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martes, 15 de noviembre de 2011

No hay mayoría absoluta que cien encuestas dure



Ayer lunes se cerraba en España la posibilidad de dar a conocer públicamente encuestas electorales antes de los comicios del domingo, una absurda imposición que parte de la creencia de que el ciudadano medio español es un ser voluble y caprichoso, un veleta que cambia el sentido de su voto (o de su no-voto) solo por ver en los medios de comunicación grandes titulares y gráficos de colorines. De todos modos, al decir de las encuestas y de los "expertos" todo el pescado está ya vendido, y lo único que queda por dilucidar es la magnitud del triunfo de la derecha española: si el número de escaños que obtendrá será rècord histórico o solo un poquito menos.

En los últimos días sin embargo, a Rubalcaba, el candidato socialista, se le va poniendo sonrisa de conejo. Y eso es malo para el Partido Popular. El acelerón dado por Rubalcaba al tramo final de su campaña, acumulando de aquí al viernes un mínimo de tres actos por día, ha sido interpretado interesadamente como un gesto desesperado a la búsqueda del voto perdido. Sucede que como digo la sonrisa conejil de Alfredo Pérez Rubalcaba puede estar indicando una cosa bien distinta.

Se lo explico. A partir del día del debate televisivo entre Rubalcaba y Rajoy, parece haberse producido un cambio de tendencia. Un cambio sutil y difícil de percibir, pero no por ello menos real y contabilizado por las encuestas internas de los dos grandes partidos en liza. Antes que intentar medirlo en posibles resultados electorales, hay que apuntar qué es lo que han detectado los sismógrafos preelectorales. Pues sencillamente comienzan a registrar dos cosas, que como digo han modificado la tendencia: que empieza a calar entre los abstencionistas de izquierda el discurso socialista de que el PP tiene un plan para destruir los servicios públicos que no enseña ahora y que ejecutará en cuanto llegue al Gobierno, y que la participación va subiendo lentamente y se sitúa ya por encima del 60% (el umbral mínimo por debajo del cual la derrota de la izquierda sería realmente aplastante). Ambas circunstancias están evidentemente relacionadas de modo causa/efecto.

En términos cuatitativos y siempre según esas encuestas internas, la ventaja real del PP sobre el PSOE se habría reducido en estos momentos a un 9% de los votos, y es posible que de aquí al domingo baje un par de puntos más. Recordemos que una ventaja de un 5% previo a unas elecciones se considera un empate técnico. Parece con todo que finalmente, la ventaja del PP estará en el 7% u 8% de los votos emitidos (que con una participación del 63-65% del censo electoral supondría una ventaja real a favor del ganador de apenas el 4 ó el 5% de los ciudadanos con derecho a voto), lo que dejaría en entredicho el carácter "aplastante"de la victoria que presumiblemente obtendrá la derecha española el domingo. Ocurre que una de las peores perversiones de nuestro sistema electoral, es el hecho comprobado de que el partido que supera la barrera del 40% de los votos emitidos tiene prácticamente en el bolsillo la mayoría absoluta de escaños. Y ahí es donde se cimenta la euforia de la derecha  española.

Y sin embargo como digo, en estos momentos está al alcance de la mano evitar esa mayoría absoluta del partido que es el heredero político, económico, social y ético del franquismo. Sólo hay una candidatura que puede evitarla, y esa es evidentemente la del PSOE. No hace falta ser analista ni pensador  para entenderlo. Cualquier otro voto sirve simplemente para otorgar plenos poderes al PP al frente del Gobierno español, dándole una mayoría absoluta que todos sabemos como usará: para desmantelar los servicios públicos que atienden a todos y han sido pagados con el esfuerzo de los asalariados, a fin de engordar los servicios privados de los que se benefician económicamente los dirigentes del PP y sus cómplices empresariales y financieros.

Este es un momento crucial para todos, incluidos los abstencionistas; también para los enfadados con razón y desde luego para quienes desde la izquierda se definen como "apolíticos" Como en 1931, 1936 y 1982, no es posible la equidistancia, que además de injusta en esta encrucijada sería suicida para los intereses de los trabajadores y las clases populares. Al cabo esa es la estrategia a la que apuesta desde hace tiempo su triunfo la derecha franquista: a que nos quedemos en casa la mayoría de los votantes de izquierda, y que los que voten lo hagan dispersando su voto entre opciones legítimas pero ineficaces no ya para impedir su victoria en este caso, sí al menos para impedir que tengan las manos libres a la hora de gobernar.

