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viernes, 24 de junio de 2011

sábado, 1 de agosto de 2009

De regreso a la España Negra


Cada vez que vuelvo a España de un viaje por la Europa civilizada, ando irritado unos cuantos días. Es tal el choque que me supone acomodarme de nuevo a nuestra realidad cotidiana, a nuestra forma de vivir semisalvaje, a nuestra falta de civismo y educación, a la chulería rampante, a los horarios imposibles, a nuestras ciudades invadidas por chatarra rodante pilotada por energúmenos, y en fin, es tal el aroma general que desprende el país a meado de cuartel y sacristía, que dan ganas de volverse corriendo al aeropuerto y pedir un billete a cualquier parte donde la gente no te perdone la vida cada vez que intentes cruzar la calle, por ejemplo.

Este año para colmo parece que toca campaña de verano de esos eximios representantes de la España más negramente putrefacta, los tarados mentales de ETA, embarcados en un despliegue de atentados y asesinatos que cuando uno se para a pensarlo detenidamente, llega a preguntarse cómo se puede ser tan imbécil como para creer que desde la destrucción de vidas humanas se puede construir algo que merezca la pena. Es como si los TeleTubbies se pusieran a matar niños para lograr hacerlos más felices. En fin. Y no se pierdan los abracadabrantes "funerales de Estado" cuando en esas desgraciadas ocasiones resultan muertos funcionarios públicos, magnos espectáculos con profusión de uniformes, casullas, Infantas de España, medallas de latón, un arzobispo castrense bisbiseando babosidades y una legión de políticos repitiendo cansinas obviedades; un inútil diluvio de idioteces en suma, vertido sobre el dolor irremediable e irreparable de unas familias destrozadas. En todo caso quienes se lo deben pasar pipa viendo por la televisión semejantes shows espectaculares a catedral llena, son precisamente los descerebrados que han causado el estropicio.

Recuerdo unos versos de Salvador Espriu referidos a la Catalunya gris, triste y humillada de los años más recios del franquismo, que le vienen al pelo a esta España chillona y agobiante, a la que deberían echar a patadas no ya de la Unión Europea sino hasta de la OTAN y el Banco Mundial; no nos merecemos estar en instituciones internacionales con gentes de países donde en la calle no se escupe, no se arrojan colillas ni se ponen bombas. Traducido al castellano, el poema de Espriu dice así:

Ensayo de Cántico en el Templo

Oh, qué cansado estoy de mi
cobarde, vieja, tan salvaje tierra,
cómo me gustaría alejarme de ella,
allende el norte
donde dicen que la gente es limpia
y noble, culta, rica, libre,
¡desvelada y feliz!
Entonces, en la congregación, los hermanos dirían
desaprobando: "Como el pájaro que abandona el nido,
así el hombre que marcha de su lugar",
mientras yo, ya muy lejos, me reiría
de la ley y la antigua sabiduría
de este mi árido pueblo.
Pero nunca he de seguir mi sueño
y me quedaré aquí hasta la muerte.
Pues soy también muy cobarde y salvaje
y amo además con un
desesperado dolor
esta mi pobre,
sucia, triste, desdichada patria.

Salvador Espriu i Castelló (1913-1985)
Poeta, dramaturgo y novelista catalán

domingo, 19 de julio de 2009

domingo, 24 de agosto de 2008

Apuntes gastronómicos de mi viaje por Siria y Jordania


Publicado en primera versión en ECDC, el 18-8-2008.

Para empezar, quiero agradecer a Angeles y Schussheim, de ECDC, sus comentarios y sugerencias antes d emi viaje, que se han revelado especialmente acertados. Y bueno, si uno tuviera que resumir la cocina del Próximo Oriente, especialmente la existente en Siria, lo haría en dos palabras: hummus y especias.

