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miércoles, 2 de marzo de 2011

Enrique Curiel es de toda la izquierda


Hoy es un día triste para la izquierda española en su conjunto. Ha muerto Enrique Curiel, un valor compartido. Luchador antifranquista, profesor universitario y dirigente político de altura, Curiel todavía era un hombre joven. Le ha abatido un cáncer, una tragedia más en una vida marcada por un cúmulo de desgracias personales casi encadenadas, que sin embargo no lograron romper su compromiso con su pueblo y con su tiempo.

Enrique Curiel, de origen gallego, se inició en política de la mano de Enrique Tierno Galván y su intento de crear un socialismo español fuera del foco del PSOE. Del llamado Partido Socialista del Interior, Curiel pasó al PCE liderado por Santiago Carrillo, convirtiéndose en mano derecha del veterano dirigente comunista. Con el tiempo llegaría a ser vicesecretario general del partido. Sufrió innumerables detenciones y "hábiles interrogatorios" a manos de la policía secreta y de la Guardia Civil franquistas.

En 1976 Enrique Curiel es ya un personaje de relevancia política pública, lo que no le libró de recibir un disparo de la policía del Régimen en el curso de una manifestación convocada con motivo de la detención de Santiago Carrillo, que acababa de regresar clandestinamente a España. Desde el sector del partido llamado eurocomunista, Curiel luchó a brazo partido contra los nostálgicos del estalinismo. Al mismo tiempo intentaba preservar la identidad del proyecto comunista español, cada vez más cuestionado políticamente y falto de apoyo real en unas clases trabajadoras y populares que ya empezaban a volcarse en favor del PSOE renovado dirigido por el entonces joven Felipe González. Curiel terminará por irse del PCE tras los desastres electorales y organizativos de los años ochenta, y recalará en el PSOE a partir de 1990. Diputado, senador y dirigente orgánico socialista, su carrera hacia la cúspide se vio truncada por un coma metabólico, que en 1995 le llevó a las puertas de la muerte dejándole sin habla y con la salud muy afectada. Consiguió recuperarse, en un despliegue de voluntad y energía que dice mucho de la clase de hombre que era. Desapareció luego, sin embargo, de la primera línea política durante años. Finalmente, tras un breve retorno a la política parlamentaria, en los últimos años se dedicó a la actividad docente universitaria. Hoy ha muerto víctima de un cáncer, la última de las batallas que libró este hombre de maneras suaves y educadas, de aspecto simpático y relajado, negociador flexible pero nada blando, y siempre enemigo de involucrarse en broncas y algaradas internas en los partidos en los que militó, lo que le valió el aprecio unánime de unas bases hartas de banderías y capillitas.

Enrique Curiel ha sido un valor sólido de la izquierda española. Pertenecía a la raza de los activistas políticos que trajeron la democracia empujando la Historia hacia la libertad en la calle y en los despachos "para que pudiera ser", como cantaba Labordeta. Aunque solo fuera por eso, su recuerdo merece el respeto y el cariño de quienes más allá de siglas concretas hemos sido sus compañeros y compañeras. Que la tierra te sea leve, compañero.

En la imagen que ilustra el post, Enrique Curiel en una foto oficial del PSOE.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Primer centenario de la CNT, un acontecimiento silenciado



Resulta que estamos en el año del centenario de la CNT. ¿Ustedes lo sabían? Yo me enteré ayer, mientras buscaba información de carácter histórico en la web del sindicato anarcosindicalista español.

Y es que la Confederación Nacional del Trabajo se fundó en Barcelona el 1 de noviembre de 1910. Cien años, como digo, un número redondo, una buena excusa para mirar atrás y hasta para hacer balance del camino recorrido; para recordar, para elogiar y para criticar. Sucede que los medios de comunicación de masas no se han dado por aludidos. ¿Boicot a este viejo sindicato? Pienso que es mucho peor: puro desconocimiento, alegre ignorancia del pasado y de sus protagonistas en la lucha por la emancipación de los trabajadores y también por la libertad y la democracia; recuérdese su papel durante la guerra de España participando incluso en el Gobierno legítimo, o el combate directo que llevó esta gente contra la dictadura franquista.

