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viernes, 25 de marzo de 2011

La Siria que yo conocí



En los últimos días Siria se ha incorporado al grupo de países árabes con graves problemas internos. Masas de sirios se han lanzado a las calles sobre todo en el sur, una región que cíclicamente se ve sometida a levantamientos populares que suelen ser acallados por el régimen sirio con la dureza acostumbrada en estos casos.

Enric González dedica hoy un amplio artículo en El País a analizar la situación en Siria. Dice el corresponsal del diario madrileño en Jerusalén que el problema más grave que padece el país árabe es "la división entre la élite alauí y la mayoría suní", remarcando que "más del 40% de los sirios tiene menos de 15 años y el empleo escasea". A juicio de los israelíes, según González, el régimen sirio vive sentado en un barril de pólvora, consecuencia de los graves problemas religiosos y sociales que supuestamente sufre el país.

No fue esa mi percepción durante el viaje por Siria que hice en el verano de 2008. El ambiente en la calle que viví era de tranquilidad general y no se percibía signo alguno de tensiones, y menos de carácter religioso. Hablo de núcleos de población como Damasco y Alepo, pero también de pequeñas poblaciones situadas en la ruta. En Damasco por ejemplo, vi con mis propios ojos como un viernes las masas de fieles entraban en una mezquita a orar mientras en la puerta un grupo de radicales se desgañitaba reclamando sin éxito alguno la atención de los fieles, que entraban en el templo ignorándoles.

Más tarde en una estación arqueológica situada a menos de 300 km de la frontera con Irak, la única persona que permanecía en el lugar (la campaña anual de excavaciones había terminado) respondió entre sonrisas cuando le preguntamos sino tenía miedo de estar allí, solo en mitad del desierto, desarmado y expuesto a ser atacado por elementos de Al Qaeda, que según las televisiones occidentales en aquella época se infiltraban continuamente desde Irak. No había peligro alguno, nos contestó, porque "¿quién lograría atravesar a pie aquel desierto? Además, concluyó "Al Qaeda no existe, sencillamente", opinión que sustenta la inmensa mayoría de los sirios. La verdad es que en todos los días que permanecía en Siria no vi un solo militar o policía uniformado en las carreteras y pueblos del camino, y su presencia en las ciudades no era mayor que en cualquier población europea.

Los sirios forman un pueblo antiquísimo, una mezcla increíble de culturas y religiones que conviven/coexisten en un país de fronteras aleatorias y caprichosas, como sucede con todos aquellos estados cuyos límites fueron trazados a cordel por las potencias hegemónicas durante los procesos de descolonización habidos en el siglo XX. Al margen de las convicciones personales, los sirios son un pueblo amable, tolerante y curioso, que gusta de establecer contacto con el extranjero.

Un europeo puede pasear solo por los gigantescos bazares de Damasco sin sentir sensación de peligro en ningún momento, y desde luego sin ser acosado y agobiado como suele ocurrir en la mayoría zocos árabes árabes. El sirio por contra es cortés y respetuoso, y la hospitalidad que ejerce con el forastero no conoce barreras, ni siquiera las idiomáticas. Recuerdo como en Damasco una calle entera se revolució para encontrar una persona que hablara inglés y pudiera orientar a este despistado. Al final trajeron a una muchacha que al parecer estudiaba la lengua de Shakespeare, y que desde luego la conocía infinitamente mejor que yo. La chica, completamente ruborizada y rodeada por sus sonrientes y atentos vecinos, me dio las indicaciones que yo necesitaba.

Otro día también en Damasco, necesitaba llamar por teléfono a mi guía a una hora determinada. Como yo no llevaba móvil ni tenía idea de dónde encontrar un teléfono público, el guía me dijo que a la hora convenida entrara al azar en un comercio cualquiera y pidiera que me dejaran telefonear. Así que cuando necesité hacer la llamada me dirigí sin tenerlas todas conmigo a un tipo grande que observaba la calle desde la entrada de lo que parecía una relojería, y con un poco de inglés, otro poco de francés y mucha mímica le expliqué el caso. El comerciante primero me escuchó muy serio, y luego con gran solemnidad me hizo pasar a su diminuto negocio. Tras hacerme tomar asiento me explicó que se llamaba George y que era cristiano. Tras hablar de algunas generalidades, llamó a sus dos hijos varones, dos chavales adolescentes, los presentó como John y George, y les pidió que se sentaran y escucharan nuestra conversación. También hizo que me sirvieran un gran vaso de agua fresca, y finalmente tras unos minutos más de charla puso en mis manos un enorme teléfono móvil de modelo antidiluviano pero que cumplió eficazmente su función. Fueron veinte minutos de hospitalidad, sosiego y por decirlo así, de intercambio fácil entre dos personas de mundos que oficialmente tienen dificultades para comunicarse.

