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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Wilebaldo Solano, la última leyenda del POUM


Hoy ha muerto Wilebaldo Solano, acaso el último dirigente del POUM que seguía entre nosotros. Durante décadas fue una especie de memoria andante del partido que mejor encarnó los sufrimientos y las contradicciones de la zona republicana durante la guerra de España, acaso porque el POUM lo quería todo y a la vez: ganar la guerra y hacer la revolución. No consiguieron ni una cosa ni la otra, y mientras sus milicianos morían en el frente sus dirigentes eran encarcelados, muertos o exiliados antes de que los franquistas democratizaran la represión, extendiéndola a estalinistas y poumistas, a anarquistas y socialistas, a republicanos liberales y a nacionalistas de cualquier nacionalidad que no fuera el Imperio de Isabel y Fernando.

Más tarde Wilebaldo Solano fue un exiliado tozudo, de los que regresaron a España para seguir la lucha desde dentro. Una doble lucha: contra el franquismo desde luego, pero también contra el otro fascismo: el de Moscú, el que representaba el estalinismo aparentemente triunfante en la izquierda durante los años cuarenta a setenta. Luego el comunismo oficial fue al basurero de la Historia, y la gente como Solano, perseguida, amenazada y en la medida de lo posible, silenciada, pudo recuperar presencia pública y desde la experiencia, hablarnos a las nuevas generaciones. Para entonces el POUM ya sólo era un recuerdo lejano y un festín para los historiadores.

Conocí a Wilebaldo Solano una obscura tarde de invierno, a mediados de los años noventa, cuando alguna gente de izquierdas de diversos partidos intentábamos que la sociedad no se resignara a aceptar lo que nos había caido encima: el gobierno de Aznar y la hegemonía del PP en la política española. Amigos comunes nos pusieron en contacto, y como digo vino una tarde a mi despacho para hablar conmigo. Le recuerdo como un hombre mayor, enjuto, pulcramente vestido con traje, chaleco granate de punto y corbata antigua, con el abundante cabello blanco perfectamente recortado y unas gafas de pasta negra que le daban un aire de profesor emérito. Hablaba pausado, con una perfecta pronunciación propia del castellano viejo que era, escogiendo las palabras cuidadosamente de un amplio vocabulario con el que construía frases simples y eficaces. Habló durante bastante rato, y le escuché con respeto y cierto distanciamiento. Cuando hablé yo, quedó claro que no íbamos a entendernos; entre los dos había casi medio siglo de distancia, y experiencias políticas y vitales muy distintas. En resumidas cuentas me pareció un hombre que seguía fiel al viejo perfil poumista, y que por tanto continuaba inscrito políticamente en algún punto intermedio entre el comunismo heterodoxo y el socialismo de izquierdas. Supongo que para entonces hacía ya muchos años que debía haberse desprendido de la vieja concepción bolchevique del partido "de" y "para la Revolución, pero alguna reminiscencia le quedaba. Internacionalista, simpatizaba con el nacionalismo catalán de izquierdas, aunque no sé si llegaba a percibir que el contemporáneo no tenía nada que ver con el que él conociera en sus años juveniles en Barcelona. En resumidas cuentas me pareció un personaje de otro tiempo, y acaso lo fuera.

Antes de despedirnos me regaló un librito suyo, una biografía de Andreu Nin escrita en catalán, que me entregó ya dedicado "molt cordialment". Lo tengo ante mí ahora. En la portada hay una fotografía de Nin y Solano conversando relajadamente. Wilebaldo es ahí un joven que sin embargo resulta idéntico al hombre que conocí ya en una vejez avanzada. No sólo físicamente, su gesto y la manera de escuchar (atento, el ceño fruncido y la boca entreabierta) resultan asimismo idénticos en una y otra época de su vida. Por decirlo de otra manera, Solano fue un hombre que consiguió ser el mismo y él mismo a lo largo de toda su vida, algo que no suele ser frecuente ni siquiera entre los hombres de su generación.

En la fotografía que ilustra el post, la misma que aparece en la portada del librito mencionado, Solano (a la derecha de la imagen) conversa con Andreu Nin (a la izquierda).

lunes, 9 de agosto de 2010

Joaquín Maurín vuelve a la palestra


Pocas figuras de la izquierda española han sido tan vilipendiadas por la propaganda estalinista como Joaquín Maurín. De Maurín ya hemos hablado en una ocasión anterior, y también de su condición de principal líder del POUM por encima incluso del referente intelectual del partido, el catalán Andreu Nin, asesinado por agentes del PCE y del NKVD por orden de Stalin. La peripecia de Maurín durante la guerra de España -fue capturado por los rebeldes en Galicia apenas comenzar la revuelta militar, y en 1946 se le permitió emigrar a EEUU-, y el hecho de haber militado en el PCE a finales de los años veinte y combatido desde dentro al estalinismo hasta abanderar la escisión que dio a luz al Bloc Obrer i Camperol en marzo de 1931 (uno de los dos pilares del futuro POUM junto con la Izquierda Comunista de Andreu Nin), le convirtieron durante décadas en presa obsesiva del terrorismo propagandístico del comunismo oficial.

