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viernes, 21 de noviembre de 2008

Mossos d'Esquadra o grises de Franco


Dice El Periódico de Catalunya de hoy que unos 4.000 estudiantes se manifestaron ayer por las calles de Barcelona en contra de eso que pomposamente se llama el "plan Bolonia", y que en resumidas cuentas viene a consagrar la destrucción de la Universidad pública en toda Europa en beneficio del "modelo" que potencia la enseñanza superior privatizada, limitada por tanto a los hijos de las élites burguesas.

Los estudiantes se manifestaron en orden hasta que los antidisturbios de los Mossos d'Esquadra les impidieron dirigirse a la Rambla; al parecer, la circulación por el céntrico paseo barcelonés queda reservada a carteristas, putillas adolescentes, turistas semidesnudos y otros elementos por el estilo. Los Mossos se emplearon con tal violencia, que varios manifestantes y dos fotógrafos de prensa acabaron necesitando atención médica. Hubo además algún detenido por "desórdenes públicos" (¡cuantos recuerdos nos trae esa expresión a los cincuentones!), y finalmente centenares de estudiantes se encerraron en el viejo edificio de la UB, que tantas escenas semejantes viera en aquellos años finales de la dictadura franquista y principios de la inacabable (y al parecer inacabada) Transición.

Aunque la prensa de hoy se empeña en mostrarnos las imágenes de las dos o tres banderas independentistas y una pancarta que aparecían en la marchas estudiantiles de ayer, los lemas que los chavales fueron pintando por las calles del centro de la ciudad no dejan lugar a dudas: "No a la privatización de la universidad", "Muerte a Bolonia" y "No al capital", entre otros. Es decir, parece que los jóvenes universitarios de las clases populares tienen claro por dónde vienen los tiros, además de los golpes de porra.

Yo, la verdad, no creo que los responsables de Interior del gobierno de la Generalitat de Catalunya -Saura y Boada, de ICV, antiguos militantes del desaparecido PSUC-, autorizaran la actuación salvaje de los Mossos d'Esquadra. Y francamente, casi hubiera preferido que la hubieran ordenado, pues lo contrario significa que los mandos de la policía catalana van a su bola, pasando de los políticos y de los ciudadanos.

Hace apenas dos meses comentaba aquí los incidentes habidos en el estadio Olímpico de Montjuïc durante un partido RCD Espanyol-FC Barcelona, cuando algunas decenas de descerebrados seguidores de este último equipo lanzaron directamente bengalas encendidas contra aficionados del Espanyol, y lo vergonzonso e indignante que fue entonces que la policía autonómica se abstuviera de intervenir contra aquellas bestias "para no provocar males mayores", según declararon mandos de dicha policía. Recuerdo que escribí entonces que ya veríamos cómo actuarían esas mismas fuerzas policiales cuando se produjeran las manifestaciones de estudiantes y trabajadores que eran previsibles en el "invierno caliente" que se avecina. Pues ahí les tienen, repartiendo hostias a mansalva como en los peores tiempos de los "grises" franquistas.

Si un gobierno democrático y de izquierdas no es capaz de controlar a sus "fuerzas del orden", mejor que se los lleven lo más lejos posible; a patrullar las comarcas de la "Catalunya catalana" por ejemplo, donde al parecer tan bien les ha ido todos estos años. El "despliegue" de los Mossos d'Esquadra en Barcelona, por contra, no sólo está resultando un completo fiasco en cuanto a la mejora de la seguridad ciudadana en la capital catalana, sino que se está convirtiendo en un obstáculo a la libre, democrática y segura expresión de los ciudadanos en la calle.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Antifascistas, provocadores y una policía de pueblo


En Madrid, una manifestación antifascista celebrada en el centro de la ciudad y a la que han asistido miles de personas se ha desarrollado sin ningún incidente, una vez que se denegó autorización gubernativa a la marcha fascista que bajo el lema “José Antonio, asesinado por los socialistas”, se pretendía desarrollar en sus proximidades en homenaje al fundador de Falange, el partido fascista español. En relación con la marcha antifascista la policía española ha estado relativamente discreta, y desde luego se ha abstenido de intervenir contra los participantes en una demostración pacífica y responsable.

Por el contrario, en Barcelona una manifestación no autorizada de unos pocos centenares de individuos “antisistema” ha degenerado en una batalla campal con destrozos desproporcionados, habida cuenta el reducido número de participantes en esta acción de verdadero terrorismo callejero. La responsabilidad última del desbarajuste vivido compete a los “mossos d’esquadra”, que se han mostrado incapaces de controlar la situación a pesar de que sus efectivos sobre el terreno eran similares o superiores a los reunidos por los manifestantes. Decenas de agentes han resultado contusionados, y alguno herido de cierta gravedad; incluso ha habido un intento de asalto a la sede de la Conselleria d’Interior.

