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lunes, 25 de abril de 2011

Reflexiones sobre la Semana Santa española



1. ¿Han visto esas imágenes de tipos dándose o recibiendo latigazos en procesiones castellanas? Y todavía hay quien piensa que solo con prohibir las corridas de toros éste empezaría a ser un país normal.

2. En Sevilla y otras poblaciones andaluzas lloraban a moco tendido porque llovía a cántaros y no podían sacar sus pasos procesionales a la calle, so pena de que los pedazos de madera policromados de hace tres o cuatro siglos acabaran podridos por el agua. Debe ser que a San Pedro le importa una higa si sale o no el Jefe a pasear en tan señaladas fechas; o que las santísimas imágenes no dejan de ser eso, pedazos de madera policromada.

3. Ya se habla en todos los medios de "turismo religioso". Había que ver las caras de turistas europeos atrapados entre el estupor y la incredulidad, viendo pasar esos remedos de desfiles del Ku Klux Klan llevando a hombros representaciones de un pobre hombre martirizado y cubierto de sangre y heridas. De morbo-turismo, cada vez más, pero de religioso... Por cierto, el alcohol y las drogas corren durante estas jornadas que es un contento; cosas del turismo de masas.

4. El traje de nazareno capirote incluido puede salir hasta por 900 euros según decían en la tele, sin contar zapatos, cíngulos y las múltiples chucherías de merchandising que ya se compran en tiendas de toda Sevilla. La Semana Santa como objeto de consumo.

5. Para que sepan con quienes se juegan los cuartos los presuntos seguidores del Nazareno: en la entrada de la Iglesia de la Virgen de la Macarena en Sevilla, instalaron este año unas maquinitas que cuando uno echaba un euro te devolvían una moneda de cinco céntimos con la imagen de La Macarena grabada. Una monedita de cinco céntimos a cambio de un euro... Madoff es un aprendiz al lado de la Iglesia católica española.

En la fotografía, procesión en San Vicente de la Sonsierra, comunidad autónoma de La Rioja española.

miércoles, 7 de julio de 2010

Dinamita para la Sagrada Familia



El último disparate alumbrado por los beneficiarios económicos de ese Paraíso del hormigón armado que es la Sagrada Familia de Barcelona, ha sido organizar una "campaña popular" para impedir las obras del AVE. Es obvio que se han tomado todas las medidas habidas y por haber para que el túnel del AVE que atraviesa el centro de la ciudad no suponga ningún riesgo no ya para la dichosa Sagrada Familia, sino también para cualquier edificio de viviendas de los muchos bajo los cuales circulará este tren. Pero a ellos les da igual.

Sucede que la construcción del AVE comporta molestias con repercusión directa en la cuantía de los ingresos limpios de polvo y paja que proporciona ese fabuloso negocio, libre de toda clase de impuestos y que en 2005 se calculaba en cinco mil millones de pesetas anuales, que es el flujo de turistas visitantes del templo que imaginara más que proyectara Antoni Gaudí. La entrada básica cuesta 12 euros, y se calculan unos 10.000 visitantes diarios: echen cuentas. Así que lo que lo que realmente preocupa al Arzobispado de Barcelona, empresa explotadora de la Sagrada Familia a través de la pantalla legal que es la Junta de Obras del Templo Expiatorio, no es que se hunda el edificio, algo que saben no va a suceder, sino que disminuya ni que sea temporalmente el río de dinero que lleva años proporcionándole. Y ello sin tener siquiera licencia municipal de obras, que jamás se ha gestionado ni requerido por la autoridad competente. ¿Imaginan que en Barcelona o en cualquier otra ciudad civilizada se levante un edificio sin ningún tipo de permisos ni control oficiales? Pues existe, como digo: la Sagrada Familia.

Ítem más: hace muy poquitos años, el Arzobispado "exigió" al Ayuntamiento de Barcelona que derribara los edificios de viviendas circundantes, a de fin de crear un gran espacio panorámico que permita observar la Sagrada Familia a gusto de sus visitantes (y cotizantes en taquilla). El argumento de los caritativos propietarios del templo de marras es que en el proyecto de Antoni Gaudí estaba contemplada esa macroplaza. Ocurre que cuando Gaudí ideó y comenzó a levantar la Sagrada Familia, hace 120 años, el edificio se hallaba en medio del campo; un siglo después se encuentra casi en el centro de la ciudad.

