sábado, 4 de agosto de 2007

Ferraz no puede ser el Kremlin. Democracia también para Navarra


La cacicada del aparato del PSOE imponiendo la continuidad en el gobierno de Navarra de la organización regional del PP más escorada a la extrema derecha -ese conglomerado de carlistas, alfonsinos, franquistas y neocons que es la UPN-, representa el final de las esperanzas habidas no sólo de que se produjera un cambio en esa región, sino de que el gobierno de Zapatero retomara en algún momento la vía de circulación por la izquierda que siguió en sus primeros meses, y que luego ha ido abandonando a medida que crecía la presión sobre él de los poderes fácticos, de la extrema derecha parlamentaria y sobre todo de la perrera mediática al servicio de los intereses más reaccionarios y bastardos.
En cierto modo, al prohibir finalmente a su organización regional navarra pactar con Nafarroa-Bai e IU un gobierno de cambio en Navarra, el PSOE-Ferraz acaba de enseñar las cartas con las que pretende ganar las elecciones de marzo próximo. Obsesionados con ganarle al PP esa mítica franja de "voto moderado" en la cual los "expertos" dicen que se ganan las elecciones, el aparato socialista está dilapidando el aluvión de votos de izquierda que el 14 de marzo de 2004 llevó a Zapatero a La Moncloa: 1'5 millones de votos de socialistas críticos que se habían abstenido en el año 2000, y otro 1'5 millones de votantes de IU en aquellos comicios. En total, 3 millones de votos de izquierda neta, gracias a los cuales el PSOE pudo ganar el 14-M.

Los apoyos parlamentarios que le consolidaron en el poder entonces fueron asimismo provenientes de la izquierda de la Cámara, tanto de la izquierda tradicional representada por IU, como de la izquierda burguesa representada por ERC y las nuevas formaciones nacionalistas, BNG y CHA; las derechas democráticas, PNV y CiU, permanecieron fuera de esa coalición de facto, obviamente, aunque agradecieron los gestos de civilidad emanados hacia ellos desde el nuevo gobierno. El PP golpista del 13-M quedaba, lógicamente, en las tinieblas exteriores.

En realidad, a Ferraz nunca le gustó ese diseño. Al PSOE- Ferraz le dan pavor los proyectos de izquierda, por eso Blanco y compañía han luchado desde la misma constitución del gobierno Zapatero, para dinamitar pactos y tratos con los partidos de la izquierda parlamentaria; secundariamente, a Ferraz tampoco le gustó nunca ni un pelo el proceso de paz en el País Vasco, pero ésa es otra guerra que tiene poco que ver realmente con este asunto. Ferraz ha intentado imponer siempre una política de pactos hacia la derecha, lo cual fue público y notorio a partir del asunto de la negociación del nuevo Estatuto catalán. Una y otra vez Ferraz ha empujado hacia la derecha, hacia un pacto con CiU (que exige que le "devuelvan" Catalunya) y con el PNV (con el objetivo de neutralizar políticamente al mundo de ETA).

En Ferraz no gustó nada tampoco el gobierno gallego socialista-nacionalista. Entre otras cosas, porque además de abrirle el poder regional a los nacionalistas de izquierda y hacerle un feo considerable al PP, quedaba claro que sin José Blanco como secretario de Organización del PSG-PSOE ese partido era capaz de superar las luchas internas y establecer líneas de trabajo con otras formaciones políticas, algo que en la época Blanco resultó del todo punto imposible, en parte debido a la proverbial incapacidad del personaje para acometer gestiones de cierto vuelo.

Aún menos gustó la reedición del tripartito catalán. En honor de Montilla hay que decir que el dirigente socialista catalán tuvo la entereza suficiente para enviar las presiones de Ferraz al diablo -lo que debió de sorprender desagradablemente a quienes le creían "uno de los nuestros" por entero-, y hacer lo único que desde una perspectiva de izquierdas debía de hacer: un gobierno de izquierdas en Catalunya, enviando a la oposición a las derechas reaccionarias, CiU y el PP.

