
El debut de Rosa Díez como mamporrera parlamentaria del PP ha respondido ciertamente a las expectativas creadas.
Como Mariano Rajoy tiene que ponerse de nuevo el disfraz de centrista (pobre hombre, lo van a marear con tanto llevarlo del centro a la extrema derecha y de la extrema derecha al centro), la Díez ha venido a cubrir el flanco parlamentario descubierto por allá donde queda eso de "España es una unidad de destino en lo universal" y resto de aportaciones joseantonianas al acervo ideológico de la derecha extrema/extrema derecha española.
Y hay que reconocer que la tipa lo hace a la perfección. En su boca el "España se rompe" adquiere unas calidades entre la quejumbrosa nostalgia de tiempos mejores y la decisión enérgica del "esto(el que España se rompa) lo arreglo yo con cuatro puntadas bien dadas", que dá gloria oírla.
En fin, que no sé yo si a estas alturas queda alguien a quien pueda engañar esta palanganera vocacional, continuadora de la saga de los García Damborenea, Cristina Alberdi, Gotzone Mora y otros Judas por interés y despecho, pero de verdad que la mujer se está trabajando a conciencia un puesto en el grupo parlamentario del PP, que es adonde irá a parar en cuanto tenga que cerrar el chiringuito que se ha montado y alguien deba hacerse cargo de las deudas y de paso, obviamente, asegurarle a Rosa de España un sueldo parlamentario para que pueda seguir viviendo de la política.

