bien invertir una parte de ese bien tan escaso en atender un rifirrafe tan ridículamente menor cual es que ciudadano llame a otro "idiota" y "desgraciado" (entre paréntesis, a estas horas deben estar frotándose las manos en los programas "rosas" de Telecinco y Antena 3, imaginando la cantidad de demandas entre el famoseo nacional que a partir de ahora pueden acabar desenvocando en las salas de tan severo Tribunal, con la consiguiente repercusión favorable que ello tendría en los índices de audiencia de esos programas). Lo substancioso de este caso es sin embargo, el descaro conque el Tribunal Supremo aplica en este caso una vara de medir tramposa y por qué no decirlo, repugnantemente parcial y teñida de ideología de la peor especie. Me explicaré.

El fundamento mismo de la querella contra Baltasar Garzón, promovida y desarrollada con la bendición del Supremo, arranca precisamente de la constatación de que este juez pretendió actuar contra personas ya fallecidas cuando decidió abrir causa contra los crímenes del franquismo. Recordemos las risas en la perrera mediática cuando Garzón pidió el certificado de defunción del dictador Francisco Franco: "¿Garzón no sabe que Franco está muerto? jajaja". Los voceros de la caverna y las alcantarillas fingían olvidar que en España no puede encausarse -ni por tanto, absolverse o condenar- a un fallecido. Por eso Garzón pidió el certificado de defunción de Franco, para que legalmente quedara asentado el rumbo que debía tomar el caso; lo que pretendía Garzón en suma no era procesar a Franco, naturalmente, sino abrir una vía legal para la condena del régimen franquisma y la reparación de sus víctimas. Este procedimiento es el que está a punto de costarle la carrera judicial, en acción nominalmente iniciada por dos grupúsculos fascistas y legalmente amparada por el Tribunal Supremo. El mismo Tribunal Supremo que sin embargo, no tiene empacho en ratificar una sentencia contra un ciudadano ya fallecido que llamó idiota a un individuo al que por cierto, y vista su actuación en el llamado caso de los papeles de Salamanca, cabría llamar cosas bastante más fuertes. Ocurre que el ahora sentenciado en firme por esta banda de marrulleros con toga era un "rojo" irredento, al que por lo visto no bastaba cuando estaba vivo con amenazarle de muerte a través de los controladísimos "incontrolados" de siempre: había que escarnecerle incluso después de muerto mediante una sentencia ejemplar.

En resumidas cuentas, el Tribunal Supremo acaba de proclamar "urbi et orbe" que el honor de un botarate es un bien que debe ser objeto de protección y reparación en su caso, pero no así la memoria y la dignidad de cientos de miles de españoles asesinados por el mayor criminal de la Historia de España.

Esta es la justicia española, y éste el Estado de derecho que dicen tenemos.