En Navarra los dirigentes socialistas locales tuvieron miedo hasta de la posibilidad de llegar a ganar las elecciones -el PSN-PSOE es una organización pequeña y con poco arraigo-, y finalmente, tras marear la perdiz durante demasiado tiempo, aceptaron el clamor de las bases en el sentido de apoyar el gobierno de cambio que la sociedad navarra democrática reclama. Luego se han plegado con rapidez al "diktak" de Blanco y adláteres. Zapatero parece haberse desentendido del tema, seguramente preocupado porque fuera cual fuese la resolución final no le acabara salpicando directamente cuando falta tan poco para las generales; es así como Blanco-Ferraz y su política ratonera cargan con toda la responsabilidad de esta cacicada propia de los tiempos de la Komintern, y por Dios que muchos somos los socialistas y hombres y mujeres de izquierdas que, al albur de lo que se oye estos días en las radios de toda España, estamos determinados a hacérselo pagar muy caro.

Para postre, el inefable Javier Rojo acaba de ponerle la guinda al pastel de los disparates con unas repugnantes declaraciones en TVE, afirmando impertérrito y con su gesto de suficiencia característico que en política hay razones que están por encima de los sentimientos de los ciudadanos. Ni un senador romano de los tiempos de Calígula lo hubiera expresado mejor.

Es obvio que Ferraz quiere amarrar esos votitos "moderados" que ilusoriamente creen permiten ganar las generales -les interesa creerlo, a ellos, políticos profesionales acostumbrados a valorarlo todo en función de sus propios intereses continuistas-, aunque ello suponga la desaparición electoral del PSN-PSOE. No se dan cuenta, o no quieran darse cuenta, de que para no irritar al puñado de fans de los Bono, Paco Vázquez, Redondo Terreros y resto de la cuadrilla, han provocado la indignación de un número infinitamente superior de votantes socialistas de izquierdas en toda España que hoy se sienten humillados y estafados.

Se diría que Blanco y compañía han confundido Ferraz con el Kremlin. Y no precisamente con el Kremlin de Lenin, sino con el de un poco después.

5 comentarios:

Marian dijo...

Querido Joaquim, espero que no sea cierto eso de que muchos socialistas tanto hombres como mujeres hagan pagar caro al PSOE,(aunque se lo merezca) en las urnas, porque los votantes del PP no van a abstenerse y entonces seria espantoso volver a tenerlos gobernando en este pais.
Claro que es decepcionante que no hayan pactado con Nafarroa-Bai- IU,
pero a mi me parecio el post de Ramón perfecto al explicar como al PPles quedaba poco tiempo de vida en Navarra, dado que estan en minoria con respecto a la izquierda y que al mismo tiempo les cierran la bocaza. No va a poder el PP. hacer de las suyas por mucho que lo desee.
¿Que hay cobardia en el PSOE?, por supuesto, pero es que hay mucha gente que vota al PP, y que creen todas las mentiras que sueltan, por lo que hay que andar con pies de plomo.
Con respecto a Blanco, efectivamente me parece bastante repugnante, me recuerda a un cura cualquiera, y deberian de suprimirlo de una puñetera vez, pero tengo la impresión de que no tienen mucho donde poder elegir.
Comprendo y comparto tu indignación al ver al PP gobernando de nuevo en Navarra, pero me consuela pensar que será por un tiempo mínimo.
Un fuerte abrazo.

imagina dijo...

Gracias por decirlo tú, ya que llevaba bastante tiempo buscando los argumentos para decirlo yo.
Imagino que el paralelismo entre el caso de Navarra y el caso del desguace desde Ferraz del federalismo de Maragall (después de haberles servido bien), existe solamente en mi mente, pero a mi me parece que los días de prevalencia del PSOE, como partido bandera de la izquierda española, están contados y yo, pesimista confeso, desde hace varias convocatorias electorales, estoy sirviendo mi voto a otras formaciones, con menos tendencias aparentes hacia la derecha.
Igual sería mejor la postura de algunos conocidos de “ja s’ho faran” y dejan de participar en las elecciones.
Saludos pesimistas

Editor dijo...

Marian, no me refería al PSOE sino a los Blanco y compañía. Espero que la presión de militantes, simpatizantes y votantes eche a esa gente de la dirección del partido lo más pronto posible.

Es cierto que el peligro real es que quien reciba el castigo sea el partido, y que el beneficiario paradójico de esa protesta acabe siendo el PP. Y todos sabemos qué significaría eso.

