jueves, 13 de enero de 2011

Haití en el olvido



Un año después del terremoto de Haití, el país caribeño está más abandonado a su desgracia que nunca. La pregonada cooperación internacional y la caridad vía ONGs han llegado al país en proporciones ínfimas. Son tiempos de crisis para todos se supone, y además ya hace tiempo que en la conciencia de gobiernos y ciudadanos del mundo se instaló la idea de que Haití no tiene remedio.

Y quizá realmente sea así. El terremoto de enero de 2010 solo vino a elevar al cubo la miseria de unas gentes que, acaso desde que se fundó su país, han carecido hasta de lo más elemental. Por no tener, los haitianos no han tenido nunca ni siquiera un Estado verdadero. Potencias extranjeras -primero Francia, luego EEUU- han mantenido un remedo de Gobiernos locales, de los que no cabe citar uno solo que haya trabajado por el bienestar de sus administrados y no para rebatiñarles hasta la mugre que acumulan sobre sus personas. Haití seguramente no tiene remedio.

La prensa anglosajona y sus imitadores europeos llaman a Haití "un Estado fallido". No lo es, no pudo fallar, ya que como digo nunca existió realmente un Estado haitiano. Tampoco existe una "nación haitiana", a no ser que se considere como señas de identidad nacionales el descender en línea directa de esclavos y vivir generación tras generación en la pura miseria; en último término, ya se sabe que el nacionalismo es cosa de ricos.

La comunidad internacional debería hacer frente a sus responsabiilidades con los haitianos. Para empezar, deberían echar del país a todas las ONGs y funcionarios de organismos gubernamentales de "cooperación", única manera de comenzar a combatir seriamente la corrupción y liquidar la caridad como único modo de intervención. Inmediatamente después debería declararse la disolución formal como Estado de Haití, y constituir un organismo técnico en la ONU bien dotado de personal experto y recursos económicos que gestionara directamente el territorio, rindiendo cuentas semestralmente ante la Asamblea General de la ONU. Haití puede ser un modelo de acción internacional solidaria, que termine de una vez con las ficciones de Estados-nación que son incapaces de prestar a sus administrados los mínimos exigibles para que tengan una vida digna de seres humanos, y no de bestias abandonadas.

Naturalmente, eso cuesta dinero. Bueno, a los especuladores financieros les chorrea por los bolsillos el que nos han robado a todos en estos últimos años. La Audiencia Nacional podría pedir la extradicción del terrorista financiero George Soros y embargar sus cuentas, por ejemplo. Y expropiar de un golpe los fondos de ciudadanos españoles depositados en paraísos fiscales. Bastaría con una mínima reforma del Código Penal, que castigara con penas de prisión ineludibles superiores a diez años a los titulares de cuentas en esos pudrideros del dinero que no las pusieran directamente en manos de Hacienda en el plazo de quince días. Hablo de expropiación de los capitales íntegros, no de liquidación de la deuda acumulada con la Agencia Tributaria.

Igual entonces nos sobrarían los fondos para reconstruir Haití, salvar las pensiones y hasta para subirles el sueldo a nuestros ministros.

martes, 11 de enero de 2011

ETA y los mercados



El reciente comunicado de ETA prometiendo un alto el fuego "permanente, general y verificable" tiene el indiscutible mérito de haber decepcionado incluso a sus más incondicionales hooligans. Exhibiendo una vez más su manejo frailuno del lenguaje -herencia de sus viejas raíces católicas-, ETA nos asegura en resumidas cuentas que dejará de asesinar de modo "permanente" y "verificable"; qué significa además que esta enésima tregua tenga "carácter general", sólo lo sabe el diablo o acaso el mosén que en tiempos instruyó/descerebró al escolano o escolana que redactó el texto aludido. Pero no hay nada nuevo: esto de ahora es otra tregua puntual, por tanto una concesión graciosa y frágil de ETA y no el esperado anuncio del cierre del negocio.

