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martes, 9 de septiembre de 2008

El privadísimo negocio de la seguridad en los aeropuertos


El señor Oriol Aragón, jefe del área de seguridad y “facilitación” (sic) de Aviación Civil, anda preocupado estos días porque según la letra del nuevo reglamento europeo ya no es obligatorio descalzarse o quitarse el cinturón en los controles antes de acceder a la “zona segura” del aeropuerto (El País, 8-9-2008).

“Si dejamos que piten antes de pedir que se descalce, el pasajero pasa dos veces el arco y se pierde tiempo", explica Aragón. Para evitar "molestias" en los 200 filtros de seguridad que hay en los aeropuertos españoles seguirán "recomendando" quitarse el calzado y el cinturón, junto con los objetos metálicos. "Vamos a tratar de explicarlo en el control", para evitar "molestias".

Quizá lo mejor fuera que los pasajeros pasaran el arco desnudos, así no habría "pérdidas de tiempo". O ya en plan más radical, prohibir que los vuelos de aviación lleven pasajeros; a grandes problemas, grandes soluciones.

De todos modos, nada de ésto tendrá arreglo mientras la seguridad en los aeropuertos y en dependencias e instalaciones estratégicas en general siga en manos de EMPRESAS PRIVADAS que hacen de la seguridad, de nuestra seguridad, SU SUCULENTO NEGOCIO PARTICULAR. La responsabilidad última de todas las molestias que recibimos es, en última instancia, de todos nosotros en tanto que ciudadanos, porque hemos permitido que nuestra seguridad sea rehén de unas empresas que únicamente están interesadas en hacer dinero a cuenta del erario público, es decir de nuestros impuestos. Se quedan con nuestro dinero, y encima nos martirizan en los aeropuertos.

El perfil del personal que emplean es coherente con esa lógica de saqueo del interés público y maximización de beneficios: personas de inteligencia por debajo de la media, baja formación académica y general y cierta propensión a cobrarse en sus semejantes sus complejos y frustraciones. Les ponen un uniforme, les dan una porra y unas esposas, y se creen que son Walker, ranger de Texas en misión especial, cuando la inmensa mayoría de ellos no son más que empleados de baja cualificación contratados temporalmente por compañías privadas, la mayoría de ellas por cierto, dirigidas por antiguos cargos policiales de la etapa de gobierno del PP.

Hay que remarcar que los "vigilantes de seguridad" no son autoridades policiales ni agentes de la autoridad en nivel alguno, y no tienen más derecho a dar órdenes o a detener a alguien que el que tiene la señora que limpia los WC de la terminal. Si tiene un conflicto con alguno de estos individuos, simplemente "pase" de él y requiera tranquilamente la presencia -obligatoria en cualquier puesto de control- de un guardia civil o policía nacional; verá cómo se le bajan los humos al sheriff.

Nunca discuta con ellos, sólo sirve para inflar su ego y que piensen que son alguien. Y en todo caso, recuerde que el salario de ése tipo y los beneficios de su jefe los está pagando usted directamente de su bolsillo.

jueves, 21 de agosto de 2008

El accidente aéreo de Barajas. Datos de una tragedia evitable


El accidente catastrófico sufrido en Barajas por un avión de Spanair que cubría la línea Madrid-Canarias ha supuesto hasta el momento la muerte de 153 personas, cifra que puede incrementarse en las próximas horas dado el estado crítico en que se encuentra la mayoría de la veintena escasa de supervivientes.

La tragedia se produjo cuando el avión apenas había levantado vuelo, tras una serie de incidentes que retrasaron su despegue. Primero, la detección de una avería supuestamente de escasa importancia, según la empresa, que retrasó hora y media el vuelo, y posteriormente un primer intento de despegue abortado mientras el avión rodaba por la pista. Al producirse por fin el despegue y cuando el avión volaba a doscientos pies sobre el aeropuerto, al parecer se incendió uno de los motores y el aparato comenzó a perder altura hasta estrellarse en una vaguada cubierta de maleza y situada entre dos pistas.

Según explicó anoche un representante del Colegio de Pilotos español en CNN-Canal Plus, el incendio del motor no implicaría por sí mismo que el avión se precipitara a tierra y mucho menos que explotara en el aire, como se dijo en las primeras horas tras el accidente que había ocurrido. A la espera de que los técnicos establezcan el dictamen definitivo a la luz de los datos extraídos de las ya recuperadas "cajas negras" del avión, comienza a abrirse paso un repertorio de hipótesis que, en principio, coinciden en descartar una acción terrorista o voluntariedad de cualquier signo. Parece más bien que hay que buscar el desencadenante de la tragedia en otras responsabilidades, que intentaré aclarar desde aquí siguiendo las informaciones facilitadas hasta el momento.