Sucede que en estos tiempos en los que la desaparición del comunismo y la bancarrota de la socialdemocracia han devuelto toda su vigencia al pensamiento socialista (nunca más cierto el viejo lema de Castoriadis: socialismo o barbarie), figuras como la de Joaquín Maurín comienzan a dimensionarse por fin en toda su real grandeza, que es mucha. Aragonés nacido en Bonansa y residente durante años en Barcelona, inteligente, bien parecido, y dotado de una capacidad fuera de serie como agitador y organizador, Maurín, con sus aciertos y sus errores, constituye un ejemplo ético para las nuevas generaciones de jóvenes que aspiran a una izquierda diferente a la que hoy sobrevive en el poder o su aspiración.

Del interés por Joaquín Maurín nacerá pronto un libro publicado por Sariñena Editorial, el sello bajo el que el oscense Salvador Trallero viene publicando textos que están dejando huella en la bibliografía sobre los años de la guerra y la revolución españolas: Alas Rojas, Cartas de Grossi, Orwell en las tierras de Aragón y Sois Leyenda (sobre las Brigadas Internacionales en el frente de Aragón), han sido hasta el momento los títulos editados por Trallero. Pronto se sumarán a ellos como digo esa aproximación a Joaquín Maurín, y a no tardar ya mi libro sobre la deportación de republicanos españoles en Mauthausen, construido alrededor de la figura de mi tío-abuelo Mariano Carilla Albalá. Espero poder darles pronto noticias más concretas sobre estas obras.

viernes, 23 de octubre de 2009

Un libro desvela el rastro de George Orwell en Aragón


Sariñena Editorial, ése pequeño milagro que gestiona Salvador Trallero desde el centro de Los Monegros oscenses, acaba de publicar "Orwell en las tierras de Aragón", de Manuel Benito. Se trata de un nuevo título de esa estupenda colección en torno a la recuperación de la memoria histórica referida a la Guerra de España en tierras aragonesas, que viene lanzando el editor Trallero desde hace apenas tres años y que ya ha dado frutos importantes.

Tras "Alas Rojas Sariñena", el extraordinario volumen en gran formato (premio del Gobierno aragonés al libro mejor editado del año 2006), sobre el aeródromo militar español más famoso de la contienda, y "Cartas de Grossi", el trabajo sobre la correspondencia de Manuel Grossi, dirigente poumista, exhumada por el propio Trallero en el Centro de Historia Social de Amsterdam, un libro que ilumina el papel que jugó el POUM en el frente de Aragón durante los primeros meses de la guerra, aparece ahora este título, que sigue los pasos del escritor británico George Orwell en Aragón aportando un texto preciso y clarificador (entre otras aportaciones se establecen incluso las cotas y lugares que Orwell describe en "Homenaje a Cataluña", dando incluso sus coordenadas geográficas).

En todo caso y como ocurre con la restante producción de Sariñena Editorial, éste no es un libro lugareño: en él se equilibran armónicamente lo local (la descripción y reconocimiento de paisajes muy concretos) con lo global (el descubrimiento del rastro de un escritor e intelectual universal). Por lo demás, y como es costumbre de la casa, el texto va acompañado de un buen número de fotografías, muchas inéditas y algunas tan poco conocidas y hermosas como la que ilustra su portada.

Además de aportar un contenido imprescindible el libro es un objeto bello en sí mismo, una pequeña joyita que apetece acariciar y guardar, algo que también constituye marca reconocible de la casa: tapa dura, papel satinado, buenas reproducciones fotográficas, y un texto con tipografía limpia y legible. Una verdadera rara avis en estos tiempos de ediciones apresuradas y de ínfima calidad, y no solo en los textos. A Trallero se le nota que le gustan los libros como seres con personalidad y viva propias, y que su enfoque de la edición se asienta en la labor artesana y no en la producción industrial. A uno no le cuesta demasiado deducir por su cuenta que el oficio originario de Trallero está en el obrador en el que se miman las cosas que se crean, y no en la adocenada cadena de producción de las llamadas "industrias culturales".

viernes, 12 de junio de 2009

Cartas de Grossi. El POUM en las trincheras del frente de Aragón


A finales de julio de 1936 la columna Arquer-Piquer del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), procedente de la Barcelona que el 19 de julio había derrotado en la calle a los militares rebeldes, ayudó a constituir lo que a partir de las siguientes semanas y hasta marzo de 1938 sería el frente de Aragón.