Después de conocerlo, a la gente de Batasuna y aledaños les ha debido quedar un gusto amargo, por más que en otro de sus indigestos -por lo alambicados y rimbombantes- comunicados, leído ayer por un tal Moreno, los proetarras con aspiraciones políticas finjan recibir con alborozo lo que se esfuerzan por presentar como un avance definitivo hacia "la solución del conflicto", que muy a pesar suyo y según van entendiendo no es otra que la desaparición por hara-kiri de la propia ETA. Y es que el mundo batasuno necesitaba más que un "alto el fuego" para poder presionar efizcamente en la dirección de su legalización cara a las municipales de mayo próximo, en las que se juega su propia supervivencia como opción política y yo diría incluso social.

Lo único verdaderamente novedoso en el comunicado etarra es el término "verificable" aplicado a la nueva tregua. Por quién y cómo, no se dice y francamente cuesta imaginarlo. Ni el Estado español ni el francés van a aceptar "intercesiones" de clérigos, pacifistas en nómina y fundaciones ad hoc, ya que aquí no se está ventilando un enfrentamiento entre comunidades raciales, como en Sudáfrica, ni entre poblaciones sectarias enfrentadas por mitad por motivos sociales y politicoreligiosos, caso del Ulster. Lo que tenemos sobre la mesa es la desaparición de un grupo de criminales cada vez más reducido y aislado socialmente, cuya continuidad existencial como organización constituye un puro anacronismo además de una afrenta a la razón y la civilidad.

De todos modos la continuidad de ETA se juega muy posiblemente en otros tableros, que no están en EuskalHerria ni probablemente en Europa. Ya he escrito anteriomente que uno tiene la "certeza moral", como se decía en los años noventa, de que quienes manejan a los dirigentes de ETA no hablan euskera ni castellano ni francés. Es con ellos con quienes de algún modo que probablemente jamás sabremos, se está negociando desde hace tiempo. Porque sólo si ellos quieren acabará ETA, del mismo modo que sólo si ellos quieren acabará la presión de "los mercados" sobre España. Son distintas estrategias con el mismo origen, y sirven los mismos intereses desde mucho antes de que nos enteráramos de que vivimos en un mundo globalizado.

El camino va a ser pues, largo y difícil. Pero la ruta ya está abierta y probablemente escrita, no lo duden.

lunes, 10 de enero de 2011

Berlín 1919, el honor del espartaquismo


Un día como hoy de 1919, en Berlín se combatía fieramente calle por calle. Desde el 5 de enero, decenas de miles de revolucionarios socialistas y comunistas hacían frente en la capital alemana a los restos del Ejército alemán al que apoyaban las bandas de "Freikorps" ("cuerpos francos", ex militares desertores y desmovilizados a sueldo de los contrarrevolucionarios y antecesores de las SA nazis).

La huelga general proclamada en Berlín días antes enfrentó a partidos miembros del Gobierno revolucionario, que había tomado el poder en noviembre de 1918 tras derrocar el régimen imperial. Los socialdemócratas "mayoritarios" intentaban crear una república burguesa que inmediatamente fue contestada desde los Consejos de obreros y soldados y sus organizaciones políticas principales, el USPD de Karl Kaustky y la Liga Espartaquista de Rosa Luxemburgo. Por cierto, al salir de la cárcel donde había estado recluida por haber luchado desde dentro de Alemania contra la guerra, lo primero que pidió Rosa fue una amnistía para todos los presos políticos y la abolición de la pena de muerte. Nadie le hizo caso.

La presencia política de los espartaquistas, su prestigio ante los trabajadores y su compromiso con éstos, les arrastró a cometer dos errores que hubieron de lamentar sus principales dirigentes, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht: primero, su conversión en KPD, Partido Comunista de Alemania, espoleados por otros grupos menores que les obligaron a asumir el liderazgo revolucionario, y posteriormente su participación en la insurrección armada de enero de 1919, en cuya preparación no tomaron parte y a la que se sumaron para no quedar desbordados por los acontecimientos. Dos errores estratégicos que hay que contextualizar en el tsunami político y social que sacudió Alemania y Europa central en general, en los años que median entre el golpe de Estado bolchevique en Rusia (octubre de 1917) y el putsch de Munich (noviembre de 1923), preludio del asalto nazi al Estado alemán.

