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miércoles, 5 de enero de 2011

Un estudio demuestra que las emisiones de los coches matan



Cuando acaba de ponerse en marcha la nueva ley Antitabaco, substancia a la que se achacan todos los males del mundo, incluido el déficit de los servicios sanitarios, resulta que un estudio reciente acaba de relacionar, por primera vez, los gases de combustión emitidos por los coches con la mortalidad en una gran ciudad, en este caso Madrid.

El estudio confirma algo que sospechábamos muchos que sin ser tener el más mínimo conocimiento de medicina, tampoco somos idiotas. Literalmente la entradilla de la noticia en El País dice: "Un estudio relaciona las emisiones de los coches con enfermedades circulatorias". Explica a continuación que "las partículas PM2,5 están en el aire que se respira en Madrid y son muy dañinas, incluso más de lo que se pensaba hasta ahora. Un estudio recién publicado relaciona los niveles altos de contaminación por estas diminutas partículas en suspensión (llamadas PM2,5 porque miden menos de 2,5 micras de diámetro) que generan los motores diésel con la mortalidad por enfermedades del sistema circulatorio". Los autores del estudio "demuestran mediante un análisis estadístico que se producen más muertes por infartos, cardiopatías isquémicas e ictus cuando la contaminación es más alta. Y su conclusión es clara: reducir los niveles de PM 2,5 en la capital es "una necesidad acuciante".

Pues ya ven. Y mientras tanto, nuestro encantador Gobierno español subvencionando a fondo perdido durante años la compra privada de chatarra rodante y contaminante (Plan Renove); es decir, malversando fondos públicos en arruinarnos la salud.

"La contaminación es un factor de riesgo cardiovascular muy importante", dice en esa misma noticia el señor Antonio Gil Núñez, miembro del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología. Las partículas que se inhalan, explica, provocan inflamación, lo que incrementa el riesgo de enfermedades vasculares. "Aumenta la propensión a que se produzcan trombosis", añade. "Lo más importante es que se puede prevenir. Las autoridades deben saber que si mejora la calidad del aire tendremos menos muertes", concluye.

Para lograrlo habría que cambiar las leyes al respecto, porque está claro que las existentes sólo defienden los intereses de los dueños de la industria automovilística y afines. Según Gil Núñez, los máximos que permite la directiva europea sobre la materia "son simplemente inaceptables desde el punto de vista de la salud pública". Pero qué importa la salud, cuando lo que está en juego son los beneficios de petroleras y fabricantes de coches, amén de los substanciosos ingresos que vía impuestos indirectos sobre los carburantes perciben los gobiernos.

Y es que por encima de cualquier otra consideración hay que seguir generando beneficios privados, ya saben. Así funciona el capitalismo, perdón, la economía libre de mercado.

En la fotografía que ilustra el post, tráfico en una calle de Madrid.

sábado, 28 de agosto de 2010

Vancouver, una ciudad para disfrutar de la vida


Dicen que en Vancouver llueve 300 días al año, que sus inviernos duran ocho o nueve meses y que en pleno verano es imposible bañarse en sus aguas debido a la corriente ártica que pasa junto a la costa. También dicen que como toda la costa del Pacífico de América del Norte, Vancouver está esperando para cualquier día de éstos un terremoto como el que se tragó a San Francisco hace un siglo; ese día las innumerables cristaleras que recubren sus edificios volarán en pedacitos como metralla, con las consecuencias que son previsibles.

Y sin embargo es difícil que alguien que haya pasado unos días en Vancouver quiera marcharse de allí o no piense en volver algún día. Sus inmensos parques, sus calles tranquilas, su gente amable, sus estupendos restaurantes, sus tiendas llenas de buen gusto, los hoteles señoriales... Hay mucha más sangre mediterránea latiendo en el "Vancouver way of life" que en la mayoría de poblaciones de la costa levantina española. Ver Vancouver en verano, con el termómetro acercándose a los 30 grados al sol, es una maravilla. Disfrutar por la mañana de Stanley Park y las Marinas bulliciosas de gente, comer en el Downtown (pescado y marisco son deliciosos; prueben los excelentes vinos de la Columbia Británica), pasear por la tarde por las calles arboladas de Gastown flanqueadas por edificios de dos o tres alturas, los más antiguos de la ciudad, tomar una copa por la noche en el bar del Vancouver Hotel... vivir. Vancouver es una ciudad tranquila y que invita a recorrerla a pie calmosamente, sin prisas de ninguna clase.