La diferencia entre los efectos de una y otra concentración radica en un hecho diferencial fundamental: mientras que en Madrid se manifestaban pacíficos ciudadanos corrientes, quienes lo hicieron en Barcelona no eran más que la versión local de la “kale borroka”: grupúsculos de gamberros que usan la contestación política para cometer desmanes; fascistas, en suma, aunque ellos alardeen de ser contrarios al sistema. Por si esto fuera poco, hay que añadir en el debe barcelonés un dato muy preocupante: una vez más, como decía antes, a los “mossos d’esquadra" se les han ido de las manos unos incidentes callejeros urbanos, y para sofocarlos han tenido que recurrir de nuevo a una violencia extrema.

Otro fracaso estrepitoso pues de la policía autonómica en Barcelona y su área metropolitana, y una muestra más de su incapacidad para dar respuesta adecuada a las exigencias que toda gran urbe plantea a un cuerpo policial con competencia exclusiva en el mantenimiento del orden público.

Por desgracia para los barceloneses, la policía autonómica catalana sigue siendo un cuerpo policial ruralista y comarcano, al que la complejidad de los problemas que debe afrontar en entornos urbanos como el nuestro le viene grande. Barcelona no es Vic, pero nuestros rectores políticos y policiales siguen al parecer sin entenderlo.

jueves, 7 de junio de 2007

Del kubotán al aislamiento social


Se llama kubotán a un arma de origen japonés, usada para paralizar al contrario mediante el procedimiento de inflingirle un dolor insoportable. El kubotán es en realidad un punzón que se aplica en lugares estratégicos del cuerpo humano llamados "puntos del dolor", y que al presionar sobre ellos paraliza toda respuesta del adversario. Es obviamente, un instrumento de tortura, o para ser políticamente correcto, sirve para infligir "malos tratos". En suma, el punzón de marras es un arma "no reglamentaria".

El kubotán ha alcanzado últimamente cierta notoriedad en la prensa barcelonesa al denunciarse su uso por parte de los Mossos d'Esquadra en la disolución de una reciente manifestación de okupas. No es que la policía catalana se haya convertido de repente en émula de Fu Manchú y vaya por la calle punzando a todo bicho viviente. En realidad el asunto del kubotán es simplemente la llamativa punta de un iceberg que viene navegando desde hace tiempo, y en cuya composición se mezclan palizas en dependencias policiales (algunas filmadas), excesos continuos en el control de manifestaciones y cierta arrogancia en el trato con el conjunto de los ciudadanos, entre otros males que aquejan a una institución policial progresivamente desacreditada socialmente.

¿Por qué los Mossos de Esquadra están creando -y se están creando- tantos problemas en Barcelona y en su área metropolitana? Pues simplemente porque no están preparados para la labor que les ha tocado, al convertirse en policía de referencia en grandes núcleos urbanos cuando hasta hace poco se dedicaban exclusivamente a las áreas rurales y las pequeñas ciudades del interior de Catalunya. Por lo demás, la recluta de Mossos se ha hecho durante más de dos décadas en ambientes de probada fidelidad al pujolismo político y sociológico, y ahora, con el Tripartito gobernando la Generalitat, la mayoría de sus integrantes se encuentran desconcertados y descolocados.

Una manifestación de Mossos d'Esquadra en defensa de su "dignidad" acaba de reunir en Barcelona a 4.000 miembros del cuerpo. Dicen estar hartos. Les molesta especialmente que desde la conselleria de Interior se difundieran las vídeos de torturas nada presuntas (están filmadas por Asuntos Internos) en dependencias policiales. Lo que ha hecho Interior es un ejercicio de transparencia, que como ciudadanos debemos agradecer; secundariamente, si las filmaciones no se hubieran hecho públicas, todos sabemos que difícilmente hubiera prosperado cualquier actuación judicial contra sus responsansables. Así funcionan las cosas en este país habiendo policías implicados de por medio.

En realidad la manifestación de los Mossos no era por su dignidad, sino en defensa de la impunidad. Más allá del corporativismo mafioso y el desafío a los poderes públicos que implica semejante actitud en unos servidores públicos que debieran tenerse más respeto a sí mismos y a la ciudadanía que les paga el sueldo, lo patético de este asunto es ver cómo un cuerpo policial nacido en la democracia y supuestamente fundado sobre bases nuevas, se ha degradado tan rápidamente.