La revolución de Berlín acabó el 12 de enero de 1919. Una vez vencido el levantamiento popular, la generosidad espartaquista fue recompensada por el Gobierno socialdemócrata con una persecución implacable. Rosa y Karl Liebknecht fueron asesinados el 15 de enero. El crimen lo llevaron a cabo miembros de los "Freikorps", a quienes se supone que los representantes en Berlín del SPD les entregaron presos los dirigentes espartaquistas y otros izquierdistas; al menos esa es la versión acuñada por la Komintern, y tradicionalmente difundida por los partidos comunistas de obediencia soviética. En el caso concreto de Rosa Luxemburgo y sus compañeros espartaquistas, cabe preguntarse si en realidad no molestaban más a los dirigentes de la URSS que a los socialdemócratas alemanes, dado el calibre de las críticas dirigidas por Rosa contra el ejercicio antidemocrático y antiobrero del poder por el PCUS en la Rusia soviética, y sobre todo a su negativa a actuar como un títere de Moscú en Alemania. Al cabo, la tradición de crímenes inducidos desde la URSS contra dirigentes de la izquierda europea molestos para los soviéticos tiene una larga tradición: basta con citar a Andreu Nin o Trostky como ejemplos palmarios.

Aún así, en los años treinta, en plena época nazi, todavía quedaban núcleos espartaquistas activos en el Reich alemán. De hecho, la resistencia armada interior contra el nazismo llevada a cabo por grupos de trabajadores alemanes, un episodio glorioso silenciado y casi desconocido que se prolongó hasta la liberación de Alemania en 1945, debe mucho a antiguos espartaquistas.

El mensaje político de Rosa Luxemburgo se articula sobre tres ejes centrales. Un siglo después, cada uno de ellos mantiene toda su frescura y vigencia:

-La crítica del nacionalismo, por ser una ideología alienante y burguesa, contraria por tanto a los intereses reales de los trabajadores.

-La crítica del bolchevismo, por haber secuestrado sus dirigentes la revolución popular arrebatándosela a las masas en beneficio de una casta cerrada de profesionales/vividores de la política.

- La defensa de la democracia de masas, como único sistema verdaderamente democrático y revolucionario de gobierno. Es decir, la democracia ejercida por las masas de modo participativo y directo, sin ningún partido que se arrogue la dirección del proceso de construcción del socialismo.

Junto a los ejes enunciados, el pacifismo activo y la lucha por la emancipación de las mujeres constituyeron los pilares del pensamiento de una mujer que se avanzó a su época propugnando una revolución transformadora, humana y solidaria, y que abominó siempre de todo derramamiento de sangre incluso cuando se vio forzada a participar en él.

Honor a Rosa Luxemburgo y a los hombres y mujeres de la Liga Espartacus.

En la fotografía que ilustra el post, milicianos espartaquistas manejan una ametralladora en una barricada berlinesa durante las jornadas de enero de 1919.

domingo, 9 de enero de 2011

El Tea Party impulsa el terrorismo en EEUU



El atentado terrorista de ayer en una calle de Tucson (Arizona, EEUU) deja un saldo de seis muertos, entre ellos una niña de 9 años y un juez federal, y heridas graves a otras 12 personas, entre ellas la congresista local del Partido Demócrata, Gabrielle Giffords, objetivo central del atentado, en estado crítico tras recibir en la cabeza el primer disparo, hecho por un pistolero de 22 años vinculado a grupos de extrema derecha organizados en el llamado Tea Party.