El hummus más conocido en Occidente es obviamente, el de garbanzos. Y sí, realmente en los países árabes existe el hummus de garbanzos (no como ocurre con el arroz a la cubana, la ensaladilla rusa o los rollitos primavera), pero la cocina siria y en mucha menor medida la jordana, ofrecen una variedad increíble de platillos de hummus que van más allá en sabores, texturas, olores y colores. Porque en los hummus árabes la sabia combinación de esos cuatro elementos está siempre presente. Recuerdo con especial predilección dos propuestas: uno, el hummus a la libanesa (o "beiruthien"), una especie de delicado puré de color marrón remojado en aceite de oliva virgen (el Profeta sabrá cúal era el componente básico de la pasteta), y otro, uno en todo semejante a lo que en Murcia llaman "pipirrana", una especie de ensalada con tomate troceado, ajo, olivas negras, aceite de oliva a chorro y alguna especia suave. O sea, la abuela de la "pipirrana", para entendernos. Rico también el hummus de aceitunas negras.

Las especias árabes nada tienen que ver con las especias de Extremo Oriente: las árabes son suaves y fragantes y su función es realzar el plato, no matar el sabor de lo que se come, como hacen el curry, el cilantro y otros engendros semejantes. Por cierto, si algo distingue a los países árabes es ése olor a especias, dulzón y perfumado, que sobrevuela calles y zocos. En los puestos de venta se las vé perfectamente ordenadas, organizadas en una sinfonía que "entra" primero por los ojos, y luego por el deseo. En general tienen precios muy razonables.

Como plato fuerte en la mesa, el indiscutible es el cordero, y en las zonas turísticas, el "chiken". El cordero suele ser de carne fuerte, y por tanto uno tiene la sospecha de que es más carnero viejo que otra cosa. El pollo como digo, parece más bien una incomprensible concesión a los estómagos viciados del turisteo occidental. El pescado, de río, se sirve en escasos restaurantes, pero es de calidad aceptable y preparación sencilla. El arroz suele acompañar en las ciudades a esos elementos.

Los dulces para el postre (y en realidad, para todas horas) son infinitos en variedad y calidad. Un servidor no es nada goloso, pero se puso las botas comiendo dulces. Eso sí, hablo de repostería consumida en hoteles y restaurantes de cierto nivel; la dulcería popular que se vende en los zocos y en la calle resulta excesivamente cargada de azúcares, y por tanto, empalagosa para el gusto occidental. Como excepción, unas porciones rectangulares de color marrón envueltas en celofán que vendían en los zocos, que resultó ser un buenísimo turrón de Jijona...o el padre del turrón de Jijona, mejor dicho.

Delicioso y muy refrescante -y preventivo de problemas intestinales- es asimismo el yogurt natural, que se consume igualmente a cualquier hora.

La bebida reina es el té con hojas de menta. Se bebe a todas horas y en todas partes; invariablemente, al cabo del día uno ha tomado más tazas de las que ha pagado, pues te lo ofrecen a la menor excusa. La verdad es que el té bien caliente resulta refrescante, quita la sed, mitiga el calor y el hambre, y proporciona una impagable sensación de bienestar y placidez. El café se consume bastante menos, suele ser fuerte y encima le añaden cardamomo, un fruto desértico que le da un sabor áspero y deja unos posos indescriptibles en los que ciertas mujeres beduinas leen, dicen, el porvenir. Por si acaso, yo me dediqué a beber té como un poseso.

Un mito extendido dice que los musulmanes no beben alcohol. Que no es así lo desmiente el "arak", un licor fortísimo de color blancuzco que se bebe mezclado con agua y es una seña de identidad siria. En realidad el arak es una especie de pastís francés, probablemente con mayor graduación; su sabor es pues como el de un anisette. Los sirios lo consumen con verdadera pasión, aunque siempre en momentos que quien lo ofrece considera especiales. Cuando te ofrecen un vaso de arak hay que beberlo sin excusas; al segundo puedes negarte, pero como ya tienes la cogorza garantizada, lo mejor es seguir bebiendo y así no darte cuenta de que tu anfitrión sirio, trompa perdido igualmente, se ha puesto a recitar poesía damascena del tiempo de los Omeyas o a explicarte sus hazañas durante la Guerra de los Seis Días.

Por lo que hace al vino, el sirio es simplemente aceptable. En los restaurantes de categoría hay vino libanés, de buena calidad, sobre todo el blanco. El precio del libanés supera con mucho al local.

