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lunes, 8 de septiembre de 2008

Mi mamá es ministra


Ayer domingo el suplemento EL PAIS SEMANAL ofrecía a toda portada una foto de la actual ministra de Defensa, Carmen Chacón, llevando a su hijo en brazos. En el interior de la revista un artículo profusamente ilustrado loaba las múltiples virtudes de una mujer excepcional, capaz de conciliar como nadie la vida personal y laboral. Y eso que su labor consiste nada menos que en dirigir, supuestamente, los Ejércitos de España.

Así, en el extenso reportaje en páginas interiores, nos enteramos de que apenas nombrada los militares tuvieron pronto pruebas de su energía y resolución, que al parecer ahora combina “cada tres horas” con la hermosa actividad llena de ternura cual es alimentar a su bebé, al que da el pecho tras abandonar su despacho y lo que esté haciendo y subir en ascensor una serie de pisos hasta el apartamento que ocupa en el ministerio. Cumplida su maternal tarea, la ministra retorna por el mismo camino y prosigue la reunión o lo que sea, hasta ser requerida de nuevo por las necesidades del tragoncete; vuelta entonces a subir y bajar ascensores, y así toda la jornada. De todo esto y algunas cosas más nos informa el semanal de El País con gran lujo de detalles.

Si estas tonterías se hubieran escrito sobre la ejecutiva de una empresa privada, darían apenas para una sonrisa de los lectores. Claro que dudo mucho que en una empresa privada contrataran a una señora tan a punto de parir que ésta, apenas tomar posesión del cargo, desapareciera para “conciliar la vida laboral con la privada” y retornar tan pancha al puesto casi sin estrenar luego de haber dado a luz. Más que nada porque probablemente en esa empresa privada entenderían, seguramente con muy buen juicio, que si durante la ausencia de esa señora ejecutiva casi sin estrenar en el cargo todo había seguido funcionando razonablemente bien gracias a su substituto, no existe motivo para continuar teniéndola contratada.

Pero es que semejante derroche de papel couché en El País no es causal. Apenas nombrada Carmen Chacón ministra de Defensa, se desató una intensa campaña mediática en diversos frentes postulándola como sucesora de Zapatero. No hay que ser un lince para ver detrás de ese lanzamiento a su propio marido, Miguel Barroso, uno de los grandes manipuladores de “media” en España junto a Miguel Angel Rodríguez y Jaume Roures. Barroso y Moncloa han trabajado juntos, pero últimamente su sintonía no parece ser tan completa. Quizá no sea ajeno a ello el descaro conque se ha planteado la operación "Chacón presidenta", cuando Zapatero jamás ha hablado no ya de quién puede sucederle sino ni siquiera de cuándo se producirá la sucesión. No es casual por tanto el ascenso de Leire Pajín, promocionada por el aparato del PSOE en su último Congreso y que a diferencia de la demasiado lanzada y además "periférica" Chacón cuenta con más simpatías en el entorno de Zapatero, quien por lo demás no suele perdonar a la gente que pretende hacerle sombra y menos, jubilarlo.

El caso es que Chacón había recogido velas antes del verano, pero parece que como decía antes, con el inicio del curso político arrecia la campaña mediática que pretende llevarla a La Moncloa. Es interesante que El País apueste tan claramente por ella en detrimento de otros candidatos, incluido el propio Zapatero. ¿Se trata de un aviso lanzado por Prisa contra el esquivo ocupante actual de la Moncloa? Las relaciones entre el poderoso grupo mediático y Zapatero no son buenas, y aunque hay quien dice que su tapado para suceder al presidente actual es Ruiz Gallardón, no hay que descartar que quiera intervenir en el proceso de sucesión socialista, incluso contra la voluntad e intereses del propio presidente.

Los próximos meses seran pues decisivos para ambos.

sábado, 12 de abril de 2008

Zapatero estrena Gobierno usado


El nuevo Gobierno formado por José Luis Rodríguez Zapatero no contiene grandes sorpresas. El equipo suelta un poco de lastre, incorpora algunas caras nuevas y redistribuye tareas, pero no parece haber cambios en lo esencial y casi ni en lo accesorio. Continuidad es pues la palabra que mejor lo define.

Primera constatación: a Zapatero le siguen imponiendo ministros. No en el "núcleo duro" del Gobierno, que ése es territorio reservado por el Presidente en exclusiva para sus hombres y mujeres, pero sí en otras zonas del Ejecutivo. No se entiende sino la permanencia en el cargo de Magdalena Alvarez y de Carmen Chacón, por poner dos ejemplos, o la incorporación de Celestino Corbacho.