Por lo demás, y para los admiradores sinceros de la obra gaudiana, hay que darles una mala noticia: lo que hoy ven como Sagrada Familia, casi nada tiene que ver con el proyecto original gaudiano. El único sector levantado en parte en vida de Gaudí es la Fachada del Nacimiento, imagen típica en las postales turísticas barcelonesas de los años 50 y 60. Todo el resto ha sido obra de una serie de arquitectos que han ido reinterpretando a Gaudí según sus gustos, capacidad y posibilidades económicas en cuanto al uso de materiales. Los Juegos Olímpicos de 1992 pusieron a Barcelona en el mapa y millones de turistas enloquecieron -nadie ha sabido aún explicar por qué- con este monumental bodrio en piedra, alumbrado por la mente calenturienta de un carlista meapilas, ultrareaccionario y al parecer adicto a ciertos hongos existentes en la provincia de Tarragona cuyo consumo le propiciaba "experiencias místicas". Desde el punto de vista arquitectónico, Gaudí no dejó planos ni casi directrices escritas sobre la construcción aparte de algunos dibujos muy vagos. Lo peor vino pues tras su muerte, de modo que hoy la Sagrada Familia es un pastiche infame hecho de retazos y pegotes, como una sábana recosida con trozos de tela de diferentes texturas y colores, a gusto de los distintos arquitectos directores de la obra que se han sucedido a lo largo de un siglo.

Y como es sabido, a mayores ingresos, menos gastos. O viceversa. El caso es que desde que a finales de los años 80 del pasado siglo, el escultor Josep Maria Subirach se convirtió en el "hombre fuerte" del proyecto contemporáneo de la Sagrada Familia, la obra ha tomado un rumbo que preocupa incluso a muchos de los partidarios de su prosecución. Los materiales son ya de ínfima calidad (puro hormigón), componiendo con ellos unas superficies grisáceas y tristonas, carentes de vida. Por otra parte, el programa escultórico de Subirachs plasmado en la Fachada de la Pasión mueve a la risa y a la irreverencia. Si lo dudan, denle un vistazo a las figuras que componen el grupo de la Crucifixión, y observen a los soldados romanos: efectivamente, están clonados de los guerreros de la Guerra de las Galaxias, película muy de moda en los años 80, época en que fueron creadas e instaladas estas esculturas. Sant Jordi es una pura estilización de Darth Vader.

Sobre las supuestas cualidades artísticas globales de esta mamarrachada en hormigón, George Orwell escribió en su "Homenaje a Catalunya" (1937): For the first time since I had been in Barcelona I went to have a look at the cathedral [La Sagrada Familia] -- a modern cathedral, and one of the most hideous buildings in the world... Unlike most of the churches in Barcelona it was not damaged during the revolution -- it was spared because of its 'artistic value,' people said. I think the Anarchists showed bad taste in not blowing it up when they had the chance." Ya ven: "uno de los edificios más horribles del mundo", y una prueba del "mal gusto artístico de los anarquistas al no haberla derribado cuando tuvieron ocasión de hacerlo". En realidad parece que el Comité de Milicias Antifascistas barcelonés llegó a calcular las cargas de dinamita que se necesitarían para reducir la Sagrada Familia a escombros, pero alguien decidió emplear esos explosivos en el frente de Aragón.

De todos modos, pienso que algún día, cuando dejen de fluir los turistas visitantes y el dinero que proporcionan a las arcas de los curas, quizá vuelva a retomarse el proyecto de tirar abajo esta mamarrachada monumental. O que en unos pocos años el hormigón comience a degradarse de tal modo, que su estado aconseje el derribo para evitar riesgos ciudadanos.

En la fotografía, grupo de El Prendimiento, en la fachada de la Pasión, obra de Subirachs. Observen los cascos y las corazas de los soldados romanos situados detrás de Cristo.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Barcelona: putas, lumpenturismo e hipocresía burguesa


De unas semanas aquí ha prendido en la ciudad de Barcelona un crudo debate, que rápidamente se ha contagiado a toda la España municipal y ha asaltado las portadas de los medios madrileños. Resulta que el diario El País publicó unas fotografías de como unas putas callejeras atendían clientes lumpenturistas -afortunada defición de Josep Ramoneda- bajo los arcos del mercado de la Boqueria, en horario nocturno eso sí. Y ahí se organizó la marimorena.

