Mostrando entradas con la etiqueta vivienda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vivienda. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de febrero de 2011

El derecho a la vivienda y el fraude de la justicia española



Hace apenas unos días un juez de la Audiencia navarra sentenció que la devolución del piso hipotecado a la entidad financiera prestamista saldaba la deuda que el fallido aspirante a propietario mantenía con ésta. Fue una sentencia que abrió un rayo de esperanza para tanta gente golpeada por el paro, incapaz por falta de recursos de seguir respondiendo a los compromisos crediticios adquiridos con anterioridad a la pérdida del empleo. Justicia auténtica, en suma, en la medida que libraba de una carga imposible a quien al drama del paro había de sumar el de una hipoteca que ya no estaba en condiciones de seguir afrontando.

Por si no lo saben y para que tengan una idea exacta de la dimensión del problema y de la capacidad de rapiña de bancos y cajas prestamistas españoles, es práctica corriente de estos el enviar abogados y agentes de esas entidades a países latinoamericanos, donde embargan la choza y los campitos de los inmigrantes en España que en su día pidieron un préstamo para comprarse un piso en la ciudad española donde residían, y que ahora al quedarse sin trabajo ni recursos con los que seguir viviendo en España y hacer frente a la hipoteca entregaron las llaves del piso y retornaron a su país.

Pero es sabido que poco dura la alegría en la casa del pobre. Apenas unos días después, otra sala de la misma Audiencia Provincial navarra acaba de sentenciar justo lo contrario. Las aguas vuelven pues a su cauce, y el sacrosanto derecho a hacer negocio con lo que sea prima una vez más sobre un derecho fundamental recogido en la Constitución española cual es el "derecho a una vivienda digna". Contraviniendo flagrantemente ese enunciado, la nueva sentencia viene a decir que la vivienda es para quien la pueda pagar, y punto pelota. Dice El País que el nuevo auto recuerda además que la ley establece que el deudor responde de sus deudas "con todos sus bienes presentes y futuros" y recrimina al juez de primera instancia que eludiera "la aplicación al caso de la preceptiva mencionada". Toma castaña. Con un poco de suerte aún le meterán un paquete al primer juez, el que sentenció a favor de las personas y no del lucro privado.

Lo que más llama la atención, con todo, es que el deudor hipotecado deba responder "con todos sus bienes presentes y futuros", doctrina que sin embargo no parece ser de aplicación a empresarios y banqueros. Vean sino el caso de Díaz Ferran, el estafador internacional ex presidente de la patronal española, la CEOE, que la semana pasada presentó un recurso "rechazando" (sic) la pretensión judicial de embargarle sus bienes para que afronte con ellos sus deudas fraudulentas con los trabajadores y la Seguridad Social. Y es que la responsabilidad de los chorizos con traje italiano se limita a los bienes desbaratados y muy raramente por no decir nunca alcanza al patrimonio personal, por más evidente que sea que este se haya constituido precisamente a partir de lo robado y defraudado.

En resumidas cuentas, en España el patrimonio de los pobres siempre está a disposición para cobrarse mediante él cualquier clase de deuda, en tanto el patrimonio de los ricos es intocable. Y a esto lo llaman justicia.

En la imagen que ilustra el post, manifestación de jóvenes contra el sistema hipotecario impuesto por las entidades financieras en España.

sábado, 31 de enero de 2009

Barraquismo obrero e ideología urbanística burguesa


Si existiera un premio al artículo más estúpido publicado en la prensa española a lo largo del año, el que ayer perpetró el presunto antropólogo Manuel Delgado en El País daría por cerrada la edición de 2009, y eso que aún le quedan 11 meses al año. El atentado lleva por título "Segundo elogio de la barraca", y ciertamente todo él es lo que anuncia: un delirante canto a uno de los fenómenos más tristes y humillantes producidos por la España miserable del franquismo, las infraviviendas de autoconstrucción que crecieron en la periferia de las ciudades industriales españolas durante el período económico llamado desarrollismo, como consecuencia de las grandes oleadas de inmigración del campo a la ciudad habidas desde finales de los años cuarenta a principios de los setenta del pasado siglo. En ese tiempo, millones de personas sin recursos se hacinaban en los suburbios de las grandes ciudades españolas y desde luego catalanas, alojados en barracas construidas por sus mismos moradores con maderas, chapas, cartón y cualquier otro material, a la espera de poder acceder algún día a una vivienda digna de ese nombre. Infraviviendas insanas, inseguras, expuestas a las inclemencias del tiempo y en la que no existía posibilidad de intimidad.


El rebuzno grandioso conque a costa del barraquismo nos obsequia en ese artículo, lo fundamenta Manuel Delgado en "un artículo publicado por Oriol Bohigas el 27 de enero de 1957 en Solidaridad Nacional, titulado "Elogio de la barraca". En ese artículo del entonces joven urbanista y arquitecto -que a lo que se ve, ya apuntaba maneras en su gusto por hacer pedagogía urbanística escandalizando-, y según cita Delgado,"se razonaba que el barraquismo había hecho posible la incorporación de sucesivas oleadas de inmigrantes, que colonizaban áreas periféricas o intersticiales de la ciudad(...) Los nuevos barceloneses generaban allí un urbanismo espontáneo, grosero si se quiere, pero en que se hacía manifiesta la creatividad con que los segmentos más vulnerables de la sociedad estaban dispuestos a adaptarse al duro contexto al que se enfrentaban." No es una broma aunque lo parezca. Bohigas escribía totalmente en serio, y Delgado le cita para dar empaque a lo que añade luego de su cosecha: según él, el barraquismo era en realidad "autogestión del territorio"(!) , y fue substituido desventajosamente por los polígonos de viviendas "de una pésima calidad arquitectónica y urbanística" (no peor, en cualquier caso, que la de las barracas). Para Delgado el chabolismo constituía "una vía de integración en la forma y en la vida urbanas" que ofrecía "relativas mejores condiciones" para sus moradores que los polígonos de viviendas.

