domingo, 28 de diciembre de 2008

Gaza, entre el hambre y las ganas de comer


La ferocidad de los bombardeos israelíes de estos días sobre Gaza rebasa todos los límites incluso en un conflicto, el palestino-israelí, que hace muchos años ha demostrado carecer de ellos. Desde las Naciones Unidas hasta la Administración de George W. Bush, todos han pedido verbalmente el cese de esta barbaridad, con el resultado acostumbrado. En Gaza llueve sobre mojado, y las partes en conflicto se aprestan a sacar tajada sobre las montañas de cadáveres y de escombros.

Con todo, no hay que perder de vista que aquí se está desarrollando un juego tramposo, en el que los presuntos contrincantes -el gobierno israelí y Hamás- están provocando y usando una tragedia inmensa para sus respectivos y repugnantes fines políticos. De entrada, Hamás dio por finalizado sin dar mayores explicaciones un alto el fuego que había declarado unilateralmente meses atrás, e inmediatamente sus milicianos se pusieron a bombardear territorio israelí con sus cohetes. El pasado 26 de diciembre murieron dos niñas palestinas en el norte de la franja de Gaza al ser alcanzadas por un cohete lanzado por milicianos de Hamás; al crimen se sumaba así la estupidez de asesinar a aquellos a quienes se dice proteger. La actitud de Hamás de volver a provocar al oso israelí no es empero un acto gratuito, y responde a la creciente pérdida de influencia de este partido-movimiento en Gaza ante los sectores abiertamente pro Al Qaeda, que en las últimas semanas han lanzado una fortísima campaña propagandística a favor del "califato universal", aspiración maximalista en el contexto de la cual el proyecto nacional palestino carece de significación. Hamás pierde clientela a chorros sobre todo entre las mujeres, y sabe que la única manera de conservarla es excitándola; nada como los bombardeos israelíes para cohesionar sus filas.

Israel por su parte, afronta dentro de un mes unas elecciones en las que la posibilidad de que gane la extrema derecha, el Likud que lidera Benjamin Netanyahu, crece a medida que pasan los días. Kadima, el partido del primer ministro Olmert y de la aspirante Tzipi Livni, se desintegra por momentos, fugándose cargos y dirigentes hacia el fascistoide Likud. Sólo un puñetazo encima de la mesa -es decir, sobre las cabezas de los habitantes de la franja de Gaza-, podía convencer al votante israelí de que no es necesario echarse en brazos de la extrema derecha habiendo un partido como Kadima en el poder. La operación "Plomo Duro" sobre Gaza es pues ante todo una estrategia política, a la que Hamás ha servido en bandeja de plata la excusa necesaria para desencadenarla.

De la mala fé de unos y otros da cuenta por ejemplo, la negativa de Hamás a permitir que se evacúe a los más de mil heridos hacia Egipto, a pesar de que el gobierno egipcio ha dado orden de abrir los pasos y está dispuesto a acogerlos. Los israelíes por su parte han machacado cuarteles y edificios administrativos palestinos en Gaza, pero de paso han dejado caer suficientes bombas sobre la población civil como para que todos tengan claro que "esto" no va sólo con los militantes de Hamás. Mientras, decenas de miles de soldados y cientos de blindados se concentran en la frontera listos para invadir Gaza por tierra si se estima conveniente. En Gaza pues, se juntan una vez más el hambre y las ganas de comer, es decir la conveniencia y el acuerdo tácito entre dos posiciones extremas que se odian tanto como se necesitan para seguir controlando a sus respectivas poblaciones.

La comunidad internacional, como siempre, y una vez hechas las declaraciones consabidas, mira para otro lado y prosigue su tranquila digestión. En Belén hubo Misa del Gallo, con patriarca latino de Jerusalén y Presidente de la ANP palestina incluidos, y nadie la interrumpió; el teatro de Oriente Próximo sigue funcionando a pleno rendimiento.

4 comentarios:

harazem dijo...

De acuerdo en todo menos en la sutil consideración de conflicto (que supone un desacuerdo en unas partes más o menos iguales) a lo que no es sino una rapiña total de un pueblo sobre otro. Mientras la comunidad internacional no considere al estado de Israel al mismo nivel que consideró en su momento a la Sudáfrica del apartheid o al Irak de la invasión de Kuwait, como un estado del siglo XXI que vive anclado en los métodos de expansión del neolítico medioriental o un estado colonial blanco en tierra de asiáticos con la comprensión de los demás blancos, no creo que tengamos ningún derecho a criticar las formas de defensa, por muy espurias que sean las formas y por muy perversos que sean sus fines, de los que han llegado a gobernar a las víctimas. Si los palestinos se han dado a la bebida de la religión y de la violencia desesperada no se debe sino a la monstruosa complicidad de las democracias de la piel blanca con uno de los suyos al que permiten que ejerza un salvaje colonialismo depredador y genocida en tierras de pueblos considerados por ellos inferiores y que para ellas se terminó hace más de 70 años. Es como si llamáramos conflicto al exterminio de los sioux por los republicanos wasp norteamericanos o a lo que hacía el parlamentario rey Leopoldo de Bélgica en el Congo y sólo consideráramos antidemócratas a Jerónimo o al rey del los bantúes..

Editor dijo...

Hazarem, mientras no se reconozca el derecho de Israel a existir (y no sólo por parte de las organizaciones palestinas), no habrá posibilidad alguna de solución para ése conflicto. Bien, en realidad sí habría una: la Solución Final que ensayaron en su día los nazis, pero no creo que hoy día sea sostenible en público por personas que no comulguen con la ideología nazi.

Venimos de un siglo que propició el culto al Estado: todo dios quería tener un Estado propio por las razones que fueran (todas igual de legítimas o de ilegítimas, depende de como se mire). Dramas como el israelo-palestino son consecuencia inevitable de ese cáncer político del siglo XIX que entró en metástasis en el XX, al que llamamos nacionalismo.

Ahora ya es tarde para volver atrás. Aunque si lo que se busca es el triunfo total de una de las partes sobre la otra, este sólo podrá producirse por el exterminio completo de la parte contraria del CONFLICTO (porque evidentemente, se trata de un conflicto; o de varios conflictos en uno sólo, si lo prefieres así). Supongo que estarás de acuerdo en que antes de llegar a ése punto, deberían intentarse otras salidas. El problema reside en que los protagonistas directos y la comunidad internacional no tienen imaginación ni ganas de dibujarlas.

Pienso que un paso decisivo hacia la resolución del conflicto será la constitución de un Estado palestino LAICO capaz de cooperar con un Estado israelí LAICO. Pero mientras en ambas sociedades no se imponga el laicismo sobre los fanatismos (y no sólo religiosos), nada va a cambiar ahí.

Un saludo.

Juan dijo...

Estoy completamente de acuerdo con editor, la religión ha sido, es y será la causa de la mayoría de los males de la humnanidad hasta que llegue la escasez de agua y de energía.

Editor dijo...

En Oriente Próximo como en muchas otras partes, la religión sigue siendo "el opio del pueblo" y el telón tras el que se esconde la opresión sobre los propios pueblos por parte de quienes hegemonizan las sociedades en conflicto.

Un saludo.