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jueves, 18 de octubre de 2007

Cuaderno de mi vuelta al mundo: el fiasco de la seguridad en los aeropuertos


Publicado originalmente en Izaronews, el 14-10-2007

Se dice que Mohamed Atta secuestró uno de los aviones del 11-S tras cortarle la garganta a una azafata con un cúter de tamaño no mayor que un pulgar, y que ése era todo el armamento que llevaban encima los secuestradores del aparato. Con aquella cuchilla paralizó de terror a la tripulación y el pasaje de un avión, dicen.

Se supone que desde entonces, es imposible subir a un avión en cualquier parte del mundo con un instrumento cortante encima. Mentira, yo llevo años haciéndolo. Y lo que es más impactante todavía, acabo de hacerlo dando la vuelta al mundo.

Desde hace unos 15 años tengo unas gafas de sol de cierta marca norteamericana muy conocida. Con ellas he hecho viajes en avión por países de todo el mundo, pasando fronteras y controles en aeropuertos de al menos una treintena de países (entre los que no se incluyen EEUU ni el Reino Unido, donde ni he puesto los pies ni pienso hacerlo por ahora).

Cuando compré las gafas, me suministraron con ellas una funda. Pasaron los años, y las bandas colocadas a modo de cierre en uno de los extremos de la funda se fueron desgarrando poco a poco hasta abrirse del todo. Cuando el material plástico flexible acabó de desgarrarse, mi sorpresa fue de órdago al hurgar dentro: del interior de cada una de las bandas extraje dos piezas metálicas cortadas de unos 9 cm. de largo cada una, un poco más de 1 cm. de ancho, y los bordes cortantes aunque no afilados; en total, cuatro trozos de una de esas cintas métricas metálicas que, cuando están enteras, se enrollan dentro de una carcasa.

Desde el día en que me di cuenta de esa circunstancia, y dado que sigo usando esas gafas y la funda cumple su papel, he seguido viajando en avión llevándolas encima, sin haber tenido nunca el menor problema al pasar controles. En ocasiones las llevo en el bolsillo de la camisa, otras en el de una chaqueta, y la mayoría de las veces en un bolsillo lateral exterior de una pequeña mochila de trekking que me acompaña en todos mis viajes desde hace al menos una década y que nunca facturo, llevándola siempre conmigo como equipaje de cabina. Así, hay ocasiones en que las gafas y su funda pasan los controles de seguridad dentro de la bandeja donde te hacen poner los objetos como carteras, llaves, monedas, etc, y otras –la mayoría, como decía antes- tan pimpantes en el bolsillito exterior de la mochila, que lógicamente es pasada por el scanner y observada por el operador correspondiente. Jamás nadie ha reparado en la funda desgarrada en su extremo, ni por supuesto en las cuatro navajas de 9 cm. cada una que aloja.

El ejemplo más brutal de hasta dónde llega la inanidad de las supuestas medidas de seguridad aplicadas en los controles aeroportuarios, lo acabo de vivir recientemente. Entre el 3 de septiembre y el 3 de octubre pasados tomé un total de 11 vuelos de 4 compañías aéreas diferentes, atravesando los controles de seguridad de 10 aeropuertos (Barcelona, Madrid, Ciudad de México, Santiago de Chile, Isla de Pascua, Papeete, Sydney, Manila, Hong Kong y Ámsterdam), pertenecientes a 8 países (España, México, Chile, Polinesia Francesa, Australia, Filipinas, China y Holanda).

En todos estos lugares las medidas de seguridad son supuestamente tan extremas, que, como ocurre en el aeropuerto de Sydney, superar los sucesivos controles le cuesta horas al atribulado viajero. En Manila te obligan incluso a descalzarte… aunque a nadie se le ocurre mirar qué hay dentro de tus zapatos.

En Manila y Hong Kong sendas funcionarias policiales abrieron una cremallera superior de mi mochila. En el primer caso una mujer policía se contentó con palpar con la punta dedos una cámara fotográfica, y en el segundo su colega china ni se molestó en dar una ojeada dentro: abrió y cerró la mochila como quien abre y cierra la puerta de un frigorífico, mientras seguía charlando con una compañera. A nadie se le ocurrió ni tocar los costados de la mochila, ni por supuesto abrir la cremallera del bolsillo que alojaba la funda y las gafas de sol.

¿Cuántas fundas de gafas debe haber como las mías? Probablemente millones. ¿Cuántos de sus propietarios suben con ellas a un avión cada día?.

