domingo, 30 de noviembre de 2008

Asalto a la India


Entre la catarata de información, opinión e intoxicación que se está generando en torno al sorprendente ataque terrorista a una ciudad india entera, corre peligro de pasar completamente desapercibido el único artículo publicado en la prensa europea que apunta directamente al corazón mismo de sus causas. Se publicó el viernes en El País, y está firmado por A.G. Rojas y C. Galindo.
El título ya da pistas para la reflexión: " Golpe al turismo y a la inversión extranjera". Y el subtítulo resulta aún más esclarecedor: "El terrorismo amenaza la economía india en plena crisis financiera mundial". Es decir, estamos ante una compleja y ambiciosa acción terrorista diseñada para golpear objetivos de carácter económico estratégico.

Escriben estos dos periodistas: " La matanza terrorista ha dado de lleno en el corazón de uno de los símbolos del milagro económico de India: el imperio Tata. Este grupo industrial, que se ha hecho popular por sus coches baratos (2.500 dólares la unidad), es propietario del Taj Mahal, el lujoso hotel tomado por los asaltantes el miércoles y que ha sufrido grandes daños". Efectivamente, Tata es hoy el símbolo de una economía emergente, la hindú, que en las últimas dos décadas ha alcanzado una enorme pujanza. Pero Tata no es sólo un imperio empresarial indio; desde hace algún tiempo, esta verdadera corporación multinacional -una de las primeras que aparecen en el Tercer Mundo-, ha comenzado a extenderse a gran velocidad por toda Asia, y muy pronto podría haber estado en condiciones de dar el salto a América Latina, Europa....y EEUU. Y siguen: "Pero el efecto devastador de estos atentados, en los que han muerto al menos 160 personas, puede ir más allá: el turismo y la inversión en la segunda economía que más rápido crece del mundo están bajo amenaza". El turismo, como sabemos es la gran fuente de ingreso de divisas india, y Bombay es efectivamente, la capital turística del subcontinente indostánico. En cuanto a la inversión, Bombay es "el centro neurálgico del boom económico indio y la sede de la gigante industria cinematográfica del país, Bollywood". Un objetivo pues muy bien escogido para poner a toda India entre la espada y la pared.

Y es que aunque la crisis financiera internacional ha alcanzado a India como a cualquier otro país, su impacto sobre el gran país asiático debería haber sido mucho menor dado que la "economía virtual" tiene poca presencia allí. Su economía productiva está "sana", pero depende fuertemente del exterior: "La inversión extranjera directa es esencial para este país", escriben Rojas y Galindo, que subrayan el crecimiento espectacular de ésta en el presente año:"Entre abril y septiembre creció un 137%, hasta 17.210 millones de dólares (13.000 millones de euros), y el Gobierno espera que supere los 35.000 millones de dólares durante el año fiscal (finaliza en marzo). Lo cierto es que India es ya un serio competidor para economías occidentales tocadas por la crisis, y no sólo por causa del episodio actual de la quiebra de las Bolsas-Casino: "El país ha crecido de forma espectacular en los últimos diez años y se ha convertido en un paraíso para la industria de las tecnologías de la información. La alta cualificación de su mano de obra ha motivado que el país sea elegido por muchas empresas extranjeras que quieren trasladar su negocio a mercados laborales con costes más bajos", concluye esta imprescindible información.

¿Qué ha ocurrido en Bombay realmente? Apenas comenzar la acción terrorista contra la ciudad, algún conocido "experto" vinculado a los servicios secretos españoles y norteamericanos saltó rápidamente a las emisoras de radio y a la prensa escrita para colocar el sobado mensaje de que estamos ante otra acción de esa "nebulosa que es hoy día Al Qaeda y sus grupos asociados". De hecho, nadie conocía previamente las siglas que han reivindicado los atentados en la ciudad india. En un primer momento se adjudicó la acción a terroristas musulmanes indios, y posteriormente a terroristas llegados de Pakistán. También, a los servicios secretos pakistaníes. Al fondo, siempre Bin Laden y Al Qaeda.

Pero si algo ha quedado claro en esta acción, es que se ha acabado el crédito concedido a ese guiñol-percha que es Al Qaeda, en el que se vienen colgando esta clase de acciones desde 2001. Ni Al Qaeda ni ningún grupo similar ha tenido ni tiene ni tendrá nunca la capacidad, preparación y medios para diseñar, preparar y ejecutar una acción como la llevada a cabo en Bombay. Si bien es cierto que quienes la han llevado a cabo físicamente son terroristas islamistas -marionetas reclutadas probablemente por gentes que ellos mismos desconocen-, la concepción y el diseño estratégico de una operación de esta amplitud estratégica y ambición, corresponde a elementos que, ciertamente, deben tener algo más que vínculos con quienes concibieron el 11-S.