La cerveza se encuentra por todas partes por donde pasen turistas. Sus precios son disuasorios: mientras en la calle una botella de agua mineral de litro y medio cuesta unos sesenta u ochenta céntimos de euro y una Coca-cola un euro exacto, una cerveza cuesta un mínimo de tres euros y cuatro y cinco euros no son precios raros (más en Jordania que en Siria); dicen que es para disuadir de su consumo. La cerveza local es mala, pero la Amstel, embotellada en Siria, está bastante bien. También hay aceptable cerveza egipcia.

Hay países árabes en los que no sólo se bebe alcohol en los bares frecuentados por turistas. Es el caso de Siria. Una tarde mi guía nos llevó a mí y a una pareja catalana a un local, en pleno centro urbano de Damasco, que en España diríamos "de ambiente noctirno", un sitio frecuentado exclusivamente por árabes. Serían como las ocho de la tarde y allí había ya un buen número de musulmanes soplando, alguno tan borracho que al ponerse de pie dio con su metro ochenta y pico en tierra y tuvieron que sacarlo a la calle entre tres camareros. En la sala se consumía a tutiplén latas de medio litro de cerveza Amstel, servidas por camareros que parecían contratados en algún puticlub español de carretera recientemente cerrado. Según el guía, el ambiente que había allí a las dos o las tres de la madrugada era indescriptible.

Lo más curioso del local es que habían allí prostitutas en ejercicio de su profesión, alguna ya enfrascada en la parte "primeras aproximaciones con el cliente recién captado". A mí lo que más me extrañó fue cómo diablos elige el cliente, en qué criterios objetivos se basa, si las señoras del oficio iban cubiertas de arriba abajo con ese mantón negro que las tapa por entero salvo la abertura que muestra los ojos. Pues resulta que según me explicaron, es precisamente ahí, en los ojos donde está el secreto: los ojos de la mujer árabe hablan por toda ella (al modo en que antiguamente existía en Europa un lenguaje de los abanicos), e incluso las prostitutas -o quizá especialmente ellas- son verdaderas maestras en contar, sugerir, alentar, frenar, etc, empleando únicamente lo que en Occidente llamaríamos, impropiamente "coqueteo con los ojos".

Notarán que hasta aquí no mencioné a Jordania. Y es que sigo preguntándome qué cocina hay en Jordania. Puede intentar resumirla así: mucho cordero, mucho "chiken", poco hummus, algunos dulces... y para de contar. Definitivamente, La cocina jordana no le llega a la suela del zapato a la siria. Ni casi, a ninguna otra mínimamente consolidada.

En la imagen que ilustra este post pueden ver a un panadero fabricando pan en su tahona en el pueblo cristiano de Malula (Siria). La ventanita desde la que vende permite verle trabajar en el obrador.

martes, 12 de agosto de 2008

De nuevo aquí


De vuelta de mis vacaciones de éste verano, Aventura en la Tierra reanuda su publicación.

Catorce días en Siria y Jordania y una semana en Madrid me han resultado unas vacaciones cortas en cuanto a días, pero la verdad es que han dado para bastante. Ya les iré hablando de mi viaje por Oriente Próximo, sobre todo por Siria, país que me ha enamorado; increíbles Siria, el legado histórico que atesora, y sobre todo y por encima de todo, sus gentes. Les contaré sobre ciudades romanas perdidas en el desierto, castillos cruzados subidos a riscos inexpugnables, y zocos inmensos donde se comercia con todo lo comerciable. También sobre Petra y sus maravillas, incluido un paseo nocturno a la luz de las velas por el desfiladero de entrada, mientras se podían contar en el cielo una a una las estrellas y seguir el dibujo de las constelaciones tal y como las observaron en la Antigüedad.

Durante mi estancia en Madrid he conseguido mucha información para el libro sobre Donato Navarro Mairal y los prisioneros españoles en la guerra de Filipinas. La obtuve en el Archivo Histórico Militar de Madrid, consultando documentos originales inéditos. Las mañanas me las pasé en el Archivo, pero por lo que hace a las tardes y noches hice honor a la frase de Francisco Silvela, aquél cabrito que presidió el Gobierno de España tras la guerra del 98: "Madrid en agosto, con dinero y sin familia, Baden Baden". Lo del dinero, vistos los precios que gastan en la capital del Reino, no es fanfarronada sino inexcusable realidad.

