domingo, 22 de julio de 2007

Jesús de Polanco, un empresario español distinto


Jesús de Polanco ha sido una rara avis en el panorama empresarial español, sobre todo entre los dueños de los medios de comunicación: un empresario inteligente y demócrata, y no necesariamente en ese orden.

Polanco no era un hombre de izquierdas, simplemente fue un tipo listo que hace ya treinta y tantos años, con el general Franco aún vivo, llegó a la conclusión de que en España había público para un potente proyecto de medios de comunicación de izquierdas: acertó plenamente, y eso es lo que no le perdonan sus enemigos, que por lo demás lo son de la democracia y de los demócratas en España. Basta recordar las maniobras contra PRISA y el trato dispensado a Polanco por el gobierno Aznar, su perrera mediática y algún juez prevaricador a su servicio.

Acotación final: casi me meo de la risa viendo en la tele a Rajoy presentar sus condolencias por el fallecimiento de Polanco. ¿Pero estos tiparracos del PP piensan que este país está poblado por imbéciles, o qué?. ¡Fariseos de mierda!.

domingo, 15 de julio de 2007

¡Viva Iberia!


El portugués José Saramago es una de las mentes más lúcidas que quedan sobre la vieja Balsa de Piedra (así llamó a la Península Ibérica en una de sus más divertidas e intencionadas novelas), cuya superficie comparten desde hace siglos el Reino de España, la república de Portugal, el principado de opereta llamado Andorra, y la colonia de Su Graciosa Majestad que responde por el nombre de Gibraltar. Pocos intelectuales de la talla de este hombre sobreviven en el peñasco ibero en estos tiempos de globalización y pensamiento único.

A sus 85 años, Saramago acaba de lanzar una bomba de grueso calibre sobre el adormecido escenario político, social y cultural ibérico: su convencimiento de que el futuro para los (hoy) dos Estados que ocupan la Península pasa irremediablemente por un proyecto iberista. En realidad no hay otro futuro para ambos, viene a decir en una larga y enjundiosa entrevista en el lisboeta Diário de Notícias.

Nada nuevo, en todo caso: así lo llevan señalando desde hace más de un siglo distinguidos intelectuales portugueses, todos ellos -no puede ser de otra manera- de izquierdas. Ocurre que el sueño de la unidad ibérica comienza a calar entre una parte notable de la población portuguesa. Y la voz poderosa y respetada de Saramago le confiere una dimensión pública y una presencia en los medios que hasta ahora no ha tenido.

Falta conocer la reacción de la parte española, la política y la popular, ante estos planteamientos. En todo caso el iberismo no debe entenderse como la absorción del Estado portugués por su vecino español -vieja aspiración de la derecha reaccionaria española-, sino como la creación de un ente superador de ambos en el que de una puñetera vez quepamos a gusto, en plano de igualdad y de respeto mutuo, todos los hijos de Iberia. Y todos significa eso, todos.

La República federal ibérica se acerca. Algún día le dedicará un busto a José Saramago, uno de sus más ilustres y preclaros precursores.
¡Viva Iberia y viva Saramago!.

miércoles, 11 de julio de 2007

Juan Negrín en Barcelona. La resistencia era posible


La presencia en Barcelona de la exposición en torno a Juan Negrín, eminente neurólogo e investigador científico y presidente que fuera del gobierno de la República española entre 1937 y 1939, constituye o mejor dicho, habría de constituir, un acontecimiento cultural y político de primer orden.

Y sin embargo el evento está pasando bastante desapercibido. Probablemente la causa sea el escaso interés que la clase política en general y la catalana en particular, tienen en rescatar la memoria de aquél hombre íntegro y capaz a quien difamaron y calumniaron por igual tanto los capitostes franquistas como algunas distinguidas personalidades republicanas, incluidos varios significados dirigentes de su propio partido, el PSOE.

