martes, 1 de febrero de 2011

Hojeando los papeles de la perrera mediática



Dice José María Aznar que España no puede permitirse 17 miniestados que le arruinen la competitividad, en referencia a las comunidades autónomas. O sea que hay que acabar de una vez con esta lacra que son las autonomías. Pues ya ven. Qué curioso que quien lo propone sea el mismo Aznar cuya carrera como político con aspiraciones de estadista comenzó precisamente como presidente de la comunidad autónoma de Castilla-León, y que en 1996 y para convertirse en presidente del Gobierno español no dudó en pactar con nacionalistas vascos y catalanes y llegó a "hablar catalán en la intimidad" con su esposa; el mismo Aznar, digo, que ahora viene a pedir a gritos el derribo del edificio autonómico español, que por otra parte está consagrado en esa hoy tan reverenciada por él y sus secuaces Constitución española, la misma que por cierto en su día, en 1978, votaron en contra él y su partido, entonces llamado Alianza Popular (casi el mismo collar para los mismos perros). Así es la derecha española, mendaz hasta la extenuación.

Pero no ha sido el único sandio que en esta jornada se ha lanzado a tumba abierta en los medios de la ultraderecha española. Un tipo que se firma Salvador Sostres escribe hoy en El Mundo a favor del "voto de calidad". El tal Sostres, especialista en boutades, asegura que si bien todos los ciudadanos deben tener derecho al voto, no todos los votos pueden valer lo mismo. El voto de una persona de éxito, un empresario, ejemplifica, no puede valer lo mismo que el de un trabajador, ya que según esta lumbrera alguien que no sea "una persona de éxito" no es más que un fracasado. Desconozco que es lo que se inyecta Sostres, pero les aseguro que cuando escribía en la prensa catalana ya tenía el cerebro dañado.

Otro que defeca hoy a gusto en su pipican de la perrera mediática es César Vidal. Asegura el hombre impasible el ademán que según un estudio grafológico que ha llevado a cabo en persona, el príncipe Felipe de Borbón es hoy un hombre mucho más responsable, seguro y consciente de sus responsabilidades que cuando tenía nueve años, según demuestra su letra. Teniendo en cuenta que el príncipe Felipe acaba de cumplir cuarenta y tres años, parece obvio que así sea; mal iría la Monarquía española si el heredero de la corona fuera hoy menos responsable, seguro y consciente de sus responsabilidades que cuando su augusta madre aún tenía que limpiarle los mocos. En fin, ya sabíamos que los delirios de César Vidal carecen de límites, al menos dentro de esta galaxia; pero acabamos de enterarnos de que al parecer, sus dotes de monárquico lameculos tampoco los conocen.

De estos engendros se nutre el pensamiento de la derecha española. "Pensamiento" y "derecha española": un oxímoron absoluto, como pueden ver.

domingo, 30 de enero de 2011

Barcelona retira el último símbolo civil franquista


El último símbolo civil del franquismo en Barcelona ha sido desmontado esta mañana. Trabajadores del Ayuntamiento de Barcelona han retirado la estatua de la Victoria (sic), en el cruce entre el Passeig de Gràcia y la avenida Diagonal. Se cumple así la Ley de la Memoria Histórica, liberando por fin a la ciudad de un infame y muy visible símbolo del oprobio al que fue sometida tras ser invadida por el Ejército fascista del general Franco en enero de 1939.

Centenares de personas han asistido al momento portando banderas republicanas. Muchos han aplaudido cuando la grúa ha levantado en el aire la figura, que por increíble que parezca seguía en su pedestal saludando al estilo fascista treinta y cinco años después de la muerte del criminal cuya victoria sobre su propio pueblo celebraba.

A muchos nos hubiera gustado que esa basura en bronce hubiera sido destruída allí mismo. Sin embargo parece que será relegada a un almacén del Museo de Historia de la Ciudad. Quizá el sitio más adecuado para ubicarla fuera alguna cloaca ciega o un basurero municipal.

Ahora, en Barcelona ya solo algunos edificios militares exhiben emblemas franquistas en sus fachadas. Veremos quién le pone el cascabel al gato y libera de una vez el paisaje urbano de gallinas coronadas, yugos, flechas y demás simbología fascista, habida cuenta lo que ha costado terminar con los símbolos colocados en mitad de la calle.