El oeste de Canadá es un país que todavía se está haciendo. En las calles de Vancouver se ven rostros de gentes llegadas desde todos los rincones del mundo: a los escoceses, galeses e irlandeses establecidos en el siglo XIX se han ido sumando chinos (un tercio de los habitantes de Vancouver es de origen chino), europeos del este y del sur, latinoamericanos (cada vez más mexicanos), algunos árabes. En un barrio de las afueras, junto a la autopista que recorre la costa, viven los indios capilano, a los que una sentencia judicial de hace pocos años reconoció la propiedad sobre la tierra en la que se levanta la ciudad, lo que a cada familia capilano le reporta 50.000 dólares anuales que les abona el gobierno canadiense en concepto de usufructo. Es el propio Gobierno federal quien está impulsando la recuperación acelerada de las señas de identidad de las First Nations (las tribus indias) y de los diferentes grupos nacionales emigrados a Canadá, con tres únicas condiciones: hacer suyo el idioma inglés, respetar la bandera federal y pagar los impuestos establecidos (aunque los indios no pagan impuestos en Canadá).

El primer edificio de Vancouver fue una taberna, levantada en un rincón de lo que ahora es el barrio de Gastown. A principios del XIX un tipo llegó en una barca llevando unos barriles de whisky, y de inmediato alrededor del pequeño negocio que fundó empezaron a arremolinarse leñadores, tramperos y otras gentes, que levantaron sus cabañas en las cercanías del bar-vivienda del avispado comerciante. Quizá por ese origen poco convencional le quedó a esta ciudad para siempre la condición de lugar donde es posible disfrutar de la vida mientras se pueda, antes de que la falla del Pacífico se lleve por delante la amabilidad de vivir y otras cosas de parecida importancia.

En la fotografía, la Marina de Granville Island, frente al skyline del Downtown de Vancouver.

sábado, 1 de agosto de 2009

De regreso a la España Negra


Cada vez que vuelvo a España de un viaje por la Europa civilizada, ando irritado unos cuantos días. Es tal el choque que me supone acomodarme de nuevo a nuestra realidad cotidiana, a nuestra forma de vivir semisalvaje, a nuestra falta de civismo y educación, a la chulería rampante, a los horarios imposibles, a nuestras ciudades invadidas por chatarra rodante pilotada por energúmenos, y en fin, es tal el aroma general que desprende el país a meado de cuartel y sacristía, que dan ganas de volverse corriendo al aeropuerto y pedir un billete a cualquier parte donde la gente no te perdone la vida cada vez que intentes cruzar la calle, por ejemplo.

Este año para colmo parece que toca campaña de verano de esos eximios representantes de la España más negramente putrefacta, los tarados mentales de ETA, embarcados en un despliegue de atentados y asesinatos que cuando uno se para a pensarlo detenidamente, llega a preguntarse cómo se puede ser tan imbécil como para creer que desde la destrucción de vidas humanas se puede construir algo que merezca la pena. Es como si los TeleTubbies se pusieran a matar niños para lograr hacerlos más felices. En fin. Y no se pierdan los abracadabrantes "funerales de Estado" cuando en esas desgraciadas ocasiones resultan muertos funcionarios públicos, magnos espectáculos con profusión de uniformes, casullas, Infantas de España, medallas de latón, un arzobispo castrense bisbiseando babosidades y una legión de políticos repitiendo cansinas obviedades; un inútil diluvio de idioteces en suma, vertido sobre el dolor irremediable e irreparable de unas familias destrozadas. En todo caso quienes se lo deben pasar pipa viendo por la televisión semejantes shows espectaculares a catedral llena, son precisamente los descerebrados que han causado el estropicio.

