Mostrando entradas con la etiqueta Egipto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Egipto. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de marzo de 2011

Franco no entrará en Bengasi



1. Esta misma semana, horas antes de que la ONU abriera la veda del sátrapa libio, ese ser indescriptible que responde por Muamar el Gadafi remató una de sus peroratas dirigidas al mundo mundial advirtiendo que iba a "entrar en Bengasi con fuerzas externas, como Franco cuando liberó Madrid"(sic) y que "como Franco, no tendría piedad con los vencidos"(sic). Oído con estas orejitas que Dios me dio, en un audio de Radio Nacional de España. A los hombres - o lo que sea Gadafi- se les conoce por sus amigos, y sobre todo por sus referentes. Franco como referente del Faro de la Revolución Africana: ardo de impaciencia por oír a Hugo Chávez mostrando de nuevo su "solidaridad revolucionaria" con Gadafi tras semejante declaración de principios. Franco, Gadafi, Chávez: tres chusqueros, tres gorilas como llaman en Argentina a los golpistas. Definitivamente, algo tienen los uniformes militares que queman el alma de quien los lleva.

2. El Ejército de Gadafi casi no existe. La OTAN no tiene ni para empezar con él. De los cincuenta mil teóricos combatientes libios que forman en sus filas, el Coronelísimo apenas puede contar con una fracción muy pequeña de soldados medianamente preparados y dispuestos a matar y morir por él, aparte unos cuantos miles de guardias personales, otros tantos de guerrilleros procedentes del África subsahariana (a los que arma y mantiene desde hace cuatro décadas), y de algunos centenares de pilotos y tanquistas mercenarios serbios y rusos que probablemente no puedan ni regresar a sus países. Su material bélico procede de la época del Imperio soviético, y hoy ya es por tanto pura chatarra. Lo único moderno que tiene se lo vendieron en los últimos años Francia y Gran Bretaña, es decir los países que ahora le bombardean y que lógicamente le van a dejar sin suministros ni repuestos para el armamento que le colocaron en su día.

3. Los egipcios están armando a los rebeldes libios con algo más que viejos kalashnikov de cuando Bresnev aún besaba en la boca a los compinches y procónsules de los países satélites, como la Libia de Gadafi sin ir más lejos. Egipto está jugando bien sus cartas y pronto va a liderar el Magreb les guste o no a los norteamericanos (que va a terminar por gustarles más bien poco). A los egipcios no les interesa una Libia enfeudada a un demente pegada a su espalda occidental, y si hace falta contribuirán a dar el empujoncito final.

4. La llamada comunidad internacional y singularmente la Unión Europea, se ha ahorrado finalmente la vergüenza de que Gadafi ganara la partida a una rebelión popular que al principio no tenía para oponerle más que piedras y cuchillos de cocina. Hubiera sido la puntilla a su credibilidad ante las masas magrebíes y del mundo árabe en general, ahora que todavía nos miran esperanzadas.

5. Gadafi está acabado sin remedio. Hasta un ser tan corto mentalmente como Chávez debería darse cuenta y actuar en consecuencia, cortando amarras con amistades tan peligrosas antes de que sea demasiado tarde y el ridículo le cubra hasta más arriba de la cima de su vanidad, que ya es decir. Falta poco para que los cadáveres de Gadafi y sus hijos cuelguen de algunas selectas farolas de Trípoli o de las ventanas de uno de sus palacios de opereta. Su sueño de morirse de viejo en la cama dejándolo todo atado y bien atado como su admirado Franco no va a poder cumplirse, y su destino será más bien el de Mussolini y su amante. Definitivamente, Franco no entrará en Bengasi.

6. Remedando el viejo llamamiento de Sade durante la Revolución Francesa: "'¡Magrebíes, un esfuerzo más si queréis ser libres!".

En la imagen que ilustra el post, milicianos libios servidores de un antiaéreo buscan en el cielo los cazas del Ejército de Gadafi.

viernes, 28 de enero de 2011

Y ahora Egipto



A pesar del toque de queda que rige en el país, centenares de miles de manifestantes han tomado las calles de las principales ciudades egipcias. Esta tarde los insurgentes acaban de entrar por la fuerza en el ministerio de Asuntos Exteriores, mientras la policía antidisturbios se ve superada por la marea humana que anega las calles. Según el diario La Vanguardia, el régimen egipcio acaba de sacar los tanques de los cuarteles, mientras la policía comienza a abandonar el centro de El Cairo y arde la sede del partido del Gobierno. Se diría pues que al régimen de Hosni Mubarak le quedan horas más que días.

Egipto ha demostrado ser el eslabón más débil de la cadena magrebí después de Túnez. Treinta años de dictadura de Mubarak, a los que habría que añadir otras decenas más protagonizados por Nasser primero y Sadat después, están a punto de caer al suelo hechos añicos por causa de la fuerza desbordada de un pueblo que ya no aguanta más. Los egipcios están librando una batalla feroz calle por calle para conquistar un régimen político decente.

Mientras tanto, el régimen responde con más represión. La detención de El Baradei, que encarna la única posibilidad de una salida pactada entre el régimen y los insurgentes, el arresto de periodistas occidentales y el bloqueo de las comunicaciones por móvil e Internet, no son más que vanos esfuerzos para parar lo que ya no tiene remedio. Mubarak va a caer, y de él y sus secuaces depende de si lo hace en medio de un baño de sangre (ya hay varios manifestantes muertos y algún policía también); los jóvenes egipcios no aflojan, ya no hay vuelta atrás. Las cancillerías occidentales siguen sin abrir la boca. Solo Hillary Clinton ha pedido "reformas" en Egipto, que al parecer pasarían por una retirada de Mubarak y la asunción del poder por su hijo. Demasiado tarde. Eso ya se intentó en Túnez, cuando Ben Ali anunció que seguía en el cargo y que no se presentaría a las pseudoelecciones programadas para dentro de cuatro años... apenas 24 horas antes de salir corriendo del país.

Atentos a la batalla de Egipto. Todavía va a durar unos días, pero el desenlace es inevitable.