Recordaba Ramoneda hace unos días en otro de sus brillantes artículos de análisis más sociológico y psicológico que político, que la prostitución en la zona baja de La Rambla debe ser tan antigua al menos como Barcelona o como mínimo, tanto como la existencia de La Rambla, el emblemático paseo que discurre entre la plaza de Catalunya y el Port Vell. Sucede, viene a decir con sorna el filósofo, que hasta ahora las putas no se habían puesto a ejercer en la Boqueria, el mercado sancta sanctorum donde durante el día los burgueses barceloneses adquieren (a precios carísimos, por cierto) los productos con los que abastecen sus mesas. La reacción ciudadana ante la denuncia formulada por El País tiene pues mucho de histeria bienpensante ante la violación de un símbolo colectivo.

Y sin embargo, la degración de La Rambla y del Raval (antes Barrio Chino) es un fenómeno viejo y constante, atajado en parte por el esfuerzo urbanístico desplegado en la ciudad con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992. Empero, casi inmediatamente después de los Juegos se reanudó la decadencia de la zona y dio comienzo un nuevo ciclo de marginalidad, cutrez y dejación de responsabilidades públicas sobre ella. Algunos artículos aparecidos en la prensa estos días acusan directamente -no sin motivo- a las instituciones públicas barcelonesas, singularmente al Ayuntamiento local, de haberse dejado ir de las manos no sólo el asunto de la prostitución callejera, que en sí sería apenas un síntoma de un fracaso mucho más global; el problema de fondo lo constituiría el visible y estrepitoso derrumbe de una política urbanística diseñada en comandita por las instituciones públicas, las fuerzas vivas ciudadanas y los "promotores" urbanísticos e inmobiliarios dirigida a sanear o, mejor, a hacer desaparecer los "barrios pobres" que manchan tanta belleza premoderna, modernista y postmoderna como acumula Barcelona. Se trataría por tanto de una propuesta urbanística netamente ideologizada e informada por los valores propios de la burguesía bienestante y clasista que hegemoniza la ciudad, que una vez más habría pretendido unir el placer con el negocio.

Según muchos observadores, el despliegue de esa política habría llevado a arrasar el viejo Raval con la pretensión de convertirlo en lugar de residencia para ciertas clases medias-altas emergentes, que finalmente han desoído los cantos de sirena y no se han instalado en la zona. Quien sí lo ha hecho y de modo masivo en las partes del viejo barrio que han sobrevivido a la piqueta especuladora, ha sido la inmigración procedente del Tercer Mundo. Ya hay calles del Raval donde el porcentaje de personas que hace cinco años no habían pisado España, supera el 50% de los residentes. Contra lo que la derecha xenófoba españolista o catalanista proclaman es precisamente esa gente recién llegada, que a menudo conviven en grupos familiares o están unidos por múltiples lazos de afinidad, quienes han salvado a la barriada del total hundimiento en el pozo negro de la marginalidad.

El caso concreto de la prostitución callejera barcelonesa resurgida en el Casc Antic de la ciudad, responde por un lado a la presión de un estado de "opinión publicada" que ha obligado a cerrar burdeles en el Raval y en toda la ciudad, salvo los de lujo ubicados en la parte alta (por ejemplo, en los alrededores de la Plaza Macià y de la avenida Diagonal en general); por otro, a la situación de desemparo en la que viven cientos de mujeres "importadas" por mafias con conexiones políticas y policiales en nuestro país, mujeres que son objeto de explotación intensiva por esas bandas sin escrúpulos; y en fin, a la presencia cada vez mayor en las calles de un lumpenturismo proveniente de diversos países europeos, pero especialmente de la arruinada y desestructurada Gran Bretaña post-tatcherista, que ha convertido Barcelona en La Meca de sus desmanes y excentricidades. El turismo "de bajo coste" está teniendo un precio altísimo para una ciudad que hasta ahora, si algo amaba era mostrarse con todos sus tesoros al visitante atento, cortés y con un poco de dinero que gastar en ella. Esta clase de turismo de calidad -que no quiere decir de lujo-, está siendo barrido literalmente por el turismo-basura.

