martes, 29 de septiembre de 2009

El viento de izquierdas sigue creciendo en Europa


Las elecciones generales celebradas el domingo pasado en dos países europeos en principio tan distintos como Alemania y Portugal, han deparado finalmente resultados que vale la pena conocer y analizar. Más que nada porque siguen tendencias que vienen produciéndose en Europa Occidental desde hace algún tiempo, por más que los grandes medios de comunicación finjan no enterarse.

En síntesis:

1. Los viejos dinosaurios políticos prosiguen su lento pero irreversible desguace. Esto es evidente en el caso del SPD (que acaba de obtener sus peores resultados desde el fin de la II Guerra Mundial), pero también en el de la CDU democristiana alemana, que gana las elecciones retrocediendo y sólo porque el SPD se ha hundido (si el domingo los antaño socialdemócratas hubieran repetido sus resultados de hace 4 años, le hubieran sacado casi dos puntos de ventaja a la CDU). En Portugal aguanta el PS aunque pierde la mayoría absoluta, y se hunde un poco más el PCP (no llega ni al 8% de los votos) , quizá el último PC de la vieja escuela al oeste de Berlín. Los grandes partidos del siglo XX agonizan.

2. Las derechas se fragmentan. El relativo éxito de los liberales alemanes (14%) de los votos, les convierte en socios de gobierno de la CDU, pero augura un período de fuertes tensiones sociales en Alemania. El ultraliberalismo del Partido Liberal alemán casa mal con el populismo cristiano de derechas de la CDU, y va a tener enfrente a un SPD ansioso de recuperar espacio en la calle y sobre todo, a una La Izquierda emergente y combativa y que ha desplazado casi por completo al SPD en presencia política en las bases de los poderosos sindicatos alemanes. En Portugal la derecha fracasa en su intento de recuperar el poder (PSD), y su sector más reaccionario (PP/CDS, el partido gobernado por el Opus Dei) se hunde casi en la nada. En un mundo en crisis total, la división ha llegado también a los bloques de clases dominantes y por tanto, los instrumentos politicos de cada fracción comienzan a marcar más claramente sus diferencias.

3. El ecologismo y el pacifismo han muerto de éxito. Hoy día hasta la derecha inteligente (que en Europa la hay, a diferencia de España) ha absorbido una parte del pensamiento de los grupos pacifistas y ecologistas de los años setenta y ochenta. Los Verdes alemanes fueron punta de lanza de un movimiento que en la medida en que sus objetivos estratégicos han ido siendo asumidos por la globalidad de la ciudadanía y de las clases políticas (véase la lucha contra el cambio climático, por ejemplo), ha ido dejando sin sentido la existencia de organizaciones dedicadas exclusivamente al combate político por esos temas. El declive electoral de pacifistas y ecologistas (10% de votos en Alemania) es también, de alguna manera, signo de los tiempos: hoy día hasta las intervenciones manu militari en cualquier país extranjero se intentan disfrazar ante la opinión pública como "misiones de paz".

4. La nueva izquierda sigue avanzando, pujante. Ni Oskar Lafontaine es un loco mesiánico ni un tonto útil de los comunistas, como pretendían sus enemigos hasta hace unos días. Entre otras razones porque Lafontaine es un político experimentado y sensato que no tiene un pelo de tonto, y también porque los comunistas que quedan en el mundo pronto cabrán todos juntos en un autocar del Inserso (servicio español de vacaciones baratas para ancianos jubilados). El problema para los social-liberales no es Lafontaine ni su partido La Izquierda, sino el agotamiento de la social-democracia y la inanidad del social-liberalismo, desde la "Tercera Vía" blairista al zapaterismo. Las clases trabajadoras y amplios sectores profesionales europeos están diciendo ¡basta! a tanto abandono de principios y sobre todo, de praxis de izquierda por aquellos a quienes durante décadas confiaron la defensa de sus intereses. Y están buscando nuevos referentes para un voto que ya no es de protesta, sino que aspira a gobernar desde la izquierda y para los intereses que representa la izquierda. No es extraño así que en Alemania el partido La Izquierda haya superado el 12% de los votos y que en Portugal el Bloco de Esquerda roce el 10%, cuando hace apenas dos o tres años ambas eran formaciones marginales con problemas para entrar en sus respectivos parlamentos. Las izquierdas renovadoras y sensatas crecen y avanzan: en Alemania, La Izquierda ya tiene electoralmente la mitad del peso electoral del SPD, y en Portugal el Bloco puede condicionar el gobierno del PS sin necesidad siquiera de figurar en él.

5. Rescatar el europeísmo desde la izquierda. Esta renovación de la política desde la izquierda necesita cierto pulimiento, y no solo en algunos discursos que comprensiblemente todavía resultan un tanto chirriantes. En todo caso, más pronto que tarde formaciones como el Parti de Gauche francés o el mismo Die Linke alemán habrán de abandonar un tonto discurso antieuropeísta, que si realmente les resulta útil para diferenciarse de los grandes partidos, a los ojos de muchos ciudadanos les confiere sin embargo un peligroso barniz nacionalista y chauvinista. La izquierda es internacionalista por esencia y definición, y el proyecto europeísta ha de ser retomado precisamente desde una perspectiva de izquierdas para que salga adelante. Pero es que además si las izquierdas renuncian a Europa terminarán ahogándose en una pugna entre jacobinos, que es lo que en definitiva más beneficia a la derecha. Véase a modo de ejemplo la manera en la que se están manejando crisis como la de Opel, intentando enfrentar a los trabajadores de esa empresa en función de los diferentes países donde la marca tiene establecidas fábricas de producción, y los mensajes que se están enviando a través de los medios: por ejemplo, que se cerrará la planta en Bélgica y se reducirán empleos en la de España "para mantener en funcionamiento la fábrica alemana y asegurar el cien por cien de los empleos en ella". Un modo artero de sembrar la discordia entre los trabajadores.

En la fotografía que ilustra el post, Oskar Lafontaine habla ante seguidores de Die Linke (La Izquierda) durante una reciente movilización contra la guerra de Afganistán.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Magnífico artículo el de hoy y ¡lleno de esperanza!.
Este artículo deberia publicarse en todos los paises y en todos los idiomas.
La izquierda Europeista, si señor, y una izquierda nueva y de verdad emergiendo.
¡ojala! vaya afianzándose cada vez mas.
¿Pero y en España?. No veo yo que en este pais surja una izquierda que sea socialista y actúe como tal.

Pero no quiero perder la esperanza.
Un abrazo
Marian

Javier Solera dijo...

Un artículo muy optimista, cosa que se agradece.
Contrasta con el sentimiento generalizado de que la izquierda está cada vez más fragmentada, y empantanada en reivindicaciones fantasiosas y alejadas de la realidad (igualitarismo del idioma, por ej.).
Yo soy más del segundo criterio, pero habrá que ver en los próximos dos años (post-crisis) como evoluciona el panorama político y si se mueve algo de oxígeno en las sociedades europeas, o seguimos metidos en nuestra maldita burbuja.

Saludos.

Joaquim dijo...

Hay una izquierda que viene, o que en realidad no se ha ido nunca del todo. Cierto que hay otra izquierda (la surgida de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría) que no acaba de fenecer, pero está herida de muerte desde hace años y se halla en franca agonía

Veremos que surge de la tensión dialéctica entre ambas izquierdas. Será importante ver y analizar lo que está pasando en Alemania, donde dentro del SPD parece que empiezan a moverse cosas y personas.