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sábado, 3 de abril de 2010

Los burros no viajan en patera


Una columna pequeñita de El País se abre hoy con un titular que a algunos les resultará sorprendente en extremo: según un informe de Cruz Roja, el 75% de las personas "interceptadas" en Mauritania cuando intentaban viajar a España tienen una formación media, y el 86% tenía trabajo en su país de origen. El informe está lleno de malas noticias para la conciencia de racistas, xenófobos y gentes afines al Partido Popular en general.

Es creencia popular que la gente que se juega la vida y a menudo la pierde en las pateras son los más desesperados entre los más pobres e ignorantes. Pues resulta que no es así, que tres de cada cuatro tiene estudios al menos de grado medio, y que la mayoría cobraban un sueldo superior al medio habitual en sus respectivos países.

El informe de Cruz Roja se llama Migraciones africanas hacia Europa. Estudio Cuantitativo y comparativo. Años 2006-2008. Dice El País que para realizarlo "Cruz Roja Española y Media Luna Roja de Mauritania entrevistaron a más de 5.000 personas" (con mucho menos se hacen sesudas encuestas electorales en España, y les dan portadas a toda página). Según el diario madrileño "el informe revela que el 98% intentaba por primera vez llegar a Europa, y sólo el 1,2% fue "reclutado" para hacerlo, lo que derriba otro mito, el que dice que son "las mafias" las que "engañaban" a los jóvenes para arriesgar la vida". Otra mentira interesada que no soporta el contraste con la realidad, señores del Partido Popular.

Ocurre que en muchos países de África, las familias de clase media y trabajadora designan a uno de los hijos, generalmente el más espabilado y preparado, para que viaje a Europa y conquiste un futuro para sí que además saque adelante a toda la familia. Tal proceder es tan viejo como el mundo: sin ir más lejos, está en la base misma de la emigración interior española de los años 50 y 60 del pasado siglo; quienes marchaban de sus pueblos eran los mejores, los más decididos, los dispuestos a luchar por labrarse un porvenir en vez de seguir vegetando en un medio rural atrasado y sin futuro.

Otra cosa es que esa Europa que se ve en las televisiones del hemisferio sur repleta de coches de lujo, rubias rendidas ante el macho triunfador y hombres que parecen nietos de Alejandro Magno, no sea en realidad más que un venenoso espot publicitario, que tras su brillante cartón-piedra esconde la podredumbre de una sociedad cuya proposperidad para algunos se basa en la explotación de los más, especialmente de los desgraciados de piel más morena llegados a sus costas con el "sueño europeo" grabado a fuego en sus mentes de televidentes "subsaharianos".

En la imagen, una patera llega a las costas españolas con su carga de carne humana intacta y lista para ser explotada por la "economía de mercado" europea.

martes, 26 de mayo de 2009

Teodoro Obiang, el caníbal petrolero


Una información de Televisión Española de ayer mismo anunciaba que Teodoro Obiang, el sátrapa que canibaliza Guinea Ecuatorial, está siendo investigado por la Fiscalía Anticorrupción española debido a sus negocios e inversiones en el ladrillo (construcción inmobiliaria salvaje) en este país.

La nota, escueta, dice: "La Fiscalía Anticorrupción ha pedido a un juzgado de Las Palmas que investigue las cuentas bancarias y las propiedades que el entorno del presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema, habría adquirido en España. Sospecha que el dinero puede proceder del desvío de fondos procedentes del petróleo para su posterior lavado en España".

Obiang, dictador de uno de los países más pobres de África, es uno de los hombres más ricos del mundo, según la revista "Forbes". A sus ingresos tradicionales procedentes del saqueo de los recursos de su país, ha sumado en los últimos años los generados por la explotación de las ingentes reservas petrolíferas descubiertas en el país africano, gestionadas por empresas norteamericanas (Exxon y Texaco, principalmente). Guinea Ecuatorial cuenta apenas con un millón cien mil habitantes, y sus ciudadanos podrían figurar entre los más ricos del mundo si las comisiones y sobornos que pagan las petroleras llegaran a todos y no se quedaran exclusivamente en los bolsillos de Obiang, su familia y su corte; de hecho, el 65% de los ecuatoguineanos malviven en la más absoluta pobreza.

