Mostrando entradas con la etiqueta Cajasur. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cajasur. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de diciembre de 2010

Cajasur y las diócesis andaluzas: omertá a la española


Dice El País de hoy que el cura Santiago Gómez Sierra ha sido nombrado obispo auxiliar de Sevilla, evidentemente con el plácet del Papa o de su delegado directo para estos menesteres.; es sabido que los nombramientos en el seno de la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana se producen no por elección ni oposición, sino directamente vía el santo dedo. ¿Bueno, y a nosotros, qué? dirán mis amables lectores, ateos o creyentes ¿a qué viene traer a colación el nombramiento de un obispo en España? ¡Será por obispos en este país!. No se impacienten, lo resumiré en un momento.

Resulta que el cura Santiago Gómez Sierra no es un cura cualquiera. El páter Gómez Sierra presidía Cajasur, la entidad financiera administrada -es un decir- por el Cabildo catedralicio cordobés, intervenida por el Banco de España a mediados de 2010 y vendida luego en subasta a la vasca BBK como consecuencia de la ruina a la que la llevaron sus gestores de años. Si en un principio las pérdidas generadas se creía que sumaban unos 200 millones de euros, apenas seis meses después y una vez revisadas las cuentas por los nuevos propietarios se calculan en casi 1.000 millones de euros y subiendo.

Las razones de semejante agujero radican en el saqueo de fondos llevado a cabo por los curas gestores -recuerden que según los informes de los organismos de intervención, llegaron a autoasignarse suculentas dietas por asistir a oficios religiosos-, y la continuidad de la concesión de créditos/regalo a conocidos gánsters del ladrillo de la costa andaluza cuando hacía muchos meses que ya había estallado la burbuja inmobiliaria española. Como resultado de tan brillante gestión, dice el diario madrileño, "Gómez Sierra, junto al anterior presidente de Cajasur (Juan Moreno) y otros 38 miembros de los dos últimos Consejos de Administración se encuentran expedientados por el Banco de España, que les acusa de tres faltas muy graves y una grave, con sanciones de hasta 150.000 euros y de penas de inhabilitación". En realidad todo esto debería tener una concreción judicial por la vía penal, lo contrario abre expectativas muy razonables sobre aquel viejo dicho que afirma que la forma más segura e impune de robar un banco es hacerlo desde dentro en lugar de atracarlo desde fuera.

Y sin embargo, ahí tienen al cura Gómez Sierra, convertido por el Vaticano en obispo en la tierra de María Santísima. En Francia o Alemania ya estaría en la cárcel, y eso que allí también hay católicos. La explicación de este hecho diferencial español tal vez resida en que el nombramiento, según el comunicado oficial al que remite El País, "proviene de la mano de Dios". Y es que al parecer a Dios le tienen al pairo fruslerías como la honradez de su curas españoles: qué tío, Dios. O quienes dicen hablar en su nombre, claro.

Uno, que es un descreído como ustedes ya se habrán barruntado, empieza a atar cabos cuando finalmente se entera de que el actual arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, el que en definitiva ha promocionado a Gómez Sierra llevándoselo a su vera, era el titular de la diócesis de Córdoba mientras Gómez Sierra y sus compinches del cabildo catedralicio arrasaban Cajasur. Vamos, que el arzobispo Asenjo era el jefe de Gómez Sierra en Córdoba en el orden eclesiástico, y por tanto también en cuanto gestor de Cajasur, ya que ésta era una institución directamente administrada por la Iglesia cordobesa. Como dice El País, "ya están juntos, otra vez, jefe y empleado". Convertido en obispo Gómez Sierra, su ascenso en la jerarquía le asegura la impunidad por los escasamente presuntos delitos que cabe atribuirle a la vista de la catástrofe de Cajasur. Omertá absoluta: la Santa Mafia continúa pues funcionando a todo vapor en pleno siglo XXI.


lunes, 24 de mayo de 2010

Cajasur y unos granujas con alzacuellos


La intervención por el Banco de España de Cajasur, la caja de ahorros gestionada (es un decir: saqueada y arruinada, en realidad) por el obispado de Córdoba, marca otro hito en la turbia historia de las relaciones finiseculares entre la Iglesia católica española y las finanzas más oscuras y rentables.

Porque lo que está saliendo a la luz pública estos días es que más allá de un desplome por mala gestión, lo que ha habido en Cajasur ha sido un uso histórico corsario de una entidad de ahorro por parte del cabildo catedralicio de Córdoba, su propietario de siempre. Han sido los canónigos cordobeses -cuya fama como delincuentes, por cierto, se remonta a las novelas picarescas del Siglo de Oro español-, quienes han ocasionado el estropicio con acciones que no pueden quedar sin castigo, so pena de hundir en el descrédito aún más todo el entramado bancario español.