Hay que decir que en ello han tenido una buena parte de responsabilidad los propios comerciantes de las zonas centrales. Ahora claman al cielo y se rasgan las vestiduras al ver qué clase de turistas invaden la ciudad, pero ellos han propiciado la llegada de semejantes hordas reventando precios y ofreciendo ínfima calidad en productos y servicios, como un modo fácil y rápido de rebajar costes y maximizar beneficios.

En suma, el antaño elogiado por todos "modelo Barcelona" ha muerto, y su cadáver permanece insepulto en mitad de La Rambla. Francamente, empieza a desprender olor a podrido. Es hora pues de que entre todos los interesados lo mandemos de una vez a la fosa, y nos pongamos a pensar con urgencia qué ciudad queremos para esta primera mitad del siglo XXI. Y por favor, basta de sueños burgueses, de prejuicios y de hipocresías.

En la imagen, un lumpenturista inglés semidesnudo duerme la borrachera en mitad de la plaza de Catalunya.

viernes, 10 de abril de 2009

Semana de Pasión y olé


Advierto a mi lectores no españoles que la imagen siniestra que ven en la fotografía no corresponde a un desfile del Ku Klux Klan sino, por increíble que pueda parecerles, a un acto religioso católico, en concreto a una procesión de Semana Santa, llevada a cabo anoche en una ciudad española cualquiera.

Los encapuchados son, se supone, ciudadanos honorables. En los últimos años, incluso se ha puesto de moda entre algunos políticos de izquierdas el participar en estas mascaradas; cosas del populismo y la promoción turística. Porque lo cierto es que las procesiones de Semana Santa españolas arrastran grandes masas no sólo de indígenas sino también de extranjeros, que acuden atraídos por el morbo de ver semejante despliegue de barroca superchería pagana que en realidad poco o nada tiene que ver con el cristianismo, al menos con la versión austera que predomina entre los protestantes y los católicos de latitudes más civilizadas.

En realidad tanto las procesiones de Semana Santa como las corridas de toros, las piras ardientes de las Fallas valencianas y otra media docena más de manifestaciones del carpetovetonismo telúrico son, hoy por hoy, excelentes reclamos a cuya llamada acuden como moscas las masas de españolitos más o menos fervorosos de las tradiciones ancestrales, amén de un turismo ávido de emociones fuertes y escandalosas. Un negocio muy jugoso, en suma. Al final, acabaremos infectando Europa con nuestras barbaridades.

La fotografía que ilustra el post es obra de Gabriel Espín, y ha sido publicada por El País en su edición del 10-04-2008.


domingo, 29 de junio de 2008

Visita a la Expo del Agua de Zaragoza


Ayer estuve en la Expo del Agua de Zaragoza.

Pensaba antes de viajar que lo que iba a ver no me gustaría mucho, pero la realidad superó todas las previsiones. Todo el inmenso recinto es como un sembrado de grandes carcasas arquitéctonicas, a cual más extravagante, en cuyo interior no hay apenas nada.

El calor, el desconcierto y la sed -¡en una exposición sobre el agua!-, hicieron el resto.

En su momento la Expo fue una buena idea, pero lamentablemente ha quedado vacía de contenido.

lunes, 31 de marzo de 2008

El moai desorejado. El turismo de masas hace peligrar el Patrimonio Cultural de la Humanidad


Una amiga me hace llegar una noticia publicada por El Periódico de Catalunya la semana pasada, en la que se da cuenta de que un tipo de 26 años, finlandés por más señas, le arrancó la oreja a un moai en la Isla de Pascua.

La verdad es que no me extraña nada que ocurran cosas como ésta. Hace apenas unos meses, dos jóvenes españoles decidieron llevarse como souvenir una bandera letona que colgaba de una farola en una calle de Riga; debieron pensar que como habían más banderas, los letones no iban a echar de menos aquella. Sin embargo se organizó un buen follón, y los ladrones de la enseña identitaria báltica dieron con sus huesos en comisaría por robo en grupo y "ultraje a la bandera nacional letona". Los dos españoles no eran unos mindundis cualesquiera, sino ingenieros de provecho. El finlandés arrancaorejas tampoco debe ser un muerto de hambre; puedo dar fé de que para viajar a Pascua hay que disponer de ciertos ahorros.