La matanza no constituye un hecho aislado en un país en el que según he oído este mediodía en el canal 24 Horas de TVE, noventa millones de personas poseen un total de trescientos millones de armas de fuego, que están presentes en el 40% de las casas y ocasionan cada año cien mil muertos a tiros. Proporcionalmente, es como si en España murieran a balazos quince mil personas cada año, una cifra inimaginable; en realidad, en 2008 hubo aquí según estadísticas oficiales mil diecinueve fallecidos por toda clase de delitos violentos.

Pero no nos dejemos engañar. Más allá de la violencia pistolera que enseñorea EEUU prácticamente desde su fundación, en los últimos años la radicalización del discurso de la extrema derecha estadounidense ha llevado a un fuerte aumento de actos de terrorismo contra las personas y las cosas, materializados en ataques contra edificios del Gobierno Federal y contra clínicas que practican la interrupción del embarazo, principalmente, y contra médicos abortistas, políticos progresistas y miembros de las minorías que viven en el país. En ese contexto, la cabeza de Gabrielle Giffords, una judía de 40 años, estaba pregonada desde que en las últimas legislativas ganó su escaño por Arizona frustrando la carrera de la candidata del Tea Party, directamente patrocinada por Sarah Palin, quien como mostraba esta mañana el canal español, marcó en su web a Giffords como un objetivo sobre el que concentrar el fuego de la extrema derecha, al parecer no sólo en la campaña electoral.

¿Por qué tanto odio contra Gaby Giffords? Sucede que esta mujer, que apoya la investigación con células madre, es favorable a la Ley de Sanidad Pública y se ha manifestado en contra de la ley racista de Arizona contra la inmigración, pertenece al ala derecha del Partido Demócrata. Giffords no es ni mucho menos una "roja neoyorkina" sino una muy moderada representante del establishment WASP en Arizona, y por tanto pesca votos en caladeros que el Partido Republicano cree suyos. De ahí la ira del Tea Party contra ella, al considerar que ha impedido su avance en un territorio controlado por la derecha en la gobernación, la cámara local y la representación en el Senado. Giffords es un grano en el culo de la extrema derecha, que ésta ha decidido sajar de golpe.

El modo en que se ha llevado a cabo el acto terrorista ha sido enormemente simbólico. El atentado ha tenido lugar cuando la congresista Giffords se disponía a hablar en una esquina de Tucson, cumpliendo así un compromiso de su programa electoral: mantener contacto directo con la gente en la calle una vez al mes. El pistolero le ha disparado a ella primero, luego a sus acompañantes, y por fin y ya de modo indiscriminado, al público asistente. Por fortuna no había policías locales cerca, porque en caso de haberlos habido seguramente habrían matado al terrorista, impidiendo que fuera interrogado por la policía federal. El asesino, un fanático ultraderechista de 22 años, ha sido detenido por los presentes.

Veremos qué dan de sí las confesiones del arrestado. De momento la policía ya le presenta como un "desequilibrado que actuó solo", o como mucho en compañía de un colaborador, cuya fotografía, la imagen de un tipo de marcado aspecto marginal, enseñan sin mayores explicaciones de a quién corresponde y cómo fue obtenida; un tipo que nada parece tener que ver con su presunto compinche, el típico jovenzuelo anglosajón angelical que hoy le ha metido una bala en el cerebro a Giffords y ha asesinado a seis personas en nombre del Credo de un puñado de paletos psicópatas, que llaman "comunista" a Obama del mismo modo que sus antecesores se lo llamaban a John Kennedy o a Martin Luther King.

En la imagen que ilustra el post, Sarah Palin prueba un rifle.

viernes, 7 de enero de 2011

El Magreb revienta


Las protestas y disturbios iniciados en Túnez hace unas semanas, se han extendido ya a Argelia. Miles de jóvenes, estudiantes y parados en su mayoría, ocupan las calles y se enfrentan con la policía, en batallas campales cada vez más difíciles de reprimir.