La realidad de Guinea Ecuatorial es un escándalo del que raramente se hacen eco los medios internacionales ni, por supuesto, los españoles. La antigua colonia y su metrópoli carecen hoy de lazos que les unan, salvo los que representan algunos empresarios españoles sin escrúpulos que ya explotaban el pequeño país en la época franquista. Obiang sigue en el poder merced a la cobertura exterior que le brinda EEUU. En un país que carece de unas Fuerzas Armadas reales, la seguridad de Obiang está confiada a una guardia militar marroquí. Su policía, sin embargo, es altamente eficaz para amedrentar a una población empobrecida y carente de esperanza. Por lo demás, en Guinea Ecuatorial no hay oposición política que merezca ese nombre: de hecho, podría decirse que en Guinea Ecuatorial ni siquiera hay política.

Es curioso que ahora que está tan de moda la "justicia internacional" impulsada desde la Audiencia Nacional española, a nadie ahí se le haya ocurrido procesar a este energúmeno por los crímenes de toda laya que a lo largo de tres décadas han afectado no sólo a ecuatoguineanos, sino también a ciudadanos españoles. Para prenderlo bastaría con enviarle unas parejas de la Guardia Civil; esa sí que sería realmente una acción humanitaria internacional. Ocurre sin embargo que hoy Guinea Ecuatorial es una colonia administrada por el Departamento de Estado norteamericano por cuenta de las grandes petroleras yankis. Guinea Ecuatorial es un gigantesco barril de petróleo, integrado en la reserva estratégica mundial de crudo férreamente controlada por los EEUU. Su futuro pues, con Obiang o sin Obiang, es más que problemático.

En la fotografía, un policía de Obiang machetea a un ciudadano en plena calle de una población ecuatoguineana no identificada.

jueves, 19 de marzo de 2009

Ratzinger en África


Hace escasamente 20 años, el SIDA era para la Iglesia católica “un castigo de Dios” por los pecados de la “sociedad moderna” tales como la “promiscuidad sexual” y la “búsqueda continua del placer”. En una sociedad como la española, que sigue conservando un poso meapilas considerable, tal "doctrina pastoral" sirvió para criminalizar y marginar a los infectados, añadiendo así un sufrimiento mayor si cabe al proporcionado por una enfermedad que entonces resultaba una sentencia de muerte a corto plazo.

Tuvieron que morir muchos millones de personas para que el SIDA fuera aceptado socialmente como una enfermedad cualquiera, como la diabetes o el cáncer de pulmón, y despojada por tanto de culpabilidades para quien la sufría. Hoy se ha mitigado considerablemente el rechazo social a los enfermos de SIDA, al menos en los países occidentales, pero queda pendiente no sólo el tratamiento médico de los enfermos en el Tercer Mundo sino sobre todo, y previo a él, su tratamiento social. En ese sentido, y cuando tanto se insiste en la profilaxis para combatir ésta y cualquier otra enfermedad, es sencillamente criminal ir a países en los que el SIDA es una pandemia a predicar precisamente contra el uso del único elemento profiláctico útil del que se dispone, el preservativo.

Conductas como la de Ratzinger deberían estar tipificadas penalmente y ser perseguidas por tribunales internacionales, en la medida en que está alentando una hecatombe humana de dimensiones tales que por el número de muertos que está produciendo sobre todo en los países pobres, debe haber superado ya de largo las causadas por el Holocausto impulsado por los nazis.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Otra vez hacen arder el Congo


La reciente ofensiva tutsi sobre la zona oriental del antiguo Congo belga, ha sacado del frigorífico un conflicto crónico desde hace cincuenta años, por más que durante cortas temporadas desaparezca de las primeras páginas y aun de las interiores de los periódicos.

Al parecer los tutsis ruandeses, burundeses y congoleños (protegidos de EEUU) están decididos a impedir que el gobierno del presidente Kabila (a cuyo padre pusieron ellos en el poder tras derrocar a Mobutu), gire hacia Francia como parece que está sucediendo. Coincidiendo con la ofensiva militar tutsi, Kabila ha asociado a su Gobierno al hijo del fallecido Mobutu, lo cual, además de una prueba del cinismo en el que se mueve la política africana, da señales explícitas de por dónde se pretende que vayan los tiros en el inmenso país centroafricano.