En primer lugar, el avión siniestrado pertenece a Spanair, una compañía privada propiedad de las aerolíneas nórdicas SAS. La vida de Spanair desde que fue fundada en los años ochenta para competir -junto con Air Europa- con Iberia, y romper así el monopolio que ésta última compañía ejercía en el transporte aéreo español de pasajeros, ha sido francamente complicada y llena de momentos difíciles, incrementados en los últimos tiempos.

Canal 24 Horas de TVE ofrecía anoche datos sobre Spanair muy duros. Según esos datos, desde enero de este año Spanair ha perdido más de 40 millones de euros, y se halla embarcada en un proceso de regulación de empleo que significaría el despido de 1.200 de los 4.000 empleados de su plantilla. Precisamente a la hora en que se produjo el accidente, sobre las 14'30h, hora de Madrid, dirección y sindicatos de la empresa iban a reunirse en Palma de Mallorca, donde está la sede central de Spanair, para comenzar a negociar esos despidos. SAS ha intentado vender Spanair, sin éxito alguno; hoy por hoy Spanair es una compañía "quemada", hundida por la competencia de las compañías de "bajo coste". De hecho, SAS había convertido Spanair en una "bajo coste", explotando las posibilidades de su personal y material hasta el límite.

El avión siniestrado, por lo demás, está fabricado por McDonnell-Douglas, una compañia norteamericana que, como todo el sector aeronáutico estadounidense, atraviesa gravísimos problemas desde hace tiempo. El modelo estrellado en Barajas era un MD-82, un aparato que tenía 15 años de vida -los últimos nueve en Spanair-, aunque algunas fuentes ayer hablaban de 20 años. El MD-82, según Canal 24h TVE- gasta un 25% más de combustible que los Airbus europeos, lo que explicaría que en los últimos meses Spanair haya llegado al borde la quiebra debido precisamente a que las fuertes subidas del combustible han agravado sus problemas económicos y de gestión de siempre. Según oía esta mañana en Radio Nacional de España, el MD-82 es además un modelo con alta siniestralidad, que en los últimos años ha padecido seis accidentes graves con más de 500 muertos; desde que comenzó a fabricarse, a primeros de los años ochenta, ha producido más de 1.000 muertos, según explica hoy El País.

Así pues tenemos un aparato viejo, obsoleto y sometido a sobreexplotación, expuesto por tanto a toda clase de averías como consecuencia de la fatiga del material, por más que la compañía se empeñe ahora en afirmar que en enero último pasó la revisión técnica general sin problemas; habrá que ver, en todo caso, los partes de avería generados desde entonces. Hay que contar además, con el factor humano: al igual que los aparatos en los que trabajan, las tripulaciones en esta clase de compañías son igualmente explotadas hasta el límite de su resistencia.

El modo en que se ha administrado la información relativa al accidente dá lugar a toda clase de sospechas. Mientras que a las 16'45 horas de la tarde las webs de los diarios La Repubblica (italiano) y The Independent (inglés) hablaban de 150 muertos en la catástrofe aérea de Madrid, los medios españoles cifraban los fallecidos en una veintena, igual que Le Monde (diario francés), periódico que señalaba como origen de la información a "fuentes oficiales españolas". Alrededor de las 20h. los medios españoles elevaban ligeramente la cifra de fallecidos, hasta 43, mientras que la periódicos extranjeros citados y otros que se les iban sumando la situaban de nuevo por encima de los 150, y añadían que dado el estado crítico de la mayoría de los escasos supervivientes era previsible que aún se incrementara más. ¿Por qué esa disparidad de cifras?. Obviamente porque la "información oficial", es decir, la que distribuía la Admnistración española, procedía de una única fuente: la propia empresa afectada, Spanair, quien durante toda la tarde-noche estuvo administrando la información a su conveniencia, para intentar ganar tiempo; los diarios que investigaron por sus propios medios obtuvieron cifras reales, quienes se fiaron de la información que provenía de Spanair vía Gobierno español vivieron en la inopia hasta casi la medianoche, cuando hacía casi diez horas del accidente.