Les dejo una imagen que tomé en uno de los zocos de Damasco. Ya ven, el famoso pañuelo islámico crea moda. Y al contrario de lo que piensan algunos en España, sus portadoras no muerden.

viernes, 18 de julio de 2008

Las vacaciones de la crisis


Según una encuesta publicada por El País aún no hace una semana, el 89% de los españoles cree que estamos viviendo una crisis económica, y tan sólo el 11% opina que no hay tal crisis. Sin embargo, a la hora de valorar la repercusión de la supuesta crisis en la economia doméstica de cada cual -que al cabo es la que realmente cuenta-, resulta que para el 48% de los españoles su economía familiar va "muy bien" o "bien", en tanto sólo el 24% manifiesta que va "muy mal" o "mal".

Ítem más: hace unos días me comentaba mi agente de viajes que “la crisis se nota un montón". Resulta que ha caído en picado la contratación de circuitos de 14 días de duración. Sin embargo, de modo paralelo se ha disparado la contratación de circuitos de 9 días a los mismos lugares adonde antes se viajaba en el formato de dos semanas. Es decir, la gente es ahora más renuente a gastar su dinero. ¿Hay crisis real o simplemente hay miedo a la crisis? Hablo como decía antes de crisis en relación con la economía familiar, la que verdaderamente importa.

Mientras los presuntos expertos discuten si son galgos o podencos, los españoles se aprestan -muchos lo han hecho ya- a lanzarse en pos de las ansiadas vacaciones en Canarias o Santo Domingo, o a lomos de su automóvil -esos que ya no se venden pero siguen circulando por millones-, ir allá donde la imaginación y el presupuesto familiar les lleven. Se diría pues que la crisis es cosa de los ricos mafiosos del ladrillo, y de los pobres inmigrantes que trabajan para ellos subiendo a sus andamios; también de las multinacionales ansiosas de desmontar el negocio e irse con la música y la planta fabril a otro país en el que las plusvalías sean todavía mayores, y naturalmente de las compañías de aviación que llevan años reventando precios y ahora no les cuadran las cuentas de resultados.

Salvo para estos afectados, tenemos la primera crisis económica mediática de la Historia. Pero no importa, se trata precisamente de eso: de crear la sensación pública de que esto se va al carajo. Y ahí sí que están triunfando en toda la línea.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Aquí estamos de nuevo


Recién llegado de un periplo vacacional en el que ha dado la vuelta al planeta, un servidor de ustedes retoma este blog con el propósito de irles narrando las cosas que ha visto por esos mundos de dios y del diablo. Ya les iré contando y enseñando algunas imágenes.

Sólo un avance: en "Basco street"de Manila -próxima a las calles Legazpi y Urdaneta, por lo demás-, ni han oído hablar de Ibarretxe ni por supuesto de su plan. A la gente que habita en ese barrizal sólo les preocupa qué comerán mañana y que la lluvia no acabe de hundirles el techo de sus barracas; cosas de la distancia entre la política oficial y la vida cotidiana.
Que dios o el diablo les perdonen (a los políticos profesionales, claro).

lunes, 12 de febrero de 2007

Del turismo irresponsable y sus consecuencias

El asesinato a pedradas de dos turistas italianas en Cabo Verde acaba de poner sobre la mesa un problema con tintes muy preocupantes, y cuyos efectos comienzan a notarse en muchos destinos turísticos ubicados en países del Tercer Mundo.

Probablemente haya sorprendido a muchos que un hecho así pueda tener lugar en un país donde no existen conflictos internos aparentes, y en el que la población es pacífica y amistosa con los extranjeros. De algunos años hacia aquí, Cabo Verde recibe un número considerable y en crecimiento de turistas jóvenes europeos atraídos por el sol, la playa, el surf y los precios baratos. De hecho, la industria turística constituye ya parte fundamental de la economía caboverdiana, y las divisas de los turistas permiten a una parte de la población local unos ingresos muy superiores a los de aquellos compatriotas que siguen dedicándose a las dos actividades tradicionales de los caboverdianos, que son la pesca y la inmigración.

Sobre el papel nada parecía pues presagiar un estallido de violencia como el que nos ocupa.