Hay un rumor sordo indicando que algo se mueve sobre el suelo, y que seguirá moviéndose de aquí al domingo. Y es que finalmente, todas las encuestas del mundo más o menos prefabricadas no valen lo que la conciencia cívica de cada cual y su capacidad para entender por encima del ruido mediático cúales son sus verdaderos intereses personales y de clase.

martes, 11 de octubre de 2011

De las encuestas-palangana y la izquierda desmovilizada

15 días antes de las elecciones de 1996, las primeras que ganó Aznar, las de la "amarga victoria" ya saben, la ventaja del PP sobre el PSOE era de 16 puntos. Finalmente ganó el PP por solo 300.000 votos de diferencia. Por tanto si descontamos Madrid, comunidad en la que el PP le sacó al PSOE 600.000 votos, resulta que en el conjunto de las otras 49 provincias el PP perdió esas elecciones por 300.000 votos.

Todo apunta a que estas elecciones generales se las llevará de calle el PP. Es posible que finalmente sea así, pero lo dudo mucho. Todo depende de la abstención que se produzca entre el electorado del PSOE. A medida que se acerque la posibilidad de que el PP gane e incluso de que gane con un margen amplio, ese electorado va a ir valorando otras cosas además de su cabreo con el actual Gobierno y con quienes dirigen ahora "su" partido. El PP lo sabe, y por ello sus campañas buscan no molestar, no "despertar" al electorado de izquierdas supuestamente dormido, y en todo caso facilitarle elementos para que aumente su irritación contra el PSOE.

Las encuestas de estos días calculan que un tercio de los votantes socialistas se quedarán en casa; me parecen demasiados, veremos. Hay ganas de dar un correctivo serio a los actuales gobernantes, pero el riesgo de lo que puede venir ya lo vamos viendo anticipado en las Comunidades autónomas en las que el PP ha entrado a saco. Mucha gente empieza a tener miedo a que gobierne de nuevo la derecha franquista no tanto por su acción política (poco podrán hacer en materia de recorte de derechos civiles, muy interiorizados por la sociedad), como por la demolición de los servicios públicos que ya está en marcha.

Un dato contra las encuestas es que Izquierda Hundida (llamarla Unida es un sarcasmo) no arranca, cuando en los noventa con este mismo sistema electoral que a nadie nos gusta y al que ellos atribuyen todos sus males, tenía veintitantos diputados. No hay fugas hacia otros partidos desde el socialista, o son mínimas.

Otro dato es que en ningún caso la muestra de las encuestas publicadas hasta ahora supera las seis mil llamadas telefónicas. Eso es una porquería de universo desde el punto de vista demoscópico, y me extraña que alguien con el prestigio de Julián Santamaría se haya prestado a firmar un bodrio así para el diario La Vanguardia.

Hoy mismo la Generalitat de Catalunya acaba de publicar una encuesta según la cual los catalanes somos partidarios de los recortes sociales a cambio de que no suban los impuestos. Se colige que el señor Artur Mas y su banda consideran que los catalanes somos gilipollas y que vamos a creernos semejante mamarrachada, pagada por cierto con dinero público. Las encuestas se han convertido pues en la palangana de burdel con la cual el que las encarga enjabona y lava cualquier cosa para darle el cariz que le interesa.

Así que la encuesta de verdad se hará el 20-N en las urnas.

Y respecto a la "confianza en el PSOE", que decía alguno hoy en el blog de Manolo Saco: desde hace 132 años los trabajadores y las clases populares españolas no tienen (no tenemos) otro instrumento distinto de acción política que merezca ese nombre. Todos los demás han aparecido y desaparecido, o sobreviven en la marginalidad parlamentaria y popular. Es por ello precisamente que a muchos nos irrita la promoción de una generación de líderes-basura tipo Zapatero, Pajines, Chacones y demás, y la sumisión de estos indocumentados a las políticas neoliberales. Pero no se engañen los que andan tirando cohetes, porque más allá de esa gente citada -por suerte ya abrasada políticamente- hay millones de personas para las que los conceptos recogidos en el Programa Máximo de 1879 siguen y seguirán vigentes, y para quienes el PSOE continuará siendo su partido depositario mientras otros aparecen y desaparecen, a menudo con más pena que gloria.

