viernes, 13 de marzo de 2009

Quinto Sertorio, el primer rojo español


Cuando yo era niño, en la Enciclopedia Álvarez, el libro de texto único para los parvulitos en los años sesenta, había un dibujo que representaba a un hermoso joven abrazado al cuello de una cierva blanca, mientras el animal susurraba secretos al oído del muchacho. El joven representado se llamaba Sertorio y a pesar de haber nacido romano, la breve nota que acompañaba al dibujo lo consideraba "el primer español".

En realidad, Quinto Sertorio no tenía nada de "español" y aún menos de "franquista". Hijo de un pequeño propietario rural del centro de la península Itálica, fue uno de los más destacados generales del partido popular romano durante las guerras civiles -en realidad, una larga guerra de clases- que sacudieron la Italia de entonces en diferentes períodos del siglo I a.C. El partido popular ( es decir, la izquierda) estaba acaudillado en ese período por Mario, del que Sertorio fue lugarteniente, y luchaba contra el partido patricio, liderado por Sila, quien con el tiempo llegaría a dictador. La guerra de clases desató matanzas como jamás Roma conoció otras; en su contexto, la dictadura patricia representó el exterminio programado de sus contrincantes de un modo que sólo cabe calificar como nazi. Muchos partidarios de los populares perseguidos por aquel régimen de terror hubieron de exiliarse para salvar la vida.

Uno de esos huidos fue Quinto Sertorio, quien al frente de una tropa de rebeldes y tras una serie de peripecias por el Mediterráneo occidental llegó a tierras de Hispania, donde fue bien acogido por las tribus iberas y lusitanas. Hispania era entonces un puro concepto geográfico (al que denominar "España" resulta un anacronismo) administrado como territorio senatorial romano, y la presencia de Sertorio en ella alentó una amplia rebelión entre los pobladores autóctonos y los colonos romanos pobres. El Sertorio que llegó a España, por cierto, en nada se parecía físicamente al bello adolescente de la Enciclopedia Álvarez, pues ya había rebasado la entonces avanzada edad de 40 años, era de complexión más bien baja y maciza y tenía el rostro surcado por tremendas cicatrices, consecuencia de heridas sufridas en los muchos combates en los que había participado.

En un primer momento parece que Hispania era para Sertorio sólo una etapa más en su huída hacia el oeste. Es seguro que planeó llevar a su gente a las entonces míticas islas Canarias, pero lo que resulta aún más sorprendente es que parece que desde éstas pretendía seguir navegación para alcanzar unas costas mucho más lejanas, hasta donde estaba seguro que no le perseguirían; parece pues que Sertorio conocía o al menos había oído hablar de la existencia de lo que hoy llamamos América, y quizá sabía de una ruta para llegar hasta allí.

Sin embargo, Sertorio permaneció en Hispania durante una década. Preparó un ejército que practicando la guerra de guerrillas derrotó uno tras otro a los ejércitos que el Senado envió contra él, y organizó a sus aliados nativos "hispanicus" en una confederación de pueblos independientes pero unidos en la defensa común de sus territorios. Según costumbre de la época retenía a los hijos de los jefes aliados en su residencia habitual, la actual ciudad de Huesca, a fin de garantizarse la lealtad de los padres. Pero, inteligente como era, Sertorio creó para ellos la primera universidad en territorio hispánico, en la que esos jóvenes fueron formados en la cultura y los principios de la civilización romana. Nunca sin embargo asumió cargo alguno que no fuera el de estratega militar de la confederación, y tampoco creó una estructura estatal que alumbrara una república o un reino en Hispania separado de Roma; de hecho, su ambición era volver a la capital romana tras ser perdonado, e incluso tuvo su momento para haberlo hecho "manu militari" aunque jamás quiso levantar la mano contra su patria; si hubiera invadido Italia al frente de su ejército cual un nuevo Aníbal, seguramente habría provocado en Roma la rebelión de las clases populares contra la dictadura patricia. Finalmente el Senado envió al entonces joven general patricio Pompeyo contra él, quien poco a poco fue desgastando y acorralando a Sertorio hasta lograr aislarlo. Pompeyo compró entonces a algunos de sus lugartenientes, y éstos asesinaron al rebelde en 72 a.C. Sertorio tenía 50 años y estaba viejo, cansado y casi solo.