En la fotografía de El País que ilustra el post, banderas republicanas ondean mientras es levantado en el aire el símbolo fascista desmontado hoy en Barcelona.

viernes, 28 de enero de 2011

Y ahora Egipto



A pesar del toque de queda que rige en el país, centenares de miles de manifestantes han tomado las calles de las principales ciudades egipcias. Esta tarde los insurgentes acaban de entrar por la fuerza en el ministerio de Asuntos Exteriores, mientras la policía antidisturbios se ve superada por la marea humana que anega las calles. Según el diario La Vanguardia, el régimen egipcio acaba de sacar los tanques de los cuarteles, mientras la policía comienza a abandonar el centro de El Cairo y arde la sede del partido del Gobierno. Se diría pues que al régimen de Hosni Mubarak le quedan horas más que días.

Egipto ha demostrado ser el eslabón más débil de la cadena magrebí después de Túnez. Treinta años de dictadura de Mubarak, a los que habría que añadir otras decenas más protagonizados por Nasser primero y Sadat después, están a punto de caer al suelo hechos añicos por causa de la fuerza desbordada de un pueblo que ya no aguanta más. Los egipcios están librando una batalla feroz calle por calle para conquistar un régimen político decente.

Mientras tanto, el régimen responde con más represión. La detención de El Baradei, que encarna la única posibilidad de una salida pactada entre el régimen y los insurgentes, el arresto de periodistas occidentales y el bloqueo de las comunicaciones por móvil e Internet, no son más que vanos esfuerzos para parar lo que ya no tiene remedio. Mubarak va a caer, y de él y sus secuaces depende de si lo hace en medio de un baño de sangre (ya hay varios manifestantes muertos y algún policía también); los jóvenes egipcios no aflojan, ya no hay vuelta atrás. Las cancillerías occidentales siguen sin abrir la boca. Solo Hillary Clinton ha pedido "reformas" en Egipto, que al parecer pasarían por una retirada de Mubarak y la asunción del poder por su hijo. Demasiado tarde. Eso ya se intentó en Túnez, cuando Ben Ali anunció que seguía en el cargo y que no se presentaría a las pseudoelecciones programadas para dentro de cuatro años... apenas 24 horas antes de salir corriendo del país.

Atentos a la batalla de Egipto. Todavía va a durar unos días, pero el desenlace es inevitable.

domingo, 23 de enero de 2011

Felices los belgas. O no



Durante las décadas en que la DC hegemonizó el gobierno en Italia, se decía que este país nunca funcionaba mejor que en los períodos en los que entre crisis y crisis se quedaba sin Ejecutivo. Algunos belgas no parecen pensar así, y hoy decenas de miles de ellos han salido a la calle para exigir que se forme un Gobierno, ya que que nominalmente carecen de él desde las elecciones de junio del año pasado.

Al parecer los belgas se han cansado de la estulticia de una clase política incapaz de hallar una salida racional a una situación que se adentra en el puro ridículo y lo que es peor, comienza a dar señales de que puede desembocar en catástrofe. No por nada, según el diario El País, algunos de los manifestantes de hoy gritaban consignas a favor de que el rey asuma todo el poder y de la disolución de los partidos políticos. Así que el acreditado y antañón fascismo belga comienza a asomar la oreja aprovechando la situación.

Ciertamente, si no hay Gobierno en Bélgica se debe en buena parte a la incapacidad de los políticos profesionales para ponerse de acuerdo en su composición y en las políticas que debe desarrollar. Pero tal hecho no deja de ser el reflejo de una sociedad fragmentada hasta la estupidez, que vive dividida internamente de modo irreconciliable en materia política, social y cultural. Una vez más encontramos el nacionalismo (el flamenco, pero también el valón) como superestructura ideológica que convierte en imposible la convivencia entre gentes que, desde que nacen, aprenden a odiar con todas sus fuerzas al vecino solo porque éste tiene como lengua materna una diferente a la propia.

Claro que como suele suceder en estos casos, el choque de trenes entre flamencos y valones no es más que la máscara que recubre los verdaderos intereses, que no son otros que los económicos. El Estado belga ha sido hegemonizado por los valones francoparlantes desde su creación hasta ahora, dado que la Valonia industrial fue siempre más próspera y pujante que la agrícola y atrasada Flandes. Ocurre que de los años setenta del siglo XX hacia aquí las tornas se han cambiado, y mientras Flandes ha iniciado un fuerte despegue económico, Valonia se hunde en una decadencia que sigue sin tocar fondo. Vistas como van las cosas, la burguesía flamenca está apretando el acelerador para deshacer un Estado que nunca ha terminado de asentarse, y que hoy ya no tiene más nexos de unión fácticos reales entre las dos comunidades que una monarquía muy cuestionada y un Ejército autoritario y con tendencias ultraderechistas.