Obviamente pues, de la CNT se pueden decir muchas cosas, pero no que haya pasado desapercibida a lo largo de este siglo convulso de historia española, en la que los anarcosindicalistas han estado bien presentes y activos. Entonces ¿por qué el silencio mediático, político y académico que envuelve su centenario? Seguro que el anarcosindicalismo no pasa sus mejores horas, pero aunque fuera exclusivamente desde el punto de vista histórico valdría la pena haber dado al acontecimiento el relieve que merece.

Personalmente no puedo ocultar mi simpatía por esta gente, a las que desde la "izquierda autoritaria", como nos llamaban antes los anarquistas a los de izquierdas "políticos", es decir de raíz marxista, se suele mirar por encima del hombro y con cierto desprecio intelectual. A menudo se considera al anarquismo, y probablemente lo fue en su momento, una ideología propia de masas pre-políticas, de escasa o nula formación, incapaces de entender que la liberación de los oprimidos solo llegará cuando éstos consigan poner a disposición de su proyecto histórico todos los recursos y resortes del Estado.

Sea como sea, en España no puede entenderse nuestra historia contemporánea colectiva sin la influencia del anarcosindicalismo en amplias capas de las clases trabajadoras y populares. Es increíble, pero aún no se ha hecho un estudio académico que confirme datos tan esenciales para el desarrollo político y social de este país, como el que en tiempos de la II República dependiera por completo de ellos el triunfo o el fracaso electoral de las izquierdas: cuando los anarquistas votaban (elecciones de 1931 y 1936) la izquierda "política" ganaba sin problemas, y cuando se abstenían ganaba sin paliativos la derecha (1933). En la Transición a la democracia de los años setenta y ochenta, todo este "voto anarquista" fue incorporado por el PSOE en Andalucía y Catalunya, los dos bastiones históricos anarcosindicalistas; el éxito de los socialistas se basó fundamentalmente en retener ese voto elección tras elección durante los años ochenta y noventa.

Para mí la CNT irá siempre vinculada al recuerdo de dos familiares directos. El primero, el de mi abuelo paterno, Joaquín, uno de los miembros más activos de la colectividad agraria anarquista en su pueblo aragonés, en 1936-1937. El otro, el de Mariano Carilla Albalá, primo hermano de mi abuelo materno, el hombre que terminó en Mauthausen luego de una vida dedicada a la lucha por los ideales anarcosindicalistas. Sé de ambos que fueron hombres buenos, queridos por quienes les conocieron, y fieles hasta el final a su idea.

Felicidades pues a la CNT y a sus adherentes, y que sea por muchos años más.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Labordeta, un libertario cabezudo



La muerte de José Antonio Labordeta es la muerte de un tiempo y de un país que ya sólo existen en la memoria de quienes no nos resignamos a olvidar, simplemente porque no nos da la gana que nos hagan renunciar a la verdad de cómo fueron las cosas en España. Porque el presente que vivimos, del que todos somos un poco culpables, se ha cimentado precisamente sobre la incitación al olvido, sobre el barrido de la memoria colectiva. Cuando he leído esta mañana en El País la necrológica que en presunto homenaje a Labordeta ha escrito una destacada dirigente del Partido Popular, casi no he podido controlar la indignación. Sólo desde el cinismo más absoluto y la desmemoria como religión se pueden derramar esas lágrimas de cocodrilo sobre la ausencia de alguien a quien, ayer los franquistas estrictos y hoy sus herederos más o menos actualizados, persiguieron, insultaron y vejaron a placer. Y es que José Antonio les plantó cara en sus canciones y en su actuación política durante décadas, hasta terminar por convertirse en un referente vivo de militancia libertaria (en el sentido menos partidista del término) por la dignidad, la democracia y la memoria.