Y es que Francia, que desde hace años viene perdiendo influencia en Africa, al ser barridos uno tras otro sus gobiernos locales marionetas por otros patrocinados por los norteamericanos, ha pasado abiertamente al contraataque de la mano de Sarkozy. Una de las claves de esa reactivación de la política imperialista francesa en Africa sería la reciente visita del Papa actual a Francia. La Iglesia católica, tradicional aliada del imperialismo francés en ese continente, se ve sometida a la doble presión que ejercen sobre ella en el Africa negra, antaño coto de caza ideológico-religioso exclusivo suyo, el simultáneo avance del islamismo desde el norte y de las creencias cristianas protestantes anglosajonas desee el este. El desprestigio que le supuso la participación de jerarcas y fieles católicos hutus en el genocidio de Ruanda (las matanzas de tutsis en los años noventa), y el triunfo por las armas de los tutsis en toda la región de los Grandes Lagos, ha forzado el retroceso continuo de la antes dominante posición del catolicismo en la zona, retroceso que ahora se pretende frenar sumándose a la ofensiva político-diplomática-militar francesa.

El trasfondo del nuevo conflicto es obviamente, y como siempre, económico. A la tradicional lucha por el control de ciertos recursos naturales congoleños -oro, diamantes y uranio, entre otras riquezas-, se suma ahora la necesidad de hacerse con las enormes reservas existentes en ese país de coltán, un mineral básico para la telefonía móvil y las videoconsolas. Las potencias occidentales están moviendo a fondo una vez más sus peones; la sangre de cientos de miles de personas será, también una vez más, la consecuencia directa ("daño colateral inevitable", en el lenguaje de los cínicos estrategas que planifican estas cosas). Por su parte, los "cascos azules" de la ONU destacados en la zona procuran mirar para otro lado -¿y qué otra cosa pueden hacer?-, y el general español que los manda acaba de dimitir al comprobar que nadie se toma en serio su misión.

La próxima vez que llame por teléfono móvil o que su hijo le desafíe a jugar una partida en su videoconsola, piense un instante en todo esto. De algún modo, también nosotros somos responsables de esas miradas desesperadas que se asoman a los medios de masas estos días.

miércoles, 25 de junio de 2008

Vuelve García Trevijano: ¡cuidado con las carteras!


Si ha habido un personaje siniestro en la política y la economía española del tardofranquismo y la Transición, ése ha sido Antonio García Trevijano.

Antiguo miembro del Consejo Privado del pretendiente Juan de Borbón y posterior aspirante a la presidencia de la Tercera República Española, García Trevijano es un personaje que a lo largo de su ya dilatada vida se ha movido siempre por despecho e interés, sin que a ciencia cierta se pueda dilucidar donde comienza el uno y acaba el otro.

A García Trevijano se le ha vinculado con la CIA, y desde luego con los negocios que en régimen casi monopolístico realizaba en Guinea Ecuatorial el almirante Carrero Blanco. Hay certeza total de que García-Trevijano fue mucho más que un asesor político y un socio económico de Francisco Macías, la bestia asesina que Carrero dejó tras de sí cuando el régimen franquista concedió a Guinea Ecuatorial una independencia que se pretendía tutelada. Aunque Trevijano cuando le preguntan, finja no saber nada de las matanzas de guineanos que se producían en sus mismas narices.

Muchos años después, a mediados de los noventa, se barajó el nombre de Trevijano como posible presidente de la chusca República de opereta que llegó a alucinar, en aquellas reuniones de coordinación conspirativa celebradas en el chalet de Pedro J. Ramírez, la llamada Triple A (Ansón, Aznar y Anguita), en los tiempos de infamia en que se puso en marcha el "Golpe de Estado difuso" (Ramón Cotarelo) que buscaba desalojar al PSOE del Gobierno al precio que fuera, "incluso poniendo en riesgo la estabilidad del Estado", tal como confirmó años más tarde el propio Ansón en unas sonadas declaraciones.

Ya con el PP en el poder, se relaciona a García Trevijano nada menos que con Gómez de Liaño, el juez prevaricador y posterior asesor de la defensa de narcotraficantes británicos, el mismo que envió a la Policía Nacional a secuestrar en las tiendas de electrodomésticos las listas de abonados al Canal Plus de Sogecable. Había que silenciar El País y sus empresas como fuera.

En fin, la catadura moral y política de éste individuo viene siendo cuestionada públicamente desde los tiempos de la Plataforma Democrática, cuando el PSOE se negó a aceptarle como interlocutor designado por la Junta Democrática, el organismo de oposición al franquismo creado por el PCE y del que Trevijano formaba parte. Su posterior inquina a los socialistas españoles se originó en ese episodio, que Trevijano jamás ha digerido.