Parece que las ideas políticas de Sertorio se movían en una izquierda nada socialdemócrata, para entendernos. Sertorio era un verdadero socialista "avant la lettre": tenía conciencia de clase y sabía contra quién y por qué luchaba. Era honesto, íntegro y humanitario. En las tierras de sus padres, antes de que las robaran los patricios, los esclavos recibían un trato humano e integrado en la vida familiar. Sus tropas romanas le adoraban, y lusitanos e iberos le seguían ciegamente. Implacable en la guerra, nunca se ensañó con sus prisioneros, y de hecho muchos de ellos se pasaban a sus filas voluntariamente.

Sertorio dejó tras de sí un aura de prestigio que le convirtió en leyenda; historias como la de la cierva blanca que le aconsejaba, pervivieron hasta mucho después de su muerte. Su memoria traspasó los siglos, acaso porque fue el primero que entendió que Hispania era una entidad territorial pluriforme y multicultural a la que había que insuflar cultura y dejar a sus habitantes un poco a su aire, salvo cuando de defender la vida y la libertad se tratara.

Es curioso que el régimen franquista intentara recuperarle y hacer de él nada menos que el precursor de su "España". A Sertorio, que parece tenía cierto sentido de la ironía, le habría encantado conocer semejante disparate.

Para un mejor conocimiento de Sertorio y su época es imprescindible el libro "Escenas de la guerra contra Sertorio", de Emiliano Fernández (Ediciones Trea SL), una extraodinaria novela que en apenas 150 páginas traza un retrato muy plausible del rico mundo interior y los avatares vividos por este hombre excepcional.

Ilustran este post dos monedas, ambas acuñadas en la antigua Osca: la de la izquierda podría ser un retrato de Quinto Sertorio, y la de la derecha es el famoso jinete ibero de Bolskan, nombre ibero de Huesca.

5 comentarios:

SMG310 dijo...

Joaquim, siempre resulta un placer leer tus comentarios. Ahora que como Rajoy se entere de que el partido de los rojos es el PP, lo tenemos crudo.

Un abrazo.


Salud, República y más escuelas.

Anónimo dijo...

Preciosa historia.
Es curioso cómo la derecha siempre trata de apoderarse de lo bello como si fuera suyo. Y es que, como suelen ser tan siniestros en su mundo no lo encuentran y tienen que apoderarse de lo que hay entre sus víctimas.

Da gusto leerte.
Marian

P.D. Hablando de otra cosa ¿Has visto la falta de pudor de Ibarretxe?.

Editor dijo...

SMG310, ocurre que la derecha ha subvertido un adjetivo tan hermoso como "popular". También suelen llamarse, demócratas, liberales (y en EEUU republicanos), ellos que han perseguido la democracia y el liberalismo histórico.

Pero ni siquiera eso es nuevo. En Roma, el partido de los patricios se llamaba oficialmente el partido de los "optimates", es decir, de los hombres excelentes, óptimos, en contraposición a la plebe, el populacho, la gentuza etc. Fíjate si les viene de lejos el manipular el lenguaje.

Editor dijo...

Gracias, Marian.

Respecto a Ibarretxe, creo que todo lo que está pasando en el País Vasco después de las elecciones está resultando muy saludable, en el sentido de que gente como él está quedando retratada tal como son realmente: unos cínicos que sólo viven para usufructuar el poder.

Aunque ya conocéis mi aversión a cualquier pacto con el PP, he de decir también que da risa oír a quienes protagonizaron Lizarra hablar ahora de "frentismo" para descalificar las gestiones de Patxi López. Espero que los vascos, que no tienen un pelo de tontos, estén tomando buena nota.

Gabriel Castelló dijo...

Quinto Sertorio es uno de los personajes más interesantes de la República romana. Para mi fue toda una fuente de inspiración conocer su historia y poder crear VALENTIA.