Fue Negrín hombre de una sola pieza y de profunda lealtad a sus convicciones socialistas y republicanas. Sin embargo, para la historiografía carpetovetónica a sueldo, la que de 1939 a hoy escriben con brocha gorda los plumillas enfeudados a la derecha y también algunos situados en cierta “izquierda moderada”, Negrín habría sido un fanático bolchevique al servicio de la Unión Soviética o bien un pusilánime inepto controlado por los comunistas; nada que ver con la realidad, pues Negrín fue cualquier cosa menos un radical o un títere. Hombre dotado de enorme inteligencia, especial claridad de juicio y sobre todo de una energía que desgraciadamente no abundó en las filas gubernamentales durante el período 1936-1939, su legado es de el quien lo dio todo por la causa por la que se batió uniendo su suerte personal a la de aquellos por quienes de modo voluntario lo apostó todo, arrostrando finalmente su misma desgracia; él, que sólo unos años antes tuvo abiertas de par en par las puertas de todos los honores científicos y mundanos.

Juan Negrín López nació en 1892 en Canarias, en el seno de una familia burguesa y liberal. Estudió medicina en Alemania, y pronto descolló como neurólogo eminente. Discípulo preferido de Ramón y Cajal, formó a su vez a personalidades de talla mundial como Severo Ochoa y Grande Covián. Siempre se sintió muy unido a la cultura alemana y a Alemania, país donde se casó con María Fidelman, una joven de origen ruso, con la que tuvo cinco hijos –sobrevivieron tres- y compartió el resto de su vida.

En 1929 Negrín se afilió al Partido Socialista, donde se alineó rápidamente con el ala centrista de Prieto, su mentor y amigo durante años, lejos de la izquierda “revolucionaria” de Largo Caballero y del ala derecha que encabezaba Besteiro. La llegada de la República en 1931 supuso su pase a la actividad política a tiempo completo. De su entusiasmo y disponibilidad da cuenta una anécdota de aquellos momentos: al parecer, durante la jornada del 14 de abril de 1931 y los días inmediatos siguientes, Negrín, que entonces era uno de los pocos políticos de izquierda con automóvil propio, ofició personalmente de chofer de la nueva clase política republicana, trayendo y llevando a sus principales representantes por todo Madrid. Los años de paz de la II República le consagran como un brillante diputado y uno de los valores ascendentes del PSOE, siempre a la sombra de Prieto.

El golpe de Estado militar del 17 de julio de 1936 desencadena la guerra de España, y Largo Caballero es llamado por el presidente Azaña para dirigir “el Gobierno de la Victoria”. El fracaso del pomposamente llamado “Lenin español” no pudo ser más rotundo; su incompetencia y torpeza fueron factores sino decisivos, sí que contribuyeron seriamente a la consolidación y avance de los rebeldes en todas las esferas durante el período que va de julio de 1936 a mayo de 1937. El conflicto conocido como los “hechos de mayo” de Barcelona –mini guerra civil entre anarquistas y trostkystas de un lado y comunistas y nacionalistas catalanes del otro, librada en la capital catalana en esas jornadas-, vino a demostrar hasta qué punto la nave del Estado iba al garete; Azaña aceptará la dimisión/cese de Largo Caballero y, aunque su deseo era nombrar a Prieto presidente del Consejo de Ministros, será Negrín quien finalmente ocupe el cargo por recomendación del propio Indalecio Prieto.

La presidencia de Negrín se caracteriza por la recuperación del Estado republicano en todos los frentes, incluido el militar. El Ejército Popular es transformado en una fuerza de combate real, y al socaire del esfuerzo bélico se reconstruye el Estado entero en todos sus aparatos: se acaban las milicias, el bandidaje “revolucionario”, los “paseos” y los consejillos locales, se impulsa la producción industrial, agrícola y armamentística y se despliega una acción diplomática racional e intensa. Crecen las compras de armamento moderno especialmente en la URSS, única potencia dispuesta a colaborar con la República en tanto las democracias occidentales se acogen a la farsa de la No Intervención, cuya implantación favorece calculadamente al bando rebelde.

