viernes, 10 de abril de 2009

Semana de Pasión y olé


Advierto a mi lectores no españoles que la imagen siniestra que ven en la fotografía no corresponde a un desfile del Ku Klux Klan sino, por increíble que pueda parecerles, a un acto religioso católico, en concreto a una procesión de Semana Santa, llevada a cabo anoche en una ciudad española cualquiera.

Los encapuchados son, se supone, ciudadanos honorables. En los últimos años, incluso se ha puesto de moda entre algunos políticos de izquierdas el participar en estas mascaradas; cosas del populismo y la promoción turística. Porque lo cierto es que las procesiones de Semana Santa españolas arrastran grandes masas no sólo de indígenas sino también de extranjeros, que acuden atraídos por el morbo de ver semejante despliegue de barroca superchería pagana que en realidad poco o nada tiene que ver con el cristianismo, al menos con la versión austera que predomina entre los protestantes y los católicos de latitudes más civilizadas.

En realidad tanto las procesiones de Semana Santa como las corridas de toros, las piras ardientes de las Fallas valencianas y otra media docena más de manifestaciones del carpetovetonismo telúrico son, hoy por hoy, excelentes reclamos a cuya llamada acuden como moscas las masas de españolitos más o menos fervorosos de las tradiciones ancestrales, amén de un turismo ávido de emociones fuertes y escandalosas. Un negocio muy jugoso, en suma. Al final, acabaremos infectando Europa con nuestras barbaridades.

La fotografía que ilustra el post es obra de Gabriel Espín, y ha sido publicada por El País en su edición del 10-04-2008.


1 comentario:

Juan dijo...

Enn esto totalmente de acuerdo. España regresa a la Edad Media una semana al año.