Para evitar que ocurra es imprescindible comenzar acciones de protesta ya, como por ejemplo el Congreso extraordinario del PSN que piden militantes y dirigentes navarros: abrir espacios de discusión donde se le canten las verdades del barquero a los aparatchiks de Ferraz y a los dirigentes afines a esa gente.

Imagina, aún compartiendo tu pesimismo no creo que se deba tirar la toalla, ni mucho menos, porque eso significa dejar camino expedito al PP.

Por razones muy complejas, no hay alternativa organizativa a la izquierda del PSOE, y ninguna organización va a poder reemplazarle en ese papel. Desde luego no será IU. Puede articularse alguna fuerza de izquierda al estilo de Die Linke, pero siempre será un grupo con más o menenos apoyo y fuerza, nunca el referente único de la izquierda en España.

Así que la única alternativa es depurar el PSOE desde dentro de pequeños aprendices de Beria, y seguir peleando para hacer que sus propuestas giren de nuevo hacia la izquierda.

FÍGARO dijo...

En la segunda mitad de los setenta, el PSOE tenía clarísimo que Navarra era Euskadi. Y cuando se diseñó la España de las Autonomías, una amplia mayoría navarra parecía empujar en esa dirección.

En realidad, hasta la parte más civilizada de la derecha recién salida del franquismo lo tenía claro: Si pudiéramos ver los telediarios de la Televisión Española (La única que había entonces), bajo la dirección política de la UCD de Adolfo Suárez, comprobaríamos que cuando daban una noticia sobre Euskadi salía una silueta en la península ibérica en la que aparecía incluida Navarra junto con los otros tres territorios actuales.

La independencia de Navarra y su configuración como autonomía uniprovincial, era solo defendida en aquel entonces por la derecha más rancia y contraria al cambio político, o sea los requetés & Cía.

De repente, y casi de la noche a la mañana, el tema se agrió. Los socialistas navarros pasaron de ser partidarios de la unidad con Euskadi a ser partidarios de la autonomia uniprovincial para Navarra.

Y consecuentemente, se separaron del Partido Socialista de Euskadi, creando el Partido Socialista Navarro actual, el PSN. En las ponencias constitucionales y demás reuniones en las que se diseñó el mapa autonómico actual, apoyaron la creación de una autonomía uniprovincial para Navarra, desdiciéndose de su postura anterior. Lo único que pudieron hacer los nacionalistas vascos, fue introducir la famosa disposición adicional de la Constitución de 1978, que fue unánimemente aceptada en reconocimiento de que había sido la posición mayoritaria de todos los grupos parlamentarios hasta entonces.

Bastantes años más tarde, ese Partido Socialista Navarro fue escenario de un sorprendente nivel de corrupción: Urralburu, Roldán, Aragón, Otano etc. Entonces hubo quien dijo que el insólito cambio de rumbo anterior sobre la cuestión vasca, se debió a que los socialistas navarros querian "hacérselo" y "montárselo" por su cuenta, y no querían integrarse en una organización territorial con monstruos sagrados como Rubial o Nico Redondo (Padre) que les vigilara y fiscalizara sus movimientos (¡Y sus cuentas!).

Probablemente el asunto tal y como está sea ya insalvable. Pero no estaría mal una cascada de dimisiones y abandonos de militantes y de responsables del PSN.

O bien que hicieran honor a la fama que tienen los navarros cuando se les mete algo en la mollera, y que votaran en la investidura lo que les pida el cuerpo, pasándose por el arco de triunfo las directrices intrusivas de Madrid.

¡Veremos si hay lo que hay que tener!

(Me temo que no)

Editor dijo...

Me temo que tras las amenazas y desplantes de Blanco, el cierre de filas es inevitable. Otra cosa es que gente de base sin nada que perder (ni ganar) a nivel personal, monte el taco manifestándose y pidiendo dimisiones.

Mi pronóstico es que el gobierno de UPN saldrá adelante (con alguna espantada), que no habrá Congreso extraordinario en Navarra, y que alguna gente se irá del partido. A corto plazo no va a pasar nada más.

Pero más adelante Blanco la va a pagar, y no solo por lo de Navarra. Demasiado tiempo chuleando al partido no puede salirle gratis.