Es en ese marco de reactivación del Estado que para cubrir las múltiples necesidades presentes –la guerra, la primera de ellas- se produce la entrega de una parte de las reservas del Banco de España a la Unión Soviética en pago de la deuda contraída. El profesor Angel Viñas ha estudiado a fondo como se llevaron a cabo esas transacciones, realizadas en beneficio de España y con perfecto ajuste a las normas y usos financieros internacionales, a pesar de toda la porquería que los franquistas han intentado arrojar posteriormente sobre este episodio.

A finales de 1938 el Gobierno decide trasladar la capital de la República a Barcelona, donde los encontronazos de Negrín con el presidente Companys y con las instituciones catalanas serán una constante hasta el final mismo de la guerra. Tras llegar a romper con Prieto incluso en el terreno personal, la relación con Azaña se irá deteriorando hasta volverse casi imposible. Negrín irá quedando personal y políticamente aislado, y a ello no será ajena su decisión de apoyarse en los comunistas –única fuerza republicana disciplinada y organizada en ese momento- y en los militares profesionales. No lo hizo por gusto, obviamente, pero no tuvo otro remedio: su propio partido, el PSOE, estaba por esos días roto en tres grupos organizados distintos y ensimismados en pelearse entre sí.

Como es sabido, y a pesar de todos los esfuerzos del gobierno español legítimo, la superioridad creciente del bando franquista -fundamentada en el armamento, las tropas y los créditos sin límite que obtenía de la Alemania nazi y la Italia fascista-, fue decantando a su favor la balanza en el terreno militar. Negrín lanza entonces la consigna “resistir es vencer”, pensando en prolongar la resistencia republicana hasta que el inminente estallido de un conflicto global en Europa obligara a las democracias occidentales a olvidar su política de apaciguamiento ante los nazis enfrentándose en guerra con Hitler, y convirtiendo a la República en un aliado combatiente.

De hecho, a la luz del testimonio de los propios protagonistas y de las investigaciones históricas sabemos que aún después de la caída de Barcelona la resistencia era posible. En febrero de 1939 se había almacenado en Francia cerca de la frontera grandes cantidades de armamento de calidad, incluidos aeroplanos modernos desmontados, todo adquirido en su momento por el Gobierno español. La entrega de estas armas había sido bloqueada durante meses por los franceses, pero en esas fechas parecían dispuestos a autorizar su transporte a España.

Además, el repliegue ordenado del Ejército del Este a Francia permitía contar con un cuarto de millón de hombres en armas, bien equipados y con experiencia de combate adquirida en el frente de Aragón y en la batalla del Ebro. Hoy sabemos que Negrín había pactado en secreto con el gobierno francés el traslado en barcos de estas tropas con todo su armamento desde los puertos del sur de Francia a la costa valenciana. Ocurre sin embargo que mientras se producían estas negociaciones los “compañeros” del gobierno francés, espoleados por el gobierno conservador de Gran Bretaña, discreto pero auténtico adalid diplomático franquista en todos los foros internacionales desde el inicio mismo del conflicto, negociaban paralelamente con el Gobierno rebelde de Burgos su reconocimiento, que fue lo que finalmente se produjo y paralizó finalmente otro tipo de acciones.

Con todo, en la Zona Centro, que suponía un tercio de la superficie total del país, quedaban un ejército intacto de medio millón de hombres, la marina y los arsenales de Cartagena, y un Madrid convertido en fortaleza inexpugnable contra la cual se habían estrellado los franquistas, sus mercenarios y sus aliados extranjeros. Negrín quiso trasladar el gobierno a Valencia, pero Azaña se negó a regresar a España desde Francia; de hecho, el jefe del Estado se consideró dimitido en cuanto pisó territorio francés. Sólo y casi sin aliados, el presidente del Consejo de Ministros volvió a Valencia y se dispuso a aguantar esos seis meses que en marzo de 1939 le pidió a Azaña y que según calculó de modo acertado faltaban para el comienzo de la Guerra Mundial.

