jueves, 19 de marzo de 2009

Ratzinger en África


Hace escasamente 20 años, el SIDA era para la Iglesia católica “un castigo de Dios” por los pecados de la “sociedad moderna” tales como la “promiscuidad sexual” y la “búsqueda continua del placer”. En una sociedad como la española, que sigue conservando un poso meapilas considerable, tal "doctrina pastoral" sirvió para criminalizar y marginar a los infectados, añadiendo así un sufrimiento mayor si cabe al proporcionado por una enfermedad que entonces resultaba una sentencia de muerte a corto plazo.

Tuvieron que morir muchos millones de personas para que el SIDA fuera aceptado socialmente como una enfermedad cualquiera, como la diabetes o el cáncer de pulmón, y despojada por tanto de culpabilidades para quien la sufría. Hoy se ha mitigado considerablemente el rechazo social a los enfermos de SIDA, al menos en los países occidentales, pero queda pendiente no sólo el tratamiento médico de los enfermos en el Tercer Mundo sino sobre todo, y previo a él, su tratamiento social. En ese sentido, y cuando tanto se insiste en la profilaxis para combatir ésta y cualquier otra enfermedad, es sencillamente criminal ir a países en los que el SIDA es una pandemia a predicar precisamente contra el uso del único elemento profiláctico útil del que se dispone, el preservativo.

Conductas como la de Ratzinger deberían estar tipificadas penalmente y ser perseguidas por tribunales internacionales, en la medida en que está alentando una hecatombe humana de dimensiones tales que por el número de muertos que está produciendo sobre todo en los países pobres, debe haber superado ya de largo las causadas por el Holocausto impulsado por los nazis.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cierto, deberia ser perseguido y condenado y castigado. La gente normal impulsando el uso del preservativo, para que luego venga este nazi a justificar que caigan enfermos y mueran miles de seres humanos como castigo a pasárselo bien. Mas vale que la gente sufra por realizar el sexo. Una cosa tan natural como la vida misma. Pero es que son tan siniestros que todo lo que sea naturalidad y felicidad de los demás, les molesta.

Tambien le ha molestado la alegria de los africanos. O sea que además de vivir en la miseria tienen que estar tristes y compungidos.

¡Qué hijo de puta!. Esta repugnante iglesia deberia de desaparecer YA. No comprendo como después del daño que ha hecho durante siglos la gente sigue creyendo que es algo bueno.

Un saludo
Marian

Editor dijo...

Quizá siguen creyendo porque no tienen otros motivos para la esperanza.

Tal vez, giras como la de Ratzinger acaben sirviendo para que los africanos contemplen el verdadero rostro de aquellos en quienes ahora tienen depositada su esperanza, y decidan ponerla en otras manos más honestas: las suyas propias.

Juan dijo...

De todas maneras quienes deberían oponerse con fuerza a estas giras serían los propios misioneros y misioneras de la Iglesia Católica. Entre otras cosas porque les tira por tierra toda la buena labor que hacen. Susan Tidad sabe muy bien lo que hace. Sabe que la labor de sus misioneros y misioneras tapa toda la podredumbre del olor a incienso del Vaticano.

Editor dijo...

Me temo que los misioneros y misioneras o no se acaban de enterar de la película o, por lo que puda pasar, miran para otro lado.

Hace un par de días oía en la SER a un cura vasco que lleva 28 años de misionero en África, explicando que él y otros como él cerraban los ojos ante las campañas de reparto de preservativos entre sus feligreses. El hombre se preguntaba qué otra cosa podía hacer, atrapado como está entre la fidelidad a su jefe y la voz de su conciencia, horrorizada ante lo que pasa cada día en los países azotados por el SIDA.