Especialmente vergonzoso fue oír a Magdalena Alvarez, ministra española de Fomento (Transportes) referir en rueda de prensa celebrada a las 11 de la noche que el Gobierno "estaba a la espera" (¡ocho horas después del accidente!) de que Spanair le facilitara la lista de pasajeros del vuelo siniestrado, y que en todo caso, ésta podía consultarse "en la web de Spanair". Tal dejación de responsabilidad por parte de un responsable político resulta, simplemente, asombrosa. ¿Por qué el Ministerio de Fomento no exigió la lista de pasajeros a Spanair inmediatamente después de tener conocimiento de que se acababa de producir el accidente? ¿tal vez para no tener que lidiar con los familiares de las víctimas en su búsqueda desesperada de información, sufriendo así costos de imagen?.

El corolario del disparate político organizado en torno al accidente fue la visita de Mariano Rajoy y la plana mayor del Partido Popular (PP) a Barajas. ¿A qué fue esa gente al lugar del drama? Obviamente a chupar cámara de televisión y a colocar su mensajito de “las cosas no se hacen bien”. Un comportamiento simplemente asqueroso, repugnante, el de los dirigentes de la derecha política española. Quienes tenían la obligación de estar presentes ayer en Barajas eran los representantes del Estado, es decir, del Gobierno español, de la Comunidad autónoma y del ayuntamiento de Madrid. Y es por eso que en contraste con la carroñera presencia de Rajoy, destaca la clamorosa ausencia de Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad madrileña, y dirigente asimismo del PP. ¿Dónde estaba Esperanza Aguirre ayer?. ¿Por qué no apareció, y envió en su lugar al vicepresidente de la Comunidad?.

¿Se imaginan la que habrían armado hoy el PP y la perrera mediática a su servicio de haber seguido Zapatero sus vacaciones en Doñana, enviando a Barajas a la vicepresidenta del Gobierno?.

Entre tantas miserias empresariales y políticas, 153 cadáveres. Una vez más.

viernes, 18 de abril de 2008

Barcelona ya no seduce a los profesionales extranjeros


Anoche estuve cenando con M. Mi amigo M es un judío argentino que reside en Barcelona desde hace cuatro años, y que antes de llegar aquí ha vivido en Buenos Aires, Nueva York y Londres. El hombre trabaja en algo que no acabo de entender del todo en qué consiste, pero que al parecer auna informática punta y economía empresarial; es decir, el maridaje perfecto entre el mundo de los negocios y las nuevas tecnologías. Y Barcelona es supuestamente el lugar perfecto para esos maridajes. O eso nos han vendido a todos.

Porque resulta que M me decía anoche que cuando llegue septiembre quizá se vaya de Barcelona. Al parecer siente que aquí ya ha tocado techo; dice que ha llegado al convencimiento de que en mi ciudad no tiene posibilidades de ir más allá profesionalmente, y que por tanto necesita cambiar de aires para seguir creciendo en lo suyo. Aquí ya sólo pueden darle trabajo un par de instituciones financieras, y él no quiere estancarse ni verse limitado en sus posibilidades y menos convertirse en un empleado de una caja de ahorros. Me dice también que conoce a otros extranjeros profesionales de nivel similar al suyo que vinieron a Barcelona y que como él, al cabo de tres o cuatro años de residir entre nosotros se plantean irse porque ya no pueden crecer más en sus respectivas profesiones.

Así que la ciudad de los prodigios, la innovadora, la que teóricamente se había situado en la vanguardia de la implementación de las nuevas tecnologías en el mundo empresarial y bla bla bla tiene un techo tan bajo, que en tres o cuatro años un profesional calificado llegado de fuera siente que ha de largarse de aquí si quiere seguir progresando.

Y luego está, claro, el provincianismo patriotero que agobia a naturales y extranjeros. La mujer de M es una técnico cultural con problemas laborales porque no domina el catalán, en un sector de actividad en el que éste idioma es más necesario curricularmente que los conocimientos y aptitudes que uno/a pueda acreditar. Aunque le reconocen solvencia profesional por encima del personal lugareño disponible, ninguna institución la contrata porque no escribe catalán, cuando lo suyo es redactar textos. La solución es diabólicamente surrealista: esas mismas instituciones la subcontratan para que ella redacte textos en castellano que luego la parte subcontratante -como diría Groucho Marx- entrega a otra persona subcontratada para que los traduzca al catalán. Y todos felices. Salvo los subcontratados, que obviamente no cobran por lo que realmente vale su trabajo sino por lo que quieren pagarles en su condición de trabajadores no reconocidos.

