En días de agosto como éstos del verano de 2006, la Galicia interior ardía como una tea en venganza porque el nuevo Gobierno gallego les había arrebatado de las zarpas a los caciques rurales las competencias sobre contratación y manejo de las brigadas contra incendios, y como castigo a que la grey paisana se hubiera descarriado electoralmente justo un año antes.
En síntesis, en Galicia hubo quien ordenó añadirle al pastel de cumpleaños del gobierno bipartito socialista-nacionalista una vela verdaderamente luminosa; dio tanta luz que de hecho, los incendios pudieron verse desde los satélites de observación.
Ahora le toca el turno al interior de las dos grandes islas canarias. Según El País, en menos de una semana ha ardido un tercio de la masa forestal de Canarias. Las fotografías desde los satélites son impresionantes.
¿Por qué arde Canarias? En realidad, la pregunta correcta en este caso sería, de nuevo, para quién arde Canarias.
La respuesta es elemental. Las costas tanto de Tenerife como de Gran Canaria están saturadas de construcciones, ya no hay sitio ni para levantar una caseta de perro (como ocurre, por otra parte en todo el litoral gestionado por administraciones locales del Partido Popular, de Castellón a Huelva más los archipiélagos balear y canario). La especulación urbanística en esas dos islas ya sólo puede crecer hacia el interior, y es por eso que arden los bosques.
De aquí a pocos años (menos todavía, si el PP vuelve al Gobierno español el año próximo), veremos recalificados los terrenos quemados; una legión de empresarios "emprendedores" levantarán "promociones inmobiliarias" que crearán "riqueza y empleo" donde hoy sólo quedan cenizas.
La larga mano que mece el "libre mercado" es así de cabrona. Quienes la manejan, también.