Lanzado ya por la pendiente, Delgado vuelve a citar textualmente a Bohigas: "La pobre y alegre barraca es una solución más humana, una solución mejor planteada urbanística, arquitectónica y éticamente" que los monstruos mastodónticos y desangelados"(...). Y acababa, plañidero:"No las destruyamos (las barracas), por favor, si no es para superarlas" Por su parte Delgado nos informa de que si las barracas fueron suprimidas "no fue para superarlas, sino para arrebatarle a las clases populares lo que les quedaba de control sobre su propia vida cotidiana", para añadir luego que "a lo largo de la primera mitad del siglo XX la posibilidad de obtener un techo bajo el que vivir quedaba garantizada al menos por el recurso a levantarse uno su propia barraca donde fuera". Un derecho que evidentemente olvidaron de de recoger la Carta Universal de los Derechos Humanos, la Constitución española de 1978 y el Estatut de Catalunya de 1979.

La traca final del artículo de Delgado se dispara amparada bajo las siglas del Fomento de las Artes Decorativas (FAD) -otra burguesísima institución barcelonesa, empeñada ésta en la defensa del "diseño" por encima de todas las cosas-, que al parecer en 2003 promovió "una serie de actividades acerca de la vivienda de emergencia bajo el epígrafe de Barraca Barcelona". La cosa parece que iba de "activismo antiespeculación" y de "reconocer en las barracas valores positivos vigentes. Hoy los jóvenes, los mayores, los inmigrantes, los nuevos y viejos sectores sociales fragilizados, merecerían que se les permitiera reunir fuerzas y materiales con los que hacer surgir nuevos barrios de barracas. De la mano de esas humildes construcciones les sería dado a los débiles conquistar, ahora, por su cuenta, ese derecho al hogar que las leyes les prometen, pero que los poderes les niegan".

Como pueden comprobar, la burguesía barcelonesa -en la que por fin ha logrado ser aceptado el antropólogo Delgado, antaño furiosamente anticatalanista-, además de carecer de sentido del ridículo continúa mirando cuanto acontece en los barrios situados más allá de la Sagrada Familia como si ocurriera en las regiones africanas más remotas. Desde sus amplios pisos de Pedralbes y el Eixample, sus chalets en Sant Cugat y sus masías en el Empordà, una exquisita tropa de arquitectos, urbanistas, sociólogos, antropólogos, reyes del diseño y algún que otro especialista en "políticas sociales", fantasea acerca de lo que más les conviene a gentes a quienes no tienen el gusto de conocer y cuyos problemas en realidad les importan un comino. Nuestros burgueses pensantes alientan ahora el retorno al barraquismo como solución a los problemas de vivienda que padece la clase trabajadora, y lo hacen desde sus cómodas viviendas levantadas con las plusvalías que sus antepasados cercanos arrancaron de las espaldas de esos a quienes, quizá con mala conciencia, pretenden ahora redimir por el método de devolverlos a las chabolas donde crecieron sus padres.

¿Se puede ser más deliciosamente idiota?.

En la fotografía, chabolas en el barrio de El Carmel, Barcelona, años 60.

viernes, 9 de mayo de 2008

Llora el ladrillo


Dice el diario Público que "el presidente de la Asociación de Promotores y Constructores de España (APCE), Guillermo Chicote, pidió hoy al vicepresidente económico, Pedro Solbes, menos "discursitos" y un mejor diagnóstico de la situación del sector de la construcción para poder empezar a buscar soluciones." Ahí es nada; chúpate esa, Solbes.

Por si tienen dudas sobre su identidad, la APCE es la asociación que integra a Paco el Pocero y a otros distinguidos ciudadanos de semejante calaña, dedicados a poner un ladrillo encima de otro y a vendernos el resultado final por unos importes que acabarán de pagar nuestros nietos (no es broma: ya existen hipotecas a 40 años, y una entidad bancaria estaba estudiando no hace mucho el lanzamiento de una hipoteca "heredable").

Como al parecer Solbes hizo oídos sordos a la petición de estos caballeros, en el sentido de que el Gobierno aflojara ¡dinero público! para "compensar" las supuestas pérdidas que los Gánsters del Ladrillo vienen padeciendo en los últimos meses, el jefe de la banda le advierte al Vicepresidente Económico de Zapatero que "si la solución es que la construcción se arregle sola, como él dice (Solbes), pues mire las suspensiones de pagos, que van como los higos en septiembre". O sea, además de cínico, chulo; o nos compensas por no estar ganando lo que veníamos ganando hasta ahora, viene a decir Chicote, o te vamos a crear un problema despidiendo masivamente a trabajadores de la construcción (total, cuando los necesiten volverán a contratarlos sin papeles y por una miseria, según su costumbre).

Uno empieza a entender dónde va a parar realmente la mayoría del cemento que se consume en España: a endurecer las jetas de los "promotores inmobiliarios", esos "emprendedores" cínicos, sin escrúpulos, ventajistas y mafiosos, que han convertido la vivienda de un derecho amparado por la Constitución en un gravísimo problema colectivo, que está esquilmando las economías domésticas de las clases trabajadoras y populares y hasta de las clases medias españolas. Y luego, aún se atreven a pedir subvenciones, que en caso de que se las otorgaran saldrían de los impuestos que religiosamente pagamos sus víctimas, es decir, quienes nos hipotecamos para pagar las viviendas que ellos construyen.

¿Terroristas son únicamente quienes ponen bombas?.