Antes Negrín le había propuesto al todavía presidente Azaña subastar El Prado en Suiza para obtener recursos con los que sostener el esfuerzo de guerra, propuesta a la que el presidente de la República replicó que de llevarse a cabo reuniría a Las Cortes y delante de los diputados se pegaría un tiro, sentenciando con aquella frase famosa que “todas las Monarquías y las Repúblicas del mundo juntas no valen un solo cuadro del Museo del Prado”. Es obvio que Azaña y Negrín nunca se entendieron porque además de tener temperamentos distintos pensaban la guerra contra los franquistas en términos muy diferentes; para Negrín ganar aquella guerra era una estricta cuestión de supervivencia de los españoles, en tanto para Azaña lo que había en juego era un régimen político que él mismo ya había dado por finiquitado a las pocas horas de producirse la sublevación militar, “ganara quien ganara” la guerra.

Del carácter templado y a la vez hedonista de Negrín da cuenta el mismo Azaña en sus diarios narrando su última noche en suelo español, y como Negrín cenó copiosamente en la cocina de la casa que les alojaba; al reprocharle Azaña su apetito en esas circunstancias, en las que no sabían si al cabo de unas horas seguirían vivos o estarían muertos, Negrín le contestó que precisamente comía como lo hacía teniendo en cuenta esa perspectiva. Una anécdota que desvela una fuerza interior que el presidente Azaña había perdido hacía mucho.

La derrota y el exilio fueron especialmente dolorosos para Juan Negrín. El golpe de Estado llevado a cabo por la fronda de traidores encabezados por el coronel Casado –entre ellos, Julián Besteiro- entregó inerme la República a sus enemigos, quienes pronto hicieron pagar al pueblo español el sueño de libertad inaugurado en 1931. Poco después la guerra mundial machacó a los que habían logrado huir del desastre, aventando más lejos aún a los afortunados y acabando con la vida o la libertad de los que quedaron atrapados en suelo francés al producirse la invasión nazi.

Negrín y su familia lograron llegar a México gracias al presidente Lázaro Cárdenas, el salvador de tantos refugiados españoles de toda condición. A la amargura del exilio hubo de sumar la que le produjo su propio partido, controlado en la postguerra por los prietistas, que acabaron por expulsarle. Se abre así una etapa singularmente difícil para Negrín, que terminará por retirarse de toda actividad política y pública y vivirá sus últimos años en Londres, donde se le declara una afección cardíaca que a la postre acabará con su vida en París, ciudad en la que fallece de un ataque al corazón en noviembre de 1956.

La mejor biografía escrita sobre Negrín es “Juan Negrín. La República en guerra”, de Ricardo Miralles (Temas de hoy. Madrid 2003).

Antes de morir Negrín cometió dos errores políticos considerables, que sin embargo hablan del talante generoso y honesto de este verdadero estadista y, sobre todo, hombre bueno. El primero de esos errores fue que al producirse la retirada de embajadores de Madrid y ser sometido el régimen franquista a aislamiento internacional, Negrín se pronunciara en público abiertamente contra esas sanciones, que según él no debilitarían al régimen franquista y sí recaerían por el contrario con toda dureza sobre las espaldas del pueblo español, como así fue realmente.

Su segundo gran error consistió en que harto de las calumnias lanzadas sobre él por el régimen franquista y sus voceros –entre ellos, y de modo significado, Manuel Aznar, periodista de cámara de Franco y abuelo del ex presidente del Gobierno José María Aznar- a cuenta del llamado “Oro de Moscú”, Negrín envió a Franco los originales de todos los recibos y documentos que avalaban aquellas operaciones y que demostraban su limpieza; evidentemente, no sólo no se rectificaron las insidias ni se dio publicidad a los documentos, sino que lo más probable es que fueran destruidos de inmediato por orden del propio Franco.