Ahora, éste aventurero impresentable reaparece con un blog, y con todo el descaro del mundo reemprende la tarea que mejor sabe hacer además de llevar a cabo turbios negocios: intoxicar a diestro y siniestro e intentar manipular a la opinión pública. La tesis central, por llamarla de alguna manera, de un vómito que acaba de pergeñar a propósito del caso de corrupción en el Ayuntamiento de Estepona, es que el sistema político español se basa "en la extensión y la intensidad de la corrupción". Es el viejo discurso fascista: "todos son iguales, entregadnos el poder a los profesionales".

Locos estaríamos caso de hacerlo, pues en materia de corrupción el alcalde de Estepona y la plantilla completa de acusados en el "caso Malaya" no son más que unos aprendices, si se les compara con el maestro de maestros García-Trevijano.

Veremos adonde llega la resurrección de semejante fantasma, al que ni siquiera el PP dá chance. Aparte de Pedro J. y su diario, a Trevijano ya sólo le queda Anguita. No parece mucho para quien aspiró a presidir la República, luego de no haber podido coronar un rey y de haberse asociado con un dictador sanguinario.

miércoles, 6 de febrero de 2008

La Iglesia católica, responsable del genocidio de Ruanda

La Audiencia Nacional española acaba de dictar por medio del juez Andreu un auto sorprendente, por el que procesa a 40 militares ruandeses por "delitos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y terrorismo por los hechos que ocurrieron en el país en los años 90", acusándoles de la muerte de más de cuatro millones de ruandeses y del asesinato de nueve españoles.

Según cuenta El País, "el actual presidente, Paul Kagame, no ha sido procesado porque la jefatura del Estado le concede estatus de inmunidad. Sin embargo, el magistrado advierte de que existen pruebas suficientes de la participación en la matanza". El juez Andreu "ha dictado órdenes de detención internacional contra los procesados, a quienes acusa de tomar el poder por la fuerza e instaurar un régimen de terror en el país realizando "horrendos crímenes" contra la población civil, la mayoría de etnia hutu. La estrategia de exterminio culminó "bajo el pretexto de razones de seguridad" con la "invasión y conquista" de la República Democrática del Congo.

Entre los crímenes de los que se acusa a los militares están las muertes de seis religiosos y tres cooperantes españoles en los campos de refugiados en los que trabajaban. De los testimonios aportados por los 22 testigos, se deduce que para asesinar a personas de raza blanca era necesaria una orden de la cúpula militar.

El auto se desliza luego hacia los terrenos del puro y burdo panfletarismo al cargar frontalmente contra la ONU, a quien se responsabilidad "en alto grado" de las matanzas, pues su agencia para los refugiados, ACNUR, "puso en marcha un programa de repatriación forzosa a partir de 1996 en los campos de refugiados de Congo, donde había más de un millón de ruandeses. El programa provocó una matanza aún mayor cuando regresaban a Ruanda. Además, a los refugiados que no querían regresar, ACNUR les amenazaba con regresar al día siguiente con los soldados, por lo que muchos eligieron el suicidio". Nadie, jamás, tuvo noticia de lo que se relata en ése párrafo, que contradice abiertamente cuanta información se ofreció en su momento y figura en las hemerotecas.

El auto del juez Andreu se produce, dice El País, "después de que el Foro Internacional para la Verdad y la Justicia en el África de los Grandes Lagos interpusiera una querella en la Audiencia Nacional en 2005 contra los dirigentes de Ruanda por el asesinato de nueve españoles".

La verdad es que al auto no hay por donde cogerlo. De entrada, resulta como mínimo sorprendente que se procese a hombres pertenecientes precisamente a la etnia masacrada en las brutales matanzas de los años noventa en Ruanda, los tutsis. En efecto, el Gobierno actual de Ruanda está formado por tutsis (etnia minoritaria en el país) y hutus moderados (es decir, aquella parte de la etnia mayoritaria que no se implicó en las matanzas). Las matanzas de Ruanda fueron como es sabido y probado, incitadas y convocadas por la Iglesia católica local, de etnia hutu y lengua francesa, y conectada desde siempre con los intereses políticos, económicos y militares franceses en la región. Desde la radio católica de la capital ruandesa, Radio de Las Mil Colinas, se llamó a los hutus a masacrar a los tutsis (existen grabaciones estremecedoras de esos programas radiofónicos), y en esa tarea macabra de asesinar hombres, mujeres y niños indefensos participaron activamente y no sólo como inductores clérigos católicos y miembros de la jerarquía eclesiástica ruandesa, incluído algún obispo procesado años después.