Recuerdo unos versos de Salvador Espriu referidos a la Catalunya gris, triste y humillada de los años más recios del franquismo, que le vienen al pelo a esta España chillona y agobiante, a la que deberían echar a patadas no ya de la Unión Europea sino hasta de la OTAN y el Banco Mundial; no nos merecemos estar en instituciones internacionales con gentes de países donde en la calle no se escupe, no se arrojan colillas ni se ponen bombas. Traducido al castellano, el poema de Espriu dice así:

Ensayo de Cántico en el Templo

Oh, qué cansado estoy de mi
cobarde, vieja, tan salvaje tierra,
cómo me gustaría alejarme de ella,
allende el norte
donde dicen que la gente es limpia
y noble, culta, rica, libre,
¡desvelada y feliz!
Entonces, en la congregación, los hermanos dirían
desaprobando: "Como el pájaro que abandona el nido,
así el hombre que marcha de su lugar",
mientras yo, ya muy lejos, me reiría
de la ley y la antigua sabiduría
de este mi árido pueblo.
Pero nunca he de seguir mi sueño
y me quedaré aquí hasta la muerte.
Pues soy también muy cobarde y salvaje
y amo además con un
desesperado dolor
esta mi pobre,
sucia, triste, desdichada patria.

Salvador Espriu i Castelló (1913-1985)
Poeta, dramaturgo y novelista catalán

jueves, 14 de mayo de 2009

Drogas en el aire de nuestras ciudades


Dice la prensa española de hoy que el aire de Barcelona y de Madrid "contiene varias drogas en suspensión y, entre ellas, destaca la cocaína", según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científica (CSIC).

Hasta 17 substancias consideradas componentes de drogas duras han sido detectadas en el aire de las dos ciudades, "compuestos pertenecientes a cinco clases de drogas: cocaína, anfetaminas, opiáceos, cannabinoides y ácido lisérgico". Las zonas de mayor concentración de drogas en el aire corresponden a la Zona Universitaria de Barcelona y a la Universidad Complutense de Madrid. Los fines de semana son el período de tiempo en que el aire que respiramos está más cargado de substancias estupefacientes.

En el caso de la cocaína, los niveles de concentración en Barcelona superan los de estudios efectuados en otras ciudades europeas, como Roma. La heroína en cambio, reina en la atmósfera madrileña pero tiene escasa presencia en el aire barcelonés. Gustos diferentes, consumos diferentes.

Por raro que parezca, todo esto no viene de nuevo. Ya hace algún tiempo que estudios realizados sobre las aguas residuales de Barcelona señalaron una fuerte presencia en ellas de cocaína, en proporciones que se incrementan notablemente con ocasión de festividades como las de Navidad y Fin de Año.

Uno se barrunta que vivimos en una sociedad que si no ha enloquecido por completo, no anda lejos de hacerlo. De paso, empieza a comprender ciertas actitudes y comportamientos de muchos ciudadanos en la calle, en el trabajo y en los lugares de ocio y diversión, y también las de muchos de nuestros políticos y miembros de las élites que nos pastorean; al parecer basta con abrir la ventana e inspirar profundamente, para que el cerebro se empape en substancias que anulan toda esperanza de raciocinio y autocontrol.

jueves, 26 de febrero de 2009

Zaragoza no se merece un alcalde como Belloch

Un artículo del profesor Julián Casanova en El País pone el dedo en la llaga en el escándalo formado en Zaragoza ante el estúpido capricho -no cabe calificarlo de otro modo- del actual alcalde, el socialista Juan Alberto Belloch, empeñado en dedicarle una calle de esa ciudad a José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

Al parecer, la megalomanía y las tonterías de Belloch vienen de lejos, aunque hasta ahora no habían tenido la dimensión política y social alcanzada por esta última, de momento, patochada del señor alcalde. De todos modos, iniciativas como la Expo del Agua celebrada (es un decir) el año pasado en Zaragoza, habría que inscribirlas en ese deseo de hinchar pecho y sacar cabeza porque sí, porque para eso se es alcalde, para mandar lo que le sale a uno de las gónadas y montar una Exposición Universal a los que no acude casi nadie de fuera de la ciudad o dedicarle una calle al ideólogo de cabecera de los Consejos de Ministros tardofranquistas. Eso al menos es lo que parecen creer Belloch y otros que piensan y actúan como él.