A todas luces, estamos ante un nuevo ataque de ese mundo tenebroso que anida en las alcantarillas enmoquetadas de Wall Street. Un ataque en toda regla contra el corazón de una economía emergente, de un competidor directo para un poder económico que aspiró a ser global y ahora agoniza y lucha por sobrevivir tras la implosión primero de su economía real (véase el derrumbe de la industria automovilística norteamericana), y también de la financiero-virtual recientemente. Tras el ataque a la India está sin duda esa siniestra alianza de grandes corporaciones norteamericanas que tomaron el poder real en EEUU tras el autogolpe de Estado del 11-S.

Este zarpazo contra la India no va a ser el último, ni mucho menos. Vendrán otros contra países emergentes, y serán cada vez más violentos, despiadados y desesperados.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Juan Marsé, voz de la Barcelona mestiza


Acaban de concederle a Juan Marsé el premio Nacional de Literatura (nacional de la nación vecina, como dirían los burócratas de la cultura oficial catalana). El premio es ante todo el reconocimiento a una trayectoria como creador artístico de primera fila, pero también el homenaje a una postura cívica que en los tiempos que corren tiene un mérito enorme.

Juan Marsé, barcelonés hasta la médula, escribe en castellano porque le da la gana. La cosa es así, lamentablemente para algunos. Resulta que el hombre se siente cómodo en esta lengua, que por lo demás expresa mejor que cualquier otra su mundo, tan radicalmente barcelonés en su especificidad: lengua y realidad social unidas en un verdadero "hecho diferencial" propio de esta ciudad. Pero inmediatamente el escritor de El Carmel dice que que la lengua que maneja para escribir es eso, un instrumento de comunicación, no un arma política al servicio de ideologías. Con lo cual y por el mismo precio, Marsé logra cabrear por igual a nacionalistas catalanes y nacionalistas españoles, algo que a la mayoría de barceloneses nos encanta (ya saben, para los naciópatas de cualquier leche Barcelona es la "Gran Puta de Babilonia", la que una y otra vez se ríe de sus estúpidos cantos de sirena; Marsé sería para ellos casi como el DJ que pone la música en esa Barcelona mestiza y un punto caótica, libre y gozosamente refractaria a quienes quieren ahormarla bajo sus enseñas).
Y es que el mundo literario que ha creado Juan Marsé es un mundo que por pegado a la realidad social barcelonesa, nada tiene que ver con ensoñaciones burguesas. No hay idealismo ninguno en las novelas de Marsé, y sí la narración de una realidad dura y en ocasiones sórdida, la propia de la inmigración en la ciudad en el contexto de la España franquista. En ese sentido, la lucha de clases, manifestada en el choque entre los mundos fronterizos pero inmensamente alejados entre sí de los barrios de El Carmel (obrero) y de Gràcia (burgués), por donde Marsé hace caminar a su personaje, el Pijoaparte, traspasa toda la obra de este escritor y se manifiesta con mayor intensidad y crudeza que en aquellos apolillados manuales de marxismo-leninismo que circulaban entre los estudiantes de la época.

Marsé, voz de la Barcelona mestiza, ha permanecido fiel a su gente y a su clase, allí donde tantos otros se han dado un barniz de conformismo con quienes detentan el poder real en esta Catalunya de nuestros pecados, y han agachado la testuz ante esas gentes que al cabo siempre son los mismos, aunque los trapos de colores que exhiben para encelarnos y justificar sus sueldos y las prebendas y sinecuras que reparten sean diferentes. Por esas horcas caudinas Marsé no ha pasado nunca, y episodios como su ausencia de la Feria de Frankfurt son la prueba; el escritor catalán que más vende en el mundo, no existe para la burocracia cultural de su país.