El origen de estos movimientos es espontáneo y popular. La chispa la constituyó el suicidio de un joven tunecino, titulado universitario sin trabajo, que vendía fruta en las calles con un carrito, de modo ilegal; la policía tunecina le destrozó el vehículo y la mercancía, y en señal de protesta el muchacho decidió acabar con su vida ante un edificio gubernamental. Al correrse la voz y en apenas unas horas, las calles de las principales poblaciones de Túnez, el más pequeño y occidentalizado de los países del Magreb, se convirtieron en volcanes que escupían la ira popular contra el régimen de Ben Ali, el sátrapa que gobierna el país desde hace casi un cuarto de siglo y que al parecer padece un cáncer terminal.

En Argelia los disturbios han comenzado ahora por contagio de su vecino Túnez, pero tienen raíz propia en la reciente y fuerte subida de precios en productos básicos como el aceite y el azúcar. Las protestas en Argelia son más juveniles y radicalizadas que en Túnez, pues además de las subsistencias tienen presencia en su génesis factores muy complejos, como la opresión política y cultural que sufren los bereberes desde los tiempos de la independencia argelina, entre otros.

De todos modos es interesante señalar que tanto en Argelia como en Túnez los movimientos tienen carácter popular, y las respectivas oposiciones políticas no juegan hasta el momento papel alguno ni en su origen ni en su desarrollo. En Túnez sin embargo, el Colegio de Abogados está intentando ponerse a la cabeza y liderar un proceso que parece tender hacia un cambio de régimen. Hasta ahora los servicios secretos occidentales y sus cajas de resonancia mediáticas habituales se han abstenido de vincular las revueltas magrebíes a la fantasmal Al Qaeda, pero no desesperen los comulgantes en la conspiración terrorista islámica galáctica: pronto hará acto de presencia Bin Laden en una fiesta a la que nadie le ha invitado, lo que allanará el camino a la represión de movimientos que en definitiva, sólo pretenden conseguir aquello que los europeos nos hartamos de recomendar: libertad, democracia y unos estándares de calidad de vida que no ofendan la condición humana.

Al cabo lo que que esta gente del Magreb quiere es una vida digna, al menos lo que se entiende por tal en los anuncios y programas de nuestras televisiones europeas, que las nuevas tecnologías meten en los salones de sus casas y en los cibercafés de ciudades y pueblos de todo el Tercer Mundo.

En la fotografía que ilustra el post, un hombre enarbola una barra de pan durante una de las masivas manifestaciones que se vienen sucediendo en Túnez los últimos días.

miércoles, 5 de enero de 2011

Un estudio demuestra que las emisiones de los coches matan



Cuando acaba de ponerse en marcha la nueva ley Antitabaco, substancia a la que se achacan todos los males del mundo, incluido el déficit de los servicios sanitarios, resulta que un estudio reciente acaba de relacionar, por primera vez, los gases de combustión emitidos por los coches con la mortalidad en una gran ciudad, en este caso Madrid.

El estudio confirma algo que sospechábamos muchos que sin ser tener el más mínimo conocimiento de medicina, tampoco somos idiotas. Literalmente la entradilla de la noticia en El País dice: "Un estudio relaciona las emisiones de los coches con enfermedades circulatorias". Explica a continuación que "las partículas PM2,5 están en el aire que se respira en Madrid y son muy dañinas, incluso más de lo que se pensaba hasta ahora. Un estudio recién publicado relaciona los niveles altos de contaminación por estas diminutas partículas en suspensión (llamadas PM2,5 porque miden menos de 2,5 micras de diámetro) que generan los motores diésel con la mortalidad por enfermedades del sistema circulatorio". Los autores del estudio "demuestran mediante un análisis estadístico que se producen más muertes por infartos, cardiopatías isquémicas e ictus cuando la contaminación es más alta. Y su conclusión es clara: reducir los niveles de PM 2,5 en la capital es "una necesidad acuciante".

Pues ya ven. Y mientras tanto, nuestro encantador Gobierno español subvencionando a fondo perdido durante años la compra privada de chatarra rodante y contaminante (Plan Renove); es decir, malversando fondos públicos en arruinarnos la salud.