Juan Negrín forma parte del patrimonio colectivo de un pueblo que, desgraciadamente, pocas veces ha tenido la oportunidad de ser conducido por una personalidad tan brillante y competente como el doctor Negrín. Hoy, iniciado un nuevo siglo y con la democracia española consolidada, una exposición itinerante rinde homenaje a su memoria y algunas voces en el Partido Socialista comienzan a reclamar no ya su rehabilitación, que no la necesita, sino su ubicación definitiva entre las grandes figuras del partido, de la causa del socialismo y en definitiva de la lucha por la libertad, la democracia y la justicia social.

domingo, 8 de julio de 2007

El patrimonio arquitectónico de la Humanidad, secuestrado por un concurso-basura


El estúpido megaconcurso-basura global organizado por un multimillonario suizo a cuenta de la elección de las "Nuevas Siete maravillas del Mundo", ha finalizado por fin, loados sean todos los dioses. Millones de ingenuos han participado en esta descomunal tomadura de pelo y de bolsillo enviando 100 millones de votos vía Internet y SMS; una iniciativa que sólo ha servido para hacer al suizo Bernard Weber mucho más rico de lo que ya era.

Lo peor con todo es la imagen de banalización del patrimonio arquitéctonico de la Humanidad que se ha transmitido, y el impulso que el patrioterismo "cultural" ha recibido en países de todo el globo. En este país, sin ir más lejos, al parecer se han llegado a formar ex profeso grupos de activistas para difundir la "necesidad" de llamar a determinado número de teléfono para que la Alhambra de Granada no quedara fuera de la lista definitiva, como si el honor nacional español o el valor cultural y patrimonial del monumento andalusí dependiera del número de SMS que recibiera su candidatura y de que entrara en el cuadro final de ganadores.

Del criterio con el que los organizadores elaboraron la lista previa de candidatos sólo hay que decir que entre los monumentos aspirantes figuraba nada menos que la Estatua de la Libertad neoyorkina, y que entre los ganadores se halla el inmenso y horroroso Cristo que se eleva sobre Río de Janeiro. Encuentro a faltar ahí la cruz del Valle de los Caídos, eso sí, un "monumento" muy en consonancia con la idiosincracia "cultural" del señor Weber y sus compinches en esta descomunal broma de trileros.

Lo realmente preocupante, con todo, es que iniciativas así puedan llevarse a cabo con toda tranquilidad. Lo digo no sólo desde el punto de vista legal -alguien, quizá la UNESCO, hubiera debido impedir este uso privativo de lo que es patrimonio de todos-, sino sobre todo pensando en que la propia y entera Humanidad debería haber abortado esta especie de secuestro lucrativo de su patrimonio colectivo, negándose a participar en él y denunciando a sus promotores.

Por cierto, parece que la actuación estelar de la gala en que se proclamó la lista ganadora fue nada menos que la de la actriz norteamericana Jennifer López, "la más celebrada de la noche con su repertorio de bailes y temas pegadizos", segun informa El País. Creo que semejante éxito define perfectamente el contenido "cultural" real de esta gigantesca payasada.

viernes, 6 de julio de 2007

Zapatero hace ministros a dos fuera de serie y a un florero



No me resisto a compartir mi inmensa alegría por la noticia que a media mañana de este viernes ha acaparado las portadas informativas: el nombramiento de nuevos ministros anunciado por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

El presidente ha acertado plenamente esta vez en casi todo: en los cesados (alguno quemado, otras indignas de sentarse incluso en el consistorio municipal de su pueblo), en los nombramientos (menos uno, que no es culpa suya como comentaré enseguida), en el modo (madrugándoles a todos, amigos y enemigos) y sobre todo en el momento (horas después de su rotunda victoria parlamentaria sobre Rajoy, que ha supuesto la apertura de facto de la campaña para las elecciones generales de 2008).

Los que se han ido no debían haber sido los únicos, ciertamente, pero el mensaje que Zapatero quería dar ha quedado bien patente al incorporar a Bernat Soria y César Antonio Molina, dos potentes y carismáticas personalidades, sin duda elección directa del presidente. Pesos pesados que se incorporan a un proyecto de futuro de largo recorrido. Por contra, algunos y algunas que quedan en el Consejo de Ministros saben que tienen fecha de caducidad, a lo más tardar en marzo de 2008.

