viernes, 12 de diciembre de 2008

Anarquismo y revisionismo histórico. La historiografía burguesa catalana ajusta cuentas con el movimiento obrero


De algunos años a esta parte se ha incrementado de modo notable la producción historicista revisionista destinada a legitimar el franquismo y en definitiva, a avalar las posiciones y actuaciones de la derecha española a lo largo del siglo XX. Se trata de una producción de nula calidad científica y muy escaso interés en cuanto a aportación de ideas, que suele beber con todo descaro en las "fuentes documentales" (manipuladas, obviamente) de los clásicos de la historiografía franquista, y cuya obsesión omnipresente es, además de la autoreivindicación derechista, la descalificación compulsiva de las izquierdas españolas en particular y del movimiento obrero en general, a quienes se presenta como amenazas constantes para el orden social instaurado e incluso para la propia identidad nacional.

Al contrario que en Madrid y en otras partes de España, en Catalunya todo este esfuerzo ha obtenido una mínima repercusión, proporcional al escaso peso social, político y cultural que tiene la derecha española en éste país. La hegemonía del pensamiento científico y de izquierdas en la producción historiográfica ha sido aquí abrumadora desde siempre, y ello a pesar de los esfuerzos hechos desde el pujolismo (el populismo nacionalista burgués catalán) para contrarrestarla, al promover desde los aparatos de poder que ha controlado durante un cuarto de siglo una interpretación del pasado acorde con los intereses del bloque de clases a los que esta ideología -esencialmente conservadora en lo político, reaccionaria en lo social y mítica en lo ideológico- ha servido con dedicación y eficacia.

No es por tanto novedoso que la burguesía catalana intente legitimar su propio papel ante la Historia y ante la colectividad humana a la que pastorea. Lo que sí constituye toda una novedad es que comience a cargar frontalmente no ya contra su enemigo natural político, las izquierdas catalanas, sino contra la base sobre la que éstas han descansado históricamente, el movimiento obrero catalán, y sobre todo contra la versión local del anarquismo, que como es sabido hegemonizó el pensamiento y la acción de los trabajadores catalanes durante casi la primera mitad del siglo XX, dejando una impronta en su mentalidad colectiva que ha llegado hasta nuestros días. Es así que desde hace poco tiempo pero con una intensidad creciente, la historiografía burguesa catalana ha desplegado una verdadera guerra sin cuartel contra el anarquismo catalán, al que se define en función de supuestas características de orden negativo y excluyente: radicalidad politica ultrarrevolucionaria (impuesta a sangre y fuego), marginalidad social y cultural en relación a la "bona gent" catalana (cuyos valores y creencias despreciaría y habría perseguido con saña), y una cosmovisión explicitada ajena al país y propia de gentes ignorantes y foráneas.

En ese marco se inscriben obras como una recientemente aparecida biografía de Joan Garcia Oliver, el verdadero "hombre fuerte" de la FAI catalana en los años treinta y durante la Guerra de España. Su editor, Isidor Cònsul, avisa en el Quadern de Cultura (edición Barcelona) de El País: "Había una seducción romántica del tema ácrata, y ahora, con la recuperación de la memoria histórica, la nueva visión deja al descubierto la falsedad y los crímenes de gente como la de la FAI". Toda una declaración de principios, como puede verse. En este "Retrat d'un revolucionari i sindicalista" se dispara a mansalva sobre la CNT y el anarquismo, y por elevación, contra las izquierdas catalanas de obediencia "no nacional". La CNT y sus hombres, Garcia Oliver entre ellos, serían los responsables del pistolerismo que asoló Barcelona durante los años veinte, al menos en pie de igualdad con los sicarios instrumentados por la patronal (a las órdenes del gobernador civil, Martínez Anido), que asesinaron a centenares de sindicalistas por el mero hecho de serlo; con el mayor de los desparpajos pues, se iguala a víctimas y verdugos. Por lo demás, los revisionistas catalanistas olvidan intencionadamente el pistolerismo antisindicalista igualmente homicida que en los años treinta comandó el conseller de Interior de la Generalitat, Josep Dencàs (el mismo que tras el 6 de octubre de 1934 halló refugio en la Italia de Mussolini, con quien apareció en el balcón de Piazza dei Popolo desde el que éste acostumbraba a mitinear) y organizaban los hermanos Badía (ejecutados en venganza por la FAI) y otros significados cuadros de Estat Català relacionados con dirigentes de la ERC de la época.

A Garcia Oliver en concreto, no se le perdona que tras aplastar a los militares rebeldes el 19 de julio de 1936, los trabajadores organizados tras la CNT y en menor medida el POUM, se hicieran con todo el poder e inauguraran el que más tarde fue llamado "corto verano de la anarquía", es decir, un experimento revolucionario autogestionario que llenó de pavor a la burguesía catalana, quien simplemente desapareció de las calles y de las instituciones. En su "Cuaderno Rojo de Barcelona", la entonces joven revolucionaria inglesa Mary Low narra que fue durante el entierro multitudinario de Durruti (noviembre de 1936) cuando la burguesía barcelonesa y sus partidos empezaron a salir a la calle, sumándose a la inmensa manifestación y en el caso de ERC llevando una gigantesca corona de flores; Mary Low escribió entonces que "si Durruti hubiera levantado la cabeza en ese momento, seguramente hubiera requerido una metralleta para liquidarlos a tiros". Es en ese contexto de pugna de clases en el bando republicano catalán en el que hay que enmarcar los "fets de maig" de 1937 en Barcelona, cuando los partidos burgueses (apoyados por las fuerzas de Orden Público controladas por la Generalitat) y las milicias del PSUC, el partido comunista catalán (que hasta su desaparición fue siempre un partido de "ley, orden y moderación"), pusieron punto final a tiro limpio a la experiencia revolucionaria. Más tarde, la llegada de las tropas franquistas sería acogida por esos burgueses como un mal menor, que definitivamente les libraba del "peligro revolucionario" (obrero y "xarnego"), y restablecía el supuesto orden natural de las cosas y las personas.

Han tenido que transcurrir setenta años, sin embargo, para que por fin la burguesía catalana aborde la tarea de realizar el ajuste de cuentas historiográfico con la izquierda anarquista catalana y los terrores que en ella sigue despertando, en parte porque ése era un trabajo que ya realizaba la historiografía franquista (véase Ricardo de la Cierva, entre otros), y en parte porque la proximidad de los hechos grabados a fuego en la memoria de las clases populares y trabajadoras catalanas dificultaba grandemente la manipulación ahora emprendida. Transcurrido el tiempo, y con una izquierda intelectual y organizativamente debilitada, creen llegado el momento de empezar a atacar y derruir el icono que durante tantos años han observado con temor. Y en ello están.

2 comentarios:

Manuel Trujillo Berges dijo...

Felicidades, no suele ser muy frecuente encontrar comentarios tan acertados sobre Dencàs, los hermanos Badia y Estat Català de esa época, el fascismo catalán del momento.

Editor dijo...

Gracias, Manuel. La historia es la que es, a pesar de los esfuerzos por tergiversarla.