Las carencias de Siria son muchas obviamente, comenzando por las políticas. Pero tengo una cierta confianza en que más allá de la resistencia a los cambios que pueda ofrecer el régimen imperante, los sirios sabrán encontrar una salida que les conduzca a la democracia sin que se de ese baño de sangre que anticipan los agoreros.

La imagen que ilustra el post es una fotografía del interior de una tienda en el bazar de Damasco, tomada en 2008 por el autor.

domingo, 20 de marzo de 2011

Franco no entrará en Bengasi



1. Esta misma semana, horas antes de que la ONU abriera la veda del sátrapa libio, ese ser indescriptible que responde por Muamar el Gadafi remató una de sus peroratas dirigidas al mundo mundial advirtiendo que iba a "entrar en Bengasi con fuerzas externas, como Franco cuando liberó Madrid"(sic) y que "como Franco, no tendría piedad con los vencidos"(sic). Oído con estas orejitas que Dios me dio, en un audio de Radio Nacional de España. A los hombres - o lo que sea Gadafi- se les conoce por sus amigos, y sobre todo por sus referentes. Franco como referente del Faro de la Revolución Africana: ardo de impaciencia por oír a Hugo Chávez mostrando de nuevo su "solidaridad revolucionaria" con Gadafi tras semejante declaración de principios. Franco, Gadafi, Chávez: tres chusqueros, tres gorilas como llaman en Argentina a los golpistas. Definitivamente, algo tienen los uniformes militares que queman el alma de quien los lleva.

2. El Ejército de Gadafi casi no existe. La OTAN no tiene ni para empezar con él. De los cincuenta mil teóricos combatientes libios que forman en sus filas, el Coronelísimo apenas puede contar con una fracción muy pequeña de soldados medianamente preparados y dispuestos a matar y morir por él, aparte unos cuantos miles de guardias personales, otros tantos de guerrilleros procedentes del África subsahariana (a los que arma y mantiene desde hace cuatro décadas), y de algunos centenares de pilotos y tanquistas mercenarios serbios y rusos que probablemente no puedan ni regresar a sus países. Su material bélico procede de la época del Imperio soviético, y hoy ya es por tanto pura chatarra. Lo único moderno que tiene se lo vendieron en los últimos años Francia y Gran Bretaña, es decir los países que ahora le bombardean y que lógicamente le van a dejar sin suministros ni repuestos para el armamento que le colocaron en su día.

3. Los egipcios están armando a los rebeldes libios con algo más que viejos kalashnikov de cuando Bresnev aún besaba en la boca a los compinches y procónsules de los países satélites, como la Libia de Gadafi sin ir más lejos. Egipto está jugando bien sus cartas y pronto va a liderar el Magreb les guste o no a los norteamericanos (que va a terminar por gustarles más bien poco). A los egipcios no les interesa una Libia enfeudada a un demente pegada a su espalda occidental, y si hace falta contribuirán a dar el empujoncito final.

4. La llamada comunidad internacional y singularmente la Unión Europea, se ha ahorrado finalmente la vergüenza de que Gadafi ganara la partida a una rebelión popular que al principio no tenía para oponerle más que piedras y cuchillos de cocina. Hubiera sido la puntilla a su credibilidad ante las masas magrebíes y del mundo árabe en general, ahora que todavía nos miran esperanzadas.

5. Gadafi está acabado sin remedio. Hasta un ser tan corto mentalmente como Chávez debería darse cuenta y actuar en consecuencia, cortando amarras con amistades tan peligrosas antes de que sea demasiado tarde y el ridículo le cubra hasta más arriba de la cima de su vanidad, que ya es decir. Falta poco para que los cadáveres de Gadafi y sus hijos cuelguen de algunas selectas farolas de Trípoli o de las ventanas de uno de sus palacios de opereta. Su sueño de morirse de viejo en la cama dejándolo todo atado y bien atado como su admirado Franco no va a poder cumplirse, y su destino será más bien el de Mussolini y su amante. Definitivamente, Franco no entrará en Bengasi.

6. Remedando el viejo llamamiento de Sade durante la Revolución Francesa: "'¡Magrebíes, un esfuerzo más si queréis ser libres!".

En la imagen que ilustra el post, milicianos libios servidores de un antiaéreo buscan en el cielo los cazas del Ejército de Gadafi.

martes, 8 de marzo de 2011

Antiimperialistas de hojalata


La actual crisis libia está desnudando las contradicciones flagrantes en que incurre buena parte de eso que se autodenomina "izquierda alternativa", o en medios más desenfadados "izquierda verdadera" e incluso "izquierda real".