Una vieja broma de militantes socialistas dice que con este partido no acaban ni sus propios dirigentes. La Historia demuestra que es así, por más que moleste a algunos sean o no de derechas.

En la fotografía que ilustra el post, manifestación en Lleida en defensa de la sanidad pública ("La sanidad, ni tocarla").

jueves, 8 de octubre de 2009

La sucesión de Zapatero


La decadencia de la figura pública de José Luis Rodríguez Zapatero a ojos de la ciudadanía española parece irreversible. No hay gabinete de imagen que levante ya la real o fabricada de un dirigente político cuyo descortezamiento por embates diversos -no sólo la crisis económica-, ha terminado por mostrar que en realidad Zapatero es un árbol con muy poca madera de líder y ninguna de estadista.

Apenas iniciado su segundo mandato en la presidencia del Gobierno español, va cobrando fuerza el convencimiento de que Zapatero no puede ser el cabeza de lista socialista en las próximas elecciones generales. Faltan aún tres años para que tengan lugar, aunque la debilidad del actual Gobierno en minoría y sus continuos bandazos a la hora de buscar apoyos parlamentarios pueden terminar por convertir en inevitable un adelantamiento de los comicios. Sea finalmente como fuere, el propio Zapatero debería ser el principal interesado en facilitar la creación de un candidato o candidata que pueda enfrentar con garantías no sólo una ardua y prolongada campaña electoral de casi tres años de duración, sino también capaz de encarar esos comicios con opciones reales de ganarlos y por tanto, de gobernar el país y liderar el partido.

En modesta contribución a la que debería ser preocupación política central del todavía líder del PSOE y presidente del Gobierno (aunque cada vez más cuestionado desde dentro en ambos cargos), se me ocurrió colgar en este blog una encuesta en la que inquiría a mis amables visitantes por su candidato/a preferido/a entre una serie de nombres seleccionados previamente por mí.

El resultado creo que resulta esclarecedor:

- Triunfa la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, con el 35% de los votos.

- En segunda posición la ministra de Zapatero y autoproclamada sucesora de éste en el cargo, Carmen Chacón, que recoje el 15% de los votos.

- Igualado con la "rockie" de Cornellà del Llobregat, un candidato de larga trayectoria: Javier Solana, también con el 15% de votos.

- Les siguen José Bono y José Blanco, cada uno con sólo el 5% de los votos.

- Un 25% manifiestan su deseo de que el candidato/a fuera "otro" distinto a los mencionados.

El número total de votos recolectados es 20. Dirán ustedes que la muestra es corta. Tal vez, pero recuerden que la última encuesta electoral, esa que según la perrera mediática da 4 puntos al PP por encima de los socialistas, se hizo con 500 llamadas telefónicas en toda España, un país de 45 millones de habitantes. Así que considerados de manera proporcional el número de visitantes de éste blog que es su casa, mi encuesta resulta muchísimo más fiable. Y encima no le ha costado a nadie un solo céntimo.

viernes, 13 de febrero de 2009

Galicia y el País Vasco deciden


Comienzan las campañas electorales en Galicia y el País Vasco, y digan lo que digan los medios las encuestas no ofrecen cambios significativos sobre lo que ya conocíamos.

En Galicia el PP se aleja un poco más de la mayoría absoluta, que dado su aislamiento es la única posibilidad que tiene de gobernar en donde sea. Parece razonable pues pensar que se reeditará la coalición de gobierno entre socialistas y nacionalistas gallegos.

Por contra, en el País Vasco se consolida la leve ventaja del PNV sobre los socialistas, aunque cada vez esté más claro que el actual tripartito que gobierna allí no podrá reeditar la fórmula actual ni aún sumando a ella a Aralar, salvo en el caso de que esta formación disparara sus resultados electorales recogiendo una buena porción del voto proetarra, ahora fuera de juego por una decisión jurídico-política que en el fondo nadie, y menos que nadie el PNV, ha lamentado realmente.