Como que este tipo de casos no constituyen hechos aislados -se lo garantizo en tanto que vecino de Barcelona, ciudad escogida "por la juventud más culta de Europa" (sic) según el concejal Jordi Portabella para emborracharse como cubas, orinar y defecar en las calles, destrozar el mobiliario urbano y entregarse a otros amenos pasatiempos semejantes-, uno no puede menos que llegar a la conclusión de que algo, posiblemente irremediable, está pasando por culpa o como consecuencia de eso que llaman turismo de masas, pero sobretodo por la falta de inteligencia y civismo conque la ciudadanía en general y muchos jóvenes en particular se comportan en cuanto pisan un país extranjero, más aún si éste por las razones irracionales que sea es considerado inferior al propio.

Me temo que iniciativas como la ordenanza del Civismo en mi ciudad o la asignatura Educación para la Ciudadanía en el sistema educativo español, no van a servir absolutamente para nada. Llegan muy tarde. Obviamente tampoco sirven de nada los despliegues policiales ni el encarecimiento de precios, por citar dos típicas medidas que pregonan los defensores de la "mano dura" en cualquier trance y con cualquier excusa: el turismo-basura ha enseñoreado ya la Tierra, y no va a soltar fácilmente su presa.

Así que el finlandés desorejador o los españoles robabanderas tienen grandes probabilidades no sólo de salir incólumes de sus respectivas tropelías, sino de que, una vez vueltos a su medio habitual, ligar como posesos explicando como llevaron a cabo la hazaña que el alcohol, las drogas o simplemente el aburrimiento, les inspiró súbitamente.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La Rambla, ¿paseo o estercolero de Europa?


Según un estudio de l'Associació d'Amics de la Rambla, el popular paseo barcelonés recibe más de 78 millones de visitantes al año, lo que hace una media que supera los 200.000 visitantes diarios. La zona que más presión soporta son los alrededores de la Plaza Real, donde se concentran un buen número de conocidos bares cerveceros.

Por orígenes, un 58% de los visitantes son extranjeros, principalmente italianos, ingleses, alemanes y holandeses, un 21% son barceloneses, un 11% provienen del resto de Catalunya y sólo un 10% proceden del resto de España.

Como problemas más destacados, el estudio señala la masificación, la falta de limpieza y la inseguridad. También, los precios disparatados de "algunos establecimientos", señaladamente los bares, cafeterías y establecimientos de restauración que tienen terrazas sobre el mismo paseo.

Esta inundación de visitantes que sufre la Rambla -y en realidad, la ciudad entera- tiene que ver con su enfeudamiento a un turismo masivo y de ínfima calidad que ha elegido Barcelona como su destino favorito en Europa. En Barcelona desembarcan a diario miles de personas, muchas de las cuales llegan dispuestas a llevar a cabo comportamientos que en sus países incluso están penados legalmente y que aquí en cambio pueden realizarse con plena libertad: emborracharse hasta perder la consciencia, comer, dormir y orinar en la vía pública, molestar a los transeúntes....

En primavera y verano, rebaños de adolescentes principalmente italianos, toman por asalto la parte baja de la ciudad en lo que ya se ha convertido en un rito iniciático juvenil, según pregonan unas populares camisetas que se venden en las tiendas de souvenirs de la Rambla cuya leyenda reza en inglés "Tour Barcelona: beber, follar y dormir". Barcelona es asimismo La Meca de las despedidas de soltero británicas; existen agencias especializadas que organizan la juerga aquí por un importe menor al que cuesta llevarla a cabo en Londres o Liverpool. Y en fin, cada vez que hay partido de la Champions League en el Nou Camp, la Rambla se convierte en un muladar donde "para evitar incidentes" con la policía (a la que se ha llegado a prohibir intervenir) se concede carta blanca de actuación a los hooligans, tal como reconoció el propio Ayuntamiento barcelonés hace unas semanas con ocasión de uno de esos partidos.

Ahora parece que se pretende gestionar el reconocimiento de La Rambla como Patrimonio de la Humanidad. No estaría de más que antes de incorporar tan pomposo título, se baldée con agua y se pase la escoba por éste estercolero; tendríamos menos visitantes, pero seguramente serían mejor recibidos y dejarían mejor recuerdo que los actuales.