En cuanto a la composición del Gobierno, habría que distinguir en él diferentes niveles de responsabilidad y competencia, y sobre todo de proximidad al centro del poder, es decir, al propio Presidente Zapatero.

Es así que en el verdadero "Gobierno dentro del Gobierno" continúan en sus responsabilidades Ma Teresa Fernández de la Vega, Solbes, Rubalcaba, Moratinos, y Fernández Bermejo; gente capaz, preparada y fiel al presidente. Cerca de ellos pero en un nivel de menor relevancia, un grupo de técnicos igualmente preparados y sin un perfil político tan acusado: Miguel Sebastián, Bernat Soria, César Antonio Molina, Mercedes Cabrera, Elena Espinosa, y Elena Salgado. Luego, el paquete de los compromisos adquiridos y los impuestos por las federaciones, que de nuevo parecen jarrones sacados de un todo a 100: Magdalena Alvarez, Carme Chacón, Celestino Corbacho; lo mejor que puede esperarse de ellos es aquello del anuncio de compresas de hace unos años: que se no se muevan, que no traspasen y sobre todo, que no se noten. Por último las incógnitas, personas sobre las que incluso la mayoría de dirigentes del partido lo ignora todo: Bibiana Aído, Beatriz Corredor y Cristina Garmendia.

Lo más sorprendente con todo, es que Rodríguez Zapatero confíe la cartera de Defensa a una persona como Carmen Chacón. A primera vista, semejante nombramiento parece que sólo puede significar dos cosas: una, que Zapatero está convencido de que Defensa funciona con piloto automático; la segunda, que el desprecio del Presidente por el Ejército es absoluto. En uno u otro caso debería darse por descontado que los militares están perfectamente controlados, cuando algunos incidentes ocurridos en estos cuatro últimos años indican más bien lo contrario: el Ejército español sigue siendo un jardín donde los golpistas franquistas florecen con inusitada tozudez.

Que Zapatero no se llama a engaño ni sobre los militares ni sobre la nueva ministra se deduce claramente del nombramiento de Constantino Méndez como número dos del ministerio de Defensa, lo que en este caso equivale a decir como ministro real. Méndez es un hombre de largo recorrido en la Administración del Estado, y en su condición de ex delegado del Gobierno en Madrid tuvo que tratar y conocer a fondo a toda la jerarquía castrense. Será el ministro de facto, en tanto la Chacón se dedicará a conciliar la vida familiar y laboral y a lucir sonrisas de dentista privado en telediarios y papel couché.

En cuanto a los méritos acumulados por la señora ministra en su anterior destino, cabe decir que del paso de Carmen Chacón por el ministerio de la Vivienda no ha quedado nada, porque obviamente no estaba allí para hacer nada. Fue nombrada ministra para ocupar aquél ministerio durante unos meses, simplemente. Sólo cabe esperar que siga sin hacer nada, pues sólo faltaría que ahora le diera por tomar alguna iniciativa ("las chorradas de la Chaconcita", como adjetivó Manuela de Madre sus intentos de darle algún sello personal a la última campaña electoral del PSC), y acabara cabreando gratis a unos cuantos uniformados.

Qué decir de Celestino Corbacho, la otra "aportación" desde Catalunya al plantel del nuevo Gobierno español. De origen obrero, carente de bagaje político alguno durante el antifranquismo, sin preparación académica o política, Corbacho es el típico ejemplo de afiliado al PSC a finales de los setenta y principios de los ochenta que, por razones inexplicables, de repente se encontró subiendo una escalera automática hacia el poder, y ya nunca se ha apeado de ella. Realmente nadie que le conozca podría explicar cúales son los méritos que atesora éste hombre, para haber sido sucesivamente primero concejal y luego alcalde de Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad de Catalunya, más tarde presidente de la Diputación de Barcelona y ahora nada menos que ministro de Trabajo. Ocurre que alrededor de esta gente hay personas que simplemente hacen todo el trabajo, técnicos que cuidan de que todo funcione mientras el responsable político besa niños por la calle en campaña o conspira en su despacho para ir escalando posiciones.

De Corbacho, eso sí, algunos recordamos que en plena marejada antimaragallista impulsada desde los poderes fácticos de Madrid durante el Primer Tripartito, Pepiño Blanco le llamó por teléfono (a Corbacho, y también a algunos otros alcaldes del Baix Llobregat) para sondear las posibilidades de que en caso de que Maragall siguiera poniéndose tonto, romper el PSC y refundar el PSOE en Catalunya con Corbacho a la cabeza. Está en las hemerotecas. Dicen quienes saben de esto que Corbacho no dijo ni que sí ni que no, pero que se puso a disposición de Ferraz para lo que gustaran mandar. Ahora parece que ha obtenido una cierta recompensa por tanta fidelidad; también, que desde el PSC no han dudado en sacárselo de encima a la primera oportunidad.

