Se anuncian casi 6.000 enmiendas a la ponencia política que se presentará en el próximo Congreso del PSOE. Habría que ver si la calidad viene pareja con la cantidad.
En realidad, visto lo visto, a la ponencia política del PSOE se le pueden poner muchas enmiendas. La primera, una que liquide de una vez esa confusión conceptual entre políticas de extensión de derechos y políticas sociales; nada que ver, a pesar de que ministros, ministras, “menistrillas” y dirigentes socialistas de todo pelaje las confundan (e intenten confundirnos) con toda soltura.
Que los homosexuales se puedan casar o que el papá de un recién nacido pueda disfrutar de unos días de permiso a cuenta de su roro, está muy bien. Pero eso, de políticas sociales -es decir, de políticas transformadoras en un sentido socialista de la realidad social y económica-, tienen lo que la Iglesia católica española de defensora de las libertades públicas: absolutamente nada.
En ese sentido, reivindicar políticas sociales que defiendan y mejoren los servicios públicos, que prioricen la atención a los más débiles y necesitados, que mejoren la calidad de vida de todos los españoles, y que en definitiva, contribuyan a repartir la riqueza que crean los trabajadores asalariados pero de la cual se apropian en exclusiva unos cuantos empresarios y rentistas, serían unas bellas enmiendas.
Hablar de todo eso es hablar de justicia social. Nada que ver con las preocupaciones del socialismo fashion actual; sus intereses van por otros derroteros.