Pero no venía a hablar de obviedades sino de mi Labordeta, del Laburdi cuyas letras aún me sé de memoria, del cabezudo ( así se llama en Aragón a los especialmente tozudos) a quien -ahora me doy cuenta- tanto quise y al que tantas veces habría dado un garrotazo. Quizá porque, modestia aparte y salvando las muchísimas distancias obvias, nos parecemos tanto, tenemos caracteres tan similares, lo mío con Labordeta no podía ser exactamente una historia de amor sino más bien de encuentros y desencuentros.

La primera vez que le vi fue en un recital -entonces se llamaban así- semiclandestino en un colegio de monjas de Nou Barris, el distrito obrero y de inmigración por excelencia de Barcelona. Yo tenía todos sus discos LP,s, pero aún así me llevé para la ocasión un flamante radiocasette y con él grabé a escondidas y entero el concierto (entonces no existía la SGAE actual, pero la "secreta" y los "grises" eran mucho peores). Recuerdo el tremendo calor, el enardecimiento del público, las octavillas volando, los puños en alto... José Antonio salió al escenario como siempre entonces, con camisa de cuadros y un pañuelo al cuello. Tocaba la guitarra apoyando un pie en una silla, como era costumbre entre los cantautores de la época. En fin que queriendo o sin querer, su presencia física tenía un aire a lo Pete Seeger de secano. Pero ahí terminaban las comparaciones, porque Labordeta poseía un vozarrón jotero con el que bramaba emocionantes cañonazos (El canto a la Libertad, Somos, la Albada, Rosa Rosae...), hilarantes chascarrillos llenos de malicia socarrona (El milagro de Lamberto, Coplas de Severino el sordo...), declaraciones de principios (Aragón, Ya ves, Regresaré a la casa...), y hasta canciones de amor y sentimiento de enorme ternura (la jota magallonera convertida en Canción de amor, La vieja..).

A medida que avanzaba la Transición, la democracia española se "normalizaba" y cundía el desencanto, la "nueva canción aragonesa", como todos el movimiento de los cantautores en España, fue perdiendo fuelle. Labordeta fue de los pocos que siguió cantando, aunque menos, y a pesar de los nuevos tiempos, que apuntaban claramente hacia la despolitización y la alienación cultural -o quizá por eso, para combatirlas- se tiró al ruedo de la política. José Antonio venía de la experiencia del Partido Socialista de Aragón, un invento que concitó muchas ilusiones pero quedó en nada, al ser fagocitado por el PSOE todo el entonces amplio espacio socialista. Cabezudo como siempre, anduvo por las proximidades del PCE rechazando los intentos de aproximación del PSOE. Al final acabó embarcado en otro artefacto singular, la Chunta Aragonesista (CHA), un partido nacionalista aragonés presuntamente de izquierdas por el que fue diputado en Madrid dos legislaturas y a los que acabó enviando cordialmente a hacer puñetas (alguien definió a la Chunta como "un grupo de niños pijos zaragozanos"). Por en medio su combate contra el Plan Hidrológico Nacional y el trasvase del Ebro, con momentos muy sonados como aquél en el que ante el boicot al que sometían su intervención en la tribuna desde la bancada de energúmenos del PP, Labordeta reacció recordándoles a éstos cuánto les fastidiaba que quienes habían estado "torturados y perseguidos por el franquismo pudiéramos hablar desde aquí", y mandándolos literalmente a la mierda.