Andan estos días bastante desconcertados los pobres a cuenta de las revoluciones desencadenadas en el mundo árabe. Revoluciones populares democráticas, movimientos de masas esencialmente interclasistas sin líderes ni referentes políticos o ideológicos, que están sacando a la calle sobre todo a los sectores juveniles más educados y preparados pero también a las mujeres, a los trabajadores y hasta al tradicionalmente silencioso y poco dado a algaradas campesinado árabe. Una marea popular que está barriendo autocracias con décadas en el poder sea cual fuere el disfraz que hayan llevado para mantenerse en el poder: monarquías y repúblicas por igual van a ir saliendo una tras otra por el sumidero de la Historia, desde el laico Túnez al Régimen clérico-fascista de Irán, del reaccionario Marruecos a la antiimperialista Siria.

Desde EEUU y Europa miran lo que pasa sin entender casi nada. Y menos que nadie, quienes andan sentando doctrina a diario desde la presunta "izquierda alternativa". Claro que teniendo en cuenta los guías espirituales bajo cuya luz interpretan, nada extraña su fracaso. Así por ejemplo, tenemos estos días al bueno de Gadafi denunciando que el intento de echarle del poder está organizado por Al Qaeda. Una hipótesis que entra en frontal contradicción con la tesis de sus amigos del alma Fidel Castro y Hugo Chávez, quienes denuncian que es una conspiración de la OTAN quien pretende tumbar a su colega libio. Aquí alguien está metiendo la pata hasta el corvejón, so pena de que la "explicación científica" sea que Al Qaeda y la OTAN se han aliado contra Gadafi; una proposición demencial incluso para los sesudos analistas de ciertas publicaciones digitales de presunta "izquierda real".

Lo de Chávez es ya de circo de tres pistas, con leones drogados (o untados con petrodólares) saltando por el aro "antiimperialista" que con tanta soltura maneja el dicharachero milico venezolano. Dice Chávez que cómo va a condenar a un amigo como Gadafi, que esas cosas no se le hacen a los amigos, y que aunque se digan muchas cosas malas del libio, él no sabe que sean ciertas. Así que ni corto ni perezoso envía a su servicial ministro de Exteriores, un rumbero que atiende por Nicolás Maduro, para que haga de "mediador internacional" en la crisis, o sea para que erigiéndose en intermediario sin que nadie se lo haya pedido, intente muñir un acuerdo entre Gadafi y quienes en las calles de Bengasi y de las otras ciudades libias piden su cabeza. Se trataría naturalmente de ayudar a salvar el culo de Gadafi, aunque solo sea por aquello de que "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar"; de qué modo Chávez pretende convencer a la oposición contraria al autócrata libio no se dice, pero conociendo el fácil manejo de petrodólares que tiene el caballero y la rumbosidad con la que los reparte entre amigos y paniaguados, pueden ir haciéndose una idea. Otra cosa es que se dejen o no.

De todos modos no deja de ser curiosa la pertinacia en el amor a Gadafi que exhiben algunos. Hoy viene en la prensa imperialista y aledaña (o sea la prensa del mundo mundial) que el dictador libio se compara con Israel en su derecho a reprimir rebeldes; dice Gadafi que si Israel entró con tanques en Gaza, a ver por qué no va a poder hacer él lo mismo con las ciudades que se han sublevado en contra suya. A más de un "alternativo" seguro que le ha sentado mal el desayuno después de leer esto. Claro que también hay quien pase lo que pase no se va a bajar del burro, porque una de las aficiones de Gadafi ha sido financiar presuntas o reales izquierdas fuera del sistema: desde la Federación de Partidos Socialistas en los años setenta (mea culpa, y de tantos otros) hasta el IRA, ETA y delirantes grupúsculos nacionalistas árabo-andaluces (integrados por españoles de pura cepa). Gadafi siempre ha sido generoso con quien le ríe las gracias, y una parte de la "prensa alternativa" convencional o digital le debe mucho más que invitaciones a tomar té en su tienda beduina.

Tan generoso con todos ha sido Gadafi, que sus millones han cultivado incluso la amistad de gobiernos e instituciones occidentales libres de toda sospecha de izquierdismo alternativo, desde el Gobierno italiano (en el país transalpino, Gadafi y su familia son dueños de una parte de la industria armamentística italiana, amén de mantener en comandita suculentos negocios con Berlusconi y otros mafiosos) a la prestigiosa London Economic School, que obsequió a su primogénito con un título de doctor a cambio de un donativo de millón y medio de euros supuestamente para la financiación de sus actividades académicas. Tampoco han sido ajenas a la generosidad gadafiana la CIA y otras agencias antaño denostadas por el Gran Faro de la Revolución Africana, a las que ha permitido campar por sus respetos en Libia y otros países cercanos. Es cierto que Gadafi tenía muchas cosas que hacerse perdonar desde tiempos remotos, pero no lo es menos que de la caída del Imperio soviético hasta ayer como quien dice el hombre se aplicó a la faena con verdadera dedicación. Sorprende en fin que en un personaje así, tan falto de escrúpulos como lleno de meandros, depositara nuestra "izquierda alternativa" sus complacencias de décadas.