Los tutsis supervivientes (de lengua inglesa y protestantes) huyeron al Congo, donde se organizaron militarmente con apoyo de EEUU, retornaron a Ruanda y derribaron a tiros al gobierno hutu genocida. Es decir, los refugiados en el Congo eran los perseguidos por un gobierno genocida y por tanto, cuando éste cayó y la guerrilla tutsi tomó el poder, regresaron a su país. Es absurdo sostener pues que "fueron masacrados al retornar", ¿por qué iban a masacrarles los suyos?. Ni la ONU ni ningún organismo internacional ni ONG independiente alguna ha acusado a los tutsis de vengarse mediante otro genocidio, al contrario: siempre se le ha reconocido internacionalmente al actual Gobierno sus esfuerzos en pro de la reconciliación entre comunidades, y su interés en paliar los efectos brutales del genocidio ruandés.

Más tarde las fuerzas ruandesas del Gobierno de Paul Kagame ocuparon el este del Congo y contribuyeron a derribar a Mobutu (otro peón de los franceses), substituyéndolo por Kabila (peón de los norteamericanos). En suma, lo que se está librando en esta parte del mundo desde los años sesenta es una guerra geoestratégica feroz por causa del choque entre dos imperialismos, el francés y el norteamericano, por el control de los recursos naturales de Africa. Las piezas del dominó van cayendo a favor de EEUU en la dirección Este a Oeste, y los regímenes títeres de Francia van quedando constreñidos a la franja atlántica del continente. En esa estrategia, la Iglesia católica y francófona pugna duramente desde hace décadas con los misioneros protestantes anglosajones, y presta apoyo logístico y legitimación ideológica a los regímenes afines. Hace algunos años, sin ir más lejos, un fiscal italiano implicó al entonces arzobispo de Barcelona, Ricard Maria Carles, en una trama que obtenía miles de millones de dólares en la región de los Grandes Lagos controlando toda clase de tráficos de esos que en Occidente se consideran ilegales; Carles llegó a estar reclamado por la justicia italiana, no pudiendo viajar a Italia hasta que se consiguió enterrar el asunto y archivar la investigación , tras haber apartado al fiscal husmeador del caso y haberle arruinado la carrera profesional.

Es en ese contexto de lucha entre diferentes sectas cristianas en el marco de un conflicto geoestratégico en el que hay que insertar la muerte de los nueve religiosos y supuestos cooperantes españoles, así como la de misioneros de otras sectas cristianas enfrentadas a la católica.

Lo que está ocurriendo ahora con Ruanda es consecuencia de que el Gobierno de reconciliación tutsi-hutus moderados pusiera en su momento en el disparadero a la Iglesia católica, al denunciar ante el mundo con apoyo de ACNUR su participación en el genocidio ruandés. La Iglesia católica internacional se venga promoviendo una campaña de acoso al gobierno de Kagame, y para ello no duda en usar organizaciones afines (sólo hay que ver qué personas integran ese "Foro Internacional para la Verdad y la Justicia": nombres como Pérez Esquivel y Mayor Zaragoza, sin ir más lejos).

Resulta extremadamente penoso que en esa campaña se implique a la Audiencia Nacional española en el intento torticero de desviar las responsabilidades históricas del genocidio ruandés, falsificando la Historia al convertir a las víctimas en verdugos, aprovechando que el paso del tiempo y la desinformación de nuestras sociedades permite esta clase de manipulaciones.


lunes, 12 de febrero de 2007

Del turismo irresponsable y sus consecuencias

El asesinato a pedradas de dos turistas italianas en Cabo Verde acaba de poner sobre la mesa un problema con tintes muy preocupantes, y cuyos efectos comienzan a notarse en muchos destinos turísticos ubicados en países del Tercer Mundo.

Probablemente haya sorprendido a muchos que un hecho así pueda tener lugar en un país donde no existen conflictos internos aparentes, y en el que la población es pacífica y amistosa con los extranjeros. De algunos años hacia aquí, Cabo Verde recibe un número considerable y en crecimiento de turistas jóvenes europeos atraídos por el sol, la playa, el surf y los precios baratos. De hecho, la industria turística constituye ya parte fundamental de la economía caboverdiana, y las divisas de los turistas permiten a una parte de la población local unos ingresos muy superiores a los de aquellos compatriotas que siguen dedicándose a las dos actividades tradicionales de los caboverdianos, que son la pesca y la inmigración.