Poco antes de que se retirara de la actividad parlamentaria, harto de la enfermedad y también de los críos de la CHA, que intentaban ponerle el ronzal (él no se dejaba, obviamente), le envié un correo electrónico pidiéndole que interviniera en un asunto. La cosa era que el Gobierno de Zapatero pretendía bautizar o rebautizar (ahora no caigo, ni tiene mayor importancia) el aeropuerto de Zaragoza con el nombre de un franquista, un monárquico alfonsino u otro especímen por el estilo, no recuerdo bien. Yo le pedía a Labordeta que interviniera para que el nombre que se le pusiera fuera el del general Núñez de Prado, insigne aviador, demócrata y republicano de ley, asesinado al bajar la escalerilla del avión en el que había llegado a Zaragoza en la primeras horas de la rebelión militar de julio de 1936, portando la candorosa petición del presidente Azaña al general Cabanellas para que no se sumara a la sublevación. José Antonio ni me contestó. Quizá andara agobiado aquellos días, en los que como digo había comenzado a tomar distancia de la política y de otras muchas cosas, pero me cabreó bastante su silencio.

Luego la enfermedad, los homenajes y la serenidad de una despedida, que como en la jotica humorística que cantó en la cena de su adiós como diputado del Congreso nos deja a muchos muy solos, pues:

"Esta es la jota que echamos
los que nos vamos del corro,
aquí se quedan los guapos

y nos vamos los buenos".

Efectivamente, se ha ido uno de los mejores y nos quedamos los demás.

Hay dos canciones que definen la personalidad entera de Labordeta. Una es "Somos", un himno a la resistencia contra la adversidad (un tema clave entre los que definen el alma aragonesa) que difunde una determinación casi negrinista, en el sentido de que invita a agarrarse a la tierra "como esos viejos árboles", como modo de aguantar lo que sea que venga (resistir es vencer, ya saben). Y la otra, esa canción que a él particularmente, le emocionaba cada vez más a medida que pasaban los años: la Albada. La primera vez que le oí cantar la Albada, a pelo y con aquél sonido extraño y ancestral de la zanfoña de fondo, tuve conciencia inmediata de que estaba oyendo un canto guerrero venido del fondo de los siglos, un himno ibero que lleva dos mil años llamando: "¡Arriba, los compañeros, que ya ha llegado la hora de tener en nuestras manos lo que nos quitan de fuera!". La "albada guerrera" de Labordeta es un canto profundo, solidario y de combate en toda la extensión de la palabra. Una llamada a la pelea por la libertad del hombre y de la tierra. Esa es la esencia, hondamente libertaria, de José Antonio Labordeta, y su mejor legado.

"Adiós a los que se quedan,
y a los que se van también,
adiós a Huesca y provincia,
a Zaragoza y Teruel".

martes, 15 de junio de 2010

La canción más triste del mundo



En los años 70 del siglo pasado, el grupo ibicenco UC se dedicó a recoger temas "illencs" (isleños, baleáricos), antiquísimos en su mayoría, y ponerlos al día con instrumentación folk.

Uno de sus temas más bellos fue "La presó de Nápols" (la cárcel de Nápoles). Alguien, no recuerdo quien, la definió como "la canción más triste del mundo". El tema es recurrente en la música medieval de los diferentes territorios de la antigua Confederación catalano-aragonesa: unos presos penan en una cárcel napolitana esperando que llegue el sábado, día en que los colgarán a todos (ejecutar presos en sábado era una manera de ensuciar el día santo semanal de los judíos y de tener el trabajo hecho antes de que llegara el domingo, el día de descanso cristiano). Una dama se compadece de ellos, en unas versiones por pura humanidad y en otras por interés al reconocer entre los condenados a su amante. La historia suele acabar con los presos colgados y la dama muriendo de amor o compartiendo su (mala) suerte.

Probablemente, como suele suceder con la mayoría de piezas medievales que nos han llegado, haya un trasfondo histórico en todo esto. La posición dominante de catalanes y aragoneses en Nápoles y Sicilia duró siglos, y no estuvo exenta de dificultades ni siquiera entre los eventuales socios: basta recordar que catalanes y aragoneses se enterraban en iglesias napolitanas distintas. El caso es que como decía al principio, el tema musical y retazos de la letra han sobrevivido a los siglos en varias versiones, aunque ninguna de ellas tiene la belleza melancólica y la intensidad dramática de la ibicenca que recogió Uc.

