viernes, 19 de noviembre de 2010

Soberanía por dinero



Una nueva oleada de ataques de terrorismo financiero contra la moneda europea se está produciendo en todo el mundo, seis meses después de la crisis de mayo. De nuevo los llamados "mercados financieros", es decir la Santa Alianza entre los especuladores financieros de Wall Street, los capitales en blanqueo del narcotráfico mundial y la Reserva Federal norteamericana, capitaneados por delincuentes internacionales como George Soros, están atacando de modo mancomunado la moneda única europea.

La nueva ofensiva se inició cuando el cambio oficial se acercaba de nuevo a 1'5 dólares por 1 euro. Inmediatamente el Gobierno norteamericano se ha puesto a darle a la maquinita de fabricar dólares como un poseso: En una primera fase han lanzado al mercado 600.000 millones de dólares, a los que en los próximos meses seguirán 300.000 más. De modo sincrónico, sus esbirros en el sistema político/económico europeo -que los tienen, y a sueldo obviamente- han comenzado a clamar acerca de la necesidad de devaluar el euro para ganar "competitividad" en las exportaciones, e incluso algún ministro ha llegado a proponer la salida de su país de la moneda única, como acaba de hacer el ministro de Hacienda de Portugal. Afuera y con la escopeta bien cargada, están esperando los cazadores para abatir de uno en uno a los conejos que abandonen la moneda única europea.

El ataque se canaliza otra vez mediante la presión sobre los países más débiles del sistema financiero europeo, usando la deuda pública como excusa e instrumento. En una primera etapa se están destruyendo por volatilización las economías de Grecia, Portugal e Irlanda, luego vendrán las de España e Italia. El caso de Grecia es especialmente escandaloso, y denota la falta de escrúpulos de la Santa Alianza: ahora que el país comenzaba a levantar cabeza luego de la durísima intervención a la que fue sometido antes del verano, una cadena de bombas dirigidas precisamente contra las representaciones de sus socios/acreedores de la Unión Europea justo antes de celebrar elecciones generales, pretendía desastabilizar de nuevo el país y crear las condiciones que provocaran su hundimiento económico y social. Han fracasado... parcialmente.

En segunda fase ha venido la voladura de Irlanda, un país que hace una década fue seducido precisamente por la filosofía financiera anglosajona de la "nueva economía" patrocinada por los mercados -el Casino Bolsa Mundial- más ortodoxa. La acumulación de capital gracias al "dinero fácil" (e irreal, pues solo existía en los paneles electrónicos de las Bolsas), no requería de la existencia de una economía productiva real, de la que Irlanda carecía y cuya construcción cuesta décadas de esfuerzos (que se lo pregunten a los alemanes)); así, el llamado "tigre celta" fió todo a la especulación financiera. Los sucesivos gobiernos irlandeses, enganchados a la droga dura del neoliberalismo a ultranza, tuvieron el atrevimiento y la desfachatez de avalar inversiones realizadas por fondos privados de alto riesgo, garantizando con fondos públicos su rentabilidad. Al reventarse el globo el Estado irlandés se ha encontrado conque debe pagar una factura que supera sus recursos disponibles, lo que le lleva indefectiblemente a la ruina de modo parecido al desplome sufrido por Islandia, que meses atrás atrapó a tantos pequeños y medianos inversores/especuladores británicos seducidos por el "capitalismo popular"(la posibilidad de hacer crecer artificialmente y de manera exponencial sus beneficios a partir de inversiones efectuadas con ahorros más o menos reducidos).

Por lo demás, Alemania, la locomotora de Europa, está recibiendo ahora todas las pedradas mediáticas de estos canallas, precisamente por su defensa casi en solitario no ya de la moneda única sino de lo que hay detrás, el proyecto de construcción de la unidad europea. Se critica a los alemanes por tomar las riendas de la situación, y también por haber anunciado que no van a seguir pagando por la cara el gasto de "experiencias" como la irlandesa. La Unión depende por completo de la energía que de momento pone Alemania en su defensa. Pero se necesitan instrumentos colectivos para defenderla, y políticas únicas que permitan manejarlos de modo eficaz. De todos modos, algún día tendremos que darles las gracias a los alemanes por su comportamiento.

El economista Juan Ignacio Crespo anunciaba hace unos días de viva voz en Cuatro y luego en un artículo en El País que de aquí a cinco o seis años vamos a disponer de una Hacienda única europea, único modo de hacer frente a estos terremotos provocados desde el interés de los especuladores y el acoso político. Esa Hacienda europea deberá defender el espacio económico conjunto (y dar respuestas contundentes a los ataques, añadiría yo). Crespo tiene claro tanto la inevitabilidad de ése organismo, del que se han comenzado a poner las bases precisamente a raíz de los ataques de esta primavera, como de que su viabilidad y eficacia dependen de que los Gobiernos europeos dejen de lado moñerías nacionalistas y acepten una centralización fuerte de la toma de decisiones: él lo llama "soberanía por dinero", en frase feliz que sintetiza lo que hay en juego.

Si por el contrario nos encastillamos en nuestros intereses nacionales o pretendemos salvarnos cada cual por su cuenta, acabarán con nosotros antes de que finalice la presente década. Europa volvería a ser un espacio fragmentado y en pugna interna permanente, débil y sin capacidad siquiera de influir sobre las decisiones que la atañen. Esa es en definitiva, la apuesta que mantiene el Imperio Anglosajón de ambos lados del Atlántico desde hace al menos dos siglos.

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