domingo, 7 de diciembre de 2008

Viva la República, y viva el Borbón


Quienes conocen al diputado de ERC Joan Tardà dicen de él que es buena persona, tímido y muy educado. Incluso alguien tan poco sospechoso de simpatizar con Tardà y con sus ideas como es José Bono, se manifestaba esta mañana en ese sentido y decía que había que perdonarle el exabrupto de ayer, cuando en un acto de las Juventudes de ERC al señor Tardà se le calentó la boca y terminó su perorata con un "Visca la República i mori el Borbó!", que ha sonado como un cañonazo en el Madrid político-mediático que celebraba el 30 aniversario de la Constitución española de 1978.

Para acabarla de arreglar, parece que los compañeros del señor Tardà explicaban esta mañana que el grito se refería "al primer Borbón", Felipe V, ya que al parecer quienes lo inventaron fueron los austracistas catalanes de la época de la Guerra de Sucesión. Si realmente fuera así, si Tardà le hubiera deseado la muerte a Felipe V, la verdad es que llega un poco tarde porque el primer Borbón español, nacido Felipe d'Anjou, francés y sobrino de Louis XIV, lleva más de 250 años pudriéndose en la cripta de El Escorial. Yo con todo, estoy convencido de que Tardà no le deseaba daño a nadie, vivo o muerto, y que simplemente se dejó llevar por el ambiente mitinero de una organización juvenil tan aguerrida como es la de su partido; Joan Tardà se embaló en su discurso ante un auditorio predispuesto y acabó profiriendo una estupidez supina en el día menos apropiado, eso es todo. Si alguien tiene que darle un coscorrón a Tardà son los dirigentes de su propio partido, a los que ha dejado en evidencia en sus titánicos esfuerzos por mostrar que ERC es un partido serio, maduro y responsable.

La cosa no debería pues pasar de aquí. Pero sucede que en la Villa y Corte este tipo de incidentes chuscos son acogidos como agua de mayo por la perrera mediática (ultra)derechista y sus terminales políticas en el PP, así que en pocas horas ya tenemos vestiduras rasgadas a tutiplén y coro de beatos políticos exigiendo que Tardà entregue su acta de diputado e incluso que sea procesado. De momento nadie ha gritado "¡Muerte al republicano!", pero todo se andará. Vivimos en una democracia de tan baja intensidad, que cuando alguien de "izquierdas" -en realidad, el señor Tardà y su partido son la derecha pequeñoburguesa catalana presentable políticamente y no un partido de izquierdas- , hace o dice una tontería pareciera que el mundo entra inmediatamente en crisis y estuvieran a punto de sonar las trompetas del Apocalipsis por su culpa. En cambio cuando es alguien de derechas quien la lía, no sólo se le ríe la gracia y se le disculpa sino que se considera un tanto que acaba de anotarse a su favor y en contra de las izquierdas. Tenemos bien reciente el ejemplo de Esperanza Aguirre llamando "miserables" y "repugnantes" a quienes hemos criticado que huyera de Bombay dejando abandonado a su séquito; en vez de pedir una investigación oficial sobre esa conducta, ella sí miserable y repugnante, los medios afines a la derecha española aplauden el desparpajo y el cinismo conque suele conducirse esta individua que hoy preside la Comunidad de Madrid.

A Joan Tardà le van a llover las bofetadas a pares por haberse comportado en un mitin como un gilipollas voceras, y no como el político bregado y convencido de sus ideales que es. Dejemos los deseos de muerte -aunque sean para alguien que falleció hace dos siglos y medio- a aquellos que son los seguidores modernos de aquél orate que en un paraninfo universitario gritó el siniestro "¡Viva la muerte!". Efectivamente, lo propio de la derecha en España ha sido, desgraciadamente, no sólo desear la muerte de sus enemigos políticos sino llevarla a cabo con verdadero frenesí; aún andamos pidiendo permiso a los jueces para abrir las fosas comunes adonde arrojaron a nuestros mayores hace setenta años. Lo propio de los republicanos por contra, señor Tardà, es desear una larga y feliz vida a todos en un país libre, democrático, próspero equitativo y justo, es decir, en la República con la que tantos soñamos.

6 comentarios:

Jesús Herrera Peña dijo...

Ser de izquierdas es una cosa muuuuuuu difícil, sacrificada y complicada.
Para ser un buen izquierdista hay que abandonar las veleidades de trazar fronteras por donde a cada cual se le ponga por los cojones.

El izquierdismo es internacionalismo. O sea, cuanto más pequeñito es el territorio en donde queremos trazar la partición fronteriza, más pequeñito y precario será el izquierdismo del que así obre.

Joan Tardà podrá querer ser muy republicano y quizás lo sea, yo no se lo regateo; pero izquierdista..., de izquierdista tiene dosis muy bajas, casi nulas.

Un buen día dijo Pablo Iglesias: "Mi patria es el mundo y mi hermano, la humanidad entera".
¡¡Ay, ese Pablo Iglesias!!
Si no llega a ser porque nos salió socialista = izquierdista, ya le habrían elevado a los altares, si no como santo, por lo menos como beato Pablo. El apellido le hubiera acompañado mucho.

Editor dijo...

Pues sí, Jesús, ser de izquierdas es bastante complicado en general, y desde luego incompatible con ser nacionalista. Basta darle una ojeada a clásicos como Karl Marx, Rosa Luxemburg y Eric Hobsbwan. Por contra, ser republicano está al alcance de cualquiera: George Bush hijo lo es, sin ir más lejos.

La frase que citas, "Mi familia es el mundo, y mi patria la Humanidad" no es de Pablo Iglesias sino anarquista, creo. De curas sabía algo la familia de Paulino de la Iglesia, su verdadero nombre.

Un saludo.

