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miércoles, 2 de septiembre de 2009

El islamismo radical se ríe del Holocausto

Dice El País de hoy que la fiscalía general de la ciudad holandesa de Utrecht iniciará acciones penales contra una supuesta Liga Árabe Europea (LAE), "por publicar en su página web una caricatura en la que dos judíos se inventan el Holocausto".

Negar el Holocausto no es emitir una opinión, sino una aberración propia de hijos de puta, que de algún modo se hacen solidarios con los autores de la mayor atrocidad conocida por la Humanidad. En varios países civilizados de Europa ese proceder acarrea penas incluso de cárcel. Holanda es uno de ellos, e históricamente de los más sensibles a semejantes brutalidades contra la razón y la Historia, dado que es un país cuya memoria colectiva sigue aún bajo el trauma del exterminio de decenas de miles de holandeses y refugiados de origen judío, ocurrido durante la ocupación nazi (1940-1945). En Holanda se editó además el diario de Anna Frank, quizá el más atronador testimonio directo contra la locura antisemita nazi que jamás se haya escrito.

Ahora aparece una organización que nadie conoce muy bien y que dice representar a los "árabes" de Europa, y publica una asquerosa caricatura en la que niega el Holocausto. De entrada extraña bastante que esa organización presuntamente islamista hable de "árabes", un concepto de cuño político (nacionalista) enfrentado con el religioso (islamista). No todos los árabes ni mucho menos son musulmanes, y menos aún islamistas fanáticos; hay numerosas minorías de árabes cristianos en Líbano, Egipto, Siria, Palestina y hasta hace poco, Irak. Y desde luego no todos los musulmanes son árabes ni desde luego islamistas; los iraníes no son árabes, de hecho llevan siglos enfrentados a los árabes, y sin embargo sí son musulmanes, como también lo son los indonesios, turcos, sudaneses, pakistaníes etc, sin ser árabes. Así pues esa Liga Árabe Europea apesta a provocación fascista.

De todos modos, y aunque la LAE resultara ser realmente una organización islamista -cosa que tampoco sería tan extraña, en la medida en que el fascismo racista es consustancial al islamismo radical-, ni en Holanda ni en parte alguna del mundo más o menos civilizado puede permitirse una cosa así. Negar el Holocausto y atribuirlo a una invención de los judíos es, repito, hacerse cómplice de sus autores y sobre todo, contribuir a que algún día pueda repetirse.

Nada tiene que ver eso con la libertad de expresión, la crítica al sionismo o a la actuación de los gobiernos israelíes. Ese dibujo asqueroso tampoco es comparable con las famosas caricaturas de Mahoma publicadas hace unos años en un periódico danés, ya que no está criticando o riéndose de una religión, de sus dogmas, ritos, costumbres (que son perfectamente criticables y en muchos aspectos denunciables por absurdos y ridiculos cuando no claramente perjudiciales, ya sea en el caso musulmán como en el de cualquiera otra religión, incluidas desde luego la judía y la cristiana). Lo que esa caricatura ataca no es la religión o la política judías, israelíes o no -algo que desde el pensamiento libre e ilustrado europeo pueden y deben ser criticables y hasta objeto de chiste en muchos de sus contenidos-, sino la esencia sobre la que se fundamenta la experiencia de nuestra memoria histórica colectiva como seres humanos: el conocimiento mismo de los límites que jamás pueden volver a traspasarse mientras siga existiendo la especie humana. Si permitimos que nos despojen de ese conocimiento, que se banalice, trivialice o directamente se niegue su correspondencia con hechos reales, se estará abriendo la puerta a una hecatombre probablemente mucho peor que la que acabó con la vida de seis millones de judíos entre 1939 y 1945, y que también segó la de millones de personas de otras culturas, incluidos casi diez mil ciudadanos españoles.

El dibujo presenta a dos judíos calculando las víctimas del Holocausto. "Tenemos que llegar a seis millones de muertos", dice uno de los personajes. "No creo que sean judíos" le respondía el otro, mirando unos cadáveres amontonados bajo un letrero con el nombre del campo de concentración de Auschwitz.

lunes, 16 de marzo de 2009

Adiós al Polo Norte


Cuenta hoy el diario británico "The Independent" que se ha puesto en marcha una iniciativa para limitar la caza de osos polares, supuesto deporte practicado por los esquimales y por otros que sin serlo son capaces de desplazarse a las lejanas regiones polares, sólo para meterle una bala entre ceja y ceja a un animal perteneciente a una especie en peligro de extinción.

El problema principal para los osos polares, con todo, no son sólo los cazadores sino el cambio climático, digan lo que digan el primo "científico" de Rajoy o el imbécil ése que fue presidente del Gobierno español y que ahora recorre el mundo con su melenilla y sus pulseras de hippie de derechas. Los polos se derriten a marchas forzadas, y en unos años no va a haber hielo en el Polo Norte en verano. Ya empezamos a acostumbrarnos a ver imágenes de osos polares aislados en trozos de hielo que se funden por completo a velocidad de vértigo y antes de salir del Círculo Polar Ártico. Hoy sería materialmente imposible que el Titanic u otro buque chocara con un iceberg en cualquier mar del mundo, simplemente porque ya no hay icebergs navegando a la deriva en mares cálidos; mirado cínicamente, quizá sea esa la única ventaja que aporta el deshielo.

El calentamiento global está aquí, y ha llegado para quedarse. De hecho, llevamos al menos 150 años calentando la Tierra pero hasta ahora no habíamos reparado en las consecuencias. Ahora hay señales que anuncian que el Apocalipsis de San Juan puede ser una broma infantil, comparado con el desastre que se nos viene encima. Y en fin, el que los osos polares se ahoguen al quedar atrapados sobre témpanos de hielo que se funden como cubitos de un gin tonic, sería apenas el aperitivo. Esperen a los platos fuertes.