"La contaminación es un factor de riesgo cardiovascular muy importante", dice en esa misma noticia el señor Antonio Gil Núñez, miembro del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología. Las partículas que se inhalan, explica, provocan inflamación, lo que incrementa el riesgo de enfermedades vasculares. "Aumenta la propensión a que se produzcan trombosis", añade. "Lo más importante es que se puede prevenir. Las autoridades deben saber que si mejora la calidad del aire tendremos menos muertes", concluye.

Para lograrlo habría que cambiar las leyes al respecto, porque está claro que las existentes sólo defienden los intereses de los dueños de la industria automovilística y afines. Según Gil Núñez, los máximos que permite la directiva europea sobre la materia "son simplemente inaceptables desde el punto de vista de la salud pública". Pero qué importa la salud, cuando lo que está en juego son los beneficios de petroleras y fabricantes de coches, amén de los substanciosos ingresos que vía impuestos indirectos sobre los carburantes perciben los gobiernos.

Y es que por encima de cualquier otra consideración hay que seguir generando beneficios privados, ya saben. Así funciona el capitalismo, perdón, la economía libre de mercado.

En la fotografía que ilustra el post, tráfico en una calle de Madrid.

lunes, 3 de enero de 2011

Novecento: la revolución y nosotros, que la quisimos tanto



La pasada Nochevieja, apenas la gente de casa se fue a dormir una vez pasada la tontada de las 12 uvas (ya saben, las campanadas desde "Madrí"que señalan el nuevo año), un servidor se hizo con una botella de cava Gramona Imperial y una copa, y se sentó a ver enterita la versión integral de "Novecento", la genial película-río de Bernardo Bertolucci. Cinco horas de reloj. Cinco horas de cine; cinco horas de épica histórica; cinco horas de "prima de la rivoluzione".

De la película hay tres versiones: el montaje del director (la de cinco horas, dividida en dos partes), una de cuatro horas destinada al mercado norteamericano, y una de tres horas y pico que debería haber sido la versión comercial estándar y nunca llegó a proyectarse, al decir de Bertolucci. El film fue un éxito brutal en Europa, y un fracaso estrepitoso en EEUU y -oh- también en la URSS. En la entrevista incluida en los extras del DVD dice Bertolucci, con evidente humor malicioso, que las razones de la mala acogida en los dos países/Imperios mencionados se debió a que, para su sorpresa, los públicos de ambos coincidían en que en "Novecento" hay demasiadas banderas rojas ondeando: los yanquis no estaban acostumbrados a verlas en una película, y los soviéticos ya estaban aburridos de ellas.

Explica asimismo Bertolucci que para entender "Novecento" hay que desdeñar la mala traducción del título de la película como "1900", y recuperar su sentido real italiano que es "novecientos", es decir la centuria del siglo XX, que es el período de tiempo que pretende explicar el film. Otra clave reside en la oposición permanente en dualidades que traspasa toda la película, y no solo en referencia a la lucha de clases : terrateniente/campesino, campo/ciudad, hombre/mujer, revolucionario/fascista, valeroso/cobarde, trabajo/fiesta... y desde luego vida/muerte, plasmada desde las primeras escenas (la cacería de Àttila, el administrador fascista, el día de la liberación, e inmediatamente después el salto en el tiempo casi medio siglo atrás al nacimiento de los dos niños, el hijo del terrateniente y el hijo del jornalero el mismo día en que muere Verdi).