La consecuencia inevitable de este estado de cosas es el desprestigio creciente de la policía catalana, y el progresivo aislamiento social al que se están viendo abocados sus miembros. Esa manifestación que comentaba es simplemente, el grito de pánico de unas personas que están perdiendo su lugar en nuestra sociedad.

viernes, 27 de abril de 2007

El verdadero desorden público

El mismo día en que se hace pública la increíble sentencia del "caso Roquetas", una verdadera burla a la noción misma de Estado de derecho, con la que se echa tierra sobre el caso de Juan Martínez Galdeano, un agricultor andaluz apaleado hasta morir en un cuartelillo de la Guardia Civil almeriense, aparece en la primera página de El País el vídeo de otra brutal paliza policial, administrada ésta vez en una ultramoderna comisaría del cuerpo autonómico llamado Mossos d'Esquadra, dependiente de la Generalitat de Catalunya, y situada en el muy burgués barrio de Les Corts, en Barcelona.

Hay días en que uno siente verdadero vértigo y hastío al tener que compartir ciudadanía con elementos -jueces incluidos-, como los que protagonizan estas dos noticias, nada dispares entre sí aunque afecten a dos cuerpos policiales diferentes, e incluso supuestamente concebidos a partir de filosofías muy distintas.

Espero superarlo en breve, pero les garantizo que mi sentimiento en estos momentos es de puro desánimo. En ocasiones semejantes uno piensa no ya que España verdaderamente es eterna y no tiene remedio, sino que incluso quienes se pretenden mejores que los viejos modelos hispanos simplemente los han heredado por vía directa, cargando con todos sus vicios. A los hechos referidos me remito.

Desde casi su nada lejana creación, los Mossos d'Esquadra se han visto involucrados en continuas denuncias por palizas en comisarías repartidas por toda la geografía catalana. Una parte importante de esas acciones han tenido como víctimas a ciudadanos inmigrantes, singularmente de origen magrebí. Parece que la superprogresista Escola de Policia de la Generalitat no está teniendo mucho éxito a la hora de inculcar ideas de civilidad o incluso de simple decencia en una parte de sus alumnos. Espero que al menos los políticos catalanes dejen de gallear sobre la manera tan estupenda en que aquí se hacen las cosas, en contraposición con lo mal que lo hacen todo, incluido formar a sus policías, "en España".

En cuanto a lo de la Guardia Civil, llueve sobre mojado. Siglo y pico de bestialidades como la de Roquetas -en la que presuntamente estuvo implicada toda la dotación con su jefe al frente, ocho guardias- no ha bastado para que este cuerpo sea disuelto de una vez, y sigue pendiendo sobre las cabezas de todos los ciudadanos españoles como pendía el 18 de julio de 1936. No si sé esta clase de "actuaciones" son pocas o muchas en relación con el total de "servicios" llevados a cabo por tan benemérita institución armada, lo que sí se es que se vienen produciendo desde su fundación con una regularidad que espanta casi tanto como su impunidad. De la una y la otra dan cuenta incluso obras maestras del cine y la literatura basadas en hechos reales, desde la novela "El lugar de un hombre" de Ramón J. Sender a la película "El crimen de Cuenca" de Pilar Miró.

Lo peor con todo es, como digo, la sensación de impunidad. En la sentencia del caso Roquetas que relata El País se dice por ejemplo que "El teniente José Manuel Rivas, mando del cuartel, ha sido declarado culpable de un delito de "atentado no grave contra la integridad moral" del muerto a palos, y por ello se le condena a 15 meses de prisión (que no cumplirá al no tener antecedentes), y al pago de 12 euros diarios durante mes y medio. A otros dos agentes se les condena a sendas multas de 12 euros durante mes y medio y dos meses respectivamente por una "falta de lesiones" (¿hubo lesiones entonces? ¿no había muerto Galdeano "por sobredosis"?) y abuso de autoridad. El resto de agentes implicados en la paliza ha sido absuelto.

Eso sí, según cuenta El País "El tribunal ha considerado como hechos probados el empleo de armas no reglamentarias por Moreno y Rivas (un guardia y el teniente) de manera innecesaria. Asimismo, respecto al teniente, estima que hubo trato "degradante" hacia Juan Martínez Galdeano. A la agente María José S.P. le atribuye que usó "de forma innecesaria" un arma reglamentaria para la reducción del detenido". Blanco, y en botella.

Por cierto, una testigo del suceso, una marroquí que trabajaba como camarera en un bar justo enfrente del cuartelillo y que fue entrevistada en el programa "La ventana" de la Cadena SER hace unos meses, donde narró cómo presenció parte del brutal apaleamiento desde su lugar de trabajo, se halla en "paradero desconocido" y no pudo asistir al juicio. Ninguno de los clientes del bar que presenciaron la misma escena ha querido declarar, o no han sido requeridos para hacerlo.

¿Ustedes creen que policialmente estamos en el siglo XXI? Yo tampoco.