Si en las próximas semanas o como mucho meses no se halla una solución pactada, el riesgo de que una guerra civil incendie en breve un país situado en el corazón mismo de Europa Occidental será una posibilidad cierta. Y sí, sería absolutamente idiota que sus ciudadanos lo permitieran, pero desgraciadamente los belgas -flamencos o valones-, ya han dado muestras suficientes de ser gente de poca cordura. La Unión Europea no puede seguir imitando a los avestruces; lo que está en peligro es mucho más que la ubicación de algunas de sus principales instituciones.

En la imagen que ilustra el post, un cartel de reclutamiento llamando a enrolarse en las secciones flamencas de las Waffen SS nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Decenas de miles de flamencos se alistaron en las SS. Obsérvese el símbolo nacional de Flandes, el león rampante.


viernes, 21 de enero de 2011

Adiós a un campesino aragonés



El miércoles murió mi padre. Tenía 83 años.

Les parecerá absurdo pero mientras escribo, el hecho de que mi padre esté muerto me sigue pareciendo tan irreal como lo creía el miércoles, cuando expiró a las siete y algunos minutos de la tarde. Se hubiera dicho que estaba dormido, haciendo otra de sus inacabables siestas.

Por una de esas piruetas del destino, mi padre falleció en la misma planta del hospital donde nací yo, en un ala diferente, pero como digo en la misma planta. Medio siglo entre un suceso y otro, para volver casi al mismo sitio al que llegó corriendo una tarde de verano con la paga del 18 de Julio en el bolsillo. "Este niño no viene con un pan debajo del brazo, sino con una paga extraordinaria", le dijo una enfermera a mi madre. Entonces mandaba Franco, ya saben.

Lo que me ha dejado un tanto perplejo hoy es darme cuenta de que al parecer había muchas cosas que no sabía de mi padre. De algunas acabo de darme cuenta viendo la gente diversa que ha venido a despedirle. Familiares, vecinos, amigos. Un montón de amigos y amigas a quienes yo no conocía de nada. Y es que mi padre hacía un nuevo amigo con solo sentarse en un banco en la calle; se ponía a hablar con un desconocido, y ya tenía otro amigo. Ah, el tanatorio estaba en el quinto pino, no crean que era nada fácil llegar; había que echarle voluntad y ganas.

Al acabar la ceremonia, mientras improvisaba unas palabras de despedida para él y de agradecimiento para los asistentes he caído en la cuenta de que con certeza, en mi modo de pensar y de vivir hay muchas cosas que a mi padre no le gustaban. A diferencia de mi madre, que desde que yo me negaba a tomarme la papilla acostumbra a expresarme sus críticas a grito pelado, mi padre jamás me reprochó nada, jamás me recriminó nada. La última vez que me expresó disgusto por algo relacionado conmigo aún vivía Franco y mi madre había encontrado propaganda ilegal dentro de mi macuto de progre setentero; la bronca fue de órdago, y eso que mi padre era antifranquista desde antes de que el Generalito sentara su gordo trasero en el trono de El Pardo. Pero por encima de todo a mi padre le preocupaba el bienestar y la seguridad de su familia. Por nosotros, por mi madre y por mí, vivió, luchó y trabajó. Todo eso es importante, claro. Pero hasta esta mañana, como digo, no entendí algo que es todavía mucho más trascendente y, por qué negarlo, también un poco mortificante para un servidor de ustedes: que por encima de todo, con seguridad mi padre me respetaba mucho más a mí que yo a él.

Lo del respeto a los demás sin moverse un ápice de sus modos de sentir, pensar y vivir lo aprendió mi padre del suyo, un anarquista convencido que en los días finales de julio de 1936 se echó a las calles de su pueblo monegrino escopeta de caza en mano junto con otros centenares de campesinos, dispuestos a hacerles la raya en el pelo engominado al puñado de señoritos falangistas llegados de Zaragoza que atacaron el pueblo en esos días. Este revolucionario partidario de la "acción directa" estaba casado con una católica practicante de las de misa y rosario; como tenía el sueño ligero, el padre de mi padre solía despertar a su mujer en las frías mañanas de los domingos invernales aragoneses diciéndole que acababa de oír tocar la campana de la iglesia llamando a misa, y que sino se levantaba deprisa llegaría cuando hubiera empezado y ya se sabe que la misa empezada no sirve como cumplimiento del deber dominical. Si al morir mi abuela no fue directa al Cielo sin pasar por el Purgatorio, no fue desde luego por culpa de su ateo esposo.