Lo que parece bastante clara es cúal era la intención del grupo ibicenco al grabar este tema en 1974. Y parece lógico que en Catalunya la usáramos en aquellos años en algunos conciertos de contestación al Régimen franquista, casi como si fuera "Diguem no" o "Al vent".

Juzguen ustedes mismos. Primero un fragmento de la grabación original, mutilada por esas cosas del derecho de pernada cultural de las discográficas y sus compinches (presten atención a la flauta pastoril eivissenca final).

Ahí les dejo el enlace:

"Uc" canta "La presó de Nàpols" (1974)


Y aquí va la letra, original y traducida al castellano:


A la ciutat de Nàpols
hi ha una presó,
la vida mia;
hi ha una presó,
la vida mia, amor.

Hi ha vint-i-nou presos
que canten la cançó.
La dama està en finestra
escoltant la cançó.

Els presos se'n temeren,
ja no cantaven, no.
- Per què no cantau, presos?
Per què no cantau, no?

- Com cantarem, senyora,
si estam dins la presó,
sense menjar ni beure
més que algun rosegó?

Demà serà dissabte,
ens penjaran a tots.


En la ciudad de Nápoles/ hay una prisión,/ la vida mía,/ hay una prisión,/ la vida mía, amor./ Hay veintinueve presos/ que cantan la canción./ La dama está en la ventana/ escuchando la canción./ Los presos tuvieron miedo,/ ya no cantaban, no./ "¿Por qué no cantáis, presos?/ ¿Por qué no cantáis, no?"/ "¿Cómo vamos a cantar, señora,/ si estamos dentro de la prisión,/ sin comer ni beber/ más que algún mendrugo?/ Mañana será sábado,/ nos colgarán a todos."


jueves, 26 de marzo de 2009

José Agustín Goytisolo en el recuerdo


Se cumplen diez años del fallecimiento de José Agustín Goytisolo, poeta fundamental de la generación de los cincuenta, intelectual comprometido y hombre llano y nada poseído por su condición de personaje público.

José Agustín Goytisolo, nació y creció en el seno de una familia barcelonesa marcada por la tragedia que fue para las clases populares la guerra llamada civil. Su madre murió durante uno de aquellos salvajes bombardeos italianos de Barcelona en la primavera de 1938; durante cuatro días, la familia vivió con la angustia de no saber qué había sido de ella. Hechos como éste y una juventud rebelde vivida durante la larga posguerra, hicieron de los hermanos Goytisolo gente de letras comprometida con su tiempo y la lucha antifranquista. José Agustín compartió generación literaria con nombres como Blas de Otero, Gabriel Celaya y Carlos Barral, el núcleo mismo de la "poesía social" que conjugó estética y compromiso en el esfuerzo por barrer de España aquella dictadura criminal y estúpida que padecíamos. El salto a la fama de José Agustín se produjo gracias al cantautor Paco Ibáñez, quien incluyó dos de sus poemas más célebres, "palabras para Julia" y "El lobito bueno", en su mítico disco grabado en directo en el Olimpia de París (1969), acto que se constituyó en un verdadero referente del antifranquismo cultural y cuyo eco ha traspasado décadas e incluso regímenes políticos.

En la poesía de José Agustín hay compromiso desde luego, pero también humanismo y ternura, y un sentido del humor irónico y suave. Los versos dedicados a su hija Julia, que tantas veces hemos recitado de memoria quienes vivimos por entero o en parte nuestra juventud durante y contra el franquismo, siguen teniendo hoy una validez estremecedora: "tú no puedes volver atrás, porque la vida ya te empuja con un aullido interminable".