Dice Julián Casanova que los callejeros españoles se dedicaron desde finales del siglo XIX a "honrar a los políticos del momento, liberales y conservadores, a nobles, terratenientes y a las buenas familias de la industria y de la banca. Junto a ellos, aparecieron también las glorias de España, los héroes de la Reconquista y mitos medievales, reyes y emperadores". Obviamente no podía faltar la la "fusión del españolismo con el catolicismo, bien reflejada en los nuevos callejeros, repletos de personajes de raza, militares y santos". Repasa luego Casanova el esfuerzo por poner al día el nomenclátor ciudadano español llevado a cabo durante la II República, abriendo los nombres de nuestras calles y plazas a advocaciones y personalidades de carácter progresista o simplemente cultural, científico o de puro interés ciudadano. "Duró poco, sin embargo, esa huella, borrada a golpe de fusil del callejero y de la historia a partir del 1 de abril de 1939", nos recuerda inmediatamente el profesor zaragozano. Quizá como nunca antes, los negros años de la dictadura franquista vieron encaramarse a las placas de nuestras vías públicas a "héroes inventados, criminales de guerra y asesinos en nombre de la Patria", además de elementos colaboracionistas de todo pelaje y condición, aunque con fuerte predomino del catolicismo tridentino entre ellos.

Muerto el dictador, poco a poco los ayuntamientos han ido limpiando nuestras calles, y al menos en las grandes urbes ya no es fácil encontrar ese rastro infame de nombres de canallas que tanto daño hicieron en un pasado, mucho menos lejano eso sí de lo que algunos quisieran hacernos creer. "Por eso no es una cuestión irrelevante", concluye Casanova, "que Juan Alberto Belloch se haya empeñado en ponerle a una calle zaragozana el nombre de San José María Escrivá de Balaguer", violando de paso un acuerdo de todos los grupos municipales de Zaragoza para substituir los nombres de criminales franquistas de uniforme que aún pervivían en el callejero por otros aceptados por todos los partidos incluido el PP.

Lo de Belloch en suma es mucho más que una alcaldada de un individuo ególatra que adquiere compromisos de espaldas a sus concejales e incluso de su propio partido, prometiendo a la representación local del Opus una calle con el nombre de su "santo" fundador. Lo que está haciendo Belloch es escarnecer la memoria histórica de tantos zaragozanos asesinados o represaliados por el franquismo que siguen sin tener un recuerdo digno en su ciudad, mientras se intenta rebautizar una vía pública con el nombre de uno de los sostenes ideológicos de aquél régimen infame. Y de paso, rompe un consenso político difícilmente logrado y articulado precisamente en torno a la necesidad de depurar el callejero zaragozano de elementos que siguen recordando ese pasado rancio y criminal, en el que el nacionalcatolicismo encarnado por Escrivá de Balaguer tuvo papel protagonista de primer rango.

En las próximas elecciones municipales zaragozanas, Juan Alberto Belloch no debería estar en la lista del PSOE, por simple credibilidad de éste partido ante sus propios afiliados y votantes.

La imagen es una ilustración creada en los años sesenta por V. de Sola para la Editorial Ruedo Ibérico. Escrivá de Balaguer cabalga a Franco -quien le hizo marqués de Peralta-, mientras las alforjas rebosan joyas y objetos preciosos.

viernes, 20 de febrero de 2009

El Turó de la Peira se encamina hacia la solución


El tiempo acaba poniendo las cosas en su sitio, y en el caso de las obras de rehabilitación de la barriada barcelonesa del Turó de la Peira finalmente parece que será así. Poco a poco se va imponiendo la cordura, escarnecida hasta ahora por intereses políticos y particulares de baja estofa.