Así que a mi padre no solo no le costó compaginar la admiración simultánea por Durruti y Felipe González (quien no lo crea posible es que no sabe nada acerca de las clases trabajadoras españolas del siglo XX), sino que además tenía unas creencias religiosas que pasaban por un cristianismo en el que "los curas" (en bloque) no pintaban nada. O sea, que tenía criterio propio y lo vivía con total coherencia y serenidad, como suelen hacerlo los campesinos de su tierra. Porque por encima de todo mi padre fue un campesino aragonés, trasplantado medio siglo a Barcelona y doblado de obrero, pero campesino aragonés hasta el final: un hombre recio, formal, fiable.

Hoy es uno de esos días en los que me gustaría que Dios existiera, ustedes ya me entienden. Aunque me fastidiara tener que darle la razón, una vez más, a mi padre.

La fotografía que ilustra el post muestra un atardecer en los Monegros, un paisaje familiar en la infancia y juventud de mi padre. Foto de Chavinandez.

lunes, 17 de enero de 2011

Empiezan a caer las fichas del dominó magrebí



Mientras Ben Alí huía de Túnez apenas 24 horas después de prometer su retirada política para dentro de cuatro años, acompañado en su vergonzosa estampida por su señora esposa y una tonelada y media de oro que la dama en cuestión hizo sacar del Tesoro Nacional como contribución forzosa del país a su exilio evidentemente dorado en Arabia Saudí, las manifestaciones en Argelia y Egipto toman proporciones de insurrección popular a semejanza de la tunecina, ese patético despojo que es Gadaffi (¡qué malo es el abuso de las drogas!) se lamenta de que los tunecinos hayan echado a Ben Alí "demasiado pronto", y en Marruecos comienzan a darse los primeros síntomas de que no tardará en tocarle el turno al sátrapa local, en este caso coronado.

Las democracias occidentales están desbordadas, y no saben hacia dónde mirar. Francia, tradicional valedora del puñado de tiranos cuyos regímenes están siendo cuestionados por las masas populares de Casablanca a El Cairo, intenta desesperadamente maniobrar para salvaguardar su influencia en la zona sin que se note demasiado que es precisamente gracias a ella que las satrapías magrebíes han aguantado en el poder durante décadas. El silencio de los norteamericanos es igualmente clamoroso. La ONU y los diversos organismos internacionales, incluidos los que se dicen garantes de la democracia y los derechos humanos en cualquier rincón del mundo, callan y otorgan igualmente. Ni uno solo de entre ellos ha alzado la voz para exigir esas "reformas democráticas" que se le piden día sí día también a Cuba o China, por poner dos ejemplos muy nítidos de hipocresía geoestratégica internacional. ¿Dónde está la boquita parlanchina de nuestra sinpar ministra de Exteriores, doña Trinidad Jiménez? Callada como una muerta.

En catalán hay una frase intraducible, que define perfectamente la situación: lo que ocurre es que el movimiento insurreccional popular en el Magreb nos ha cogido a europeos y norteamericanos "con los orines en el vientre". Es decir, no nos hemos enterado de nada hasta que ha sido demasiado tarde, y ahora todo son prisas y nervios por parte de nuestras democráticas cancillerías. Que Dios nos ampare de la recua de cabestros que nos gobiernan: ni ellos podían haber llegado a más ni las democracias occidentales a menos.

Las piezas del dominó magrebí van a caer una tras otra sin solución de continuidad. La insurrección democrática popular se extiende como una mancha de aceite a 14 kilómetros de Tarifa, y mientras tanto Europa continúa enfrascada en si una vez más nos bajamos los pantalones ante "los mercados" o levantamos una nueva valla electrificada con mayor voltaje entre lo que queda de nuestras colonias y África, de modo que se tapone de una vez por todas la entrada al único Paraíso al que aspiran esos jóvenes musulmanes con PC portátil bajo el brazo y ropa de marca occidental, esos chicos y chicas que desde hace unas semanas se están jugando la vida cada día en las calles de ciudades que están a tiro de piedra de las nuestras.

En la imagen que ilustra el post, manifestantes tunecinos. Uno de ellos sostiene un cartel que en inglés y francés reza: "Yo tengo un sueño. Un Túnez libre".

domingo, 16 de enero de 2011

¡¡ Viva la revolución en el Magreb !!


Revolución en todo el Magreb!

Viva la libertad, la democracia y el socialismo!

Fuera los sátrapas y las religiones!!

No pasarán!!!

Revolution a tout le Magreb! Vive la liberté, la democracie et le socialisme!.