jueves, 26 de febrero de 2009

Zaragoza no se merece un alcalde como Belloch

Un artículo del profesor Julián Casanova en El País pone el dedo en la llaga en el escándalo formado en Zaragoza ante el estúpido capricho -no cabe calificarlo de otro modo- del actual alcalde, el socialista Juan Alberto Belloch, empeñado en dedicarle una calle de esa ciudad a José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

Al parecer, la megalomanía y las tonterías de Belloch vienen de lejos, aunque hasta ahora no habían tenido la dimensión política y social alcanzada por esta última, de momento, patochada del señor alcalde. De todos modos, iniciativas como la Expo del Agua celebrada (es un decir) el año pasado en Zaragoza, habría que inscribirlas en ese deseo de hinchar pecho y sacar cabeza porque sí, porque para eso se es alcalde, para mandar lo que le sale a uno de las gónadas y montar una Exposición Universal a los que no acude casi nadie de fuera de la ciudad o dedicarle una calle al ideólogo de cabecera de los Consejos de Ministros tardofranquistas. Eso al menos es lo que parecen creer Belloch y otros que piensan y actúan como él.

Dice Julián Casanova que los callejeros españoles se dedicaron desde finales del siglo XIX a "honrar a los políticos del momento, liberales y conservadores, a nobles, terratenientes y a las buenas familias de la industria y de la banca. Junto a ellos, aparecieron también las glorias de España, los héroes de la Reconquista y mitos medievales, reyes y emperadores". Obviamente no podía faltar la la "fusión del españolismo con el catolicismo, bien reflejada en los nuevos callejeros, repletos de personajes de raza, militares y santos". Repasa luego Casanova el esfuerzo por poner al día el nomenclátor ciudadano español llevado a cabo durante la II República, abriendo los nombres de nuestras calles y plazas a advocaciones y personalidades de carácter progresista o simplemente cultural, científico o de puro interés ciudadano. "Duró poco, sin embargo, esa huella, borrada a golpe de fusil del callejero y de la historia a partir del 1 de abril de 1939", nos recuerda inmediatamente el profesor zaragozano. Quizá como nunca antes, los negros años de la dictadura franquista vieron encaramarse a las placas de nuestras vías públicas a "héroes inventados, criminales de guerra y asesinos en nombre de la Patria", además de elementos colaboracionistas de todo pelaje y condición, aunque con fuerte predomino del catolicismo tridentino entre ellos.

Muerto el dictador, poco a poco los ayuntamientos han ido limpiando nuestras calles, y al menos en las grandes urbes ya no es fácil encontrar ese rastro infame de nombres de canallas que tanto daño hicieron en un pasado, mucho menos lejano eso sí de lo que algunos quisieran hacernos creer. "Por eso no es una cuestión irrelevante", concluye Casanova, "que Juan Alberto Belloch se haya empeñado en ponerle a una calle zaragozana el nombre de San José María Escrivá de Balaguer", violando de paso un acuerdo de todos los grupos municipales de Zaragoza para substituir los nombres de criminales franquistas de uniforme que aún pervivían en el callejero por otros aceptados por todos los partidos incluido el PP.

Lo de Belloch en suma es mucho más que una alcaldada de un individuo ególatra que adquiere compromisos de espaldas a sus concejales e incluso de su propio partido, prometiendo a la representación local del Opus una calle con el nombre de su "santo" fundador. Lo que está haciendo Belloch es escarnecer la memoria histórica de tantos zaragozanos asesinados o represaliados por el franquismo que siguen sin tener un recuerdo digno en su ciudad, mientras se intenta rebautizar una vía pública con el nombre de uno de los sostenes ideológicos de aquél régimen infame. Y de paso, rompe un consenso político difícilmente logrado y articulado precisamente en torno a la necesidad de depurar el callejero zaragozano de elementos que siguen recordando ese pasado rancio y criminal, en el que el nacionalcatolicismo encarnado por Escrivá de Balaguer tuvo papel protagonista de primer rango.

En las próximas elecciones municipales zaragozanas, Juan Alberto Belloch no debería estar en la lista del PSOE, por simple credibilidad de éste partido ante sus propios afiliados y votantes.

La imagen es una ilustración creada en los años sesenta por V. de Sola para la Editorial Ruedo Ibérico. Escrivá de Balaguer cabalga a Franco -quien le hizo marqués de Peralta-, mientras las alforjas rebosan joyas y objetos preciosos.

10 comentarios:

Palinuro dijo...

Hola, Joaquim: este Belloch es natural de Mora de Rubielos o de Rubielos de Mora, que nunca lo recuerdo y muy muy suyo, al estilo del Tigre del Maestrazgo, que asoló aquellos parajes in illo tempore. Se saldrá con la suya porque no hay nada más tozudo que un rojo imaginario puesto a demostrar espíritu de monago. Es la escuela de los Bono, los Vázquez, etc al lado de los cuales Peces Barba es Voltaire.