En ese sentido acaba de celebrarse hace unos días una asamblea abierta con los vecinos convocada por el Consejo de Distrito, en la que por fin se ha explicado, sin intermediarios ni "delegados" que filtren y usen a su conveniencia la información, la realidad de las cosas y el punto en el que se encuentra el proceso.

Entre las propuestas emanadas del Distrito para desbordar los planteamientos de la Plataforma y superar el actual punto muerto, se ha ofrecido la realización de segundas diagnosis de los edificios a todas las comunidades que lo soliciten. Cada comunidad que lo desee y no confíe en el primer informe, podrá escoger a un técnico de su confianza que elabore un informe alternativo. Naturalmente, el técnico ha de estar colegiado, lo que representa una garantía de seriedad y profesionalidad en su trabajo.

Es de destacar que a pesar de todas las bravatas lanzadas hasta ahora, en dos años la Plataforma no ha podido presentar un solo informe que avale sus posiciones. Ningún técnico colegiado es tan irresponsable como para poner su firma en las barbaridades que se han llegado a sostener en anteriores reuniones de comunidades de escalera, respecto a que las obras de rehabilitación estructural no son necesarias y que éstas no son más que un intento del Ayuntamiento y de REGESA por saquear los bolsillos de los propietarios de los pisos en los edificios afectados.

La preocupacion central del Consejo de Distrito es que de una vez y en el menor tiempo posible, se conozca públicamente el estado actual de las viviendas, ya que la seguridad de los vecinos debe ser el criterio prioritario en las actuaciones a llevar a cabo. Por ello, una vez que se hayan presentado los diagnósticos el Ayuntamiento exigirá que se hagan las obras de urgencia que se prevean en ellos. Para el resto, las que sean menos urgentes, se establecerá un calendario de actuación acordado con las comunidades.

Siguiendo esta línea de contacto directo con los afectados, en breve el Consejo de Distrito hará llegar a todos los vecinos el acuerdo por el cual se comprometerá a asumir los gastos de los diagnósticos, a fin de que cada comunidad pueda sumarse a él.

lunes, 20 de octubre de 2008

El Turó de la Peira sigue esperando rehabilitaciones estructurales


Un reciente comentario a mi primer post sobre ése extraño movimiento surgido en el Turó de la Peira, barrio periférico de Barcelona, en contra de la rehabilitación de viviendas iniciada por el Ayuntamiento, me lleva a redactar éste otro sobre una situación que, como decía "Ferran" en su aportación, comienza a ser preocupante.

La fantasmal Plataforma de Vecinos continúa haciendo de las suyas, y lo que es más grave, alcanzando sus planificados objetivos uno tras otro. Porque lo que es obvio a estas alturas es que tras la dos o tres personas por escalera que están moviendo el tema, hay un diseño estratégico de más alto vuelo que indudablemente engarza con planes de "movilización vecinal" auspiciados por los partidos de derecha, CiU y PP, en la oposición al actual Consistorio barcelonés. Por si alguien todavía no se ha dado cuenta, lo que está haciendo esa presunta Plataforma -que actúa al margen del movimiento asociativo vecinal, y repudiada por éste-, es dar un puñetazo al Ayuntamiento de Barcelona... en la cara de los vecinos del Turó de la Peira.

Como narra "Ferran" en su comentario, la Plataforma ha desplegado una estrategia tendente a deslegitimar los estudios de diagnosis encargados oficialmente, trasfiriendo su realización a técnicos de su confianza, cuya solvencia y neutralidad son escandalosamente nulas. Los informes que emitan estos "técnicos" avalarán obviamente las posiciones de la Plataforma, aún siendo éstas insostenibles tanto desde el punto de vista técnico como ético. Sin embargo, como decía, escalera a escalera van logrando imponer sus criterios mediante la manipulación y la coacción.

En paralelo a esa acción se ha llevado a cabo el sistemático cambio de administrador de las fincas, pasando la administración a gente "de confianza" de la Plataforma. Se trata de arrinconar a Sanahuja, administrador mayoritario hasta ahora, porque al ser esta empresa propietaria de pisos de alquiler en la mayoría de escaleras del Turó de la Peira, representa un fuerte obstáculo para que la Plataforma consolide su dominio sobre las comunidades.