Bertolucci cuenta que nació y se crió en el campo, en la hacienda de su abuelo, un rico terrateniente, pasando más tiempo en las cabañas de los campesinos que en la casa señorial. Viviendo con aquella gente elemental se impregnó de sus valores, de su apego a la tierra, de sus sueños. Tanto así que devino un revolucionario, posición que nunca ha abandonado. Su filmografía presenta frescos épicos que como él dice, técnicamente tienen un ojo en el cine norteamericano de los orígenes del Séptimo Arte y el otro en los códigos fílmicos creados por el cine soviético de primera hora; todo ello al servicio de un concepto de cine europeo, de tesis, que intenta transmitir ideas a través de las sensaciones, y que tiene que ver quizá más con el cine social francés que con el italiano. En Bertolucci el neorrealismo de sus maestros (Rossellini, Passolini), se ha depurado hasta lograr un naturalismo que instala en el espectador la sensación de estar no observando a los personajes, sino moviéndose entre ellos y viviendo las situaciones en que se hallan inmersos. En "Novecento" en concreto, su director de fotografía, Vicenzo Storaro, logra momentos inolvidables en ese sentido, como la secuencia en la que, gracias a los movimientos de cámara, el espectador tiene la sensación de estar metido dentro del barullo que precede a la sentada de campesinos que quieren impedir el desahucio de un aparcero, mientras un escuadrón de caballería prepara sus sables para cargar contra ellos.

El elenco protagonista de "Novecento" es pura historia del cine. Burt Lancaster se ofreció a Bertolucci para trabajar gratis en la película apenas leyó el guión (su papel es el viejo patriarca terrateniente; absolutamente genial). A Robert de Niro (Alfredo Berlingheri, el vástago de los terratenientes) se lo recomendó Martin Scorsese, que acababa de dirigirlo en "Malas calles". De Niro está extraordinario: elegante, comedido, en ése punto entre la bondad y la tontería; nada que ver con sus histrionismos posteriores, cuando la industria cinematográfica estadounidense lo convirtió en un payaso gesticulante. Gerard Depardieu le da la réplica (es Olmo Dalco, el hijo de los campesinos): sobrio, sereno, seguro de sí mismo y de las ideas que encarna. El canadiense Donald Sutherland está inmenso, su manera de vivir el personaje de Áttila, el administrador de los Berlingheri y líder de la banda de "camisas negras" fascistas de la comarca, logra poner los pelos de punta; otro enorme actor, maleado luego por los estudios yanquis y su cine-basura alimenticio. La parte femenina es seguramente lo más flojo del plantel de actores: ni Dominique Sanda ni Stefani Sandrelli resultan muy convincentes. Nada que ver con ese fantástico "coro griego" de abuelas y madres campesinas encarnadas por actrices secundarias y mujeres sin experiencia cinematográfica previa, una pequeña masa que se mueve por toda la película con sus tocas negras, sus bocas desdentadas y sus viejas canciones campesinas de trabajo y revolución. Queda la sensación de que "Novecento" es una película "de hombres" y "entre hombres"; no podía ser de otro modo, el papel de las mujeres en la época retratada era el de sufridoras, testigos y a menudo víctimas, pero todavía no el de protagonistas.

No les cuento el argumento porque seguro que lo conocen, y si no es así corran a comprarse el DVD. En todo caso puede resumirse en una sola escena, una cumbre de la historia del cine, precisamente la penúltima escena del film. En ella los campesinos celebran la autoliberación armada en el patio de la hacienda, tras ajusticiar al asesino Àttila luego que éste confiese sus crímenes. Olmo les convence entonces para someter a juicio popular al patrón, a Alfredo. En una escena de altísimo contenido simbólico, Olmo, erigido en juez, condena a muerte a su amigo/némesis Alfredo pero inmediatamente apostilla que no van a matarle, porque "el patrón ya está muerto" y le dice a Alfredo Berlingheri que es libre de ir adonde quiera. Minutos después irrumpe en la hacienda un camión con partisanos del Comité de Liberación Nacional que en nombre del gobierno provisional formado por el PCI, el PSI, la DC y el Partido de Acción requisan las armas de los campesinos, que éstos entregan con resignación y algunas protestas. Un muchacho, un niño en realidad, el que ha detenido a Alfredo, se niega a entregar su fusil; un carabinero le da una bofetada y le quita el arma, que lanza al camión junto con las otras. Los partisanos se van, y los campesinos se dispersan. En el patio de la hacienda solo quedan el niño, sentado y llorando la pérdida, y Olmo y Alfredo mirándose a los ojos. Alfredo sonríe. "El patrón está vivo", musita.

Novecento.