Sobre el papel nada parecía pues presagiar un estallido de violencia como el que nos ocupa.

Ocurre sin embargo que toda Africa es hoy un barril de pólvora. Miles de jóvenes africanos se lanzan al Atlántico en frágiles embarcaciones, dispuestos a cumplir un sueño quimérico –llegar a Europa y participar en el banquete del bienestar- o a morir en el intento. La desesperación de una juventud sin más horizontes que la inmigración al lejano continente donde viven los blancos o el trabajo servil atendiendo a esos mismos blancos cuando disfrutan de sus vacaciones, empieza a hacer mella en la manera en que muchos africanos miran el mundo. La tradicional ingenuidad africana frente a los blancos y la admiración que sienten por nuestro mundo disparatadamente rico –al menos en comparación con la miseria africana-, comienza a ser substituida por un rencor oscuro y la certeza de que les estamos robando sus recursos o de que los usamos a nuestra conveniencia.

Por otra parte, un sector cada vez más amplio de la juventud europea se ha acostumbrado a vivir su ocio como si se tratara de una "fiesta" ibicenca permanente. En sus vacaciones buscan destinos donde el alcohol, las drogas, el sexo, la discoteca y la playa estén asegurados con muy poco dinero. Se trata de un estilo de viajar en el que menudean los treintañeros en grupos de amigos de un mismo sexo o en parejas con alguna afinidad entre ellas; personas a las que en su medio cotidiano se está induciendo a seguir viviendo en una adolescencia irresponsable prolongada, y que paralela y paradójicamente, sienten sobre sí por el contrario una presión social cada vez mayor. Necesitan descargar tensiones y liberarse aunque sea sólo por unos días; las vacaciones de verano son la única espita con cierta prolongación temporal de la que disponen.

Tontear durante las vacaciones con africanos –o con cubanos, o con dominicanos, o con tailandeses- es fácil y gratificante. En general estas gentes carecen de otra malicia que no sea conseguir un poco de dinero. Luego, una vez finalizadas las vacaciones, el turista o la turista europeos regresan a su país y dan por terminada la fiesta. Pero lo que ignoran o finjen ignorar estos turistas irresponsables, es que han creado y alimentado expectativas hondas en un ser humano cuyos parámetros mentales y culturales le impiden entender esa concepción de las vacaciones como un paréntesis vital, una vez cerrado el cual serán excluidos para siempre de la vida del otro. El sentimiento de frustración y de haber sido engañado que se genera en la parte más débil de este tipo de relaciones, puede terminar ocasionando actos de violencia como el ocurrido en Cabo Verde y que narran estos días todos los diarios.

En 2002 conocí de cerca un caso que partiendo de una situación semejante a ésta, tuvo un final distinto aunque igualmente atroz.

Me alojaba en un hotel de playa de la Casamance, en Senegal. En un grupo que había en el mismo hotel viajaban dos hermanos españoles, chico y chica, ambos en la treintena. Desde que llegó al hotel la chica comenzó a tontear con un chico senegalés que rondaba la playa; el hermano que al parecer asumía un papel protector, estaba cada vez más irritado ante las muestras de afecto entre la pareja. Durante la noche, la española y el senegalés se bañaron juntos a oscuras delante del hotel, entre risas y grititos que oímos todos desde la terraza que se abría sobre la playa.

A la mañana siguiente la pareja se alejó paseando por la playa desierta; al cabo de un rato el hermano salió tras ellos, hecho una furia. Al parecer los dos jóvenes se dedicaron a retozar en la playa sin mayor problema, pero cuando la chica vio ir hacia ellos a su hermano se puso a gritar que "el negro" quería violarla. El hermano se la llevó corriendo hacia el hotel, mientras el chico senegalés les seguía a distancia gritando que él no le había hecho nada, al menos nada que ella no hubiera consentido. Según el hermano, "el negro" había violado a la chica; tal vez el senegalés quiso ir más lejos de lo que la turista española estaba dispuesta, o quizá simplemente ella se asustó al ver a su hermano y quiso interrumpir lo que estaban haciendo.

El alboroto fue considerable. Intervino la policía. Los dos hermanos partieron de inmediato hacia Dakar entre llantos de la presunta violada, y el chico senegalés fue detenido y golpeado ya mientras se lo llevaban. Teniendo en cuenta las penas para violadores en Senegal –especialmente tratándose de una víctima blanca- y sobre todo las condiciones carcelarias en un país así, lo más seguro es que aquél muchacho ya esté muerto.