A Bernat Soria le dediqué un post tiempo atrás, porque es un científico de talla mundial de los que señalan el camino a recorrer en las próximas décadas. Recordarán que Michavila, cuando era ministro de Justicia del Insufrible, le envió un fiscal para amenazarle que o dejaba de investigar con células-madre o iba a la cárcel. Su nombramiento es pues, además, una patada en la boca al Opus Dei, los Legionarios de Cristo y el resto de Mafias Negras, incluida la Conferencia Episcopal Española.

Queda la incógnita de saber si Soria será un buen gestor de la Sanidad pública, pero sospecho que Zapatero no le ha puesto ahí para dirigir hospitales -al cabo, las competencias, el personal y los recursos están traspasados a las comunidades autónomas hace tiempo- sino para liderar la I+D científica española, que falta hace que alguien la impulse.

En cuanto a César Antonio Molina tiene la rara cualidad de combinar el ser un intelectual de prestigio internacional como poeta y ensayista reconocido, con una capacidad de gestión ejecutiva más que probada al frente del Instituto Cervantes. Molina (no confundir con el escritor de bests sellers Antonio Muñoz Molina) es un hombre trabajador, discreto y capaz, al que le ha tocado la papeleta de poner en onda el aparato estatal de Cultura, sumergido en las aguas del ridículo por su antecesora. César Antonio Molina tiene experiencia suficiente en reflotar Titanics culturales semihundidos (no otra cosa era el Instituto Cervantes tras el paso de los gestores del PP por él cuando llegó a sus manos), y a buen seguro que sabrádiseñar los equipos y los marcos adecuados para que creadores y gestores culturales se encuentren cómodos en la nueva etapa.

Es obvio que el nombramiento de un "florero" como Carmen Chacón le ha venido impuesto a Zapatero por las dichosas cuotas: tocaba una mujer y, además, catalana. Está claro que la presencia en el Consejo de Ministros de esta señora, cuyos méritos para calentar un escaño son absolutamente desconocidos, cuanto más un sillón ministerial, es una imposición que el presidente ha debido tragar. Eso sí Zapatero, que está demostrando ser más listo que el hambre, ha situado a la Chacón nada menos que en Vivienda, lo que es una garantía de que en marzo del año que viene la carrera política de la nueva ministra habrá quedado totalmente incinerada. En todo caso, la presencia de la foto y el currículum de esta ex diputada "culiparlante" al lado de personalidades como Soria y Molina, sólo puede mover a la sonrisa; comparada con ellos la Chacón resulta la "torna", como decimos en catalán.

En cuanto al modo y al momento de los nombramientos, Zapatero ha demostrado reflejos y picardía. Una vez más ha madrugado a adversarios y compañeros, incluido el aparato de su propio partido. La imagen y la posición del presidente sale muy reforzada, y ello después de haber superado una crisis difícil, abierta por ETA al liquidar la tregua con la bomba de Barajas. Hoy Zapatero ha recuperado por completo la iniciativa -en realidad, la retomó de nuevo en el Debate sobre el estado de la Nación-, mientras Rajoy vaga por ring político como un boxeador sonado.

jueves, 5 de julio de 2007

Políticas natalistas, no con mis impuestos


Hace unos diez o doce años, un compañero de trabajo que acababa de ser padre calculó que cuando el recién nacido llegó a su casa ya le había costado un millón de pesetas, incluyendo en esos gastos desde la preparación del dormitorio infantil hasta el taxi que le transportó de la clínica donde su mujer dio a luz.

En la Europa rica tener un crío es pues una decisión que hay que sopesar cuidadosamente luego de haber calibrado las posibilidades de cada cual. Los niños son caros, y si se quiere, un artículo de lujo que ahora pretenden hacernos pasar por otro de primera necesidad.

