sábado, 31 de enero de 2009

Barraquismo obrero e ideología urbanística burguesa


Si existiera un premio al artículo más estúpido publicado en la prensa española a lo largo del año, el que ayer perpetró el presunto antropólogo Manuel Delgado en El País daría por cerrada la edición de 2009, y eso que aún le quedan 11 meses al año. El atentado lleva por título "Segundo elogio de la barraca", y ciertamente todo él es lo que anuncia: un delirante canto a uno de los fenómenos más tristes y humillantes producidos por la España miserable del franquismo, las infraviviendas de autoconstrucción que crecieron en la periferia de las ciudades industriales españolas durante el período económico llamado desarrollismo, como consecuencia de las grandes oleadas de inmigración del campo a la ciudad habidas desde finales de los años cuarenta a principios de los setenta del pasado siglo. En ese tiempo, millones de personas sin recursos se hacinaban en los suburbios de las grandes ciudades españolas y desde luego catalanas, alojados en barracas construidas por sus mismos moradores con maderas, chapas, cartón y cualquier otro material, a la espera de poder acceder algún día a una vivienda digna de ese nombre. Infraviviendas insanas, inseguras, expuestas a las inclemencias del tiempo y en la que no existía posibilidad de intimidad.


El rebuzno grandioso conque a costa del barraquismo nos obsequia en ese artículo, lo fundamenta Manuel Delgado en "un artículo publicado por Oriol Bohigas el 27 de enero de 1957 en Solidaridad Nacional, titulado "Elogio de la barraca". En ese artículo del entonces joven urbanista y arquitecto -que a lo que se ve, ya apuntaba maneras en su gusto por hacer pedagogía urbanística escandalizando-, y según cita Delgado,"se razonaba que el barraquismo había hecho posible la incorporación de sucesivas oleadas de inmigrantes, que colonizaban áreas periféricas o intersticiales de la ciudad(...) Los nuevos barceloneses generaban allí un urbanismo espontáneo, grosero si se quiere, pero en que se hacía manifiesta la creatividad con que los segmentos más vulnerables de la sociedad estaban dispuestos a adaptarse al duro contexto al que se enfrentaban." No es una broma aunque lo parezca. Bohigas escribía totalmente en serio, y Delgado le cita para dar empaque a lo que añade luego de su cosecha: según él, el barraquismo era en realidad "autogestión del territorio"(!) , y fue substituido desventajosamente por los polígonos de viviendas "de una pésima calidad arquitectónica y urbanística" (no peor, en cualquier caso, que la de las barracas). Para Delgado el chabolismo constituía "una vía de integración en la forma y en la vida urbanas" que ofrecía "relativas mejores condiciones" para sus moradores que los polígonos de viviendas.

Lanzado ya por la pendiente, Delgado vuelve a citar textualmente a Bohigas: "La pobre y alegre barraca es una solución más humana, una solución mejor planteada urbanística, arquitectónica y éticamente" que los monstruos mastodónticos y desangelados"(...). Y acababa, plañidero:"No las destruyamos (las barracas), por favor, si no es para superarlas" Por su parte Delgado nos informa de que si las barracas fueron suprimidas "no fue para superarlas, sino para arrebatarle a las clases populares lo que les quedaba de control sobre su propia vida cotidiana", para añadir luego que "a lo largo de la primera mitad del siglo XX la posibilidad de obtener un techo bajo el que vivir quedaba garantizada al menos por el recurso a levantarse uno su propia barraca donde fuera". Un derecho que evidentemente olvidaron de de recoger la Carta Universal de los Derechos Humanos, la Constitución española de 1978 y el Estatut de Catalunya de 1979.

La traca final del artículo de Delgado se dispara amparada bajo las siglas del Fomento de las Artes Decorativas (FAD) -otra burguesísima institución barcelonesa, empeñada ésta en la defensa del "diseño" por encima de todas las cosas-, que al parecer en 2003 promovió "una serie de actividades acerca de la vivienda de emergencia bajo el epígrafe de Barraca Barcelona". La cosa parece que iba de "activismo antiespeculación" y de "reconocer en las barracas valores positivos vigentes. Hoy los jóvenes, los mayores, los inmigrantes, los nuevos y viejos sectores sociales fragilizados, merecerían que se les permitiera reunir fuerzas y materiales con los que hacer surgir nuevos barrios de barracas. De la mano de esas humildes construcciones les sería dado a los débiles conquistar, ahora, por su cuenta, ese derecho al hogar que las leyes les prometen, pero que los poderes les niegan".

Como pueden comprobar, la burguesía barcelonesa -en la que por fin ha logrado ser aceptado el antropólogo Delgado, antaño furiosamente anticatalanista-, además de carecer de sentido del ridículo continúa mirando cuanto acontece en los barrios situados más allá de la Sagrada Familia como si ocurriera en las regiones africanas más remotas. Desde sus amplios pisos de Pedralbes y el Eixample, sus chalets en Sant Cugat y sus masías en el Empordà, una exquisita tropa de arquitectos, urbanistas, sociólogos, antropólogos, reyes del diseño y algún que otro especialista en "políticas sociales", fantasea acerca de lo que más les conviene a gentes a quienes no tienen el gusto de conocer y cuyos problemas en realidad les importan un comino. Nuestros burgueses pensantes alientan ahora el retorno al barraquismo como solución a los problemas de vivienda que padece la clase trabajadora, y lo hacen desde sus cómodas viviendas levantadas con las plusvalías que sus antepasados cercanos arrancaron de las espaldas de esos a quienes, quizá con mala conciencia, pretenden ahora redimir por el método de devolverlos a las chabolas donde crecieron sus padres.

¿Se puede ser más deliciosamente idiota?.

En la fotografía, chabolas en el barrio de El Carmel, Barcelona, años 60.

4 comentarios:

pena dijo...

Hola, delirante total. Está claro que cuando se agotan las ideas cualquier argumento es bueno, si uno mismo se lo cree. Sequera intelectual total.Además de un insulto a la dignidad de las personas. Saludos.

Editor dijo...

Por cierto, el señor Oriol Bohigas anda ahora ocupadado en la construcción (casi finalizada)de un hotel de lujo dentro del mar, frente al puerto de Barcelona, es decir en pleno dominio público -la Ley de Costas sigue vigente-, y a tiro de piedra como quien dice de donde hasta hace 30 años estaban las antiguas barracas de Montjuïc. Sin comentarios.

luchino dijo...

Muy buen articulo, Joaquim. Y es que, yo, cuando oigo hablar a la derecha española, siempre pienso: " el mundo al revés", los ejemplos abundan, el periodo de "extraordinaria placidez", los triunfalistas dircursos del régimen mientras el pueblo pasaba hambre..., en fin, para qué seguir.

Editor dijo...

Gracias, Luchino.

Lo más curioso es que gente como Delgado y Bohigas se autositúan políticamente no en la derecha sino en la mayor de las progresías, y cada uno por su lado. Bohigas ha sido "socialista" y ahora es "republicano-independentista", y lo de Delgado es una confusa empanada más o menos "libertaria" con fuertes resabios españolistas.

De todos modos, el paternalismo del que hacen gala ambos, su arrogancia manifiesta e instintivo desprecio de clase, son rasgos inequívocos de la peor burguesía local.