Marsé dice estar hasta el gorro de los políticos, y ha demostrado en repetidas ocasiones que los premios se la traen al fresco. Ni firma manifiestos en defensa de la presuntamente amenazada lengua castellana, ni reclama no menos presuntos derechos de autodeterminación. Juan Marsé observa y escribe no sobre realidades virtuales, sino sobre lo que verdaderamente pasa a su alrededor. Seguramente es por eso que ahora con premio Nacional como antes sin él, seguirá cabreando a unos y otros gurús de la cultura y la política, para placer de la inmensa mayoría de quienes nos reconocemos como sus vecinos y apreciamos su escritura y sobre todo, su posición ética.
PD Acabo de darme cuenta de que en mi precipitación gozosa, he escrito que a Marsé le han dado el premio Nacional de Literatura, cuando en realidad le han dado el Cervantes. Deben ser cosas del subconsciente, que me traiciona de vez en cuando. Lo dejo así, pero ya saben que no, que el premio otorgado a Marsé ha sido el que lleva el nombre de otro genial novelista casi tan descreído como él.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

En otoño florecen los curas fascistas


Dice el diario electrónico El Plural que "numerosos vídeos ilustran la existencia de curas fascistas en el seno de la Iglesia católica (española)". La información la firma José María Garrido, y se acompaña efectivamente con varios vídeos, cuyas imágenes ponen los pelos de punta.

Según cuenta Garrido, parece que uno de los santuarios de éste fascismo clerical es el pueblo de Belchite, en Zaragoza, famoso por la batalla que se libró allí durante la guerra de España. Recientemente se celebró en esa localidad una concentración de Acción Juvenil Española (AJE), un grupo de extrema derecha, ante el cual un tal padre Amable hizo un encendido discurso de carácter fascista.

Otro pájaro de similar pelaje es el padre Manuel Martínez Cano, perteneciente a los Misioneros de Cristo Rey, quien "en presencia de varios dirigentes de ultraderecha" y con la excusa de celebrar la festividad de Cristo Rey, largó un discurso en Castellón en el que llamaba a su audiencia a resistir a aquellos que "quieren destruir la obra de la Iglesia. Y en fin, un tercer cura, el padre dominicio Francisco Pérez Arcos, ofició misa en un acto de homenaje a los llamados "mártires de Aravaca", también este mismo mes de noviembre. "Al final del acto religioso", dice la información de El Plural, "los asistentes cantaron el Cara al Sol a la par que realizaban el saludo fascista".

En este reverdecimiento de la alianza entre Iglesia y fascismo en España, no podia faltar en estas fechas situadas en torno al aniversario de la muerte del dictador Franco un acto en Paracuellos del Jarama. Escribe Garrido que en el de este año, al acabar la inevitable misa, "el Presidente de la Hermandad y el párroco emérito del municipio madrileño de Loeches depositaron una corona de laurel ante el monolito que se yergue en medio del camposanto, mientras sonaba La muerte no es el final. Después, el público entonó espontáneamente el Cara al sol".

Este "destape" no se produce obviamente porque sí. Desde la jerarquía eclesiástica se viene espoleando el enfrentamiento directo de la abundante clerigalla ultraderechista con el gobierno y en cierto modo, con toda la sociedad española, en la medida en que los valores que ésta ha hecho suyos en los últimos años resultan incompatibles con la preponderancia ideológica y los privilegios materiales de que goza la Iglesia católica en este país desde tiempos inmemoriales, ampliados además hasta el paroxismo durante la dictadura franquista.

Para ellos son tiempos de crisis, y no sólo material. En respuesta, la jerarquía eclesiástica, acostumbrada a defender su próspero negocio con uñas y dientes, parece estar lanzando ahora un órdago a la grande a un Gobierno que si de algo peca es precisamente de pacato y sumiso en sus relaciones con esta verdadera Mafia Negra, auténtica peste de España desde hace más de un milenio. Los curas están en pie de guerra, y como en tiempos de las guerras carlistas, bajo sus sotanas asoman de nuevo los trabucos con los que nos amenazan a todos.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Cuaderno de mi primera vuelta al mundo: La calle Nueva de Manila


En posts anteriores he escrito acerca de Donato Navarro Mairal, mi bisabuelo materno, que sirvió como soldado español en la guerra de Independencia de las Filipinas, y fue luego prisionero de los tagalos durante casi año y medio. En alguno de ellos he hablado de una fotografía en la que aparece mi bisabuelo de uniforme junto a un grupo de compañeros. La foto fue tomada en Fotografía La Paz, un estudio situado entonces en la calle Nueva, número 32, de la ciudad de Manila, concretamente en el barrio de San Nicolás de Binondo, conocido como "Chinatown".