El gobierno español hace tiempo que se ha embarcado en una política natalista que por definición, además de profundamente conservadora resulta abiertamente discriminatoria para una parte importante de la población: aquellos que no tienen hijos o quienes los tuvieron haciendo toda clase de sacrificios libremente asumidos. No olvidemos que las políticas de "conciliación familiar" (eufemismo para una reducción horaria encubierta), de "promoción de la natalidad" y en general de "protección a la familia", se pagan con los impuestos de todos aunque no nos satisfagan a todos.

Es injusto pues que habiendo tantas necesidades sociales se malverse una parte de los impuestos estimulando pulsiones tradicionalistas en la población, en vez de destinar los recursos del Estado a mejorar los servicios en general deficientes de eso que un tanto pomposamente llaman "el Estado del Bienestar español".

Por lo demás, ya han aparecido las primeras voces que reclaman que las cantidades prometidas por el presidente Zapatero para estimular el natalismo se destinen exclusivamente a las familias "autóctonas", dejando fuera de su percepción a los inmigrantes. Es obvio que cuando se abre la caja de Pandora de las políticas conservadoras, siempre se encontrará quien quiera ir aún más lejos.

domingo, 1 de julio de 2007

El circo "antiterrorista" en Gran Bretaña toma nuevo impulso


Los creadores del espectáculo circense que es la supuesta "lucha contra el terrosimo islamista" en Gran Bretaña han roto este fin de semana todas las barreras del ridículo. Políticos, medios informativos y ciudadanos descreen cada vez más de estas puestas en escena policiales que ya sólo engañan a quien quiere engañarse: las alertas policiales antiterroristas en EEUU y Gran Bretaña son simplemente parte de una política de extensión del miedo irracional entre la población a fin de facilitar su control por las autoridades, una verdadera forma de extorsión social dirigida por políticos sin escrúpulos. Ocurre que quienes deben ejecutar esta práctica realmente terrorista son, entre otras cosas, unos absolutos chapuceros.

No de otro modo cabe calificar a quien pretende hacernos creer que un grupo terrorista deja ostensiblemente mal aparcado un automóvil cargado de explosivos en pleno centro de Londres, en una zona hipercontrolada policialmente. ¿Qué pretendían los supuestos terroristas, que el primer policía municipal que pasara por allí se fijara en el coche?. Luego esté ese intento de "volar" un aeropuerto por el procedimiento de estrellar un coche en una puerta de acceso absolutamente lejana de las zonas estratégicas de la instalación atacada. ¿Pensaban acaso llegar hasta las pistas del aeropuerto conduciendo desde el exterior?.

Ahora muchos británicos ya se toman abiertamente a rechifla estos incidentes, que apestan a prefabricados. Ocurre que desde el asesinato por la policía inglesa del brasileño Menezes cuando este joven se hallaba tranquilamente sentado en un vagón del Metro, y sobre todo tras la catarata de mentiras policiales y gubernamentales con las que se intentó encubrir aquella acción criminal, el poco crédito de que podía gozar la policía británica ya se disipó por completo. Sin olvidar las crecientes sospechas en torno al papel protagonista de los servicios secretos británicos en los presuntos atentados islamistas del 7-J en el metro londinense.

Estos montajes tienen un objetivo claro, y lo ha enunciado con toda desfachatez el nuevo premier británico, Gordon Brown, llamando a los británicos "a unirse en torno a su Gobierno y a su policía". Se trata por tanto de espolear el miedo entre la gente y de obligarla a aceptar un Gobierno que es una exacta fotocopia del anterior, carente por tanto de cualquier prestigio y credibilidad desde su mismo arranque, y que para postre tiene al frente un nuevo líder tan poco apreciado por la opinión pública como el precedente.

Para colmo, hoy domingo se celebra un gran concierto de homenaje a Diana Spencer, a quien muchos investigadores independientes y sobre todo una parte creciente de la opinión pública británica señala, con razón o sin ella, como una víctima del terrorismo de Estado británico por razones dinásticas. Los "incidentes" de estos días suenan también a intento de enterrar el fantasma del presunto asesinato de Lady Di, haciendo que los británicos centren toda su atención en el temor a Al Qaeda.