Las posibilidades de Patxi López de ser lehendakari vasco son muy escasas, y pasan por una derrota sin paliativos del PNV o en caso de un resultado equilibrado, porque Ibarretxe sea despedido por su partido. Escenarios que difícilmente se producirán, aunque no sea por falta de ganas en buena parte de la sociedad vasca de derechas y de izquierdas, nacionalista y no nacionalista. Ibarretxe es hoy un peso muerto para la política vasca en general y para el espacio nacionalista en particular, y éste es otro cadáver político al que pocos llorarán el día que los sucesores de Sabino Arana se decidan a retirarlo de la cosa pública.

Mucho mayores son como digo las opciones de Emilio Pérez Touriño en Galicia, sobre todo después de que en estos cuatro años el bipartito gallego haya funcionado con discreción y hasta con una cierta eficacia en el desmontaje de las mafias caciquiles de la derecha española, enquistadas en tierras gallegas al menos desde los tiempos de la Restauración. Más que una obra de gobierno en el sentido corriente, lo del bipartito ha sido un trabajo callado de limpieza de las cuadras que dejó el PP en Galicia.

Los demás, fundamentalmente IU y la UPyD de Rosa Díez, no cuentan. En el caso de los primeros bastante harán con conservar lo que tienen en el País Vasco, ya que si se vieran fuera del gobierno de Vitoria y de sus sinecuras poco iban a durar como organización local. Además, en IU hay mucha gente con ganas de hacerle la "autocrítica" al clan de los Madrazo y a su delirante alineamiento con la derecha nacionalista vasca. En lo que respecta al invento de Rosa Díez, dicen las encuestas que está multiplicando su intención de voto, aunque hay que situar adecuadamente las proporciones del caso, pues doblar o triplicar algo que parte casi de la nada tampoco es que sea tan difícil y más en un momento de desconcierto y confusión como el que vive la derecha española, en cuyos caladeros pescan los grupos como UPyD y Ciudadanos. Sin embargo, al final funcionará la disciplina y el voto de derecha española volverá a concentrarse en el PP.

El PSOE afronta estas elecciones con el fantasma de la crisis económica pendiente como una espada sobre su cabeza, algo que sin embargo no parece estar afectando a sus expectativas electorales y ello por dos razones: porque la ciudadanía sabe que en el origen, gestión y resolución de esta crisis los gobiernos pintan poco o nada, y porque el espectáculo cainita y de lesa corrupción que está ofreciendo la derecha española se lo está poniendo a los socialistas como dicen se las ponían a Fernando VII. Hay una contralectura mucho menos positiva para los intereses socialistas, sin embargo, y es que si con el destrozo que se está haciendo a sí mismo el PP los socialistas no son capaces de despegarse claramente de los "populares" y desde luego ni de oler la mayoría absoluta a nivel español, es que el actual equipo dirigente del país es muy mediocre y a medio plazo las cosas se le pueden complicar extraordinariamente.

Tras el test de las elecciones autonómicas gallegas y vascas vendrán las europeas, y ahí veremos hasta dónde llega el grado del castigo al que a buen seguro los ciudadanos someterán a los dos partidos mayoritarios. Veremos entonces quién de ambos está en mejores condiciones de resistirlo.

martes, 26 de febrero de 2008

Un debate televisivo con mucho ruido y muy pocas nueces


Como se temía, el primer debate televisivo entre los dos principales candidatos no fue tal, sino una reedición mano a mano casi tan larga y aún más aburrida de los llamados debates sobre el Estado de la Nación.

Mariano Rajoy salió en tromba, más excitado e insultante que nunca. Desde el primer segundo se le vio acartonado, rígido, incapaz de salirse del guión-colección de insultos y de improvisar una argumentación. El "centrista moderado" quedó en el camerino y salió a la arena el dóberman de colmillo retorcido. Para redondear la cutrez, Rajoy leía un folio tras otro sin mirar nunca a Zapatero a los ojos y pocas veces a la cámara; entonaba como si estuviera declamando versos desde la tribuna del Congreso, engolado y altisonante, falso en suma.