Jesús Herrera Peña dijo...

¡¡Joder, Editor, me has dejao mu mal!!
«De curas sabía algo la familia de Paulino de la Iglesia»

Y lo malo es que como dejas en el aire eso de "los curas"..., yo ya no sé si es que Pablo Iglesias era un hijo de cura tal que la Rosalía de Castro, o es que el propio fundador del PSOE y de la UGT era un meapilas del copón.
Me lo debieras haber desmenuzado. Nos lo debieras...

Ahora yo, ateo convencido, me quedo en la santa duda de si ese santón socialista que siempre he venerado, era un meapilas camuflado de izquierdista (tal que Pepe Bono), o es que su madre tuvo algún desliz con el clero por aquello de los derechos de pernada que imponían los obispos gallegos por aquellos tristes años de mitad del siglo diecinueve.

¡Anda, hombre! Ya me lo estás aclarando eso, que me temo que no voy a pegar ojo esta noche.
¡Yo, que siempre presumía de que "adoraba" a mu poquitos "santos" de esta tierra...!

No me mates la ilusión, anda.
Que me has dejao peor que si me dices que los reyes magos son los padres.

Editor dijo...

Pues sí, Pablo Iglesias se llamaba en realidad Paulino de la Iglesia y su padre fue un cura, algo nada extraño en la Galicia de entonces. Fue por esa circunstancia que su madre marchó a Madrid, llevando con ella a sus dos hijos pequeños. A Pablo, el menor, tuvo que internarlo en el Hospicio al no poder atenderlo, lo cual no le reportó ningún trauma a éste antes al contrario: siempre tuvo gran amor por su madre y agradecimiento a la institución (para la época, bastante avanzada) en la que aprendió un oficio, la tipografía, que le permitió no sólo ganarse la vida dignamente sino también pertenecer a la "aristocracia obrera" (en un país de analfabetos los tipógrafos eran gente leída y con opiniones formadas, al contrario de la mayoría de los trabajadores).

De todos modos, eso es simplemente un dato biográfico. Pablo Iglesias no fue nunca un meapilas ni un santón laico o clerical, sino un hombre serio, ordenado y trabajador (desde muy joven le llamaban "el abuelo"), y ateo en materia religiosa. Casi desde niño estuvo acostumbrado a asumir responsabilidades y a afrontar situaciones que requerían un grado de madurez superior a su edad, a su inteligencia natural y a su capacidad intelectual(muy distante por cierto, de la de Jaime Vera).

Creo que endiosar a Iglesias es un error. Fue un hombre bueno, necesario y útil en su tiempo, pero de ahí a convertirlo en una especie de apóstol civil media un abismo.

Hay unas palabras de Antonio Machado que le definen perfectamente:

“La voz de Pablo Iglesias tenía para mí el timbre inconfundible de la verdad humana. Era yo un niño de trece años; Pablo Iglesias un hombre en la plenitud de su vida. Recuerdo haberle oído hablar entonces - hacia 1889 - en Madrid, probablemente un domingo (¿un primero de mayo?), acaso en los jardines del Buen Retiro. No respondo de la exactitud de estos datos, tal vez mal retenidos en la memoria. De lo único que puedo responder es de la emoción que en mi alma iban despertando las palabras encendidas de Pablo Iglesias. Al escucharle hacía yo la única honda reflexión que sobre la oratoria puede hacer un niño: "Parece que es verdad lo que ese hombre dice"... Porque antes de Pablo Iglesias habían hablado otros oradores, tal vez más cultos, tal vez más enterados o de elocuencia más hábil, de los cuales sólo recuerdo que no hicieron en mí la menor impresión... Lo cierto es que las palabras de Iglesias tenían para mí una autoridad que el orador había conquistado con el fuego que en ellas ponía y que implicaban una revelación muy profunda para el alma de un niño. De todo el discurso, en el que sonaba muchas veces el nombre de Marx y el de algunos otros pensadores no menos ilustres... sacaba yo esta ingenua conclusión infantil: "El mundo en que vivo está mucho peor de lo que yo creía. Mi pobre existencia de señorito pobre reposa, al fin, sobre una injusticia"... Mucho he pensado durante mi vida sobre esta primera meditación infantil, que debía a las palabras del compañero Iglesias.”

Anónimo dijo...

Precioso lo que nos pones de Machado sobre Pablo Iglesias.
Es un gran homenaje del poeta al socialista.
Yo no sabia que era hijo de un cura, sin duda fué esa circunstancia la que influyo para que fuera ateo, ya que no hay nada que te aleje mas de la iglesia que conocerla.

Marian

Editor dijo...

No parece que Pablo Iglesias tuviera trato ninguno con su padre. En realidad, ni él ni los biógrafos que le trataron directamente (como Juan José Morato) mencionan a su padre por su nombre, sino recuerdo mal; como cura, el tipo seguramente renunció a todo contacto con la mujer a la que engañó y con el niño fruto de la relación.

En cuanto a su posición ante la Iglesia y la religión en general, Pablo Iglesias fue siempre respetuoso pero firme desde su ateísmo convencido y sereno. Ni avaló violencias contra los curas o los símbolos religiosos ni se engañó acerca de la nefasta influencia que las instituciones religiosas tienen sobre las personas, más aún en aquellos tiempos.

De hecho, hasta los años veinte y treinta del siglo XX no comienzan a afiliarse católicos (muy pocos)al PSOE. En los años de la República comenzarán a militar en el PSOE algunos más, y también protestantes españoles. A primeros de los setenta estaba mal visto ser creyente, aunque buena parte de la militancia más joven había pasado por grupos cristianos antes de radicalizarse hacia la izquierda.

Es a partir de los primeros años 80(primer triunfo electoral, en 1982) cuando se produce una entrada masiva de católicos en el partido.