Cajasur ha reventado luego de un proceso en el que como mal menor, se había planteado su absorción por Unicaja. Pero los curas que gestionaban Cajasur impidieron finalmente la absorción, pues en palabras del presidente de la entidad, el sacerdote Santiago Gómez Sierra, la fusión equivalía a "entregar Cajasur a los rojos", y por tanto era preferible que fuera a parar a manos del Banco de España; tomen nota de la ideología de este santo varón. Los canónigos-banqueros pretendían así huir de responsabilidades y cargar el muerto a los bolsillos de todos los españoles, pues es obvio que Unicaja al hacerse con los balances de la entidad adquirida hubiera llevado a sus ex responsables directamente al Juzgado de guardia más próximo, cosa que seguramente no hará el Banco de España en aras a mantener la credibilidad del tinglado bancario español.

Y es que los números de Cajasur demuestran a las claras la competencia profesional y la catadura moral de la gente que la ha gestionado durante décadas. Según publica El País, las pérdidas de la entidad sólo en 2009 se elevaron casi a 600 millones de euros. Lo que no debe extrañarnos, ya que durante todos esos meses y a pesar del estallido de la burbuja inmobiliaria hace tres años, Cajasur siguió prestando decenas o quizá centenares de millones de euros a especuladores inmobiliarios que operan en la costa andaluza; como titulaba ayer El País una de sus informaciones "Curas y ladrillos en la misma caja". Es obvio que los granujas del cabildo catedralicio cordobés han estado interviniendo en negocios especulativos desde hace años. Su proceder ya obligó a intervenir a la Junta de Andalucia (en 2003 denunció a los dirigentes de la caja ante la Fiscalía Anticorrupción) y el Banco de España (que la investigó en 2004). Pero todo quedó en nada entonces, dado el alto patrocinio de la caja. Finalmente el grano de pus ha reventado.

El calificativo de granujas para los curas-banqueros de Cajasur resulta un calificativo puramente descriptivo. No de otra manera se puede motejar a gente a la que se les ha probado que se repartían dietas simplemente por asistir a actos religiosos (de asistencia obligada para ellos en su condición de sacerdotes). Según la denuncia de la Junta de Andalucía en 2003, sólo por ese concepto se habían apropiado hasta ese momento de 10 millones de euros. Según el informe del Banco de España emitido en 2005, "las actividades de Cajasur tenían un marcado sesgo especulativo": dicho en lenguaje claro, a través de ellas se financiaba a conocidos especuladores inmobiliarios sin escrúpulos, individuos como Rafael Gómez, alias "Sandokán", propietario de la constructora Arenal 2000 e implicado en la operación Malaya, quien en 2005 donó el inmueble en el que tiene sede la Fundación oficial de Cajasur, llamada Fundación Monseñor Miguel Castillejo, del nombre de un cura que antes que Gómez Sierra presidió Cajasur durante tres décadas y a quien se conocía en los ambientes bancarios andaluces como "Fray Langostino".

Las noticias de hoy mismo dicen que el Banco de España expedientará a los administradores de Cajasur. Hasta Juan Ojeda, dirigente del PP, que fue vicepresidente tercero de la entidad, declara que "los responsables son los canónigos". Juan Pablo Durán, del PSOE y antiguo miembro del consejo, acusa de cinismo al cabildo catedralicio de Córdoba, que justifica la ruptura de las negociaciones con Unicaja en la "defensa de los trabajadores de Cajasur", cuando semanas antes de la ruptura los ejecutivos ensotanados habían aprobado planes internos que conllevaban el despido del 10% de la plantilla y el cierre de 300 oficinas. Uno de los obstáculos principales surgidos, en realidad, fue la negativa de Unicaja a asumir tras la fusión los sueldos que los curas-gestores de Cajasur tenían fijados para ellos mismos, y la exigencia de revisar a fondo las cuentas de la entidad que Unicaja compraba.

En definitiva, otra de esas historias de delincuentes con alzacuellos tan tradicionales en España, que lamentablemente suelen acabar con toneladas de tierra encima (rcuerden Gescartera) y pagando entre todos el agujero causado por los sinvergüenzas de turno. Veremos si al menos en esta ocasión los responsables no se van de rositas; en plena crisis económica causada precisamente por esa calaña de gente, los especuladores financieros con o sin sotana, resultaría altamente ejemplarizante que por una vez pagaran sus culpas en este mundo en vez de esperar al otro.

En la fotografía de El País, el selecto grupo de "reservoir dogs" miembros del cabildo catedralicio de Córdoba que dirigían Cajasur hasta la intervención del Banco de España.