En suma, ¿de qué hablan entonces cuando se refieren a seguridad en los aeropuertos?

domingo, 1 de julio de 2007

El circo "antiterrorista" en Gran Bretaña toma nuevo impulso


Los creadores del espectáculo circense que es la supuesta "lucha contra el terrosimo islamista" en Gran Bretaña han roto este fin de semana todas las barreras del ridículo. Políticos, medios informativos y ciudadanos descreen cada vez más de estas puestas en escena policiales que ya sólo engañan a quien quiere engañarse: las alertas policiales antiterroristas en EEUU y Gran Bretaña son simplemente parte de una política de extensión del miedo irracional entre la población a fin de facilitar su control por las autoridades, una verdadera forma de extorsión social dirigida por políticos sin escrúpulos. Ocurre que quienes deben ejecutar esta práctica realmente terrorista son, entre otras cosas, unos absolutos chapuceros.

No de otro modo cabe calificar a quien pretende hacernos creer que un grupo terrorista deja ostensiblemente mal aparcado un automóvil cargado de explosivos en pleno centro de Londres, en una zona hipercontrolada policialmente. ¿Qué pretendían los supuestos terroristas, que el primer policía municipal que pasara por allí se fijara en el coche?. Luego esté ese intento de "volar" un aeropuerto por el procedimiento de estrellar un coche en una puerta de acceso absolutamente lejana de las zonas estratégicas de la instalación atacada. ¿Pensaban acaso llegar hasta las pistas del aeropuerto conduciendo desde el exterior?.

Ahora muchos británicos ya se toman abiertamente a rechifla estos incidentes, que apestan a prefabricados. Ocurre que desde el asesinato por la policía inglesa del brasileño Menezes cuando este joven se hallaba tranquilamente sentado en un vagón del Metro, y sobre todo tras la catarata de mentiras policiales y gubernamentales con las que se intentó encubrir aquella acción criminal, el poco crédito de que podía gozar la policía británica ya se disipó por completo. Sin olvidar las crecientes sospechas en torno al papel protagonista de los servicios secretos británicos en los presuntos atentados islamistas del 7-J en el metro londinense.

Estos montajes tienen un objetivo claro, y lo ha enunciado con toda desfachatez el nuevo premier británico, Gordon Brown, llamando a los británicos "a unirse en torno a su Gobierno y a su policía". Se trata por tanto de espolear el miedo entre la gente y de obligarla a aceptar un Gobierno que es una exacta fotocopia del anterior, carente por tanto de cualquier prestigio y credibilidad desde su mismo arranque, y que para postre tiene al frente un nuevo líder tan poco apreciado por la opinión pública como el precedente.

Para colmo, hoy domingo se celebra un gran concierto de homenaje a Diana Spencer, a quien muchos investigadores independientes y sobre todo una parte creciente de la opinión pública británica señala, con razón o sin ella, como una víctima del terrorismo de Estado británico por razones dinásticas. Los "incidentes" de estos días suenan también a intento de enterrar el fantasma del presunto asesinato de Lady Di, haciendo que los británicos centren toda su atención en el temor a Al Qaeda.

lunes, 11 de junio de 2007

Dos amantes bufos


Zapatero y Rajoy han recreado una escena que pensábamos había quedado superada por la propia dinámica de las cosas, y sobre todo por el "cambio de talante" introducido en la política española tras las elecciones del 14 de marzo de 2004.

Lamentablemente vuelven las escenas de sofá entre los dos partidos españoles mayoritarios, las sonrisas de medio pelo y los dimes y diretes entre personas y organizaciones que se aborrecen por encarnar dos visiones de España y del mundo irreconciliables, pero que ahora deben fingir que buscan un entendimiento mientras pactan cosas cuyos contenidos reales no conoceremos hasta que nos exploten en las narices.

De paso, la foto entre Zapatero y Rajoy certifica la rendición del gobierno español a las "tesis" -por llamarlas de algún modo- de la extrema derecha parlamentaria española en materia de lucha contra el terrorismo. Esa foto encarna simplemente el entierro definitivo de cualquier esperanza de que el maltrecho proceso de paz pueda ser retomado a corto o a medio plazo.

El PP ha logrado imponerle al PSOE su concepción de mano dura y cierre de filas subido a la ola de opinión pública generada por un momento histórico en el que ETA, en un inefable y sublime comunicado, ha aportado previamente el lubricante que le abrirá al PP las puertas de la Moncloa sino en las próximas generales sí en las siguientes, ya sin Mariano Rajoy. Basta leer ese documento absurdo en el que ETA responsabiliza, ataca y amenaza a todo el mundo ... menos al PP, al que ni siquiera menciona. Si en la política española quedara un rastro de humor, habría que salir a la calle con pancartas pidiéndoles a ETA y al PP "¡Que se besen, que se besen!".

España no se rompe, al contrario, deviene nudoso garrote con el que machacar disidentes y distintos. Mientras, al fondo del escenario, los de la capucha se parten de risa viendo a dos políticos asustados pactar el fingir que se entienden y que tienen intereses comunes.