jueves, 2 de agosto de 2007

El Ejército de los Santos marcha de nuevo


En 2005 se cumplieron 140 años de la Marcha contra el Sur llevada a cabo por el Ejército de los Santos. Dicho así no parece una efeméride que tenga gran relevancia; pero si a continuación añadimos que se trata de la campaña militar que puso fin a la Guerra Civil norteamericana, y que sus ecos han inspirado en 2006, casi siglo y medio después, la mejor novela en lengua inglesa del año y el mejor disco grabado en directo en ese mismo período, y que ambos llegan ahora a nosotros, comenzaremos a hacernos una idea cabal de la importancia de aquella gesta.

La Marcha del Ejército de los Santos alude a la expedición que encabezó el general unionista William Tecumseh Sherman al frente de 60.000 hombres, una acción militar que en apenas unos meses entre finales de 1864 y comienzos de 1865 arrasó Georgia y las Carolinas, hundiendo la economía del Sur y destrozando por completo sus infraestructuras. De hecho, se considera a Sherman como el inventor del concepto "guerra total", aplicado luego con profusión a lo largo del siglo XX.

La Marcha de los Santos fue pues, mucho más que una razzia militar, una verdadera plaga de Egipto que devoró un país entero. Tras las columnas de soldados unionistas se agruparon miles de esclavos huídos, propietarios blancos desposeídos, truhanes, advenedizos, desertores y en fin, una marea humana que seguía a las tropas de Sherman y que como ellas, vivía sobre el terreno. Lo que no se podía comer o transportar, era destruido inmediatamente.

Si los blancos del Sur de EEUU recuerdan con pavor esos días, en la memoria colectiva de los negros norteamericanos por el contrario ha perdurado aquella campaña como el momento en que verdaderamente llegó la libertad para los esclavos. Es por ello que este individuo extraño y brillante que fue William T. Sherman, ocupa desde entonces un sitio de honor en el recuerdo de los norteamericanos de raza negra, junto a otros dos blancos, presidentes ambos: Abe Lincoln y Franklin Rooselvelt.

Todo esto queda recogido y es desarrollado en una estupenda novela, "La gran marcha", de E.L. Doctorow, que en 2006 recibió el premio PEN/Faulkner y que en 2007 llega a nosotros traducida al castellano y publicada por Roca Editorial.

Huyendo de las novelas historicistas al uso, Doctorow reconstruye con todo detalle una pléyade de vidas que ruedan al compás del avance de esas tropas, entrando a saco en cada una de las pequeñas biografías envueltas por la guerra -la joven esclava huida, la dama sureña desposeída, los dos pícaros desertores, el médico militar, el propio Sherman, entre otros personajes de una galería representativa de la condición humana-, y los retrata en sus momentos de gloria y de miseria, respirando y caminando, siempre marchando hacia el mar, como una tronada de pedrisco que azota ciudades y plantaciones, que destruye ferrocarriles, saquea cosechas y aplasta cualquier resistencia a su paso. En suma, la novela de E.L. Doctorow toma un trozo decisivo de la Historia moderna de EEUU y lo revive para nosotros, lo devuelve a la luz, fresco y palpitante, envuelto en una técnica literaria envidiable, obligándonos a leer de un tirón una novela de casi 400 páginas.

En lo que hace al disco relacionado con esa efeméride, éste es "Live in Dublin", de Bruce Springsteen. La verdad es que anteriormente nunca tuve en mucha consideración a Springsteen, nunca me interesó en sus tiempos juveniles de rockero macarrilla y fachoide, cuando el antiguo camionero se abrazaba con Ronald Reagan en la Casa Blanca y le regalaba guitarras dedicadas, la época en suma que encarnaría "Born in the USA". Luego ha venido una sorprendente madurez de Bruce Springsteen como músico y como persona, quizá contaminado por su atracción por la música negra (algo que por ejemplo, le ocurrió a un Clint Eastwood que asimismo evolucionó radicalmente como hombre de cine y como persona a través precisamente de esa misma afición), y si su penúltimo disco era una recopilación de temas nada menos que de Pete Seeger, incluido su tremendo We Shall Overcome (Todos juntos venceremos), el que ahora acaba de publicarse en España, grabado en directo en Dublín en noviembre de 2006, supone un hito difícilmente superable tanto por su calidad artística como por su grado de compromiso social.

En "Live in Dublin" Springsteen se ha rodeado de una banda de 17 músicos espléndidos, con los que aborda un amplio repertorio en el que destacan temas tradicionales negros relacionados con la época de la esclavitud y la Guerra de Secesión, y también canciones de trabajo y lucha blancas amén de sus temas clásicos más limpios, y algunas baladas de buen nivel; la verdad es que lo único que me sobra en este disco es un sorprendente homenaje a Jesse James, un criminal sudista mitificado como un caballero en ciertas canciones populares, aunque el tema despojado de la letra es divertido y suena divinamente. Todo el disco tiene un aire de recuperación de música tradicional auténtica y nada folk al uso; las versiones son todas muy cuidadas y trabajadas, no hay blandenguerías ni concesiones al pop baladista. Entre la masa instrumental hay una sección de viento que suena como dios y conduce muchos temas hacia el puro ragtime, y un violinista magistral arrancando ensoñaciones yiddish a su instrumento que armonizan y subrayan a la perfección pasajes de música popular en varios temas.

Entre las piezas que componen el disco destacan las de origen negro, casi de coro de iglesia, como O Mary Don’t You Weep (sensacional apelación al optimismo incluso en los peores tiempos), This Little Light Of Mine (un canto a la fuerza interior), o una fabulosa versión de When The Saints Go Marching In (Cuando los Santos marchan), el tema que alude precisamente a la Marcha del Ejército de los Santos de Sherman, que Springsteen canta con el ritmo original, mucho más lento que en la versión popularizada por Louis Armstrong. Entre los temas blancos, Erie Canal (una bellísima canción de trabajo, o de paro, en realidad), My Oklahoma Home (puro eco del Medio Oeste), American Land (un homenaje lleno de energía a los inmigrantes que construyeron EEUU), y el inmenso How Can A Poor Man Stand Such Times And Live (la perplejidad de la gente humilde ante los tiempos que corren). El broche de oro lo pone Springsteen cantando We Shall Overcome, en una versión intimista y esperanzada que francamente pone los pelos de punta.

Continuaremos hablando del Ejército de los Santos, de W. T. Sherman y de la vigencia de todas estas cosas en pleno siglo XXI.

2 comentarios:

Apostillas literarias dijo...

Joaquim, no puedo creer que seas tu. Qué gusto volverte a encontrar.

Te dejo un abrazo muy grande.

Editor dijo...

Hola Magda,

Pues aquí andamos de nuevo desde hace algún tiempo. Espero que no sea la última vez que me visites :)