Así se hace la Historia, y así se nombran algunos ministros.

viernes, 6 de julio de 2007

Zapatero hace ministros a dos fuera de serie y a un florero



No me resisto a compartir mi inmensa alegría por la noticia que a media mañana de este viernes ha acaparado las portadas informativas: el nombramiento de nuevos ministros anunciado por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

El presidente ha acertado plenamente esta vez en casi todo: en los cesados (alguno quemado, otras indignas de sentarse incluso en el consistorio municipal de su pueblo), en los nombramientos (menos uno, que no es culpa suya como comentaré enseguida), en el modo (madrugándoles a todos, amigos y enemigos) y sobre todo en el momento (horas después de su rotunda victoria parlamentaria sobre Rajoy, que ha supuesto la apertura de facto de la campaña para las elecciones generales de 2008).

Los que se han ido no debían haber sido los únicos, ciertamente, pero el mensaje que Zapatero quería dar ha quedado bien patente al incorporar a Bernat Soria y César Antonio Molina, dos potentes y carismáticas personalidades, sin duda elección directa del presidente. Pesos pesados que se incorporan a un proyecto de futuro de largo recorrido. Por contra, algunos y algunas que quedan en el Consejo de Ministros saben que tienen fecha de caducidad, a lo más tardar en marzo de 2008.

A Bernat Soria le dediqué un post tiempo atrás, porque es un científico de talla mundial de los que señalan el camino a recorrer en las próximas décadas. Recordarán que Michavila, cuando era ministro de Justicia del Insufrible, le envió un fiscal para amenazarle que o dejaba de investigar con células-madre o iba a la cárcel. Su nombramiento es pues, además, una patada en la boca al Opus Dei, los Legionarios de Cristo y el resto de Mafias Negras, incluida la Conferencia Episcopal Española.

Queda la incógnita de saber si Soria será un buen gestor de la Sanidad pública, pero sospecho que Zapatero no le ha puesto ahí para dirigir hospitales -al cabo, las competencias, el personal y los recursos están traspasados a las comunidades autónomas hace tiempo- sino para liderar la I+D científica española, que falta hace que alguien la impulse.

En cuanto a César Antonio Molina tiene la rara cualidad de combinar el ser un intelectual de prestigio internacional como poeta y ensayista reconocido, con una capacidad de gestión ejecutiva más que probada al frente del Instituto Cervantes. Molina (no confundir con el escritor de bests sellers Antonio Muñoz Molina) es un hombre trabajador, discreto y capaz, al que le ha tocado la papeleta de poner en onda el aparato estatal de Cultura, sumergido en las aguas del ridículo por su antecesora. César Antonio Molina tiene experiencia suficiente en reflotar Titanics culturales semihundidos (no otra cosa era el Instituto Cervantes tras el paso de los gestores del PP por él cuando llegó a sus manos), y a buen seguro que sabrádiseñar los equipos y los marcos adecuados para que creadores y gestores culturales se encuentren cómodos en la nueva etapa.

Es obvio que el nombramiento de un "florero" como Carmen Chacón le ha venido impuesto a Zapatero por las dichosas cuotas: tocaba una mujer y, además, catalana. Está claro que la presencia en el Consejo de Ministros de esta señora, cuyos méritos para calentar un escaño son absolutamente desconocidos, cuanto más un sillón ministerial, es una imposición que el presidente ha debido tragar. Eso sí Zapatero, que está demostrando ser más listo que el hambre, ha situado a la Chacón nada menos que en Vivienda, lo que es una garantía de que en marzo del año que viene la carrera política de la nueva ministra habrá quedado totalmente incinerada. En todo caso, la presencia de la foto y el currículum de esta ex diputada "culiparlante" al lado de personalidades como Soria y Molina, sólo puede mover a la sonrisa; comparada con ellos la Chacón resulta la "torna", como decimos en catalán.

En cuanto al modo y al momento de los nombramientos, Zapatero ha demostrado reflejos y picardía. Una vez más ha madrugado a adversarios y compañeros, incluido el aparato de su propio partido. La imagen y la posición del presidente sale muy reforzada, y ello después de haber superado una crisis difícil, abierta por ETA al liquidar la tregua con la bomba de Barajas. Hoy Zapatero ha recuperado por completo la iniciativa -en realidad, la retomó de nuevo en el Debate sobre el estado de la Nación-, mientras Rajoy vaga por ring político como un boxeador sonado.