En última instancia, el objetivo de la Plataforma es claro: impedir la realización de las obras estructurales en los bloques afectados. Sotto voce, se hacen circular promesas de que si se consigue reventar el plan de rehabilitación municipal, habrá viviendas nuevas gratis para todos... cuando CiU y el PP gobiernen el Ayuntamiento, en la próxima legislatura municipal.

La irresponsabilidad de esta gente -cuyo núcleo duro se cifra en un máximo de 20 ó 30 individuos, enquistados en una población de varias decenas de miles personas-, no conoce pues límites. Usando viejas tácticas de agitación y control social, un puñado de chiflados y mercenarios según casos está llevando a cientos de familias a una situación de máximo riesgo, en la que en cualquier momento puede producirse un derrumbe en uno cualquiera de los edificios afectados, con consecuencias gravísimas para la seguridad de las personas y su patrimonio.

Sorprende que ante la situación de bloqueo actual la administración municipal no dé otra respuesta que la parálisis. La falta de iniciativa del Distrito, que siguiendo los protocolos de actuación establecidos ya hace meses que debería haber comenzado a sancionar a las comunidades de escalera afectadas en las que no se están realizando obras de rehabilitación estructural, no hace sino ayudar a que la Plataforma y quienes la manejan políticamente se envalentonen y se tracen nuevos objetivos. Muchos vecinos comienzan a estar indignados con esta situación, y se extiende la creencia de que la única explicación a la inactividad municipal es que el Ayuntamiento no se atreve a atacar frontalmente el problema por exclusivas razones de imagen, ante el temor de que el conflicto pueda perjudicar electoralmente en el distrito al equipo de gobierno actual. Lo cierto es que son muchos más los vecinos decepcionados por esa actitud timorata municipal, y que si ésta no se corrige urgentemente, tomando la iniciativa y llevando a cabo las obras de rehabilitación en el menor tiempo posible, puede tener -ella sí- fuertes repercusiones electorales en su contra.

lunes, 13 de octubre de 2008

Hay vida sin la publicidad


El proyecto de ordenanza municipal que regulará la publicidad exterior en Madrid ha motivado una tormenta en los medios a cuenta de las "intenciones" que animan a su alcalde, Ruiz Gallardón, al promoverla. Desde los medios de la derecha y de la izquierda se le reprocha al alcalde madrileño que la ordenanza acabará con puestos de trabajo tan peculiares como los hombres encartelados que pasean por el centro de la capital madrileña, lo cual da una idea de la altura del debate promovido por esa bendita raza que hoy llamamos, con evidente exageración, periodistas.

La ordenanza, que en buena medida es fiel reflejo de la vigente en Barcelona desde hace una década, viene a intentar acotar el uso desmedido del espacio público urbano madrileño como terreno operativo de las empresas publicitarias. La masificación y los abusos en este campo de la actividad empresarial privada invaden nuestras ciudades desde hace tiempo, y la saturación de mensajes publicitarios representa ya no sólo una agresión estética contra el entorno en el que se insertan, sino un verdadero problema social al que las Administraciones públicas están obligadas a dar respuesta. Urge pues reaccionar, y eso es lo que ha hecho el Ayuntamiento de Madrid.

En ése sentido, ciudades como Sao Paulo, la cuarta ciudad del mundo y la más grande de Brasil, han llegado a prohibir (en el caso de Sao Paulo, desde el 1 de enero de 2007) toda publicidad exterior, es decir, cualquier forma de publicidad en el espacio público urbano. Y no se ha hundido el mundo por eso, al contrario. La lucha contra la contaminación visual que aporta la publicidad ha obtenido un rotundo apoyo popular en la ciudad brasileña; las encuestas manifiestan que el 70% de los habitantes de la ciudad están de acuerdo con la medida.