Cuando año y pico antes del viaje de vuelta al mundo que realicé en 2007 comencé a diseñar el itinerario que iba a seguir, ya pensaba recalar en Manila durante unos días. Pero fue precisamente el descubrimiento de la existencia de Donato y de su aventura filipina lo que hizo aumentar mi interés por la ciudad, y enfocar los días que pasé en ella en la visita de los escenarios que un siglo atrás recorriera mi bisabuelo en aquel lugar, situado a 11.000 km de su casa.

Así fue como conocí el barrio de Intramuros, el viejo y hoy casi en ruinas barrio colonial español de Manila. Y también el pintoresco barrio de Binondo, que hoy como en las postrimerías del siglo XIX sigue siendo "el Barrio Chino" de la ciudad, poblado de toda clase de comercios regentados por chinos, aunque en los últimos años se hayan ido levantando en él modernos edificios de oficinas, que han comido espacio a las viejas casas bajas características del barrio. Muchos años antes de la llegada de empresas extranjeras, la Segunda Guerra Mundial y la brutal destrucción de Manila que llevó a cabo el ejército norteamericano de McArthur, dejaron una fuerte huella en Binondo en forma de calles y edificios destruidos.

Sin embargo, la estructura de la trama urbana permanece intacta. Hoy como ayer, la puerta de acceso a Binondo, su vía principal y a la vez eje comercial, sigue siendo la calle Nueva, llamada desde hace algunos años calle de Quintín Paredes. Esta vía nace en el puente de España (Jones Bridge, en el callejero moderno), un airoso ejemplo de arquitectura civil española del siglo XIX, que une la puerta de Isabel II, en Intramuros, con el arranque de la calle Nueva (hoy Quintín Paredes, como decía) de Binondo a través del río Pasig.

Viniendo pues de Jones Bridge, a mano derecha, y contando las manzanas, islas o cuadras de casas, organizadas de diez en diez números, pude situar aproximadamente el número 32, el número que correspondería al edificio de Fotografía la Paz, en el solar donde hoy se levanta un restaurante de comida rápida de una cadena autóctona muy popular en Filipinas. Para ello antes tuve que asegurarme de que aquella calle, Quintín Paredes, era efectivamente la calle Nueva. Aunque mi plano de Manila de 1898 encajaba perfectamente con el callejero moderno de la Manila histórica, me acerqué hasta un edificio oficial que había en una esquina para preguntar si efectivamente se trataba de la misma calle. Junto a la puerta estaba sentado un joven policía charlando con tres o cuatro mujeres mayores, todos sentados en sillitas bajas a la sombra. Le pregunté al policía dónde quedaba la calle Nueva y si ésta correspondía con Quintín Paredes según se deducía de mis planos. Al tipo el nombre de calle Nueva no le decía nada. Cuando comenzaba a pensar que no lograría confirmación verbal, una de las mujeres del grupo, una anciana, metió baza en la conversación y me aseguró que efectivamente, aquella que discurría junto a nosotros era la antigua "Calle Nueva", y que cuando ella era niña, años después de la independencia filipina, la gente adulta aún seguía llamándola así.

Un poco más arriba del chaflán donde conseguí esa para mí valiosa confirmación, un arco de estilo chino y construcción relativamente reciente celebra la amistad chinofilipina. Detrás de él se abre un mundo que resulta extraño e inquietante aún hoy para un occidental viajado; cuánto más para el muchacho que en 1898 caminó esta calle vestido con su uniforme nuevo, para hacerse una fotografía con un grupo de compañeros en un fotoestudio de la calle Nueva.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Mossos d'Esquadra o grises de Franco


Dice El Periódico de Catalunya de hoy que unos 4.000 estudiantes se manifestaron ayer por las calles de Barcelona en contra de eso que pomposamente se llama el "plan Bolonia", y que en resumidas cuentas viene a consagrar la destrucción de la Universidad pública en toda Europa en beneficio del "modelo" que potencia la enseñanza superior privatizada, limitada por tanto a los hijos de las élites burguesas.

Los estudiantes se manifestaron en orden hasta que los antidisturbios de los Mossos d'Esquadra les impidieron dirigirse a la Rambla; al parecer, la circulación por el céntrico paseo barcelonés queda reservada a carteristas, putillas adolescentes, turistas semidesnudos y otros elementos por el estilo. Los Mossos se emplearon con tal violencia, que varios manifestantes y dos fotógrafos de prensa acabaron necesitando atención médica. Hubo además algún detenido por "desórdenes públicos" (¡cuantos recuerdos nos trae esa expresión a los cincuentones!), y finalmente centenares de estudiantes se encerraron en el viejo edificio de la UB, que tantas escenas semejantes viera en aquellos años finales de la dictadura franquista y principios de la inacabable (y al parecer inacabada) Transición.