Un día de hace ahora diez años José Agustín se fue para siempre como consecuencia de un trágico accidente doméstico (dejémoslo así). Antes había dejado multitud de anécdotas, algunas ligadas al excesivo consumo de alcohol que fue el azote de su generación literaria. Militante socialista de años, una mañana amaneció durmiendo la curda en el sofá del despacho de un muy alto dirigente del PSC, en la sede de la calle Nicaragua, donde se había colado sin que nadie se diera cuenta. Y es que José Agustín era así, sencillo y corriente: si tenía sueño dormía, si tenía sed bebía, si tenía ira escribía poemas, si tenía amor escribía poemas aún más bellos.

En la fotografía, tomada en 1959, aparecen de izquierda a derecha, Gabriel Celaya, Blas de Otero, Asunción Carandell, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Joan Baptista Humet, cantautor


Anoche se celebró en Montjuïc un homenaje al recientemente fallecido cantautor Joan Baptista Humet. Según la prensa de hoy, asistieron unas 2.000 personas a pesar del mal tiempo y la escasa publicidad de la convocatoria.

Joan Baptista Humet murió hace unos días, sin poder llegar a ver la realización de este acto de reconocimiento que sus compañeros de profesión acordaron rendirle en cuanto se hizo público su gravísimo estado de salud. Humet fue una persona querida y respetada, pero quizá menos conocido popularmente que la mayoría de nombres que ayer subieron al escenario para homenajearle. Y es que este valenciano, residente en Catalunya desde niño, fue un cantautor especial, en el sentido de que voluntariamente permaneció siempre al margen de cierta corriente mayoritaria, la que dominaba el mundillo de los cantautores catalanes 30 años atrás. Humet cantó indistintamente en castellano y en catalán, y eso, como ocurrió también en su momento con Joan Manuel Serrat, le atrajo antipatías de medios políticos, mediáticos y empresariales relacionados con la música catalana en el tardofranquismo y la transición, y sobre todo un cierto ostracismo por parte de las discográficas "de casa nostra" que por entonces dominaban el panorama musical catalán.

Además, Joan Baptista Humet, adelantado a su tiempo, huyó de las letras burdamente de combate, y apostó por un compromiso que no obviara la calidad en los textos y en la música. Cuando la "gente comprometida" que subía a los escenarios o grababa discos se limitaba a aporrear una guitarra por todo acompañamiento, Humet ya creaba orquestaciones que añadían valor a su canciones, cuidando la producción como no hacían entonces otros artistas.

Entre su temas más conocidos en castellano están el optimista "Hay que vivir", "Que no soy yo", su declaración de principios, y "Clara", una canción que hace treinta y tantos años ya hablaba de modo tan delicado como firme de las consecuencias de las drogas para los jóvenes enganchados; de sus temas en catalán destaca "Gemma", que siempre que oigo me recuerda a mi querida Gemma Piquer, vecina, amiga y compañera del grupo parroquial donde nos hicimos mayores y "rojos", y a quien le encantaba que se la pusiéramos en los guateques que organizábamos muchos domingos de nuestra adolescencia.

Y en fin, Humet, hombre sensible, honesto y de izquierdas, nos ha legado "Layetana abajo", esa maravilla de canción que hace décadas ya hablaba a las claras del problema del maltrato femenino, y que termina con aquella frase animosa dirigida a una mujer que padece ese problema : "Coge tu carnet, tu dinero, y ves Layetana abajo"; es decir, rompe con todo y rehaz tu vida.

Que la terra et sigui lleu, Joan Baptista, company.

martes, 16 de diciembre de 2008

Georges Moustaki y España



A principios de los años ochenta, el cantautor greco/egipcio/francés Georges Moustaki solicitó la nacionalidad española al recién constituido gobierno de Felipe González (noviembre de 1982). Recuerdo que me desagradó profundamente la negativa que obtuvo el gesto de Moustaki; más cuando al cabo de algunos años, ése mismo gobierno concedió la nacionalidad a personas como por ejemplo Mario Vargas Llosa, quien además de ser ciertamente un grandísimo escritor es también un notorio reaccionario.