La publicidad no es pues imprescindible...salvo para quienes viven de ella. Pero sus intereses y los del conjunto de los ciudadanos parecen diverger de modo claro. Situar los territorios en que es posible la coexistencia entre publicidad e interés público -caso de ser posible-, debería ser espacio sobre el que se colocara el foco del debate iniciado en Madrid, no sobre sus repercusiones más anecdóticas.

jueves, 30 de agosto de 2007

Fuera ciclistas de las aceras


Esta semana ha entrado en vigor la nueva Ordenanza municipal de circulación en Barcelona, que entre otros aspectos limita el derecho de pernada sobre las aceras del que hasta ahora han disfrutado los ciclistas, merced a la estúpida permisividad con que les obsequió el anterior gobierno municipal. Veremos si aún se está a tiempo de reparar el daño hecho en la conciencia cívica de esta gente.

Según parece, a partir de ahora los ciclistas sólo podrán circular por los carriles señalados a tal efecto en las aceras, sin invadir el espacio reservado a los peatones. En todo caso, no habrá carril bici en aceras de menos de tres metros de ancho, y se reafirma la prioridad del peatón sobre el ciclista en el uso de la acera.

Claro que las sanciones para los bestias a pedales no superarán los 30 euros. Y uno no se imagina a la Guardia Urbana barcelonesa multando vehículos que ni siquiera llevan matrícula. Así que mucho me temo que vamos a continuar más o menos igual.

Vista además la agresividad que los émulos urbanos de Induráin van desarrollando -hace apenas unos días un redactor de El Periódico de Catalunya y su esposa fueron atacados a puñetazos por un ciclista sin mediar palabra ante su negativa gestual a cederle el paso-, los peatones vamos a tener que comenzar a pensar en acciones de resistencia pasiva ante los vehículos de tracción animal que nos acosan. Hay que defender el único espacio público de la ciudad que nos está reservado y en el que se supone que deberíamos estar seguros.

sábado, 23 de junio de 2007

Barcelona, capital europea del turismo-basura


El modelo turístico de Barcelona no funciona, y ello a pesar de que en cifras absolutas cada año nos visitan más turistas y dejan más dinero que el anterior; pero esto es sólo pan para hoy y hambre para mañana, habida cuenta la pérdida galopante de calidad del turismo que nos visita.

Los turistas que llegan a la Ciudad Condal desde mediados de los años noventa proceden en su mayoría de los estratos sociales más populares, con menor índice cultural y más bajo poder adquisitivo de Europa. En pocos años Barcelona se ha convertido en la Meca europea del turismo-basura, una ciudad en la cual es posible vivir por unos pocos euros la aventura absurda trufada de borracheras, sexo y gamberradas que en el propio país de origen no puede llevarse a cabo. De ahí el papel de lugar de iniciación soñado por millones de adolescentes europeos que ha adquirido esta ciudad en apenas una década.

En los indescriptibles establecimientos de souvenirs de la Rambla se venden, junto a los "typicals" sombreros mexicanos, unas camisetas en inglés que enuncian el "Trial Barcelona": Beber, comer y follar", ejemplificando con todo descaro este rol especializado que al parecer nos ha sido reservado (¿o nos hemos reservado nosotros mismos?) en la industria turística europea. Ese triple grito es la divisa de una gran parte de nuestros visitantes, de un turismo de masas que está haciendo verdadero daño a la ciudad.

Y lo que es peor, progresivamente la urbe entera va siendo modelada a gusto de este turismo-basura. Así van proliferando por todas partes los establecimientos de comida rápida, los bares al gusto británico, las pensiones turísticas ilegales en las barriadas periféricas, las tiendas de ropa y artículos de consumo de ínfima calidad pensadas para esta clase de compradores, y un sinfín de locales y actividades que cubren todo el espectro de sus necesidades y deseos.

Los fines de semana, por ejemplo, Barcelona es escenario de cientos de despedidas de soltero en las que participan grupos llegados de toda Europa, singularmente del Reino Unido. Resulta que organizar estas juergas gamberras en Barcelona les sale más barato que llevarlas a cabo en sus localidades de origen; no es de extrañar por tanto que en poco tiempo se haya desarrollado una verdadera industria turística alrededor de semejante fenómeno.

Alguien debería empezar a tomar medidas para cortar esta degradación, si es que aún estamos a tiempo.