martes, 13 de noviembre de 2007

Morir en Madrid


Un chico menor de edad que se dirigía a una concentración antifascista en Madrid fue apuñalado hasta la muerte por un soldado de paisano que regresaba de una manifestación fascista. Es decir, el menor murió como consecuencia de un acto de terrorismo.

Los hechos escuetos ponen los pelos de punta, y recuerdan inevitablemente momentos no tan lejanos de nuestra historia. Piénsese en el "febrero negro" madrileño de 1976, con los asesinatos de Arturo Ruiz, Mari Luz Nájera, los abogados de Atocha y de algún otro que quedó en el anonimato, a manos de "incontrolados" que todos sabían (sabíamos) perfectamente organizados, dirigidos y protegidos.

Rebajar ahora el suceso a una "pelea de bandas" como han hecho algunas instancias oficiales y sobre todo los medios de comunicación es, simplemente, sacarse los ojos para no ver la realidad. Aquí no hay bandas que valgan, sino una voluntad calculada de sembrar la violencia para desestabilizar la convivencia ciudadana, una acción impulsada y amparada desde la sombra por intereses muy concretos, por lo demás.

Luego vienen los calificativos edulcorados, destinados a quitar hierro y hacer más digerible la noticia: jóvenes de estética skin, grupos de ultraderecha, la extrema derecha política, nostálgicos del franquismo, etc. Eufemismos para rehuir el nombre de la bicha: fascismo.

Aún más penosa es la respuesta de la delegada del Gobierno en Madrid, quien considera que éste "no es un crimen racista" sino "ideológico". ¿Y qué coño piensa la señora delegada que es el racismo, sino una manifestación de una ideología perversa cual es el fascismo? El racismo no es una ideología en sí misma sino un ingrediente consustancial pero no único de la ideología fascista. El analfabetismo político, casi se podría decir académico, de la señora delegada estremece.

En las calles españolas hay un problema. De nuevo. Y no se está atajando. ¿Hasta dónde llegan las complicidades? Evidentemente esta clase de movimientos no sobreviven por sí solos, necesitan financiación, cobertura y apoyo. Necesitan sobre todo un caldo de cultivo propicio donde cocerse antes de manifestarse. Recordemos que no es precisamente la primera vez que un soldado protagoniza esta clase de "incidentes". Es obvio que a éste fulano se le va a caer el pelo, pero a fin de cuentas el tipo de la puñalada no es más que el eslabón final de la cadena, y probablemente el menos culpable. Los verdaderos responsables son otros: aquellos que manipulan a estos seres primitivos e indefensos llenándoles la cabeza de odio y de mentiras. Y esos siguen, por ahora, a resguardo; algunos entre ellos ¿cuántos? ¿quiénes? llevan galones, son de ideología "extremadamente conservadora" y les pagamos el sueldo entre todos.

Empieza a urgir una Ley de Defensa de la Democracia que nos proteja de estas alimañas. Mientras llega –y no debería tardar-, hay que recordar que sigue vigente una Ley de Partidos que pone fuera de la legalidad aquellas organizaciones que practican o apoyan el terrorismo. Por tanto, la vía para una ilegalización rápida de las bandas fascistas está disponible. ¿Hay voluntad política para usarla?.

2 comentarios:

Marian dijo...

Yo tambien al enterarme de la muerte de este chico, inmediatamente recordé el 76, y pensé lo crecidos que estan otra vez estos energúmenos fascistas.

Gracias al PP. Con sus horribles manifestaciones, sacando sus banderas fascistas sin el mas mínimo pudor, incluso haciendo gala de ello, esta gente ha vuelto a asesinar y a sentirse protegida e incluso mirados con complacencia por la cúpula del PP, y terror me da, y mucho me temo que va a ser así,que ésto vaya en aumento mientras esa cúpula no se destruya.

Esperemos que en las urnas tengan un fuerte descenso, aunque lo que me gustaria es que se disolvieran como un azucarillo al igual que pasó con UCD.

Editor dijo...

Exactamente, Marian, esta gente no aparece por que sí, por generación espontánea. El PP, sus organizaciones satélites como la AVT y sus medios de intoxicación como la COPE y demás, han creado el clima necesario para que salgan de sus madrigueras y pretendan apoderarse de nuevo de la calle.