Uno de los dirigentes de los milicianos poumistas era Manuel Grossi. Asturiano de Mieres y minero de profesión, Grossi se había establecido en Barcelona durante los años de la Segunda República. En la capital catalana se adhirió al Bloc Obrer i Camperol (BOC), una formación que amalgamaba de modo confuso pero al parecer atrayente posiciones de izquierda revolucionaria con una clara militancia nacionalista. El BOC se unió a la Izquierda Comunista (IC), otro pequeño partido catalán, éste de inspiración trostkysta, y juntos constituyeron el POUM, partido que en pocos meses, al estallar la llamada guerra civil española, llegó a adquirir un protagonismo probablemente muy superior a sus efectivos reales. El POUM era un partido formado por gente joven y entusiasta, con posiciones revolucionarias que a menudo desbordaban las de los anarcosindicalistas y desde luego, en abierta oposición a la política de mesura y apaciguamiento ante las clases medias llevada a cabo por los comunistas estalinistas.

En ese contexto, el papel de Grossi en el POUM adquirió cierta relevancia durante los primeros meses de la guerra, al convertirse al parecer en el principal responsable militar del POUM en el sector de la sierra de Alcubierre, a pocos kilómetros de la ciudad de Zaragoza, principal objetivo militar de las milicias republicanas durante 1936. Esa posición de mando llevó a Manuel Grossi a duros enfrentamientos con los dirigentes de las otras milicias, como el anarcosindicalista Buenaventura Durruti, el coronel Villalba, militar profesional y jefe de la guarnición de Barbastro, y también con Del Barrio, líder de la columna del PSUC (estalinistas) en la zona. Pero las mayores pugnas las sostuvo Grossi con los dirigentes de su propio grupo político, como Jordi Arquer, Francesc Piquer e incluso con el propio Josep Rovira, el respetado líder poumista que más tarde sería jefe de la mítica 29 División. Entre otros episodios menos conocidos, tuvo Grossi al parecer un papel destacado en la toma de Leciñena (la posición avanzada más próxima a Zaragoza que llegaron a establecer los republicanos), y también en su caída en manos de los rebeldes, aunque cuando se produjo ésta ya había sido destituido por Rovira.

Todas estas peripecias se recogen en el libro "Cartas de Grossi", que acaba de publicar Sariñena Editorial. Salvador Trallero, el joven y audaz editor aragonés que comanda esta editorial, acaba de sacar a la luz un testimonio relevante en forma de 40 cartas escritas por Manuel Grossi a principios de los años setenta, dedicadas en su mayoría a documentar lo sucedido en el frente de Aragón durante el verano y el otoño de 1936 y a explicar la posición de Grossi ante esos hechos, y sobre todo, a justificar sus propias acciones. En sus cartas, Grossi narra lo que él mismo llama "su verdad", que si en ocasiones resulta evidentemente sesgada en otras muchas ayuda a clarificar sucesos oscuros o poco conocidos. Se trata pues de un testimonio de primera mano facilitado por un personaje que se movió en el ojo del huracán durante los inicios de la guerra civil, y que además fue capaz de relatarlo de modo sencillo y coherente, a pesar de la aparente dispersión de temas, momentos y personajes que nos presenta en las cartas.

Salvador Trallero encontró este material precioso en el Centro de Historia Social de Amsterdam, y por lo que cuenta él mismo enseguida pensó en publicarlo. Hay que decir que este no es el primer libro que propone Trallero sobre esos días trágicos. En 2006 Sariñena Editorial consiguió el premio del Gobierno aragonés al Libro mejor editado durante el año en Aragón por su "Alas Rojas, Sariñena", un excelente volumen lleno de imágenes desempolvadas por Trallero en archivos militares, que narra la existencia del que quizá fue el más famoso aeródromo militar republicano de toda la guerra de España, situado precisamente junto a la localidad monegrina de Sariñena. Entre los proyectos editoriales de Trallero para los próximos meses figura la inmediata publicación en el próximo otoño de un libro sobre la presencia de George Orwell en el frente de Aragón, y otro sobre las Brigadas Internacionales en el mismo escenario. En 2010 Sariñena Editorial publicará el libro que estoy finalizando sobre mi pariente Mariano Carilla Albalá, miembro de la sección de caballería de la columna del POUM que comandó Grossi, exiliado en Francia y deportado por los nazis a Mauthausen, donde fue asesinado en agosto de 1941.

Cartas de Grossi, edición de Salvador Trallero. Ed. Sariñena Editorial. Junio de 2009.

En la fotografía, el abanderado de la caballería del POUM enarbola el estandarte en lo que parece la era de alguna población próxima al frente de la Sierra de Alcubierre (verano-otoño de 1936).