Lo peor de Rajoy, con todo, fue su manera de escuchar: irrespetuosa, fatua, con esa sonrisita sardónica de perdonavidas, y comentarios como ése impagable "¿pero qué es esto?" con el que intentaba fingir sorpresa cuando Zapatero le recordó las 5 regularizaciones de inmigrantes a barra libre llevadas a cabo por el PP, con Rajoy de ministro del Interior.

Como decía antes, Rajoy abandonó ayer el disfraz de "centrista moderado" y se presentó -fuera caretas- como quien realmente es: el perro de presa elegido en su momento por Aznar entre la amplia jauría disponible en el PP. Lo mejor del debate de anoche fue pues que quien a pesar de todo vote a Rajoy, nunca podrá decir que lo hizo engañado por éste.

Zapatero por su parte estuvo cauto, defensivo, y pegado a la realidad. Le faltó una punta de contundencia para machacar a su adversario, pero logró mantener bajo control la situación y no se dejó arrastrar ni arrinconar por los golpes bajos de un Rajoy más energuménico que nunca. A ratos Zapatero parecía estar harto de las bajezas de Rajoy, y quizá algo desconcertado ante su pertinacia en el insulto sin tapujos (hasta siete veces le llamó mentiroso Rajoy). Zapatero escuchaba con interés, y a veces con asombro real ante las falacias de su contrincante.

Y en fin, el formato del supuesto debate resultó, lisa y llanamente, aberrante y castrador: en dos minutos por intervención no hay forma de hilar un discurso coherente, todo se reduce a lanzar consignas y a la búsqueda del titular. Ahí, en el manejo de la brocha gorda y de la navaja cabritera, hay que reconocerle a Mariano Rajoy ser un maestro de talla mundial. Le pierden, como siempre, su desmesura y sus exageraciones: no se puede estar a anunciando el Fin del Mundo a cada momento, y que éste no suceda nunca. A Zapatero le faltó agresividad, pero eso tiene fácil remedio.

Finalmente, todas las encuestas, incluidas las encargadas por Antena 3 y El Mundo, coinciden en que el debate lo ganó Zapatero. ¿Adivinan la única encuesta que dio ganador a Rajoy?: naturalmente, la de la COPE. Y es que cada cual tiene los apoyos y las compañías que merece.

lunes, 18 de febrero de 2008

Para qué sirven las encuestas electorales


Las encuestas ya son simplemente un elemento más de las campañas electorales. Las encuestan no se manipulan, se moldean. El pase por la cocina sirve para darles el punto justo, pero antes de eso ya se les ha dado forma.

Un ejemplo gráfico de esto lo ponía Vicenç Navarro hace unas semanas en un impagable artículo (como todos los suyos) en la edición catalana de El País. Refiere Navarro que en EEUU, entre el 80 y el 90 % de los norteamericanos se identifican a sí mismos como clase media. ¿Cómo se ha llegado a esos porcentajes abrumadores en un país en el que ni siquiera existe un sistema público de sanidad? Pues gracias a las encuestas. Desde hace décadas los encuestadores inquieren a sus entrevistados: “¿usted se considera integrado en las clases pudientes, en la clase media o en las clases bajas?. Naturalmente, todo el mundo desde Bill Gates al bracero mexicano sin papeles responde al unísono: “clase media”. A partir de ahí, una vez ubicado el “target” en la escala social, todo lo demás se da por añadidura.

Las encuestas electorales que nos caen encima estos días dicen dos cosas, aparentemente en oposición: “Están muy cerca, todos a votar para pararlos” y “Los tenemos a tiro, un esfuerzo más y les sobrepasamos”. Dicen quienes aparentan saber que son mensajes dirigidos al electorado “de centro”, “moderado”, “transversal” e “indeciso”. Pura patraña. El verdadero objetivo es provocar el cierre de filas, y punto. Y ello porque las campañas electorales no sirven absolutamente para nada… salvo para que algunos dejen de votar.

Las encuestas en suma, sirven para intentar minimizar los daños provocados por la propia campaña electoral.