jueves, 30 de agosto de 2007

Fuera ciclistas de las aceras


Esta semana ha entrado en vigor la nueva Ordenanza municipal de circulación en Barcelona, que entre otros aspectos limita el derecho de pernada sobre las aceras del que hasta ahora han disfrutado los ciclistas, merced a la estúpida permisividad con que les obsequió el anterior gobierno municipal. Veremos si aún se está a tiempo de reparar el daño hecho en la conciencia cívica de esta gente.

Según parece, a partir de ahora los ciclistas sólo podrán circular por los carriles señalados a tal efecto en las aceras, sin invadir el espacio reservado a los peatones. En todo caso, no habrá carril bici en aceras de menos de tres metros de ancho, y se reafirma la prioridad del peatón sobre el ciclista en el uso de la acera.

Claro que las sanciones para los bestias a pedales no superarán los 30 euros. Y uno no se imagina a la Guardia Urbana barcelonesa multando vehículos que ni siquiera llevan matrícula. Así que mucho me temo que vamos a continuar más o menos igual.

Vista además la agresividad que los émulos urbanos de Induráin van desarrollando -hace apenas unos días un redactor de El Periódico de Catalunya y su esposa fueron atacados a puñetazos por un ciclista sin mediar palabra ante su negativa gestual a cederle el paso-, los peatones vamos a tener que comenzar a pensar en acciones de resistencia pasiva ante los vehículos de tracción animal que nos acosan. Hay que defender el único espacio público de la ciudad que nos está reservado y en el que se supone que deberíamos estar seguros.

2 comentarios:

Daniel Manzano dijo...

¿Y porqué los ciclistas circulan por la acera? No será que no hay carriles-bici y que si circulan por la calzada se juegan la vida. A lo mejor si los coches los respetaran un poco no habría tanto problema.

Editor dijo...

Tu razonamiento es impecablemente perverso, Daniel: como en la calzada no se respeta a los ciclistas, éstos se ven obligados a no respetar a los peatones que circulan por las aceras. Siempre pierde el más débil, pues; puro darwinismo selvático, con el que una sociedad civilizada no puede estar de acuerdo.

El problema de fondo es que en este país, cualquier mindundi que se sube a un cacharro que no sean sus propios zapatos -sea un patinete o sea un descapotable, pasando desde luego por las bicicletas y las motos- ya se siente con derecho a mirar por encima del hombro al peatón.