A pesar de todo, a M y a su mujer les gusta Barcelona y sobre todo, nuestra famosa "calidad de vida". Pero un tipo con menos de 40 años, ambicioso y con ganas de seguir mejorando en lo suyo, siente que ésta ciudad se le está quedando pequeña. Es comprensible. Uno, que lleva viviendo en Barcelona toda la vida, lo entiende perfectamente, porque sabe desde hace muchos años que ésta es una ciudad pequeña, capital de un país pueblerino situado en un Estado que lleva en crisis desde la invasión napoleónica.

A veces pienso que sino fuera barcelonés, yo también me iría de Barcelona.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Emprendedores chorizos

Según una información aparecida hoy domingo en El País, la mitad de los empresarios defrauda o justifica el defraudar a Hacienda. O sea, que 1 de cada 2 de nuestros "emprendedores" -que es la forma actual políticamente correcta de llamar a los empresarios- es un chorizo de tomo y lomo, que no contento con apropiarse de las plusvalías que generan sus asalariados le roba cuanto puede al conjunto de la comunidad.

La cosa se ha conocido a partir de una encuesta del ministerio de Economía, según la cual "el 46% de las empresas justifica el fraude fiscal". Son datos del Barómetro Fiscal 2006 realizado por el Instituto de Estudios Fiscales (IEF) del ministerio de Economía y Hacienda.

Según esa información, "la mayor parte de los empresarios ve con buenos ojos este tipo de prácticas cuando éstas se derivan de una situación personal crítica y sirven para "salir adelante".(...) Este colectivo considera el engaño algo "consensual" ya que, en su opinión, todos los contribuyentes lo realizan para conseguir un "cierto equilibrio".

Dado que no parece que la mitad de las empresas españolas estén en crisis y hayan de recurrir a triquiñuelas para sobrevivir -más bien todo lo contrario: sus beneficios no paran de crecer geométricamente, al contrario que los salarios-, la conclusión inevitable es que tenemos una "clase empresarial" integrada al menos en su mitad por verdaderos delincuentes, incluso si se observa el tema desde la manga ancha que en estos asuntos se estila en las "economías de mercado".

Junto a los empresarios, los trabajadores autónomos y los profesionales liberales practican asimismo la evasión fiscal con toda tranquilidad, ya que su control por parte de la Administración es mínimo. En cambio los asalariados, al cobrar por nómina y estar estrictamente controlados, carecen de resquicios a través de los cuales defraudar si fuera su voluntad hacerlo. Es obvio, por tanto que no todos los contribuyentes pueden evadir impuestos, y que los evasores coinciden precisamente con quienes mayores ingresos obtienen: los dueños del capital.

En fin, es sabido que este es el único país del mundo que en cada campaña de la renta arroja sistemáticamente un resultado extraordinario y único en el panorama fiscal mundial: el promedio de ingresos anual declarado por los empresarios es siempre inferior al promedio declarado por los asalariados.

O sea que además de ser unos chorizos, se ríen de nosotros.

jueves, 15 de noviembre de 2007

¡Viva la esclavitud!

Está científicamente demostrado que en EEUU cuando el paro sube, la Bolsa neoyorkina se dispara hacia arriba. Es natural, los sueldos producen inflación; por tanto, a menos sueldos pagados, mayores son los beneficios.

De lo que se deduce que los salarios representan un obstáculo al crecimiento económico. La solución consiste lisa y llanamente en prohibir que las empresas los paguen. Y punto pelota.

Hay dos vías posibles para evitar entonces que los trabajadores y empleados se mueran de hambre, más que nada porque esa circunstancia comportaría el cese de toda producción:

Una, pagar a los trabajadores en especias, y que se busquen la vida luego haciendo trueques entre sí. Por ejemplo, quien trabajara en una fábrica de papel higiénico recibiría a final de mes una cantidad "x" de rollos de ése producto, una porción de los cuales podría trocar con el pollero de la esquina a cambio de unas pechugas y unos muslitos con los que alimentar a su prole. Porque si realmente es cierto de toda certeza que todo hijo de madre necesita comer, no lo es menos que una vez hecha la digestión y expulsados los subproductos resultantes hay que limpiarse el culo con algo apropiado, y de esa ley universal no se escapan ni los polleros, obviamente.

La segunda solución -e innegablemente la más atractiva desde el punto de vista de las ideas aportadas por la revolución neocon-, sería la reintroducción de la esclavitud, tal como proponía un joven y brillante diputado thatcheriano en la añorada serie de la BBC “Sí, ministro”.