El caso es que el antiimperialismo, aquél valor tan presuntamente sólido antaño en el mercado ideológico del marxismo-leninismo-(guiónloquesea), ya no cotiza hogaño con igual fuerza. Será que como la mayoría de aquellos a quienes denuncian, la "izquierda alternativa" está constituida en realidad por un puñado de oportunistas desnortados ideológicamente. Será.

En la imagen que ilustra el post, Gadafi y Chávez juntos en tiempos más felices para sus respectivos regímenes.

lunes, 21 de febrero de 2011

Gadafi, el fantoche sangriento que hay que derribar de inmediato


Según la cadena Al Yazira, desde aproximadamente las seis y cuarto de la tarde de hoy (hora española), aviones militares libios están bombardeando a los manifestantes en Trípoli. Desde media hora antes el Ejército disparaba contra ellos con artillería terrestre y helicópteros de combate. El centro de la capital libia está en llamas y tomado por el pueblo insurrecto. En Bengasi los manifestantes se han hecho con el control de la ciudad y del aeropuerto, numerosos soldados se han pasado a sus filas, y han conseguido capturar armas y tanques.

Anoche Saif el Islam, hijo de Gadafi y al parecer su pretendido heredero, se atrevió a amenazar al país con una guerra civil si intentaban echar del poder a su familia, mientras repantingado en un sillón y probablemente drogado no cesaba de apuntar con el dedo a los televidentes como si fuera un proxeneta de barrio marginal intentando acogotar a sus vecinos.

Mientras tanto, Muamar el Gadafi permanece callado. Quizá esté rumiando su asombro ante la rebelión popular, incapaz de comprender cómo es posible que los libios hayan tenido la osadía de sublevarse en contra suya. Esa basura humana de rostro descompuesto por el consumo de drogas y las inyecciones de bótox, que viaja acompañado por una guardia armada de putas casi adolescentes y acostumbra a exhibir un repertorio de disfraces militares que le hacen parecer un jefe de pista de circo, el mismo payaso fascistoide que durante décadas ha repartido carnets de "progresismo" en las dos orillas del Meditérraneo con la complicidad de cierta "izquierda" europea, vive sus últimos días o quizá horas como todopoderoso tirano de Libia. El Ejército y la burocracia del Régimen se descomponen velozmente: dos coroneles del Ejército del Aire acaban de aterrizar con sus aparatos en Malta, y los diplomáticos libios en el exterior han comenzado a pedir sin tapujos la cabeza de quien desde hace cuarenta años y hasta hace sólo unas horas, era el amo al que servían con fervor real o fingido.

Hace unos días uno de mis amables lectores se molestaba porque llamé dictador a Nasser, que según él en realidad era "comunista". Gadafi también fue tan "comunista" como Nasser o Fidel Castro: es decir, otro dictador del Tercer Mundo esbirro del Imperio Soviético durante la Guerra Fría, un tipo carente de cualquier ideología que no sea el ejercicio del poder absoluto y la cleptocracia en familia. Desaparecido el Imperio moscovita en 1989, el sátrapa libio buscó su lugar al sol apelando al terrorismo como modo de hacerse temer por la comunidad internacional. Está probado que Gadafi ordenó volar al menos dos aviones comerciales llenos de pasajeros, uno de ellos sobre la vertical de una población escocesa, suceso en el que murieron más de un centenar de civiles. Posteriomente y en otra de sus piruetas de funambulista sin escrúpulos, se arrojó en brazos del Tío Sam (el mismo que había intentado matarle años antes bombardeando su palacio), y se convirtió en celoso garante de los intereses del Imperio USA en el Norte de África, luchando con su crueldad acostumbrada contra el terrorismo islamista y contra cualquier forma de oposición interna.

Estamos ahora ante los últimos coletazos de una fiera acosada, que tras cuatro décadas de poder omnímodo parece dispuesto a sumergir a su país en un bestial baño de sangre antes que aceptar que su tiempo ha pasado. En estas condiciones el tiranicidio resulta un arma legítima de uso urgente, y el único modo de evitar que continúe un minuto más la carnicería de inocentes.

En la fotografía que ilustra el post, un Muamar El Gadafi disfrazado de militar de opereta saluda al primer ministro italiano Silvio Berlusconi. Tras el dictador libio pueden verse algunas integrantes de su guardia pretoriana de putas armadas.