Aunque la prensa de hoy se empeña en mostrarnos las imágenes de las dos o tres banderas independentistas y una pancarta que aparecían en la marchas estudiantiles de ayer, los lemas que los chavales fueron pintando por las calles del centro de la ciudad no dejan lugar a dudas: "No a la privatización de la universidad", "Muerte a Bolonia" y "No al capital", entre otros. Es decir, parece que los jóvenes universitarios de las clases populares tienen claro por dónde vienen los tiros, además de los golpes de porra.

Yo, la verdad, no creo que los responsables de Interior del gobierno de la Generalitat de Catalunya -Saura y Boada, de ICV, antiguos militantes del desaparecido PSUC-, autorizaran la actuación salvaje de los Mossos d'Esquadra. Y francamente, casi hubiera preferido que la hubieran ordenado, pues lo contrario significa que los mandos de la policía catalana van a su bola, pasando de los políticos y de los ciudadanos.

Hace apenas dos meses comentaba aquí los incidentes habidos en el estadio Olímpico de Montjuïc durante un partido RCD Espanyol-FC Barcelona, cuando algunas decenas de descerebrados seguidores de este último equipo lanzaron directamente bengalas encendidas contra aficionados del Espanyol, y lo vergonzonso e indignante que fue entonces que la policía autonómica se abstuviera de intervenir contra aquellas bestias "para no provocar males mayores", según declararon mandos de dicha policía. Recuerdo que escribí entonces que ya veríamos cómo actuarían esas mismas fuerzas policiales cuando se produjeran las manifestaciones de estudiantes y trabajadores que eran previsibles en el "invierno caliente" que se avecina. Pues ahí les tienen, repartiendo hostias a mansalva como en los peores tiempos de los "grises" franquistas.

Si un gobierno democrático y de izquierdas no es capaz de controlar a sus "fuerzas del orden", mejor que se los lleven lo más lejos posible; a patrullar las comarcas de la "Catalunya catalana" por ejemplo, donde al parecer tan bien les ha ido todos estos años. El "despliegue" de los Mossos d'Esquadra en Barcelona, por contra, no sólo está resultando un completo fiasco en cuanto a la mejora de la seguridad ciudadana en la capital catalana, sino que se está convirtiendo en un obstáculo a la libre, democrática y segura expresión de los ciudadanos en la calle.

jueves, 20 de noviembre de 2008

El milagro de Sor Maravillas Bono


Finalmente parece que Sor Maravillas Bono y sus colegas del PP sector Opus Dei (como Jorge Fernández Díaz, el iniciador de esta payasada), han dado frenazo y marcha atrás en el intento de santificar el Congreso poniendo en sus paredes una placa a la mayor gloria de una monja, cuya única relación conocida con la casa de la soberanía popular fue, decían, haber nacido en un edificio preexistente (según oí ayer a Carmen Hermosín en la SER, ni siquiera eso es cierto).

De José Bono puede esperarse todo. El mismo Bono que cuando era ministro de Defensa abochornó a cualquier persona con sentido de la decencia, haciendo desfilar por la Castellana de Madrid a un voluntario fascista de la División Azul junto a un veterano republicano; el mismo Bono que en junio pasado abroncó a un anciano por exhibir una bandera republicana en el hemiciclo de las Cortes, durante un acto de homenaje a los mártires de la libertad encarcelados por el franquismo; el mismo Bono, en suma, que no tiene empacho alguno en fotografiarse al lado del cavernícola cardenal primado de Toledo presidiendo procesiones propias de una España telúrica, y simultáneamente es capaz de asociarse en suculentos y oscuros negocios con un personaje tan turbio como Eduardo Zaplana, recoge ahora una iniciativa del sector opusdeístico del PP y pretende colar de rondón en el congreso un "reconocimiento" a una persona cuya vida y pensamiento personificaron posiciones de una radicalidad reaccionaria tal, que deberían avergonzar a una derecha democrática y moderna. El problema es que en España no sólo no existe esa derecha democrática y moderna, sino que incluso en la izquierda existe gente como José "Maravillas" Bono; trepadores políticos sin conciencia ni escrúpulo alguno, ni otra ideología que no sea el uso y disfrute del poder.