No cabe duda de que la esclavitud es un sistema lleno de ventajas incluso para los propios trabajadores, pues en estos tiempos de “adelgazamiento del Estado”, deslocalización de las empresas, salarios de miseria, hipotecas impagables y resto de virtudes de la economía de mercado, la esclavitud garantiza techo, cama y alimento al currante. Además, si el amo vende a los hijos del esclavo antes de que los críos entren en preescolar, éste se libra inmediatamente de tener que hacer frente a los gastos resultantes; calculen ustedes la pasta gansa que el afortunado padre se ahorraría en la educación de sus retoños. Todo ventajas, como puede comprobarse.

Y es que nadie es tan estúpido como para dejar morir de hambre a un esclavo, y en cambio el que reviente un asalariado no le preocupa, literalmente, ni a Dios.

domingo, 11 de noviembre de 2007

De aquellos polvos, estos nervios


Desde mediados de la década de los noventa, numerosas empresas españolas irrumpieron en Iberoamérica como caballos desbocados. Se las estaba "deslocalizando", trasladándolas a una zona del mundo donde los "costos laborales" eran irrisorios comparados con los existentes en España, y donde se podían conseguir plusvalías -ni siquiera siempre legales- como sólo habían podido conseguir nuestros "emprendedores" en la por ellos añorada época del desarrollismo franquista.

No eran empresas cualesquiera. La mayoría proceden del sector público español, privatizado compulsivamente durante el gobierno Aznar (1996-2004): Telefónica, Repsol, Endesa, Agbar... y de bancos muy comprometidos con esa etapa histórica española, como el BBVA y el Santander. Al frente de estas empresas impulsoras de la "segunda colonización" de América, había y hay un puñado de altos ejecutivos aznaristas -es decir, gente cuya ideología y mentalidad son el resultado de la fusión entre las propias del franquismo sociológico y las aportadas por el neoconservadorismo yanqui-, de cuya falta de escrúpulos y amor al dinero fácil hay pruebas sobradas: basta recordar el indescriptible episodio de las furgonetas de seguridad de Prosegur atiborradas con billetes de banco sacados de las sucursales bancarias españolas en Buenos Aires, rodando camino de Eceiza ante las narices de los porteños en aquellos aciagos días de la crisis argentina de diciembre de 2001.

El poder de esta gente sobre los países de América así recolonizados no ha hecho sino aumentar. Muchas de esas empresas controlan servicios públicos esenciales (agua, luz, electricidad, comunicaciones), por lo que su acción saqueadora y antipopular es aún más evidente. Así, no es extraño que su actuación concite la animadversión de quienes la sufren, y que ésta acabe dirigiéndose incluso contra otros empresarios e intereses españoles aunque éstos lleven años colaborando en la medida de sus posibilidades al desarrollo de esas naciones.

La falta de propuestas serias, articuladas y eficaces frente a la pobreza endémica, la explotación económica y las profundas barreras entre clases sociales en la mayoría de los países americanos, ha terminado por dejar campo abierto a toda clase de mesianismos, caudillismos y populismos que se ofrecen a sí mismos como faros de una supuesta revolución que no acaba de llegar, porque quienes encabezan esos movimientos y quienes desde atrás les sostienen y se benefician de ellos no tienen el menor interés en que llegue. La izquierda americana –cada día más débil, fragmentada e impotente- se agarra a los calzones del primero que pasa prometiendo a voces un mañana de justicia social; si además el mesías de turno es capaz de lanzar de vez en cuando algún desplante a los EEUU o a esos “ricos europeos” supuestamente causa de todos los males de América, mejor que mejor.

Es así como Chávez, un producto arquetípico de los cuarteles iberoamericanos –un individuo ignorante, resentido, simplista, autoritario y sobre todas las cosas, extremadamente ambicioso-, ha llegado al poder montado sobre la ola de un pueblo que ya no aguantaba más. Con todo, imaginar que Chávez, cual nuevo Bolívar Rojo, llevará la revolución social a todos y cada uno de los rincones primero de Venezuela y luego de América entera, es tan delirante como sostener que los oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada argentina preparaban desde sus subterráneos la democratización de todo el continente.

Pero en tanto llega el momento de la verdad en que el chavismo acabe de manifestarse en todo su esplendor como lo que es, el dinero fácil del petróleo le seguirá sirviendo para cultivar una imagen de benefactor de los pobres propios y ajenos, y para que algunos gobiernos americanos le bailen el agua, probablemente más por necesidad que por cariño.