A propósito de la señora Torres la verdad es que es tan petulante como Belloch tozudo.

Editor dijo...

De casta le viene al galgo. Belloch es además hijo de un señor que de la Unió Democràtica Catalana vaticanista y semiindependentista de la época, dio el salto a la UCD más o menos postfranquista aterrizando en el mullido cargo de gobernador civil de Barcelona.

Según sus hijos, papá gobernador fue un demócrata y un caballero. Por entonces se le consideraba más bien un esbirro de su antecesor en el trono, Martín Villa, aquél ¿ex?falanjo que manejaba la CNT catalana como dios entre otras provocaciones tipo Scala Barcelona.

Anónimo dijo...

Belloch deberia ser expulsado del PSOE, porque aunque hay mucho beatorros dentro del partido, ninguno se habia atrevido a querer poner una calle al insigne fundador de los intimos amigos de la asesina extrema derecha. Que tanto poder. sobre todo económico. tuvieron en tiempos de Franco y que todavia conservan.
Esta gente es la que echa por los suelos a personas que realmente quieren cambiar las cosas.

Marian

Editor dijo...

Como dice Ramón, hay una buena cuadrilla de elementos tipo Belloch en el PSOE, aunque en general se comportan con más discreción e incluso suelen poner el freno y marcha atrás por voluntad propia cuando encuentran resistencia fuerte dentro del partido (véase el caso de Bono y la monja Maravillas).

Pero Belloch es tozudo como una mula y más chulo que un ocho, y parece que se lo ha tomado en plan demostración de "aquí mando yo y hago lo que me sale de los cojones". Tiene buen agarradero mediático (se hermano Santiago es influyente tertuliano de la SER), y el PSOE de Zaragoza le tiene más miedo que a una tronada de pedrisco. Además, lleva tiempo trabajándose a fondo a la "sociedad civil" zaragozana (es decir, a la burguesía de toda la vida, reaccionaria, pacata y pilarista como ella sola)

Aún así me parece que después de esta, no le van a dejar repetir en las próximas municipales.

Jesús Herrera Peña dijo...

De acuerdo en todo y con todos. Es decirrrr..., con todos, NO.
No estoy de acuerdo en juzgar a personas por la ideología que tuvieron sus padres. Tampoco sé a qué viene citar al tertuliano de las noches de la cadena SER, por ser hermano del ínclito.

Hay que juzgar a las personas por lo que son ahora y fueron antes de ahora, pero dejando en paz a hermanos y a padres. Si se va por ese camino, a mí me vais a hacer coger mucho complejo, pues mi padre fue un falangista camisa vieja y mi hermano un nostágico franquista.
Yo, sin embargo, procuro ser de izquierdas y de verdad, de verdad, de verdad que lo procuro ser a cada instante, aunque ser verdaderamente de izquierdas es tan sacrificado y ¡tan difícil!

Salud y República, pero, ¿cuándo?

Editor dijo...

Jesús, en el caso de los Belloch el ambiente político familiar sí es significativo, en la medida que explica comportamientos y probablemente intereses compartidos.

Cuando oigas hablar a Santiago Belloch en la SER de su hermano el alcalde, entenderás por qué lo menciono. En realidad, simplemente conque le oigas expresarse sobre cualquier asunto con esa mezcla de arrogancia, chulería y "yoyoísmo", lo entenderás.

Un saludo.

al.alba dijo...

Hola Joaquin, no sé si has visto esto,
Juan Alberto Belloch fue chico de san Rafael

www.opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=14143

CARLOS FERNANDEZ dijo...

El PSOE deberia cambiar sus siglas, eso de obrero y socialista no se lo cree nadie! al menos la derecha es consecuente con su ideal "todo por la pasta" y la defensa de los "valores patrios", pero lo de la izquierda en este pais no tiene nombre!

Editor dijo...

Creo que en buena parte tienes razón, Juan, pero también las izquierdas tienen -somos-, el electorado más picajoso que existe.

Fíjate que con la que está cayendo, el PP mantiene sus niveles de apoyo a pesar del muladar de corrupción que se está destapando y que le afecta directamente; incluso parece que suben en Galicia. En cambio es bastante posible que el PSOE pierda el Gobierno gallego porque un ministro socialista fue a cazar sin licencia, y ha tenido que dimitir. La desproporción entre un caso y otro es palmaria.

Ejemplos como estos los hay a patadas desde los años noventa.

Un saludo.

Editor dijo...

Al.alba, no me extraña nada. Aunque hasta no hace mucho el PSOE no era precisamente un lugar propicio para la gente del Opus. De todos modos, ahora los hay hasta en formaciones independentistas vascas, como EA e incluso -parece- Batasuna.

El Opus nunca pone todos los huevos en la misma cesta, salvo si ésta representa el poder absoluto, como sucedía en tiempos de Franco.

Un saludo.