Espero que quien puede y debe haya tomado buena nota de este nuevo alarde de santurronería del vivales de Sor Maravillas Bono, quien por lo demás tiene de creyente sincero lo que yo de arzobispo cátaro. Y que también haya tomado buena nota de que este individuo indecente nos ha llamado hijos de puta a todos los militantes y votantes socialistas, algo que ni siquiera Jiménez Losantos se ha atrevido a hacer hasta ahora desde su pocilga radiofónica. La carrera política de Bono, al menos en el PSOE, debe finalizar con la presente legislatura.

martes, 18 de noviembre de 2008

ETA y Francia. Ni amor ni odio, simple conveniencia


La relación entre el Estado francés y ETA ha pasado por diversas etapas en el medio siglo de existencia de la organización terrorista vasca, desde la tolerancia mutua a la persecución más o menos implacable del primero sobre la segunda. Lo interesante con todo, es subrayar que en ninguna de esas etapas hubo verdadero amor u odio entre ellos, aunque desde hace tiempo a cualquier francés ETA le recuerda demasiado a la OAS. Y ya sabrán ustedes como De Gaulle, con el aplauso de la inmensa mayoría de los franceses por cierto, erradicó la OAS. Incluso años más tarde, ya a mediados de los ochenta, en la costa levantina española seguían apareciendo de vez en cuando antiguos "pied noirs" oasistas cosidos a balazos por el SAS, un servicio policial francés especializado, al que por cierto, en los noventa un puñado de tarados chapuceros intentaron remedar en España, con las consecuencias que son de dominio público.

En fin, que Francia es diferente. Y es que la "République" es mucho más que un Estado. En uno de mis primeros viajes a París me impactó sobremanera ver escrito sobre los vehículos de limpieza municipales esta frase:" propiedad de París". Atención: no propiedad de la concejalía de Limpieza, del Ayuntamiento de la ciudad o de monsieur Chirac, entonces alcalde de la capital gala, sino propiedad de París, de los parisinos. A ver quién es el guapo que les "grafitea" un camión a los parisinos.

A este lado de los Pirineos, en cambio, cualquiera pintarrajea un camión de limpieza. O pone una bomba. O simplemente, se cisca en el Estado. Y sin embargo toda esa gente, empezando por los propios etarras, apenas cruzan la frontera en dirección norte se cuidan muy mucho de actuar como lo hacen a este lado. La "République" es mucha "République", ya digo. En más de una ocasión ETA ha pedido disculpas al Estado francés por algún "error" de sus muchachos en territorio francés; y muchas veces, la misma ETA ha disuadido a vascofranceses de iniciar su "lucha armada de liberación" contra el Estado francés, por lo que pudiera pasar; quizá recuerden que cuando hace unos años, un tarado mental vascofrancés decidió matar "su primer gendarme" en honor de la Independencia de los Siete Territorios Históricos , ni ETA ni nadie movió un dedo por él cuando la gendarmería lo cosió a balazos en una carretera apenas veinticuatro horas después.

Por eso resulta especialmente divertido leer en El País de hoy que algunos dirigentes etarras de la generación de jovenzuelos salidos de la "kale borroka" quieren declararle la guerra al Estado francés, habida cuenta los palos que éste le endilga a ETA cuando le parece bien atizarle. Sus mayores, los que llevan más años en eso del terrorismo y tienen por tanto más experiencia, parece que han logrado infundirles un poco de sensatez; saben que el día que ETA ataque al Estado francés, ETA estará acabada para siempre. Físicamente acabada, digo.

La baza que parece jugar el Estado español a medio plazo es esa, conseguir que la colaboración policial y de inteligencia francesa golpee a ETA de tal manera que los etarras tengan que acabar revolviéndose contra los franceses. Pero Francia dosifica los golpes. Como un boxeador experto, el Estado francés coloca derechazos en el rostro de ETA cuya intensidad y temporalidad gradúa de modo admirable. Ayer la "Sureté" le arrancó la cabellera a Txeroki, el jefe operativo etarra, y sus captores franceses se hicieron una foto con él como si hubieran cazado un ciervo de cornamenta muy afilada.

No nos engañemos, sin embargo. Entre la "République" y ETA ciertamente no hay amor, pero tampoco odio. La suya es simplemente una historia de encuentros y desencuentros por pura conveniencia, una danza un tanto macabra ejecutada por dos danzantes, el uno desdeñoso y el otro asustado. No hace falta decir quién es quién en esa pareja ¿verdad?.