Sin embargo, las cosas ya no van tan bien para Chávez como hasta hace poco, y el catálogo de problemas empieza a ser inquietante para él. Sus pistoleros y antidisturbios llevan días enfrentándose en la Universidad de Caracas con estudiantes contrarios a la reforma de una Constitución que el propio Chávez diseñó en su día, reforma con la que pretende perpetuarse en el poder, precisamente ahora que empieza a ser abandonado por quienes le crearon como figura pública. El barril de petróleo, además, acaba de superar la barrera psicológica de los 100 dólares, así que es de prever una contracción de la demanda, que a medio plazo podría llegar a cegar la fuente del maná supuestamente inagotable en la que se asienta el chavismo, los petrodólares. Por otra parte, las iniciativas internacionales de Chávez no acaban de cuajar: su candidato fracasó en Perú, el ecuatoriano Correa cada día le es más esquivo mientras se acerca a Europa (500.000 ecuatorianos residen y trabajan en España), Evo Morales le sigue la corriente sin entregársele del todo, y sólo el desprestigiado, corrompido y trasnochado Daniel Ortega se engancha a sus propuestas con el entusiasmo de quien necesita desesperadamente que alguien apuntale como sea la economía de su país. Los cubanos sufren a Chávez resignadamente, y le aguantarán mientras siga casi regalándoles el petróleo que necesitan pero ni un día más.

Es así que Chávez ha llegado a Santiago de Chile nervioso. Como Macbeth, desde las almenas de su castillo empieza a vislumbrar los ejércitos de enemigos que suben a por él; es sólo una imagen, por ahora. Aunque sus problemas no son sólo de orden político strictu senso.

Antes de viajar a Santiago, Chávez sabía que Zapatero iba a poner sobre la mesa tres propuestas que van a dañar esa imagen de Papá Noel de los pobres que el caudillo venezolano se ha construido en estos últimos años a fuerza de petrodólares: la creación de un centro internacional de prevención de desastres en Panamá que operará para toda América Central y Caribe, convenios con Ecuador y Perú que permitirán que las cotizaciones a la Seguridad Social de los inmigrantes en España reviertan en los países de origen, y la tercera y quizá la más importante a largo plazo aunque ahora sea casi sólo un gesto simbólico inicial, la creación de un Fondo para el Agua en América, que España contribuirá a poner en marcha aportando 1.500 millones de dólares.

No es de extrañar por tanto que Chávez usara la provocación para reventar las conclusiones de la Cumbre de Santiago. El recurso fácil de tildar de fascista a Aznar, logró su efecto: que la delegación española se sintiera insultada no por quien es y lo que representa Aznar (ahí no hay discusión alguna posible), sino porque escupiendo sobre él en mitad de la Cumbre se ninguneaba las únicas aportaciones serias hechas allí. Es obvio que en un encuentro institucional, la delegación española no podía aceptar que se la humillara simplemente para que el ego de Hugo Chávez quedara a salvo.

La grosería y zafiedad de Chávez interrumpiendo a Zapatero cuando éste, en el uso de la palabra y con tono comedido, le estaba pidiendo suavemente un comportamiento más acorde con su supuesta condición de estadista internacional, tuvo una respuesta sorprendente de parte del rey Juan Carlos, que constituye un regalo inesperado para el caudillo venezolano. Nunca debió abrir la boca Juan Carlos en ese incidente, y menos en el tono en el que lo hizo.

Gracias al rey de España pues, Chávez en vez de salir derrotado y con el rabo entre las piernas va a poder presentarse ahora como un mártir del neoimperialismo español, y evitar sobre todo que se hable de los acuerdos de esta Cumbre. Así se las ponían a Fernando VII, dicen.

Es obvio que Juan Carlos al igual que Chávez, también anda con los nervios alterados, aunque curiosamente su nerviosismo proceda más del maltrato que está recibiendo desde los medios de comunicación y los sectores políticos afines a Aznar, que del auge continuo de la opinión republicana en España. Lo segundo no le viene de nuevo: éste es un país republicano de antiguo, otra cosa es que por diversas circunstancias esa opinión ampliamente mayoritaria haya estado en letargo durante algunos años. En cuanto a la enemiga que le profesa el aznarismo y cuanto ese sector de la sociedad española representa en el orden político, económico y social, seguramente sí le toma más desprevenido, aunque no debería por qué.

Y es que el fascismo en España, de José Antonio a Aznar, siempre ha sido republicano.