Ocurre sin embargo que toda Africa es hoy un barril de pólvora. Miles de jóvenes africanos se lanzan al Atlántico en frágiles embarcaciones, dispuestos a cumplir un sueño quimérico –llegar a Europa y participar en el banquete del bienestar- o a morir en el intento. La desesperación de una juventud sin más horizontes que la inmigración al lejano continente donde viven los blancos o el trabajo servil atendiendo a esos mismos blancos cuando disfrutan de sus vacaciones, empieza a hacer mella en la manera en que muchos africanos miran el mundo. La tradicional ingenuidad africana frente a los blancos y la admiración que sienten por nuestro mundo disparatadamente rico –al menos en comparación con la miseria africana-, comienza a ser substituida por un rencor oscuro y la certeza de que les estamos robando sus recursos o de que los usamos a nuestra conveniencia.

Por otra parte, un sector cada vez más amplio de la juventud europea se ha acostumbrado a vivir su ocio como si se tratara de una "fiesta" ibicenca permanente. En sus vacaciones buscan destinos donde el alcohol, las drogas, el sexo, la discoteca y la playa estén asegurados con muy poco dinero. Se trata de un estilo de viajar en el que menudean los treintañeros en grupos de amigos de un mismo sexo o en parejas con alguna afinidad entre ellas; personas a las que en su medio cotidiano se está induciendo a seguir viviendo en una adolescencia irresponsable prolongada, y que paralela y paradójicamente, sienten sobre sí por el contrario una presión social cada vez mayor. Necesitan descargar tensiones y liberarse aunque sea sólo por unos días; las vacaciones de verano son la única espita con cierta prolongación temporal de la que disponen.

Tontear durante las vacaciones con africanos –o con cubanos, o con dominicanos, o con tailandeses- es fácil y gratificante. En general estas gentes carecen de otra malicia que no sea conseguir un poco de dinero. Luego, una vez finalizadas las vacaciones, el turista o la turista europeos regresan a su país y dan por terminada la fiesta. Pero lo que ignoran o finjen ignorar estos turistas irresponsables, es que han creado y alimentado expectativas hondas en un ser humano cuyos parámetros mentales y culturales le impiden entender esa concepción de las vacaciones como un paréntesis vital, una vez cerrado el cual serán excluidos para siempre de la vida del otro. El sentimiento de frustración y de haber sido engañado que se genera en la parte más débil de este tipo de relaciones, puede terminar ocasionando actos de violencia como el ocurrido en Cabo Verde y que narran estos días todos los diarios.

En 2002 conocí de cerca un caso que partiendo de una situación semejante a ésta, tuvo un final distinto aunque igualmente atroz.

Me alojaba en un hotel de playa de la Casamance, en Senegal. En un grupo que había en el mismo hotel viajaban dos hermanos españoles, chico y chica, ambos en la treintena. Desde que llegó al hotel la chica comenzó a tontear con un chico senegalés que rondaba la playa; el hermano que al parecer asumía un papel protector, estaba cada vez más irritado ante las muestras de afecto entre la pareja. Durante la noche, la española y el senegalés se bañaron juntos a oscuras delante del hotel, entre risas y grititos que oímos todos desde la terraza que se abría sobre la playa.

A la mañana siguiente la pareja se alejó paseando por la playa desierta; al cabo de un rato el hermano salió tras ellos, hecho una furia. Al parecer los dos jóvenes se dedicaron a retozar en la playa sin mayor problema, pero cuando la chica vio ir hacia ellos a su hermano se puso a gritar que "el negro" quería violarla. El hermano se la llevó corriendo hacia el hotel, mientras el chico senegalés les seguía a distancia gritando que él no le había hecho nada, al menos nada que ella no hubiera consentido. Según el hermano, "el negro" había violado a la chica; tal vez el senegalés quiso ir más lejos de lo que la turista española estaba dispuesta, o quizá simplemente ella se asustó al ver a su hermano y quiso interrumpir lo que estaban haciendo.

El alboroto fue considerable. Intervino la policía. Los dos hermanos partieron de inmediato hacia Dakar entre llantos de la presunta violada, y el chico senegalés fue detenido y golpeado ya mientras se lo llevaban. Teniendo en cuenta las penas para violadores en Senegal –especialmente tratándose de una víctima blanca- y sobre todo las condiciones carcelarias en un país así, lo más seguro es que aquél muchacho ya esté muerto.