Nacido en Alejandría de Egipto, Georges Moustaki tiene sangre judía (sefardita) y griega. Ya antes de venir al mundo, tuvo una tía que a la edad de cinco años hablaba inglés a la perfección... a pesar de que en su pueblo natal griego, en pleno siglo XIX, nadie conocía una sola palabra de ese idioma; cosas de la magia mediterránea. Siendo casi un adolescente, Moustaki fue amante de Edith Piaf, y autor de sus letras más celebradas. Al contrario que Vargas Llosa, Moustaki hace ya más de medio siglo que es un referente ético y estético de la izquierda europea y global, incluso desde muchos años antes de que se inventara éste último término. Del amor que siente "Le méteque" (el extranjero vagabundo) por España, dan cuenta sus infinitos gestos de solidaridad con la oposición antifranquista en los años sesenta y setenta del pasado siglo. Así que Moustaki se merecía ése reconocimiento como nadie.

A pesar del rechazo inicial -que desconozco si fue subsanado en años posteriores-, el sentimiento proespañol de este hijo de la diáspora hispanojudía jamás ha cedido un ápice. Y en justa correspondencia, en ningún otro país fuera de Francia arrastra Moustaki multitudes como en España. A lo largo de los años, Georges Moustaki ha enviado a España -a "su" España, obviamente- muy bellos mensajes, como esta "Espagne al coeur" cuya letra les traigo hoy aquí, y donde se dicen cosas tan hermosas como este verso: "Tierra desconocida y familiar, donde surgen en el polvo mis recuerdos bimilenarios, mis recuerdos bimilenarios".

Esta es la letra íntegra en francés:

Espagne au coeur

Fils de Tolède ou de Grenade,
Tous mes ancêtres séfarades
Ont pris la route des nomades
Ont pris la route des nomades

[Refrain:]

L'Espagne au coeur de ma guitare
Des Asturies à Gibraltar
L'Espagne au fond de ma mémoire
De la Galice aux Baléares
Ma soeur latine et africaine,
Ma soeur méditerranéenne,
Le même sang coule en nos veines
Le même sang coule en nos veines

[au Refrain]

Terre inconnue et familière
Où surgissent dans la poussière
Mes souvenirs bimillénaires
Mes souvenirs bimillénaires

[au Refrain]

Impératrice sans empire,
Pasionaria, sainte et martyre,
Ivre de vivre et d'en mourir
Ivre de vivre et d'en mourir

[au Refrain]

martes, 27 de mayo de 2008

"Daniel": una declaración de amor de Elton John por España


Una de las más hermosas canciones de Elton John es "Daniel". Cuando la compuso y grabó todavía vivía Franco, y un servidor debutaba en el antifranquismo activo: "Daniel" es de 1973. Apareció por primera vez en su álbum "Don't Shoot Me I'm Only the Piano Player", justo un año después del bombazo universal que fue el LP "Honky Chateau".

La letra de "Daniel" es intimista y melancólica. Un chico imagina el avión en el que su hermano mayor vuela hacia sus vacaciones en España. O al menos eso parece al principio:

"Daniel is travelling tonight on a plane, I can see the red tail lights heading for Spain".

Oyendo a Elton John cantar este tema uno casi puede ver esas luces rojas. Luego sigue:

"Dicen que España es bonita aunque yo nunca he estado
Bien, Daniel dice que es el mejor lugar que jamás haya visto
Oh y él lo debe saber, ha estado allí bastante".

They say Spain is pretty.... ¡en 1973!. Debía serlo para un inglés en vacaciones... pero no para los nativos que empezábamos a correr delante de los "grises". Odiábamos aquella España, que obviamente no era la que tanto le gustaba a Daniel.

Después, un verso extraño:

"Your eyes have died, but you see more than I
Daniel you're a star in the face of the sky".

¿Qué ocurrió con Daniel?. Los últimos versos suenan a accidente aéreo.

Sea como sea, la canción es bellísima, y muestra la enorme categoría como compositor e intérprete de este británico genial que es míster Elton John.